Ideologías, el fin de una época

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Los alegatos vinculados al orden moral, social y económico de los pueblos, han estado continuamente subyugados a las ideologías, las cuales han incidido directamente sobre las corrientes políticas mediante una vía de tránsito llamada progreso. El progreso ha sido siempre tratado con optimismo y la técnica aparece como instrumento sostenedor de este entusiasmo.

Efectivamente, hoy se ha tecnificado todo ámbito. El mundo es un sustrato tecnológico, un tejido de cables de fibra óptica, satélites y microondas.

Nace un dogma basado en este nuevo modelo de progreso: “Todo es objeto de negocio”, sólo interesa el beneficio económico que deja su consumo.

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El hombre ha dejado de formar parte de la naturaleza, se ha abstraído de esta sometiéndola a su explotación. Lo tradicional ya no tiene razón de ser, nada se transmite de generación en generación, la técnica exige la efímera y breve innovación con la rapidez que impone una productividad in crescendo abocada a la sociedad de consumo. Es el lenguaje de la globalización capitalista del “sistema”, que ha gestado un nuevo “cerebro global” interconectado a millones de personas en forma de anuncios y propaganda durante las 24h. Hay comunicación a pesar que no haya nada que comunicar. El pensamiento humano se ve salvajemente incitado por la inercia consumista de una nueva civilización tecnificada, mecanizada y en permanente actividad que avanzahacia la conquista del espíritu humano.

Todo aquel gerente que no piense “técnicamente”, que las consecuencias derivadas de ese pensar no haya reportado un “beneficio empresarial” por no haber “calculado” convenientemente, es automáticamente rechazado.

Vivimos inmersos en un nuevo sistema de pensamiento: la ideología de la técnica o tecnocracia, que ha desplazado el “pensamiento humano”. Consecuentemente, las ideologías políticas contemporáneas ya no merecen credibilidad, siendo sustituidas por “diferentes maneras” de eficiencia servil al capitalismo.

Ningún estado moderno manda en su propia casa. La política económica, el sistema financiero y comercial, esta en manos de transnacionales y banca.

La pugna política moderna se ha convertido en una competición hacia la conquista de un poder caracterizado por la eficacia servil que exigen los intereses capitalistas, lejos de la voluntad ciudadana.

En un mundo donde el dinero son “bits” que van y vienen por las autopistas de la información electrónica (el dinero no tiene fronteras, los pobres y desheredados del mundo, sí), donde las bolsas suben y bajan frenéticamente al dictado de esta información, donde la economía mundial, nuestro trabajo, nuestra calidad de vida, depende de este ámbito, ¿Qué papel juegan los principios humanos?

Si esta ideología implica optimismo, ¿Qué grado de importancia tiene la moral y ética humanas?

Si la consecuencia de nuestro presunto “bienestar” o calidad de vida es la devastación ecológica, la crisis humanitaria del planeta y el exterminio de culturas en nombre de los recursos naturales, ¿Cómo se consiente esta apologética justificación de la competitividad, la expansión y el crecimiento continuo e indefinido de la economía?

¿Podemos decir que la tecnocracia nos está llevando al enervar de las convicciones y los ideales políticos porque cada vez más se posicionan estos detrás la ciencia y la técnica de la economía capitalista? Hoy las ideologías políticas acaban donde comienza el poder financiero. Bajo estas circunstancias, ¿Qué clase de sentido tiene nuestro trabajo diario?

Imaginémonos un resultado final: el hombre, totalmente subordinado a la conciencia tecnocrática, enerva sus virtudes (reflexión, argumentación, discusión, en definitiva, la capacidad lingüística y cultural que hasta ahora le diferenciaba de las otras especies), dejan de ser pragmáticas y determinantes. Quedaríamos, pues, sometidos al “sistema” y a su ley, convirtiéndonos enhombres-maquina programados para experimentar una felicidad mecánica, “de mercado” o concupiscente.

Sin embargo, los recursos naturales son limitados, como el ser humano. Considerando el actual sistema de usos energético, no es posible una democracia a nivel mundial basada en los actuales hábitos de consumo. ¡No hay recursos para todos! Es más, el planeta no podrá soportar otros 20 años con el actual ritmo político-económico-capitalista.

El asunto es el siguiente: o provocamos una crisis mundial “consciente” que nos lleve a hábitos de “sobriedad”, a seguir el “ritmo” de la naturaleza, de los ecosistemas, de las naciones y sus culturas en derechos, libertad y diálogo, o no hay “salvación” posible.

El mundo no se merece esta generación de políticos impresentables, incompetentes y necios que amagan la “realidad” bajo el escaparate de la “seguridad”, la modernidad y el progreso.

Sólo la “persona” consciente de la realidad y “unida” en la diversidad o sociedad, puedehacer frente a la actual situación. Es urgente la revolución global y pacífica de conciencias unidas.

Somos nosotros el “motor” de este maldito “sistema” capitalista del cual somos víctimas…

PARÉMONOS, PUES, EN NOMBRE DE LA VIDA.

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