El Hospital de El Escorial (I) o cómo sobrevivir a la austeridad: “La gente está muy al límite”

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El Hospital de El Escorial tiene por fuera apariencia de hotel o de bloque de apartamentos turísticos; su fachada alargada y uniforme de tono amarillento de los años 70 ayuda a esa impresión. Por dentro, la situación no es tan lúdica como un lugar de vacaciones. “El resumen es que la gente está muy al límite y da lo mejor de sí”, relata un médico especialista del centro en declaraciones a ElBoletín.com. A este escenario, donde la precariedad laboral, la austeridad y los recortes son compañeros de trabajo, se le suma una “garrapata”, como define otro trabajador: el Hospital de Villaba, a apenas 16,9 kilómetros y gestionado por un gigante del sector privado como es Quirónsalud. Pero esta convivencia la dejaremos para otros episodios.

Por Marco González:

La entrada al hospital puede dejar sorpresas. O al menos así lo perciben algunos de sus profesionales. De un día a otro puedes encontrarte al mismo trabajador (no sanitario) en distintos puestos. La política que perciben es clara: “Todos valemos para todo”. Y tiene una explicación. “Tenemos un tipo de contrato donde nos pueden poner donde quieran y en el horario que quieran. Te van llevando por todos los lados. Y no te puedes negar porque si te niegas vas a la calle sin renovarte”, explica una de las auxiliares de administración del centro en conversación con este medio. “Quieren que el personal haga de todo, que la persona que viene para un ratito haga mil cosas”, coincide una limpiadora, que en próximas ediciones también se describirá su tortuoso día a día bajo las órdenes de una subcontrata, como sucede en todos los hospitales madrileños.

El recorrido por el centro podría dar a parar a una de las habitaciones que serviría para entender parte de la realidad del Hospital de El Escorial. “Solo con pasearte por las plantas y hablar con los pacientes te das cuenta de que hace falta personal”, apunta la auxiliar de administración que prefiere -al igual que sus otros cinco compañeros con los que se ha reunido este digital- guardar el anonimato.

La evolución presupuestaria El hospital atiende, según la última Memoria del SERMAS (la de 2016), a un total de 107.222 madrileños. Y, al igual que en otros centros públicos madrileños, tampoco ha sido menos en el recorte presupuestario. Si en 2010 contaba con un prespuesto de 35,4 millones de euros, en 2012 esta partida bajó a los 32,7 millones. En los últimos tres años también ha descendido lo destinado a las cuentas del Hospital de El Escorial: de los 32,3 de 2015 a los 30,3 de 2016 y, finalmente, a los 29,9 millones de euros de los presupuestos autonómicos de 2017.

La austeridad entra a escena

Un hospital pequeño (91 camas instaladas, según la última Memoria del SERMAS) que es el espejo perfecto de algunos hándicaps de la sanidad pública madrileña y de las malas costumbres que se han apegado con la llegada de la crisis y los recortes presupuestarios. “El austericidio aquí lo vivimos. Estuvimos tres años sin uniforme”, recuerda uno de los profesionales de mantenimiento. Y los números hablan: “Antes éramos 21 en mantenimiento y ahora somos 13”. Buscando una explicación, este trabajador la encuentra: el dinero y las recompensas tienen mucho que ver. “El Escorial se ha ganado muchos años ser el hospital que más ahorra de Madrid. Y reciben mucho dinero. Y se divide entre los trabajadores, pero sobre todo a los laborales/estatutarios no nos llega. La mitad va a la dirección. Y por eso siguen ahorrando y ahorrando”.

El apretar los dientes con el presupuesto se ha palpado en el trabajo y hasta en el aspecto físico de los propios trabajadores. “Las camas, las sillas de rueda y las camillas no funcionan en condiciones, te dejan mal la espalda. Hay un problema de salud laboral”, apostilla uno de los celadores del centro (que, en realidad, echó su plaza de auxiliar de obras y servicios).

La percepción de los profesionales es que el Hospital de El Escorial va a una velocidad y la plantilla a otra; mientras “el hospital crece, hay más consultas, mejores infraestructuras, más quirófanos…”, como recalca la administrativa, “no se amplía el personal”. Hasta el ‘reciclaje’ es otra de las características del centro. Y así se aprecia con el traje de la limpiadora que “lo traigo de casa” o con el uniforme que trae de otro hospital una de las auxiliares de control. “Hablan de alta tecnología, pero hay algunos aparatos que son de segunda mano, el TAC es reciclado, el mamógrafo viene con 10 años de Fuenlabrada… Se ahorra al máximo”, afirma uno de los médicos del hospital.

La desigualdad en la plantilla

A este día a día se le añade el debate de las horas extras y la diferencia de contratos entre el personal, que no pasa desapercibido para sus trabajadores. “A mí me han hecho quedarme más tiempo y mi encargada me ha dicho: ‘Si te sienta mal, mañana corre más’. Y si digo que no doy para más, a los dos días estoy en la calle”, reprocha una de las limpiadoras del hospital. Una falta de tacto con el personal no fijo que también ha sufrido otra de estas trabajadoras del Hospital de El Escorial, que encadena varios contratos y que cuenta algunas de sus experiencias:

“Si en un momento dado se te ocurre quejarte, te dicen ‘pues te organizas mal, si tienes que venir por la tarde, vienes’. No lo hago por sistema, pero hay veces que lo tengo que hacer […] El hecho de ser trabajadores temporales y en precario afecta también a temas personales. Uno tiene un familiar enfermo y le da miedo pedirse los días a los que tiene derecho. Tengo a mi padre malo y si cada vez que es ingresado me pido los cinco días a los que tengo derecho por convenio, pues puede que cuando se acerque el fin de mi contrato, me digan que me vaya a cuidar a mi padre […] Hay una cosa importante en cuanto a salud laboral, que estamos en clara deficiencia. Yo, por ejemplo, me he caído y no me atrevo a decir nada”, termina de relatar.

La falta de personal podría llegar incluso a afectar al paciente, algo que remedian los profesionales del centro dedicando más horas que las de su horario. “Lo hacemos porque tenemos enfermos con cáncer que hay que tratar, si no ¿qué haces?”, justifica un médico a este medio. No obstante, esta escena podría ser una excepción. Nada más lejos de la realidad. “Es así en todos los servicios. Hablo con todo el mundo y da igual: todos están saturados. Hablas con la gente y te dicen que están agobiados, las enfermeras están como locas por las plantas…”, asevera la auxiliar de administración. “La calidad asistencial se mantiene por el esfuerzo de los trabajadores. Eso está claro, por nadie más”, concluye de manera tajante el trabajador de mantenimiento.

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