Huelga internacional de vivienda. La vivienda como fuente de especulación

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Desde el 1 de abril se ha convocado una huelga de vivienda que ha traspasado las fronteras a pesar del cierre de éstas y del confinamiento impuesto. Una huelga más que necesaria en un momento en el que, la imposibilidad de pagar sumada a las precariedades anteriores al Coronavirus, hace que se ponga encima de la mesa la cuestión de la vivienda como algo urgente.

La vivienda como fuente de especulación

El precio de la vivienda en España ha subido en los últimos 5 años un 50%, llegando a superar el precio del alquiler de una casa de 60 metros cuadrados en Carabanchel los 1.100 euros al mes, mientras en el caso de las hipotecas, podemos encontrar pisos de la misma superficie por más de 250.000 euros y de más de 350 euros habitaciones de 10 metros cuadrados en pisos compartidos.

Al mismo tiempo, los desahucios se multiplicaron muchísimo durante el 2018 (uno de los años más escandalosos en cuanto a esto se refiere), cerrando el año con 60.000 procedimientos. Durante el 2019, las cifras del mes de diciembre, cierran con bastante menos pero, no por ello, deja de haber una preocupante cantidad de personas expulsadas por la fuerza de sus casas ni tampoco es un indicador de que esto vaya a seguir disminuyendo. Lejos de tener estas expectativas, los fondos buitres, bancos malos y el lobby inmobiliario en general, harán todo lo posible tras el parón económico para recuperar las ganancias bloqueadas que han tenido durante este tiempo. Siempre, ayudados y financiados por el Estado, grandes empresarios, juzgados que ya están adelantando que harán lo posible para agilizar los procesos y su imprescindible policía.

El problema de la vivienda: nada nuevo bajo el sol

Los problemas de la vivienda no son algo actual, si no, algo con lo que se lleva lidiando durante muchísimos años. Seguramente es un frente de lucha que lleva abordándose desde la existencia de la mismísima propiedad privada, momento desde el cual, se establece la mayor desigualdad e injusticia social: los que tienen frente a los que no tienen.

Si además nos centramos en el tema de la vivienda por ser una de las necesidades básicas de cualquier ser humano al mismo tiempo que supone uno de las fuentes de especulación más alta, podemos deducir que esto es un problema que, en sí mismo, atraviesa otros muchos más.

Quienes más tienen, quienes más inmuebles poseen, son aquellos que nos fuerzan a hipotecarnos de por vida para poder tener acceso a una casa donde resguardarnos. Da igual si tiene 20 o 65 metros cuadrados, da igual si está en Carabanchel o en el centro de la ciudad, poco importa si se puede afrontar el coste de la misma o si el banco nos da una hipoteca para prácticamente pagarla hasta el día en que nos muramos. Tampoco importa si se trata de un alquiler desorbitado de un piso, en muchas ocasiones, compartido para poder hacerse cargo del coste. Al final, estamos obligados a tener que pagar exageradamente por algo tan básico y necesario con lo que los mismos de siempre hacen negocio. Nos hacen entrar por un aro que tenemos que pagar de por vida para, encima, malvivir trabajando años y años para tener un techo de 45 metros.

Las huelgas de alquileres a lo largo de la historia

Podemos remontarnos a La comuna de París en 1871 cuando se consiguió la remisión de los alquileres impagados y la abolición de los intereses de las deudas o al año 1883 cuando en Valencia un congreso de trabajadores llegó al acuerdo de promover huelgas de inquilinos para que los propietarios bajaran los alquileres.

También en Buenos Aires en el año 1907 la conocida como “Huelga de las Escobas”, reclamaba el descenso de los precios de los alquileres, motivado por una subida pactada de los caseros. La huelga llegó a movilizar a 120.000 personas (un 10% de la población de la ciudad). En el mismo año se sucedían huelgas con motivaciones similares también en Viena o Budapest.

Ya por el año 1905 se puede decir que toma forma la primera huelga de Barakaldo y Sestao cuando unas 2.000 familias paralizaron la actividad económica del Gran Bilbao durante casi un mes y, ya por el año 1914 durante la Primera Guerra Mundial, se producen numerosas huelgas de inquilinos y el movimiento obrero se empieza a organizar en torno a este asunto. Los precios de las necesidades más básicas habían subido muchísimo debido a la especulación y esta inflación motivó la organización de los trabajadores en torno a la vivienda.

En el año 1915, en Glasgow, la Asociación de Mujeres de Glasgow por la Vivienda se organizó para crear comités de inquilinos y huelgas masivas. Se enfrentaban con jueces y propietarios a la hora de los desahucios y realizaban una resistencia activa. Unas 20.000 personas secundaron la huelga.

En torno a los años 20 en México, se crean sindicatos de inquilinos y se convocó una huelga estatal debido al aumento del precio de los alquileres.

En 1920, en Sevilla, el problema de la vivienda alcanzaba una fase agudísima. Los precios de los alquileres se habían remontado a las nubes y, además, las casas eran muy difíciles de obtener. Hacía falta un fiador, el pago de un mes adelantado y tres meses de fianza. Bastaba que el inquilino se retrasara un mes, por enfermedad o falta de trabajo, para que fuera desahuciado y se encontrara con los muebles en la calle. Se creó el “Comité Revolucionario de Defensa de los Inquilinos”.

1922 en Veracruz, las prostitutas se organizan contra la subida de los alquileres de los locales y se creó el “Sindicato Revolucionario de Inquilinos”, participando en la huelga la mitad de la población.

En la Barcelona de 1930, ante una subida brusca de los alquileres, se inicia espontáneamente una huelga de alquileres en el barrio de Barceloneta, que se extiende rápidamente a otros barrios y dura hasta 1931. Ante la intensa represión gubernamental, los huelguistas optaron por la acción directa, realojando a las personas desahuciadas de nuevo en las mismas viviendas o en otras ocupadas. Aunque la huelga se dio por terminada ese mismo año, durante 1932 continuaron los impagos en barrios como Cases Baratez, la Torrasa, el Clot, o en el Raval.

La lucha por la vivienda en el Estado español: la okupación

Aunque no en forma de huelga, la lucha por la vivienda en el Estado, ha supuesto siempre un importante frente de batalla y la okupación ha sido una herramienta imprescindible a la hora de abordar el tema.

Antes de los años 70, referencia desde la cual se parte para tratar de analizar el movimiento de okupación y de lucha por la vivienda en este país, las ocupaciones de tierras por parte de los trabajadores del campo, se iban sucediendo a través de organizaciones vecinales y sindicales; ya que estas personas necesitaban espacios donde poder vivir y trabajar porque se habían ido del campo a la ciudad. Igualmente, la ocupación de tierras abandonadas y mal aprovechadas por parte de los campesinos – las más conocidas en Andalucía – servían de autoabastecimiento a familias pobres que no tenían recursos.

Allá por los años 70, la gran subida de los alquileres hasta niveles nunca vistos, hizo que la lucha por una vivienda digna (entre otras muchas demandas más) se dirigiese contra los ayuntamientos franquistas en unas ciudades rodeadas por grandes núcleos chabolistas. Se empiezan a conocer los primeros conatos de tomas de viviendas en Madrid, Barcelona y Mallorca para dar solución a familias necesitadas, con alguna reproducción más en otros sitios. También desde finales del franquismo, la CNT ocupaba locales sindicales que les pertenecía, pero no se les habían devuelto después de la guerra y a pesar del comienzo del periodo de democracia.

Pero no es hasta mediados de los años 80 cuando se empiezan a establecer lazos reales entre lo que era el antiguo movimiento vecinal y el movimiento okupa, dando este último un sentido extra a todo esto: la okupación para tener espacios de difusión, autoorganización, cultura, encuentro, etc. en un momento en el que era muchísimo más fácil encontrar un pico de heroína que un lugar de reunión o un libro para leer.

Con estos ejemplos y referentes de “vivienda digna” se han ido sucediendo distintos movimientos a lo largo de la historia que se puede decir que han podido beber de los anteriores. El último conocido en este país, (paralelo a las okupaciones que continuaban desde años atrás y las que seguían surgiendo) el nacido a raíz del 15M de 2008 y toda la represión que hubo por ello (Movimiento por una Vivienda Digna y los Detenidos por la Vivienda Digna).

A partir de ahí, y hasta nuestros días, el movimiento de okupación ha estado ligado a muchos aspectos de las distintas luchas, puesto que es una herramienta y un medio para conseguir otros muchos objetivos y no es exclusivo de ningún tipo de grupo social estrictamente definido o cerrado, aunque siempre ha estado vinculado (al menos en los orígenes) a movimientos de “izquierda”. En este punto, la okupación ha servido mucho a los grupos, colectivos y proyectos anarquistas (pese a que el anarquismo no es un movimiento de izquierdas) para poder albergar en estos edificios proyectos más o menos permanentes al mismo tiempo que, el mero hecho de abrir una casa, implica en sí mismo una ruptura con lo impuesto y con la injusta situación de los que tienen frente a los que no. A día de hoy en el Estado siguen existiendo múltiples espacios okupados, autogestionados, sin tener ningún vínculo ni negociación con las instituciones puesto que este era el origen de la acción en sí misma, a pesar de que, con el paso de tiempo esto ha ido adquiriendo variaciones y algunos espacios, desafortunadamente, han negociado con el Estado. La okupación aporta algo tan necesario como simple a cualquier movimiento de lucha que se preste: un sitio donde difundir, dar cobijo, organizarse y encontrarse.

El momento actual

Esta “crisis sanitaria” ha puesto de manifiesto muchas cosas. Nuevamente se ha evidenciado que los muertos los ponemos siempre los mismos, que la gestión del Estado y su mediación queda relegada a que seamos daños colaterales, cifras, muertes asumibles, mermas. Y no conforme con todo ello, se repuntan los problemas colaterales y extensibles al problema inicial, como puede ser (entre muchos otros) la vivienda.

Las medidas de confinamiento y cierre de todo tipo de actividades no esenciales ha producido que mucha gente haya tenido que dejar de ir a trabajar, que se haya reducido su jornada (y su salario) o que les hagan un E.R.T.E. del cual, mucha gente, aún no ha visto ni un duro. El dinero que entra en las casas disminuye considerablemente o directamente, desaparece, pero los gastos que tenemos que afrontar para subsistir, continúan adelante: hipotecas, alquileres, facturas de suministros, comida, etc. ¿Cómo afrontar todo esto en una situación económica como la que nos encontramos? ¿Cómo afrontarla, incluso, desde antes? Resulta inviable seguir con esta dinámica de hipotecar absolutamente cada aspecto de nuestra vida y es imposible hacer frente a estos ritmos de vida que se nos impone desde arriba (desde las élites gobernantes y de las empresas y bancos que gobiernan el mundo). Es por esto que se ha planteado esta huelga de vivienda de forma inminente, internacional y extensible tanto a alquileres como a hipotecas y locales. Además, lo interesante de esta huelga, es que se plantea también en unos términos de solidaridad muy necesarios en los tiempos en los que vivimos, lanzando mensajes como “huelga solidaria de vivienda, porque nos solidarizamos con los que no pueden pagar”, un planteamiento muy interesante de una lucha con un recorrido histórico importante y necesario como el mismo hecho de tener una casa.

El real decreto instaurado por el gobierno, recoge (entre otras cosas) que las viviendas cuyos arrendatarios sean “pequeños tenedores”, no pueden acogerse a dicho decreto. ¿Qué es considerado un pequeño tenedor? Una persona con 10 o menos viviendas, algo ilógico y realmente desproporcionado, pues los especuladores utilizan mil y una triquiñuelas para ocultar sus propiedades y, además, poseer 5 u 8 viviendas es algo ya de base injusto. Los propietarios, como la patronal, siempre van a intentar dar pena y el gobierno siempre va a tratar de hacer lo posible para favorecerles.

Entre otras de las medidas del real decreto, el gobierno dará microcréditos a los inquilinos e hipotecados para que puedan hacer frente al pago de la mensualidad, de la misma manera que se ha prohibido el corte de los suministros durante el Estado de Alarma (como si eso fuera suficiente, como si al día siguiente del Estado de alarma, las cosas se fueran a arreglar por arte de magia). Estos microcréditos pueden ser devueltos hasta en 6 años sin intereses y, según el real decreto, si el deudor no puede llevar a cabo la devolución, el Estado responderá por él (algo que no cuadra en absoluto con el proceder de los políticos nunca, por lo que sabemos que esto tiene trampa y cartón). No obstante, con o sin trampa, estas medidas solo nos muestran que cualquier conquista que obtengamos por mediación del Estado y de sus agentes sociales, solo va a suponer pan para hoy y hambre para mañana. Un microcrédito hoy, no significa anular o cancelar el alquiler o la hipoteca, significa postponerlo y alargar la deuda durante años para que, los de siempre no vean repercutido su negocio y los mismos sean los que sigan endeudándose, pagando, hipotecándose, trabajando sin parar.

Es por eso, que dentro de las múltiples propuestas de huelga de vivienda que se han lanzado, nosotros nos sentimos más identificados con las que dejamos a continuación, porque un aplazamiento del pago no soluciona el problema. Porque gestionar nuestra miseria en cómodos plazos, significa taparnos la boca e intentar comprar nuestras ganas de luchar. Las demandas tienen que ser a través una propuesta radical, sensata, clara y simple: la vivienda no es un negocio, es una necesidad.

Por la vivienda no hay que pagar ni ahora ni nunca, y añadiéndole el concepto de “indefinida”, se sale del marco de la crisis actual y pone encima de la mesa esta necesidad desde una perspectiva más amplia: la huelga indefinida porque cuando se termine el Estado de Alarma nuestras condiciones no van a mejorar, de hecho, empeorarán porque realmente la crisis económica y sus consecuencias, no han hecho más que empezar. Y porque para la gran mayoría de la gente, la imposibilidad de pagar una casa no viene determinada por la nueva “crisis sanitaria” si no por la condición social que ocupan y su permanente estado de crisis en el que viven que, en todo caso, se empeorará más debido al nuevo desbarajuste económico que nos espera.

De la misma forma que, como solución a este problema, se plantea la okupación como una solución que actualmente está siendo efectiva para muchísima gente que se ha visto arrojada al precipicio de vivir en la calle. Reivindicar esto es imprescindible si queremos plantear una propuesta de lucha integral, que aporte soluciones, que cree lazos de comunidad y que proponga herramientas válidas y realizables para no vernos abocados a la más absoluta miseria.

Algunas reivindicaciones sobre la huelga de vivienda

A continuación, dejamos uno de los varios manifiestos que hay en el que se recogen los objetivos y los motivos por los que se llama a la huelga. Así mismo, desde las direcciones que os dejamos más abajo, se están lanzando distintas propuestas e informaciones (tanto legales, como ideas para difundir, como textos de reflexión, como contacto para enviar sugerencias, preguntas, etc.) para poder participar o ayudar con la difusión de la huelga.

1.- Vamos a la huelga de vivienda: huelga de pagos de alquileres e hipotecas desde el 1 de abril de 2020.

2.- Porque la crisis del Coronavirus ha puesto nuevamente de manifiesto que empresarios y políticos priorizan sus beneficios por encima de nuestras vidas.

3.- Porque muchos no podíamos pagar antes de la crisis, porque muchos no podemos pagar a raíz de la crisis.

4.- Porque los que sí podemos, nos solidarizamos con los que no pueden. No estáis solos.

5.- Ni un desalojo, ni un desahucio más, ni ahora ni nunca.

6.- Porque nos solidarizamos con los espacios okupados.

7.- Porque la huelga de vivienda es una medida de presión a través de lo más básico: las viviendas con las que especulan.

8.- Porque nos oponemos a la militarización y a la oficialización de nuestras vidas.

9.- En solidaridad con las revueltas en las cárceles y C.I.E.’s, donde las personas presas han sido abandonadas a la enfermedad,

10.- Solidaridad, apoyo mutuo y acción directa.

NI PODEMOS PAGAR, NI QUEREMOS PAGAR.

DESDE EL 1 DE ABRIR DE 2020, HUELGA INDEFINIDA DE VIVIENDA.

HUELGA DE HIPOTECAS Y ALQUILERES

Instagram: @huelgaviviendaM

Twitter: @huelgaviviendaM

(Nº9) Huelga internacional de vivienda

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