Huelga: ¿”postureo” o lucha? (cast/cat)

Por Ermengol Gassiot

No se trata sólo de una imagen (esto sería “postureo”), se trata de un arma. Y la palabra arma tiene que ver con algo ofensivo, que busca hacer daño. En nuestro caso, el mal que buscamos es el de los intereses del empresario y que sea de la intensidad suficiente para que, en un determinado contexto, tenga que acabar haciendo lo que nosotros le imponemos.

Esta lucha, es por “postureo” o es para ganar?

Esta pregunta debería estar fuera de lugar cuando iniciamos un conflicto sindical. Sobre el papel, toda lucha sindical, que es en sí misma una expresión del conflicto social, la hacemos porque la entendemos como herramienta para conseguir una serie de objetivos. En los tiempos que corren, muy a menudo se trata de detener agresiones que la patronal hace directamente contra nuestras condiciones de trabajo que son, también, nuestras condiciones de vida. Es decir, contra nosotros mismos. Subcontratan parte de nuestros/ nuestras compañeras, despiden, nos cambian la jornada laboral, nos hacen hacer horas extras, nos bajan el salario y un largo etcétera. Pero a veces también buscamos avanzar, mejorar, conquistar parte del pastel que actualmente se quedan los capitalistas. En definitiva, luchamos para ganar, para nosotros mismos/as, para la inmensa mayoría de la humanidad. Una lucha que se lleva adelante incluso en la situación más concreta y particular, como puede ser en un piquete en el frío de una mañana de invierno en un polígono o pegando un adhesivo sobre una mercancía en un estante de un supermercado .
tramviesComo decía, el sólo hecho de plantear la pregunta que inicia este texto debería ser una aberración. Por desgracia, no lo es. De hecho, demasiado a menudo la respuesta es la primera de las opciones, la del “postureo”. Ejemplos tenemos muchos, muchos. En la lucha sindical con demasiada frecuencia hemos visto como el sindicalismo oficial utiliza jornadas de movilizaciones y de huelgas para pasear banderas y delegados mientras entre bastidores están precocinando con la empresa como se aplicarán aquellas medidas que dicen combatir. Este “postureo” cómplice busca desactivar cualquier resistencia y despojar a los trabajadores de su capacidad de lucha. Es decir, todo lo contrario de lo que sobre el papel dice que quiere hacer.

Estas actitudes las hemos denunciado una y otra vez. Las conocemos y las hemos sufrido y, precisamente, intentamos que nuestro sindicalismo sea todo lo contrario. Pero no podemos caer en la autocomplacencia fácil. Si las luchas las hacemos para ganar, tenemos que pensar fríamente cómo queremos hacerlas. Y pensarlas de la manera más colectivamente posible. Esto implica, necesariamente, en nuestra sección sindical, allí donde está el conflicto y la capacidad de activar el conjunto de la plantilla por medio de la asamblea, nuestra manera de entender la democracia. Pero también conlleva la implicación del conjunto del sindicato en sus diferentes niveles. Se trata de ganar. De doblegar la voluntad de quien tiene el poder,  que controla los medios de producción y le amparan las leyes y los mecanismos coercitivos del estado. Ante esto, sólo nos tenemos a nosotros: nuestra inteligencia, nuestras manos y nuestra capacidad de ser multitud.

Si la lucha la hacemos para ganar, esto nos lleva a viejos debates que ya se planteaba el sindicalismo a inicios del s. XX en Cataluña y que marcaron la diferencia entre dos tradiciones, la de carácter más socialista y la anarcosindicalista. Cómo debe ser una huelga? Debe implicar sólo una parada de un centro de trabajo? Buscamos una imagen de los trabajadores parados, un día tras otro con nuestras banderas ondeando al viento? Sólo con ello un centro de trabajo con unas cuantas decenas o cientos de trabajadores/as conseguirá vencer a una gran multinacional que tiene la propiedad? La experiencia nos muestra que este tipo de huelgas “pasivas” y circunscritas sólo en el centro de trabajo tienden a terminar mal para nuestros intereses. Y el estado y el capital también lo saben cuando, precisamente, hace años que prohibieron las huelgas por solidaridad. Sus leyes, el sindicalismo oficial y, a veces, algunas prácticas de sindicatos no tan oficiales llevan hacia aquí. Y también muchas veces ya antes de que terminen, y a menudo de que empiecen, ya sabemos el final. Estas dinámicas pueden ser, también, de “postureo”.

Hay otras maneras de plantear los conflictos y las huelgas. De forma mucho más “activa” y pensadas para ganar. Esto significa que deben partir de dos condiciones: la primera que los trabajadores del centro de trabajo se impliquen y la hagan. La segunda, que tengamos la capacidad de ejercer la fuerza suficiente para quebrar la resistencia del empresario. Esto último muchas veces lo podremos conseguir si, aparte de no limitarnos a quedar pasivos y parados en una huelga, somos capaces de sumar a nuestra la fuerza de la solidaridad. A menudo no se trata sólo de detener el funcionamiento de un centro productivo, ya que muchas veces las empresas pueden aguantar mejor un paro largo que quien debe llevar un salario a casa para pagar el día a día. En muchos casos se puede incidir en la distribución o la comercialización del producto de la empresa, en su imagen, en sus clientes, etc. Y para poder hacerlo, muchas veces se necesitan más manos que las de los trabajadores/as en huelga.

mg_0471-1

La reciente huelga de Cacaolat nos lo ha demostrado. Hace un poco más de tiempo, las huelgas de Movistar, FNAC, buses, etc., también. Son huelgas donde se activó la participación en el conflicto de más personas y más espacios que los de los propios trabajadores / as en huelga. Cuando decimos que la solidaridad es nuestra mejor arma, decimos precisamente eso. No se trata sólo de una imagen (esto sería “postureo”), se trata de un arma. Y la palabra arma tiene que ver con algo ofensivo, que busca hacer daño. En nuestro caso, el mal que buscamos es el de los intereses del empresario y que sea de la intensidad suficiente para que, en un determinado contexto, tenga que acabar haciendo lo que nosotros le imponemos.

Entendida así, la lucha ya no es un simple “postureo” y, sencillamente, pasa a ser una confrontación real. Yendo más allá de las imágenes y los iconos busca las fórmulas oportunas en cada caso para ser efectiva y, como mínimo, aspirar a ganar. Por eso hay imaginación, rehuir esquemas y colectivizar el conflicto en eso que llamamos solidaridad o apoyo mutuo.


 

Aquesta lluita, és per “postureo” o és per a guanyar?

Aquesta pregunta hauria d’estar fora de lloc quan iniciem un conflicte sindical. Sobre el paper, tota lluita sindical, que és en si mateixa una expressió del conflicte social, la fem perquè l’entenem com a eina per aconseguir un seguit d’objectius. En els temps que corren, molt sovint es tracta d’aturar agressions que la patronal fa directament contra les nostres condicions de treball que són, també, les nostres condicions de vida. És a dir, contra nosaltres mateixos. Subcontracten part dels/les nostres companyes, acomiaden, ens canvien la jornada laboral, ens fan fer hores, ens baixen el salari i un llarg etcètera. Però de vegades també busquem avançar, millorar, conquerir part del pastís que actualment es queden els capitalistes. En definitiva, lluitem per guanyar, per a nosaltres mateixos/es, per la immensa majoria de la humanitat. Una lluita que es porta endavant fins i tot en la situació més concreta i particular, com pot ser en un piquet en el fred d’una matinada d’hivern en un polígon o enganxant un adhesiu sobre una mercaderia en un estant d’un supermercat.

tramvies

Com deia, només el fet de plantejar la pregunta que inicia aquest text hauria de ser una aberració. Per desgràcia, no ho és. De fet, massa sovint la resposta és la primera de les opcions, la del “postureo”. D’exemples en tenim molts i molts. A la lluita sindical massa sovint hem vist com els sindicalisme oficial utilitza jornades de mobilitzacions i de vagues per passejar banderes i delegats mentre entre bastidors estan precuinat amb l’empresa com s’aplicaran aquelles mesures que es diu combatre. Aquest “postureo” còmplice busca desactivar qualsevol resistència i desposseir als i les treballadores de la seva capacitat de lluita. És a dir, tot el contrari d’allò que sobre el paper diu que vol fer.

Aquestes actituds les hem denunciat una i una altra vegada. Les coneixem i les hem patit i, precisament, intentem que el nostre sindicalisme sigui tot el contrari. Però no podem caure en l’autocomplaença fàcil. Si les lluites les fem per a guanyar, hem de pensar fredament com volem fer-les. I pensar-les de la manera més col·lectivament possible. Això implica, necessàriament, a la nostra secció sindical allà on hi ha el conflicte i la seva capacitat d’activar el conjunt de la plantilla per mitjà de l’assemblea, la nostra manera d’entendre la democràcia. Però també comporta la implicació del conjunt del sindicat als seus diferents nivells. Es tracta de guanyar. De doblegar la voluntat de qui té el poder, perquè controla els mitjans de producció i l’emparen les lleis i els mecanismes coercitius de l’estat. Davant d’això, només ens tenim a nosaltres: la nostra intel·ligència, les nostres mans i la nostra capacitat de ser multitud.

Si la lluita la fem per a guanyar, això ens porta a vells debats que ja es plantejava el sindicalisme a inicis del s. XX a Catalunya i que van marcar la diferència entre dues tradicions, la de caire més socialista i l’anarcosindicalista. Com ha de ser una vaga? Ha d’implicar només una aturada d’un centre de treball? Busquem una imatge dels i les treballadores aturats, un dia rere l’altre amb les nostres banderes onejant al vent? Només amb això un centre de treball amb unes quantes desenes o centenars de treballadors/es aconseguirà vèncer una gran multinacional que en té la propietat? L’experiència ens mostra que aquest tipus de vagues “passives” i circumscrites només al centre de treball tendeixen a acabar malament per als nostres interessos. I l’estat i el capital també ho saben quan, precisament, ja fa anys que van prohibir les vagues per solidaritat. Les seves lleis, el sindicalisme oficial i, de vegades, algunes pràctiques de sindicats no tant oficials porten cap aquí. I també moltes vegades ja abans de que acabin, i sovint de que comencin, ja en sabem el final. Aquestes dinàmiques poden ser, també, de “postureo”.

Hi ha altres maneres de plantejar els conflictes i les vagues. De forma molt més “activa” i pensades per a guanyar. Això vol dir que han de partir de dues condicions: la primera que els i les treballadores del centre de treball s’hi impliquin i la facin. La segona, que tinguem la capacitat d’exercir la força suficient per a trinxar la resistència de l’empresari. Això darrer moltes vegades ho podrem aconseguir si, a banda de no limitar-nos a quedar passives i aturades en una vaga, som capaces de sumar a la nostra la força de la solidaritat. Sovint no es tracta només d’aturar el funcionament d’un centre productiu, ja que moltes vegades les empreses poden aguantar millor una aturada llarga que qui ha de portar un salari a casa per pagar el dia a dia. En molts casos es pot incidir en la distribució o la comercialització del producte de l’empresa, en la seva imatge, en els seus clients, etc. I per poder-ho fer, molts cops calen més mans que les dels treballadors/es en vaga.

mg_0471-1

La recent vaga de Cacaolat ens ho ha mostrat. Ja fa una mica més de temps, les vagues de Movistar, FNAC, busos, etc., també. Són vagues on es va activar la participació en el conflicte de més persones i més espais que els dels propis treballadors/es en vaga. Quan diem que la solidaritat és la nostra millor arma, diem precisament això. No es tracta només d’una imatge (això seria “postureo”), es tracta d’un arma. I la paraula arma té a veure amb quelcom ofensiu, que cerca fer mal. En el nostre cas, el mal que cerquem és en els interessos de l’empresari i que sigui de la intensitat suficient per a que, en un determinat context, hagi d’acabar fent allò que nosaltres li imposem.

Entesa així, la lluita ja no és un simple “postureo” i, senzillament, passa a ser una confrontació real. Anant més enllà de les imatges i les icones busca les fórmules oportunes en cada cas per a ser efectiva i, com a mínim, aspirar a guanyar. Per això cal imaginació, defugir esquemes i col·lectivitzar el conflicte en això que en diem solidaritat o suport mutu.

COLABORA CON KAOS