¡Hurra por el fracaso!!

&nbsp Las Olimpiadas, en Madrid, no interesaban ni interesan más que a los que se habrían de valer de ellas para llenarse, más de lo que están, el bolsillo. Pero no habiéndolo conseguido, tampoco pasa nada. Simplemente se habrán gastado en cu­chipandas miles de euros en Copenhague a cuenta, como siempre, del dinero público.

&nbsp Así es que si uno está frontalmente contra el poderoso, contra el poder y especialmente contra quienes ocupan el sitial de la ciudad olímpica que no ha sido -Madrid-, estoy seguro de que innumerables son los que se alegran. Todo aquel que no sea un tuercebotas, o que viva fuera de la capital, o que aun viviendo adivina qué se le hubiera venido encima de haberla sumido esta gentecilla con ínfu­las en un acontecimiento para lucimiento y ganancias de unos cuantos, compar­tirá el enorme regocijo que sentimos tantísi­mos millones de ciuda­danos como quepa imginar.

&nbsp Madrid está endeudado en 7.000 millones de euros. No queda en­tidad financiera, banco y prestamista a los que no deba dinero su al­calde. Siete mil millones, más novecientos mil euros diarios, fijéme­nos bien, 900.000, en concepto de intereses. Esa es la deuda con­traída por todos esos miserables caciques aupados en el poder de Madrid, gracias al transfuguismo del llamado tamayazo.

&nbsp Todos, del rey abajo hasta el último mono de esos señoritingos, in­cluidos los líderes de la izquierda nominal y la izquierda institucional lameculos, han ido allí a presenciar este fracaso que celebramos como celebramos siempre todo revés, toda adversidad, toda frustra­ción que merecen los imbéciles que no sirven al pueblo, sino a su pro­vecho personal y al de su grupo. Lo dicho: ¡hurra por el fracaso!

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