Hubo que esperar…

Son, sin duda, momentos de una gran incertidumbre. Mientras unos sitúan éste actual colapso financiero en el contexto una crisis cíclica más del sistema capitalista, otros la auguran como la que podría ser su crisis definitiva o muy cercana a serlo. Parece que el catastrofismo se haya apoderado de los analistas políticos enzarzados en un campeonato para ver quien es el que la describe y la analiza con mayor pesimismo. Tampoco los líderes de las grandes organizaciones económicas que dirigen el mundo (los que no saben nada, no entienden nada, no controlan nada) se quedan a la zaga. No saben su profundidad, ni su duración, ni su salida.
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Los menos, los que siguen creyendo en la necesidad de un cambio social, auguran esta crisis como la antesala de un periodo revolucionario o como mínimo de la necesidad de él. Como siempre siguen apelando a la conciencia y a la voluntad de los hombres para lograrlo.&nbsp
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Si los cambios sociales hubieran dependido solo de la voluntad de los hombres (del libre albedrío como lo llaman los pensadores no materialistas) posiblemente hoy ya viviríamos en un paraíso. No ocurre así, porque dependemos de las condiciones, los medios, los conocimientos alcanzados por la sociedad en donde vivimos y que son las que determinan en realidad las posibilidades reales de alcanzar un cierto grado superior de progreso y bienestar. Es cierto que unas condiciones de libertad catalizan a favor los procesos de avance, y otras de represión, los obstaculizan. Pero, sean las que sean y se mantuvieran el tiempo que fuere, la Historia es muy tozuda y los cambios acaban por producirse. Ningún sistema económico perduró eternamente.
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Desde tiempos muy antiguos el hombre soñó en volar y lo intentó. Tenemos pruebas, escritos, gráficos y dibujos que dan constancia de estos deseos. Hasta tenemos pruebas fotográficas de los últimos intentos fallidos. Muchos perdieron su vida al intentarlo. Solo cuando alcanzamos los conocimientos que hizo posible el motor de explosión conseguimos hacer realidad el sueño. Leonardo de Vinci fue un pionero adelantado cuando en los dibujos de sus ingenios voladores remarcó en un rincón: “aquí, la fuerza motriz”. En su época no se habría inventado aún la fuerza motriz capaz de&nbsp levantar del suelo ningún aparato volador. Hubo que esperar.&nbsp
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Está en discusión si, en algún momento de nuestra larga Historia, la Humanidad pudo zafarse y superar las relaciones de explotación del hombre por el hombre. Podríamos escribir de ello largamente, pero los hechos han demostrado que esto nunca fue posible.&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp

Una nueva sociedad de propietarios sustituyó a la antigua; una y otra vez consecutivamente. Dimos saltos cualitativos y cuantitativos en medios y conocimientos que podían hacer más fácil nuestra lucha por una existencia mejor, pero nunca fuimos soberanos de ellos. Nuevas sociedades de explotación sustituyeron a las viejas.
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Marx, del que solo se le aprecia por su trabajo teórico de investigador del modo de producción capitalista, fue un hombre fuertemente implicado en las luchas sociales de su época. Intervino constantemente en ellas. En la segunda parte del Manifiesto Comunista, “Proletarios y comunistas” (segunda parte elevada a dogma y aún exenta de la crítica por parte de las organizaciones partidistas) abocó todo su ardor revolucionario. Creía que la revolución de los trabajadores dirigidos por los comunistas podría cambiar el rumbo de la Historia. Pero en sus trabajos teóricos,&nbsp aplicó más el rigor científico que sus sentimientos y su ardor revolucionario. Fue en ellos, el mayor de los deterministas históricos. El párrafo de Marx que cito a menudo: “Una formación social nunca declina antes de que se hayan desarrollado todas las fuerzas productivas que ella, en toda su extensión, es capaz de contener, y nunca surgen nuevas relaciones de producción superiores antes de que sus condiciones materiales de existencia hayan sido generadas en el seno de la vieja sociedad. Es por esto que la Humanidad nunca se propone realizar tareas que no pueden ser llevadas a cabo, ya que si analizamos bien las cosas, llegaremos a la conclusión de que la propia tarea solo surge si las condiciones materiales de su resolución ya existen de antemano o por lo menos existen en vías de formación”…es una prueba más de su pensamiento científico respecto de lo que tratamos.

Marx decía: “Si observáis un molino de viento, detrás veréis relaciones serviles”.&nbsp Podríamos añadir: “Si observáis un ingenio mecanizado accionado por una fuente de energía superior, detrás veréis relaciones asalariadas, ya sea bajo apropiación privada o estatista”. Los hechos demuestran que, a pesar de algunos intentos aislados (de los libertarios en la Guerra Civil Española), no ha habido otra cosa.&nbsp

No es extraño que Lenin&nbsp pensara también que el éxito de la Revolución Rusa dependía&nbsp más de “la paz (la retirada de los soldados de los frentes de guerra) y de la electricidad” que de la conciencia y la voluntad de los trabajadores y campesinos rusos. La conciencia ya era propiedad del Partido.
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De los idearios&nbsp espartakistas y consejistas (“todo el poder para los soviets y no para el partido”) poco podemos decir puesto que sus intentos revolucionarios fueron sangrientamente liquidados.&nbsp No podemos pues analizar&nbsp acontecimientos que no sucedieron.&nbsp
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En realidad en ningún momento el régimen soviético socavó las raíces del modo de producción capitalista, por lo que es del todo absurdo seguir discutiendo de la “Revolución traicionada”.&nbsp Sencillamente, como en el caso del motor de explosión, podríamos decir que entonces no fue posible. Es erróneo concebir su fracaso por los errores políticos, los burócratas o por el criminal Stalin. Ellos fueron el producto de su fracaso no su causa.
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La sociedad es como un ser vivo. Como todo ser vivo,&nbsp para sobrevivir, hace suyas las leyes de adaptación al medio “antes de proponerse a realizar tareas que no pueden se llevadas acabo…”. Si no fuera así, no podríamos entender como los esclavos expulsados de los antiguos imperios corrieran a refugiarse al amparo de los señores feudales o los siervos echados fuera de la gleba fueran a ofrecer su fuerza de trabajo a la incipiente burguesía o que fueran ellos, los nuevos esclavos asalariados, la fuerza de choque que culminara su revolución.&nbsp O no entenderemos como, cuando ya no quede más posibilidad y esperanza de supervivencia en el mundo de la mercancía, expulsados del mercado de trabajo, los ahora asalariados corramos a defender con uñas y dientes las nuevas alternativas que surgirán para poder sobrevivir. Porque mal que les pese a muchos, hasta que el Capital no alcance sus límites el trabajador asalariado seguirá intentando vender su fuerza de trabajo a cualquier precio y en cualquiera condición… Esto, tan criticado por los voceros de la revolución, forma parte también&nbsp de nuestra andadura y no comprenderlo es no entender nada de nuestra propia condición humana.
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Daríamos razón a los darvinistas sociales si no habláramos también de otros principios del ser humano que se adentran en el campo de la biología y que nos hacen diferentes y particulares al resto del conjunto de los seres vivos. Ellos están encadenados a vivir bajo patrones genéticos que hacen generación tras generación invariable su&nbsp existencia. Ellos, en su lucha por la supervivencia pueden llegar a adaptarse al medio, pero nunca&nbsp pueden cambiarlo. Nuestros pensamientos, nuestras mociones, nuestros sueños, nuestra capacidad creadora y transformadora, nuestra capacidad de rebeldía&nbsp hace posible que sigamos transformando nuestra sociedad intentando convertirla en un lugar común en donde nuestra especie pueda alcanzar mayores grados de bienestar.&nbsp Así lo hemos hecho siempre y así continuaremos haciéndolo.&nbsp
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El periodo de caducidad de un sistema no se alcanza por el simple devenir histórico. Se alcanza porque la sociedad constructora desborda constantemente los límites impuestos por la sociedad parasitaria. Porque constantemente investiga, conoce, prueba, crea nuevas técnicas, nuevas herramientas, nuevos métodos… que resquebrajan los cimientos con los que se construyó la vieja sociedad.
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Ninguna revolución política ha producido cambios sociales. Las revoluciones políticas son el producto, la consecuencia de los cambios que ya se están produciendo en el modo de producción.&nbsp
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Solo cuando el capitalismo, por sí mismo, haga inviable las propias leyes con las que se construyó y desarrolló, alcanzará sus propios límites. Y este momento no está ni mucho menos lejano. La ley del valor empieza a no poderse cumplir. O dicho de otra manera, es porque el Capital se empecina a que esta ley siga rigiendo la economía que una crisis solapa a la siguiente cada vez con más fuerza y que la penuria se apodere de millones de seres humanos. El valor de cambio de cualquier mercancía ya no depende del tiempo de trabajo necesitado en fabricarla. Mientras el Capital fijo debe aumentar sin cesar (para frenar la caída de la tasa de beneficios) el capital vivo necesitado tiende a cero. Sin trabajo asalariado (trabajo vivo incorporado a la producción) no hay acumulación de Capital. Esta es la crisis.
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Solo cuando la sociedad tenga en la práctica soluciones distintas a las de la sociedad de la mercancía podremos superarla. Los cimientos que se resquebrajan son los de la propiedad privada, el trabajo asalariado y la ley del valor. Hasta entonces, habrá que seguir resistiendo y empujando. Si dejamos de hacerlo se abrirá un largo periodo de sumisión y esclavaje.
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Pero la Ciencia sopla a nuestro favor.&nbsp
Es preciso seguir investigando, construyendo, creando, aplicando nuevas técnicas, copiándolas, difundiéndolas y generalizándolas.&nbsp
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