Horizonte 2050, superando el capitalismo o condenados

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¿Hay peligro de colapso de la civilización? ¿Cuál sería la actitud más inteligente ante eso? ¿Podemos cambiar las cosas a mejor? ¿Cómo convencer de ello a millones de personas? Lanzo una propuesta internacional.

Incluso los más optimistas se ven obligados a admitir que la situación es mala, que empeora, que estamos metidos en un grave problema que debemos tomarnos muy en serio. No se está dramatizando, no se es un tremendista o apocalíptico por reconocerlo. Al contrario, no hacerlo es propio de estúpidos irresponsables, o de interesados criminales. Pero lo realmente importante y difícil es acertar en el camino a seguir, pues si nos equivocamos, puede costarnos carísimo. De nada sirve alarmarse, si se cree que las empresas y los gobiernos son los más indicados para liderar la solución a los problemas (como confiar en el pirómano para que termine con los incendios); o si a lo máximo que se aspira es a vivir del mismo modo que hasta ahora, “pero sin problemas” (como desear una moneda con cara pero sin cruz).

Según pasan los años es evidente que no están mejorando las cosas, sino empeorando, el tiempo parece que ya corra en nuestra contra, y sin embargo, la burguesía y sus estados, son incapaces de “ponerse las pilas” y remediar la situación, en buena parte, porque su mismo sistema social, basado en el motor del beneficio monetario, se lo impide.

De ahí mi propuesta internacional del eslogan-marco Horizonte 2050, superando el capitalismo o condenados”. Éste podría ser el eslogan general que ahora necesitamos pues el de “¡Otro mundo es posible! de los FSM de Porto Alegre (Brasil), ya nos queda muy corto. Pues ya va siendo hora de ponerle nombre al asunto y plazo provisional a su solución cuando todavía se estaría a tiempo, y levantar un estandarte capaz de estimular, orientar y unificar las luchas por diferentes temáticas en un mismo torrente por un objetivo común, y lo que podría dar la satisfacción definitiva a muy variadas aspiraciones. También sería un marco orientativo para la elaboración de las políticas que ahora necesitamos (objetivo: empezar a superar el capitalismo a la mayor brevedad posible).

Lo argumento detalladamente más adelante, en la sección IV, pero antes conviene conocer en las secciones previas, lo que para mí es su fundamentación teórica y política. Sin embargo, y esto es muy importante, para aceptar el eslogan-marco, no es necesario aceptar toda mi argumentación a su favor, pues yo tengo una visión determinada del actual sistema social y de la manera en que debe ser superado que otros, que también quieran superar el capitalismo, no tienen por qué compartir necesariamente, y sin embargo, todos podemos sentirnos cómodos con el eslogan-marco UNITARIO, pues esa es su vocación.

DESCÁRGATE este DOCUMENTO para LEERLO con el TIEMPO y la ATENCIÓN NECESARIOS, y DIFÚNDELO

I.- NO ES la ACTIVIDAD HUMANA, es el CAPITALISMO DECADENTE

La aceleración de la crisis climática, el acortamiento de los plazos para tomar medidas eficientes, la enésima decepción por los acuerdos adoptados por los estados capitalistas (la última, la reciente cumbre de la ONU en Madrid, COP25), están generando una conciencia creciente (sobre todo en parte de la última hornada de juventud), de que esta civilización está entrando en una situación de emergencia que puede acercarnos al abismo y arrojarnos a él.

Cierto. Pero no debemos observar este asunto de forma aislada, pues en realidad es una expresión más (potencialmente letal) de su auténtico causante, que no es la mera actividad humana en sí (como dicen para despistar), sino la que está organizada de una determinada manera, lo cual para nada es trivial o inocente. Y este modo de actividad humana no es otro que el modo de producción capitalista, sea en su versión privada (como la conocida en el Occidente europeo y América) o estatalizada (como lo fue el capitalismo de Estado de la URSS –no socialismo ni comunismo- que provocó también innumerables desastres medioambientales, el último, la central nuclear de Chernóbil).

El capitalismo es un modo de producción (como anteriormente lo fueron el feudalismo y el esclavismo) coronado por su Estado burgués. Está basado en la privación a los productores/as directos del dominio de los medios de producción (fábricas, maquinaria, etc.) y distribución (cadenas comerciales…), de modo que deben poner su trabajo a disposición de quienes lo explotan para obtener un beneficio monetario (la plusvalía o parte nunca pagada del trabajo es el origen principal de la ganancia). Esto lleva a la división de la sociedad en dos clases fundamentales: clase capitalista o burguesía y clase trabajadora o proletariado. El Estado burgués es la expresión política (y armada) de la dominación de clase de la burguesía sobre el proletariado. La forma más clara de denominar el capitalismo, por revelar su raíz, que no es la inversión (capital), sino el trabajo asalariado explotado, sería la de Salarismo.

Su conjunto conforma un sistema social, una civilización. La civilización capitalista jugó un papel progresivo (pese a sus sombras alargadas y sangriento lado oscuro) durante cierto tiempo. Pero ya con el estallido de la Primera Guerra Mundial inter-imperialista (1914-18), con su enorme destructividad y en los países centrales del capitalismo además (donde estaban las principales concentraciones del proletariado), se rebeló definitivamente como una traba para el desarrollo (no sólo crecimiento económico) de la Humanidad y como un peligro mortal. Entró en su etapa de decadencia. Esto se agudizó todavía más con el surgimiento del estalinismo (en la URSS), del fascismo y del nazismo, con la crisis mundial de 1929 y la consiguiente Segunda Guerra Mundial inter-imperialista (1939-45) y su final atómico. Con la “paz”, pese al enorme crecimiento económico de “los 30 gloriosos” (1945-75), no dejó de ser decadente, pues impulsó dictaduras feroces (desde el franquismo -40 años-, a las de los militares latinoamericanos y de otros continentes), disparó el militarismo, mantuvo sobre la cabeza de la Humanidad la “espada de Damocles” de la destrucción nuclear, y llevó adelante numerosas guerras enormemente destructivas (Cora, Vietnam…). Posteriormente, y a consecuencia también de aquel tipo de crecimiento y del desplegado durante la modalidad capitalista de neoliberalismo globalizado, ha revelado la decadencia su nueva cara, con el despilfarro brutal por la obsolescencia programada, el parasitismo de la financiarización de la economía, la “economía de casino”, la crisis iniciada en 2007-8, el gigantesco endeudamiento público y privado, la precarización y empobrecimiento del trabajador/a y retroceso en sus derechos, el ascenso de populismos de derechas y neo-fascismos, el expolio desaforado de la Naturaleza, el agotamiento de importantes recursos económicos naturales (energía, minerales, fertilizantes, agua dulce…), la degradación medio-ambiental, las catástrofes en centrales nucleares, la crisis climática y la incapacidad para afrontarla seriamente, la carrera hacia la gran extinción de especies también imprescindibles para nosotros, el riesgo nunca eliminado sino creciente de guerra nuclear (acuerdos rechazados, vencidos y no renovados…), el peligro de emergencia de una Inteligencia Artificial General enemiga de la Humanidad (no es broma, ni ciencia-ficción barata), la represión y asesinato de quienes protestan y resisten contra esto, el riesgo de regresión histórica de nuestra especie y tal vez su extinción…. Todo esto sólo a grandes rasgos pues se podría extender y concretar mucho más. (NOTA 1).

La llamada Cuarta Revolución Industrial, con la generalización de la digitalización y de la robótica, y el “internet de las cosas”, tampoco permite escapar de la decadencia y ni siquiera eliminar el riesgo de colapso del capitalismo (NOTA 2).

Si surgiese una entidad de Inteligencia Artificial General (IAG) antes o durante el colapso, dada su naturaleza, tampoco nos salvaría, sino que nos traería males mayores. Para esto remito a mi extenso estudio, al final de éste.

La situación está llegando a tal punto que ya se contempla la posibilidad de que el capitalismo, la civilización industrial capitalista, incluso cualquier civilización industrial, esté llegando a su punto de COLAPSO.

Este tema lo he tratado ya numerosas veces en largos textos para Kaos en la red. Aquí quiero aportar algunos criterios que ayuden a clarificar mejor el asunto, y sobre todo, cuál debe ser nuestra posición actual ante ello, la que creo más inteligente y constructiva para nosotras.

II.- ¿COLAPSO de la CIVILIZACIÓN? ¿QUÉ ES?

Colapso no es un concepto preciso, sino un término que quiere expresar lo que representa una caída o hundimiento (como indica su origen en latín), una implosión, una paralización, siempre algo extremo, catastrófico y se supone de duración corta, que acaba con el objeto, a diferencia de la decadencia que pude durar mucho más tiempo. Pensemos por ejemplo en la larga vida de una persona, con la decadencia de su vejez, y el final más o menos abrupto, colapsando sus funciones vitales.

Crisis no es igual a colapso; las crisis cíclicas del siglo XIX (cada 7 años aproximadamente) estaban lejos de ser indicios del colapso y ni siquiera de una crisis como la de 1929, propia de la decadencia, que dio impulso a la IIGM, pero que tampoco era el colapso pues posteriormente fue posible una extraordinaria recuperación y desarrollo de las fuerzas productivas (gracias sobre todo a la preservación del continente americano de la destrucción bélica, y a que seguían abundando los recursos materiales, como el petróleo).

Las civilizaciones pueden tener muy variada permanencia (pensemos por ejemplo, en la egipcia de los faraones, que duró tres mil años, hasta el período helenístico y romano), y el colapso sería una consecuencia posible pero no necesaria e inevitable de una decadencia (no hubo colapso del modo de producción feudal) y su duración podría ser tanto de unos pocos años como de varias décadas o algún siglo, según circunstancias variadas, pues depende también de la voluntad humana. Puede darse un colapso sin estar la civilización en decadencia, por ejemplo, a causa de una invasión militar extranjera extraordinariamente poderosa o de un gran desastre natural (terrible sequía prolongada unos pocos años pero que hunde la agricultura y hace imposible la vida civilizada; fuerte terremoto seguido de tsunami y gran actividad volcánica; una enfermedad muy contagiosa que provoca una gigantesca mortandad en muy poco tiempo…). El colapso del capitalismo sucedería a la decadencia, pero no necesariamente si la decadencia fuese superada antes por otro sistema social gracias a una revolución. Una gran crisis internacional (como la de 1929, la de 2008…) o una guerra mundial (como la de 1914-18), productos de la decadencia del sistema, pero que no eran su colapso (de serlo, no habría continuado el capitalismo como lo ha hecho), pudieron haber sido el detonante de una superación del mismo a través de una revolución proletaria generalizada, aunque no haya ocurrido así, pero todavía podría existir alguna probabilidad de que sucediese antes de que llegase el colapso.

En el caso del capitalismo, al tratarse de un sistema planetario, las causas del colapso del sistema debieran ser globales o con poder de generalizar sus consecuencias a ese punto. Salvo que nos caiga un enorme asteroide que provoque una gran destrucción de la superficie y sobre todo de la atmósfera del planeta (impidiendo la entrada de la luz solar durante mucho tiempo, contaminando el aire…), o suceda una extraordinaria cadena de grandes erupciones volcánicas…, la destructividad y daños que con más probabilidad nos amenazan, aunque sean medioambientales (catástrofe climática, extinción de insectos polinizadores claves para nosotros…) no serían provocados simplemente por la Naturaleza, sino la cosecha de lo que la actividad humana (a través del capitalismo –privado o estatizado- sobre todo) habría cultivado desde muchas décadas antes (ya desde ahora, décadas atrás), y desde el comienzo del siglo XX en particular, cuando dio inicio la decadencia del capitalismo. Y a diferencia del colapso de otras civilizaciones que no se extendían por todo el planeta, cuyas causas y sobre todo efectos fueron relativamente muy localizados, dada su nula o muy escasa dependencia económica y política con el resto (incluso podían desconocer su existencia, como América y el resto del planeta se ignoraron durante mucho tiempo), hoy no hay ni un solo país capitalista que esté aislado del resto del mundo, ni en el aspecto económico (autarquía), ni en el atmosférico y medioambiental. Con un capitalismo mundial y globalizado, muy complejo, con una estrecha relación a través del sistema financiero mundial (lo hemos comprobado una vez más con la crisis iniciada en 2007-8), con ramas de la producción muy interrelacionadas entre sí y a escala planetaria (división internacional del trabajo), todos dependientes del petróleo, del gas natural, de los pesticidas y abonos nitrogenados (dependientes del petróleo y del gas natural, respectivamente), del fosfato de roca, que se producen mayormente en pocos lugares…, el colapso y sus consecuencias muy difícilmente podrían quedar localizados, tenderían a sucederse en cascada, generalizados a todo el planeta y, dependiendo de la causa, muy rápido y altamente letal.

Sin embargo, el impacto del colapso no tendría por qué impedir cortos períodos de recuperación (aunque no volveríamos a ver otros “30 gloriosos”) en un recorrido de crisis que nos hundirán cada vez más. Ni ser homogéneo, al contrario, podría ser muy diverso; por ejemplo en los efectos de la crisis climática no sería lo mismo la zona ecuatorial que el norte de Europa, los territorios que frecuentemente sufren los enormes destrozos y víctimas provocadas por los de huracanes (tifones o ciclones) que los que no los han conocido nunca; no contarían con las mismas posibilidades de hacer cargar a otros sus consecuencias, los Estados con más poder económico y militar que los más débiles (acaparar la energía, minerales, fertilizantes… escasos); ante la escasez de recursos, se empezaría por sacrificar determinadas ramas de la economía para permitir que otras aguantasen más tiempo, sobre todo las útiles para la guerra por los recursos escasos, y eso tendría repercusiones dentro del país y a escala de la división internacional del trabajo, ahora globalizado.

III.- COLAPSO ¿CÓMO ABORDAR su posibilidad? La REVOLUCIÓN como solución prudente

No podemos saber, con una seguridad del 100%, si el capitalismo se colapsará, durante cuántas décadas se prolongaría, si llegaría en las próximas… Pero tenemos indicios suficientes para sospechar que las probabilidades de que ocurra son altas, y sus consecuencias, catastróficas para nuestra especie, sobre todo si dejamos que el capitalismo siga su curso espontáneo. En tanto no lleguemos a una conclusión definitiva (quizás sólo sea posible “a toro pasado” pues no tenemos experiencia al respecto), no podemos quedarnos quietos, debemos orientarnos teóricamente sobre los distintos escenarios posibles y adoptar unos criterios de actuación lo más previsores y eficientes posibles.

Si fuésemos hacia el colapso de la civilización industrial capitalista a cuenta de la tendencia al descenso de la tasa de ganancia, falta de demanda solvente, de la escasez y carestía energética (petróleo, gas natural, carbón, uranio, producción eléctrica…), de la escasez y carestía de otros recursos materiales imprescindibles (minerales, agua, productos agrícolas, abonos nitrogenados provenientes del gas natural, pesticidas provenientes del petróleo, fósforo del fosfato de roca…), de la catástrofe medioambiental (crisis climática, consiguiente colapso de la agricultura, extinción de especies vegetales y animales, en particular de las que nos son imprescindibles para el consumo o la polinización….), y humanitaria (millones de personas desplazadas por el clima y las guerras, difícilmente aprovechables para el sistema como productoras y compradoras), afectaría también negativamente a la posibilidad de existencia de cualquier civilización industrial, incluso socialista.

Si el capitalismo ha mostrado muchísimas veces cuán vulnerable es a sus propias contradicciones estructurales tradicionales (crisis de los siglos XIX, XX y XXI), factores hasta cierto punto externos (aunque los haya provocado él) al ciclo D- M- D´ (Dinero- Mercancía- Dinero + con la ganancia), como los mencionados, lo harán más frágil, provocarán reacciones en cadena desastrosas (efecto fichas del dominó) afectando al sector financiero, productivo, comercial, a todas las ramas de la economía y países del mundo, desestructurándolo, desintegrando su tejido, dejando inútiles o destruyendo infinidad de fuerzas productivas, en particular, seres humanos (desempleados, víctimas de las hambrunas o las guerras…), a una escala nunca conocida. Podría ser tan destructivo que hiciese imposible su superación por el socialismo, pues se habrían deteriorado o eliminado las bases materiales para ello.

El incremento de los costes de producción, en particular en el llamado capital constante (invertido en energía, materias primas, maquinaria…), aumentaría la composición orgánica de capital (relación entre el trabajo acumulado o “muerto” –capital constante- y el trabajo actual o vivo) y si no se pudiese compensar con un aumento de la productividad y un ascenso de la tasa de plusvalía (relación entre el trabajo no pagado y el pagado), sería inevitable un descenso de la tasa de ganancia (porcentaje con respeto a la inversión total). La disminución de la ganancia, al dar lugar a una inversión extra menor, en ciclos sucesivos reduciría la acumulación y reproducción ampliada del capital, incluso su estancamiento por la ausencia de ganancia o regresión por acabar con pérdidas por ni siquiera recuperar todo el capital invertido. La ausencia de ganancias y más la existencia de pérdidas, le quitaría sentido a la inversión capitalista, con el consiguiente despido de trabajadores/as, falta de producción, etc. Esto se integraría dentro de las contradicciones intrínsecas del capitalismo con sus consiguientes crisis, a lo que se añadiría una importantísima menor disponibilidad de esos recursos productivos que durante mucho tiempo se han dado por descontados y que han permitido la marcha de la mega-máquina capitalista, lo que dificultaría más todo el mencionado proceso productivo, acumulación y reproducción ampliada del capital, crecimiento económico. Se estaría minando la base material misma que hace posible el capitalismo, pues –caricaturizando el caso llevándolo al extremo- por mucho dinero que se tenga acumulado de procesos anteriores, es imposible producir en ausencia de energía, de materias primas, de alimentos para el trabajo vivo…, y obtener beneficio.

Ya no estaríamos tanto en el escenario tradicional y pre-colapso, contemplado por el marxismo, de que el desarrollo de las fuerzas productivas exigiese romper el corsé de las relaciones sociales de producción capitalistas que impedirían su expansión armoniosa, sino que su sobreexplotación y agotamiento por esas relaciones sociales (el capitalismo), provocaría que la escasez de esas fuerzas productivas potenciales, al no poder sustentar al mismo nivel las relaciones sociales de producción capitalistas, las llevasen a la mengua y a sostenerse, no por su capacidad de ampliación y reproducción propia (en un crecimiento generalizado en el que capitales nuevos entrarían), sino sólo en la medida en que eliminasen a otros y/o tomasen sus recursos, también por la violencia (capitalismo “caníbal”). La regresión de las fuerzas productivas disponibles, su destrucción en conflictos bélicos inevitables, y la reducción de los recursos potenciales, podrían llegar a tal situación que harían insostenible el socialismo y avance al comunismo, por lo que no habría superación del capitalismo, sino arrastre involutivo del capitalismo en su derrumbe.

La insostenibilidad de cualquier sociedad industrial, privaría de sentido al proyecto socialista-comunista, pues caso de existir todavía la Humanidad a un nivel superior al tribal, estaríamos en una escala mucho más atrasada de desarrollo de las fuerzas productivas, con otra sociedad de clases con sus propias contradicciones y tal vez posibilidades de superación, pero a otra sociedad de clases y Estado.

Si no hubiésemos llegado al colapso y todavía fuese posible sostener una civilización industrial, la marcha hacia el agotamiento de determinados recursos muy relevantes y las negativas consecuencias medioambientales, obligarían a una sociedad socialista a una producción y consumo muy diferentes, alejados del productivismo, despilfarro y consumismo sin sentido de la actual. Podría hacerlo pues su motor no sería el beneficio mercantil y su reproducción ampliada, sino asegurar la satisfacción de las necesidades humanas ahora y de las generaciones del futuro. Guiándose por el criterio del menor impacto y mayor prudencia ante la Naturaleza, siendo conscientes de lo limitado de nuestro conocimiento sobre ella, de la extraordinaria complejidad de sus interacciones, procurando conciliar la satisfacción de nuestras necesidades con el mayor respeto posible a los ciclos de la Naturaleza y sus miembros (otros seres también tienen sensibilidad, identidad y hasta inteligencia) para no adoptar medidas que en un futuro, por lejano que fuese, demostrasen ser contraproducentes e incluso irreversibles, y que también afectasen negativamente a nuestra especie. Pero si persistiesen e incluso aumentasen las condiciones de la escasez, no podría avanzar hacia una sociedad comunista, sin clases sociales, y la extinción del Estado; primero se estancaría y luego sus tensiones internas la llevarían a la regresión a una sociedad con una mayor desigualdad social y reforzamiento del Estado.

Si todavía fuese posible una civilización industrial socialista-comunista, la revolución debiera hacerse aprovechando las próximas crisis del capitalismo, pero sin esperar a que éstas llegasen a los niveles gravísimos y de imposibilidad de recuperación del nivel previo que delatarían ya la implosión (colapso) del capitalismo. Pues con el colapso las dinámicas destructivas (esta vez también de tipo militar) del capitalismo se agudizarían al extremo, poniendo en riesgo a la Humanidad. También porque cuanto más se tarde, más puede llegarse a un estadio en que ya no tenga sentido una revolución con horizonte comunista (escasez de recursos, catástrofe medioambiental…). Otra crisis internacional como la iniciada en 2007-8 podría dar lugar a movimientos revolucionarios, pero sería una crisis de la decadencia avanzada, no propia del colapso, pues con él no habría una recuperación real y duradera, sino una pendiente descendiente y rápida hacia un hundimiento cada vez mayor. Antes del colapso puede haber otras situaciones críticas para el capitalismo y sus estados en las se diese una gran crisis de legitimidad por los males que provocan, su incapacidad y falta de interés para remediarlos, que debieran ser aprovechadas para hacer de una vez la revolución socialista-comunista antes de que todo empeore más incluso para ese horizonte. Por tanto no se trata de esperar al colapso porque se le crea inevitable y menos porque se le crea liberador.

Lo único que puede liberarnos es una revolución previa al colapso y cuando todavía haya posibilidades de evitarlo para la civilización industrial socialista; pues, por ejemplo, a los años, la agricultura podría quebrar, porque ya sería demasiado tarde para evitar el agotamiento del fosfato de roca, o porque la crisis climática iniciada previamente a la revolución, no pudiese dar machar atrás ni detenerse y más adelante descargase sus destructivas consecuencias en la sociedad socialista incapaz de superarlas.

El colapso no indicaría una maduración de las condiciones objetivas (ya lo están desde principios del siglo XX), sino su pudrimiento. Y la cosecha debería hacerse antes de que eso ocurra.

Si hubiese posibilidad de impedir el colapso (implosión) de la civilización industrializada capitalista, debería hacerse (sobre todo con una revolución socialista-comunista), pues el colapso es totalmente indeseable. La crisis económica mundial causaría tal pobreza, tal demanda insolvente de recursos básicos como alimentos, calefacción o refrigeración, vivienda…, que provocaría o adelantaría la muerte de millones de personas. En las condiciones del capitalismo, con sus tensiones interimperialistas, con estados armados hasta los dientes incluso con misiles y bombas atómicas, el colapso sería todo, menos pacífico, pues todos procurarían evitar sus consecuencias (por las crisis provocadas por la caída de los beneficios, la escasez de energía y materias primas, las hambrunas por sequías, etc.) a costa de otros, incluso con los mayores genocidios a sumar a los millones de muertos por “causas naturales” extraordinarias (sequias, hambrunas…). La experiencia de dos guerras mundiales e infinidad de conflictos armados por problemas incomparablemente menores, no permite albergar ilusiones en otro sentido. ¿Alguien se imagina a los EEUU renunciando a todo eso cuando ya han hecho guerras por controlar el petróleo, y el Pentágono estudia los escenarios futuros (necesidad de garantizar la “seguridad” nacional y el “modo de vida” americano) mucho más de lo que hacemos nosotros con nuestros escasos medios?

No se debe pensar en el colapso como si fuese una especie de purga, una penitencia por nuestros pecados colectivos que abriría las puertas a un mundo “más bueno”. No se puede depositar en el colapso las esperanzas de un mundo más sencillo y mejor (como plantean algunos decrecentistas) o la oportunidad para una sociedad anarquista porque el Estado se habría hundido. Cierto que muchas de las funciones que hoy tiene el Estado se vendrían abajo si fuesen insostenibles. Pero el Estado puede aspirar a controlar más la economía para asegurarse los recursos para el ejército. No sería la primera vez que los militares tienen un gran papel en las empresas clave. El núcleo duro de un Estado no es la sanidad pública, ni las pensiones de jubilación (nada de eso tiene por qué existir, pues incluso en el capitalismo puede estar privatizado), sino un gobierno y una fuerza armada; el resto puede sobrar dependiendo de las circunstancias. El Estado será lo primero que se utilice para intentar aplastar toda resistencia interna, disciplinar a todos –nada de comunas libertarias escabulléndose del Estado-, guerrear con otros y subordinar toda la economía a la guerra. El Estado será lo último en desaparecer, como reducto armado del poder de una clase que buscará perpetuarse o mutarse en otra cosa, procediendo aunque sea a base de otra acumulación originaria por expolio, empezando por la tierra cultivable y el agua. Y una nueva sociedad de clases no daría lugar a la anarquía sino a otro Estado. El colapso no es ninguna oportunidad para mejorar la vida, sino para desatar el apocalipsis, en el último acto previo a la caída del telón de esta civilización; y en medio del apocalipsis es imposible crear un mundo mejor, ni anarquista, ni comunista, y después de él puede que ya no quede nada que merezca nuestra previsión política. El colapso no abre las puertas a la realización de la utopía, sino a las distopías más horribles. No hay política comunista previsible para un mundo post-colapso en el que el horizonte comunista real (no una etiqueta que encubra otra cosa muy distinta) no tendría el menor sentido, bien por una extraordinaria regresión en las condiciones objetivas, bien porque la especie humana se hubiese extinguido. El colapso no es liberador, sino un destructor que también trituraría a la clase trabajadora, bien porque angustiada por la situación capitule y se aliste tras su burguesía y Estado depredador, en espera de que le caigan las sobras del saqueo de otros pueblos; bien porque intente resistirse y sea totalmente aplastada; o bien “gane” y pretenda construir algo, pero degenere irremediablemente pues ya se habrá cerrado la posibilidad del avance hacia el comunismo. El capitalismo se hundiría, arrastrando consigo a las dos clases en lucha: burguesía y proletariado. Con el colapso no hay política comunista que valga, a lo sumo, una política de resistencia a pagar todos los platos rotos por la burguesía, una política del “mal menor”, de aguantar lo más posible hasta que el desastre total sea inevitable pero negándose a lograrlo a costa del genocidio de otros… Incluso esto sería muy difícilmente sostenible (y viable) en el histérico “sálvese quien pueda” y reaccionarismo rampante del colapso. Y ya no podría llamarse propiamente ni programa, ni estrategia, ni táctica comunistas pues estas aspiran a la superación del capitalismo y Estado, y llegar al comunismo sin Estado.

Si el colapso fuese inevitable, es irreal plantearse sobrevivir creando desde ahora pequeñas comunidades rurales-artesanales, o urbano-“resilentes” (con huertos, etc.), que primero deberían aguantar hasta el colapso, y una vez en él no podrían escapar del control del Estado opresor, o degradándose más la situación, soportar el caos y la depredación extrema que se desataría por parte de millones de personas sin recursos, y en particular la política de expolio de la vieja clase dominante o los aspirantes a serlo, que se especializarán en la conservación e innovación en armamento, adaptándose a las nuevas circunstancias. Los recursos energéticos y tecnológicos de la burguesía se priorizarían para objetivos militares y de expolio, usando los satélites artificiales y drones disponibles para localizar a las comunidades relevantes con una productividad superior a la de su subsistencia y que pretendan vivir al margen del sistema, para pasar a exprimirlas económicamente a cambio de ofrecerles “protección”. Y posteriormente, siempre habría recursos, como los tuvo el Imperio Romano y otros, para mantener su Estado, controlar y explotar a sus habitantes. Y si no los hubiese, sería porque habríamos retrocedido a algún neo-feudalismo muy elemental (pero con una elite dominante y armada) o hasta una nueva Edad de Piedra (entonces sí que no habría clase dominante ni Estado del que preocuparse), o nos hubiésemos extinguido. Incluso aunque hubiese unas circunstancias extraordinarias y un golpe de suerte que permitiese una comunidad con recursos que podría mantener a una clase dominante y su Estado pero estuviese libre de eso, hoy no se puede apostar por ello cuando la evolución del colapso sería incontrolable para nosotros y carecemos de cualquier experiencia al respecto. Todo lo demás es levantar castillos en el aire, y trabajar hoy para quienes llegado el momento seguramente nos expoliarían.

Si la insostenibilidad y el colapso de la civilización industrial (no sólo bajo la modalidad capitalista) fuese a todas luces inevitable (no supuestamente, o como profecía autocumplida por haber renunciado a evitarlo), dadas sus mencionadas consecuencias en un contexto capitalista, resultaría vano plantearse ninguna estrategia con pretensiones salvadoras, ni para antes, ni para durante, ni para después del colapso, pues lo que se impondría sería el “sálvese quien pueda” y la ley del más fuerte y del mayor salvajismo, una extraordinaria regresión milenaria o extinción de la especie. Las masas, con mucho “sentido común”, no se plantearían una revolución comunista, asunto harto complicado, esforzado y además sin futuro en el post-colapso, sino que harían lo más fácil y de momento menos peligroso para ellas: ponerse tras su burguesía -pues es la que controla el Estado y su armamento-, para llevar una lucha a muerte, contra otros pueblos, por los recursos escasos. Aunque esto no garantizaría su supervivencia, como la lucha más feroz y criminal por el “espacio vital”, no libró a la Alemania del III Reich imperialista de acabar derrotada y en gran parte destruida, o a Japón de otro tanto, con sus ciudades sistemáticamente destruidas por las bombas incendiarias y atómicas. Como la rendición esta vez seguramente no aseguraría la supervivencia en un mundo colapsado, el empeño guerrero desesperado y la escalada militar podrían acabar en la destrucción mutua de los contendientes.

Esto no quita para que, en algún caso, inicialmente, sí pudiese darse una supuesta superación del capitalismo que no sería más que alguna otra versión del Capitalismo de Estado, esto es, un régimen totalitario neo-estalinista, con la centralización planificada de los escasos recursos económicos (con la ayuda de la inteligencia artificial quizás) orientados a la economía de guerra, y con las masas sometidas y militarizadas en la lucha imperialista “por la supervivencia”; como una Corea del Norte, pero todavía peor. Dada su naturaleza reaccionaria no sería una fase de transición al comunismo. Y si fuese la civilización industrial la que estuviese condenada, ese régimen no podría ser superado hacia el comunismo.

Supongamos (es sólo un suponer) que durante el colapso y después, quedase alguna probabilidad para una política comunista. Sería temerario apostar ahora lo más mínimo por ello y relajarnos, pues sólo llegado el momento se comprobaría y podría aprovecharse. Como sería suicida pretender que, así como con motivo de la I Guerra Mundial hubo movimientos revolucionarios proletarios (¡pero no en la II GM!), en una III GM termonuclear, el escándalo sería tan grande, que tendríamos todavía una gran oportunidad para una revolución proletaria contra el bárbaro capitalismo y sus criminales estados, por lo que no deberíamos apurarnos si en tanto perdemos una oportunidad tras otra…, que es lo que sistemáticamente venimos haciendo. Si queremos sobrevivir y ganar, nuestra mente debe funcionar en sentido contrario a eso, dejar ya de postergar (“mañana…”), pues no sabemos cuán pronto podría llegar el colapso y si ésta no sería nuestra última gran oportunidad, o al menos la que deberíamos aprovechar al máximo para acumular fuerzas para la próxima, en lugar de confiar que todavía seguirán pasando trenes y más trenes en los que poder montarnos hacia la revolución, cuando quizás el que llegue y recibamos confiados, sea el que nos lleve al campo de concentración y exterminio.

Nos encontraríamos en una situación en algo similar, pero cualitativamente más grave, a la de mediados de 1939, cuando la derrota y aplastamientos previos de la clase trabajadora en Italia, Alemania, España, la URSS estalinista, y su confusión política en Francia (Frente Popular), Reino Unido, EEUU (el New Deal –Nuevo Trato- de Roosevelt), hacía ya inevitable la Segunda Guerra Mundial inter-imperialista, que ningún programa ni intervención comunista podría frenar ya, al partir de una condiciones de derrota política mucho mayores de las que precedieron a la IGM.

Hasta aquí unos criterios políticos sobre la relación entre colapso y política comunista. Al final recomiendo una serie de materiales importantes para profundizar en esta cuestión del colapso.

Pero necesitamos saber en qué situación nos encontramos ¿es o no inevitable el colapso?. Y ahí tenemos un gran problema, pues según las informaciones y fuentes, la respuesta será muy diferente, y no resulta nada fácil saber dónde está la verdad.

Para unos, la transición energética a las renovables es posible y sin demasiados problemas, sólo haría falta voluntad política. Si fuese así, una política comunista lo tendría más fácil, pues el horizonte comunista estaría abierto. Pero también hay previsiones en sentido totalmente opuesto, de que la cosa está tan difícil de poder resolverse, que el colapso sería inevitable, y con ello imposible una política que en algún momento no muy lejano nos pudiese llevar hasta un comunismo no consumista. Y en medio, para todos los gustos, o disgustos (NOTA 3).

De momento, no me siento lo suficientemente informada, confiada en las fuentes, y segura de mi criterio en estas condiciones como para pronunciarme definitivamente en un sentido u otro, aunque tengo la impresión de que el asunto pinta muy complicado, si no mal, pero también podría equivocarme. Así que, en tanto, debo seguir un criterio político de prudencia, que no de espera pasiva hasta tenerlo claro, pues entonces podría ser ya demasiado tarde.

A la burguesía le convendría que creyésemos que es perfectamente capaz de resolver el problema de la transición energética y de la emergencia climática, de modo que sea innecesario pelearnos con ella. Pero ya vemos que con los resultados de las cumbres de la ONU, de la aplicación de los acuerdos, etc., no da motivos para confiar, sino todo lo contrario. Así que, el mal menor para ella, es que creamos en la inevitabilidad del colapso, pues sabe (o cuando menos intuye) que ante eso, la reacción que se impondrá –teniendo en cuenta la debilidad extraordinaria de la que partimos como clase– es la de la resignación, “apretarnos el cinturón”, adoptar el “mal menor” que es sumarnos a su fuerza contra otros pueblos para cargar sobre todo sobre ellos las consecuencias del colapso, y que objetivamente no habría una política comunista que como tal pudiese oponerse a un escenario real de colapso. En tanto, ya irá viendo lo que es capaz de conseguir resolver. De modo que en ambos casos conseguiría lo más importante, esto es, que renunciásemos a una política independiente de clase, bien por confiar en el liderazgo de la burguesía, bien por creer que no tenemos nada que hacer por nuestra cuenta. Y que el tiempo siga corriendo en nuestra contra.

Creer hoy en la inevitabilidad del colapso, cuando puede no ser cierto, tiene el enorme peligro de que se acabe convirtiendo en una profecía autocumplida pues nos condena a no hacer nada para evitarlo. Es un asunto demasiado trascendental (nada menos que tal vez nuestra extinción) como para apostar por él sin haber agotado antes otras posibles opciones.

Si hemos llegado a esta situación es precisamente, en gran parte, porque no creemos que otro mundo diferente al capitalista y mejor, sea posible. Porque creemos que el capitalismo es inevitable, insuperable, y que por tanto, de tener un fin, debería ser un colapso también inevitable, y que tal vez acabase con todo. Y cuando el capitalismo se tambalea, y nos dicen que puede colapsar, tiende a invadirnos la desesperanza, la resignación, el derrotismo. El deseo de acabar con esa desazón, puede llevarnos a aceptar ese colapso, y una vez en él, la aniquilación para encontrar por fin “la paz”, la “liberación”. Algunos, incluso como la mejor forma de pagar por nuestras culpas y salvar a la Tierra de una especie tan depredadora y destructiva como la nuestra.

Convéncete de que el capitalismo es insuperable, y conseguirás que lo sea. Convéncete de que el colapso es inevitable, y puede que también. Ten cuidado con lo que quieres, no sea que lo consigas.

Hubo un tiempo en que se creyó en la inevitabilidad histórica del comunismo, y eso hizo que acabásemos por relajarnos, pues siempre habría otro tren al que subirnos. Y eso también ha contribuido a traernos a estas alturas de la decadencia y destructividad. Y ahora surge la creencia de que es el colapso el inevitable. Otro craso error, peor que el anterior, pues puede llevarnos a nuestro fin (NOTA 4).

No es inevitable, hacemos nuestro futuro con nuestros deseos, decisiones y actuaciones, previas, actuales y futuras, con nuestras ganas de vivir o resignación a morir.

Infundir confianza, luchar colectivamente, experimentar, aprender de ello, esto es lo que liberará la creatividad y las potencialidades enterradas en millones de personas de la clase trabajadora y sectores populares, lo que permitirá que surja un “sí se puede”, pero realista, ni voluntarista, ni utópico.

La chavalería, niños incluidos, que hoy día salen a las calles por decenas de miles contra la crisis climática, y que no aceptan su inevitabilidad, están dando una lección a quienes les precedieron y no hicieron eso, y sobre todo a quienes siguen cultivando la rendición antes de tiempo, el derrotismo.

Pero para ganar, hay que pelear con esa vocación, no convencidos de que no lo conseguiremos, y preparados para rendirnos. Y hasta ahora, se viene luchando, en muchas ocasiones, con una torpeza que ojalá la tuviesen nuestros enemigos.

Hoy, el criterio de prudencia apunta a la revolución, no a la pasividad, el fatalismo, el derrotismo, y la profecía autocumplida. Si no podemos estar completamente seguras de que sea inevitable el colapso de la civilización industrial o de la agricultura capaz de sostener a la actual población mundial, tampoco podemos arriesgarnos a perder un tiempo precioso, quedándonos quietos esperando a llegar a una conclusión definitiva, para que quizás descubramos que no es inevitable, y en tanto habríamos permitido que la situación empeorase, o incluso tanto que, entonces sí, ya se habría vuelto inevitable un colapso cuando todavía, ahora, no lo sería.

Por tanto, desde ahora debemos apostar porque podamos evitarlo y en consecuencia, por la revolución y modificación de la civilización industrial a un modelo y escala sostenibles. En el peor de los casos, esta orientación nos habrá hecho más fuertes políticamente para afrontar el colapso, y en el mejor, habremos estado acertadas y quizás salgamos victoriosas, o cuando menos, con nuestra lucha, ante el temor de la burguesía a una revolución, como tampoco le interesa que su mundo se vaya al garete, y una contrarrevolución puede no ser la mejor opción, se decantará por fin por tomar algunas medidas más efectivas ante algunos de los problemas, aunque no lleguen a resolverlos del todo.

IV.- PROPUESTA MUNDIAL de ESLOGAN y MARCO para orientar la elaboración política y las luchas

Vuelvo a recordar lo dicho en la introducción de que para compartir el eslogan-marco no es necesario compartir todo lo que yo creo que lo fundamenta, ni toda la argumentación a su favor.

Partiendo de que todavía sea posible evitar el colapso y la imposibilidad de una civilización industrial, si atendemos al tiempo en el que se nos echarán encima un montón de problemas (futura crisis del capitalismo por sus contradicciones de siempre, escasez y carestía de energía y otros recursos, crisis climática cada vez más preocupante por su aceleración y por la irresponsabilidad e impotencia del capital y sus estados, escasez del fósforo de fosfato de roca, riesgos crecientes de guerras y dictaduras descaradas, riesgo de una IAG antihumana…) y en el que debemos darles solución, comprobaremos que de media giran en torno al año 2050 o incluso antes. Efectivamente, todo parece que se nos viene encima, casi a la vez, en una horquilla temporal muy reducida, próxima, en este siglo, y que por consiguiente, no podemos postergar las soluciones para las décadas del 2070, 2100, 2150, 2200…, pues puede que para entonces sea demasiado tarde.

Esto nos dice que en vez de ver los problemas aisladamente y seguir luchando así, debemos darnos cuenta de que tenemos por delante un Horizonte GENERAL de crisis de la civilización capitalista y de riesgo letal para la Humanidad en un margen reducido y próximo de tiempo. Por tanto debemos plantear las diferentes luchas dentro de ese MARCO GENERAL y TEMPORAL. Debemos ambicionar el logro de determinados objetivos, no sólo ni tanto conquistas efectivas (muchas imposibles si existe el capitalismo y su Estado), como sobre todo de aumento de la autoorganización, combatividad y conciencia en amplísimos sectores de la gente (masas trabajadoras), en ese horizonte general y temporal. Esta visión unificada y global, con unos tiempos comunes a todos (plazos…), y con un objetivo común a compartir cada vez más por todos los sectores de lucha, ayudará a evitar la dispersión de las luchas (por temática o territorio) que facilita siempre su aislamiento y derrota, e impulsar la solidaridad y unificación de las diferentes luchas pues comparten un objetivo común, pues eso las fortalece, y a crear comunidad internacional por un horizonte común (el internacionalismo proletario, la conciencia de ser una misma clase mundial, es fundamental en esto).

Es también importante como marco para impulsar y concentrar la reflexión y elaboración política en la cuestión más importante, que es ¿cómo superar el capitalismo, y como conseguirlo en el plano más breve posible dada la urgencia de la situación?. No contamos con personas, recursos y tiempo como para desaprovecharlos en cuestiones que no son prioritarias ni urgentes. Esto significa avanzar en teoría, programa, estrategia, táctica.

Incluso, aunque no llegase a haber revolución ni para la década de los 50, un movimiento fuerte cuestionando el capitalismo, planteando su superación, supondría una presión importante para la burguesía y la obligaría a adoptar algunas medidas para al menos paliar los problemas, que de otro modo no habría tomado.

Un vicio muy extendido, tanto a escala individual como colectiva (no digamos cuando hay algún interés en mantenerlos), es el de postergar el afrontamiento de los problemas complejos y desagradables. Nuestra mente siempre tiende a decirnos “mañana lo haré”. Pero eso es un lujo que ya no podemos permitirnos, pues lo hemos hecho durante demasiado tiempo, y en parte por eso estamos como estamos. También en la política de los autoconsiderados socialistas y comunistas ha sido muy común desde finales del siglo XIX dejar la revolución para los “discursos del domingo” o sea, cuando no se trabaja ni por ella, con motivo de las grandes conmemoraciones como el 1º de mayo, la revolución rusa de 1917, el día del partido, la coletilla en los documentos, etc.; un mero ritual de autoafirmación colectiva sin compromiso real. Al contrario de esto, debe tenerse presente como horizonte real, permanentemente y no para un plazo indefinido (un siglo, dos…), sino orientativo y en el tiempo de vida de muchísimos de los presentes. Por eso es importante ponerse un objetivo temporal, por muy flexible que sea, aunque finalmente hubiese que retrasarlo por causas ajenas a nuestra voluntad (no se trata de hacernos trampas al solitario, luchar como si, pero no). Ahora necesitamos un estimulante, no un relajante.

Para expresarlo concretamente, los sectores más conscientes y combativos podrían poner delante de todas esas diferentes luchas el estandarte común de “Horizonte 2050, superando el capitalismo o condenados”. Enmarcarlo todo así, y ponerle fecha y nombre a la cosa, ayudará a identificar mejor el problema, a ponerse las pilas y buscar con esa meta la extensión y unificación de las diferentes temáticas de lucha dotándolas de un objetivo común (liberarnos del capitalismo).

Pero no sólo por esto, pues de lo contrario, sin una GRAN CAUSA (liberarnos del capitalismo y en un plazo de tiempo más o menos acotado), no crearemos la inspiración, la motivación, el estado de ánimo, el sentido de la vida, de comunidad (superando el individualismo y narcisismo imperantes), la voluntad, necesarios para combatir, con todas nuestras fuerzas y pese a todos los sacrificios personales y colectivos, por superar esta crisis de la Humanidad.

El año 2050 (no 2037 ni 2059) es tan redondo, mitad del siglo, y va precedido de la palabra Horizonte (no dice “año 2050”), que indica también que no se trata de una fecha precisa (final del plazo), sino un tanto genérica, pues una acepción del término “horizonte” es la de conjunto de posibilidades o de perspectivas (sobre todo en plural), pero indicador aproximado de los tiempos, que no pueden seguir aplazándose (por eso no es lo mismo que decir 2075, 2100 ni 2200), pues a este ritmo, para final del siglo XXI, la situación podría ser apocalíptica (escasez energía, catástrofe climática mayúscula, hundimiento de la agricultura, conflictos militares generalizados…). Según avance el movimiento, se haga más fuerte, y se precisen más las fechas en las que son imprescindibles tomar determinadas medidas, el Horizonte podría incluso acercarse, o retrasarse si tuviésemos más plazo o pudiésemos otorgárnoslo (por ejemplo, 2075). Pero poner ahora, por ejemplo, 2030, aunque ya vamos con muchísimo retraso (en realidad, un siglo), creo que de momento sería contraproducente, pues sólo serviría para anular los efectos beneficiosos del eslogan-marco, ya que la inmensa mayoría de la gente, incluso los luchadores, se asustaría y lo consideraría totalmente imposible dada su debilidad. Es mejor arrancar primero, y luego ya se irá acelerando, cogiendo velocidad según se vaya adquiriendo confianza conciencia y fuerza, a ni siquiera ponerse en marcha porque el recorrido y el plazo parezcan imposibles. Tampoco establece situaciones concretas, como que para 2050 ya se haya dado el pico del petróleo del fracking (el del convencional sí se ha dado ya), o del gas natural o de los fosfatos de roca, que la crisis climática haya sobrepasado determinada temperatura, o ya estemos en el colapso, etc. Es decir, no se corre el riesgo de pillarnos los dedos con una predicción tan concreta, y aprovechen para desacreditarnos señalando el dedo –fecha- en vez de fijarse en la Luna a la que apunta –problema-. Según vengan dados los acontecimientos, 2050 puede interpretarse como el tiempo preventivo para evitar todo eso, o como el tiempo límite para que lo que ya ha llegado no termine de hundirnos. Y lo de “superando” es porque acabar con el capitalismo definitivamente y hasta su raíz es un proceso muy complejo (no basta la estatalización, ni la “autogestión” de las empresas…) que necesitará de muchas décadas, sobre todo considerado como sistema a escala mundial. “Superando para 2050” no prejuzga que no se pueda estar haciendo desde antes, que haya revoluciones proletarias previas, y permite adelantar la fecha sin por ello contradecir el eslogan inicial, pero invita a plantearse en serio el compromiso y a no continuar postergando por negligencia (¿2075, 2100, 2150…?), pues eso no lo soportaría el clima, sobre todo. “Superando el capitalismo” es lo suficientemente unitario como para incorporar a decrecentistas anticapitalistas, anarquistas, comunistas…, y permite también las innovaciones que sobre el asunto surjan, en particular a partir de las prácticas de lucha y elaboraciones desde la misma clase trabajadora; dentro de ese marco unitario, cada orientación procurará ser la más influyente. También porque no establece cómo se hará, pues no dice “revolución” o “reformas anticapitalistas” o lo que sea; aquí una vez más, cada orientación procurará ser la más influyente. También, porque hoy, plantearse abiertamente la vía revolucionaria, aunque fuese para 2050, echaría para atrás a la casi totalidad de la gente. Lo de “Horizonte 2050” se utiliza para muchas cosas, como objetivos oficiales para el cambio climático, tecnología, etc., así que frente a todo eso, que puede ser engañoso o perjudicial, presentaremos nuestra alternativa anticapitalista y objetivos para ese espacio temporal, y quien busque en internet algo sobre Horizonte 2050, puede encontrarse también con esta perspectiva y orientación.

Horizonte 2050, superando el capitalismo o condenados puede servir perfectamente de MARCO global para los objetivos más específicos sobre diversas temáticas, pues lo que representa es precisamente el objetivo común a todos, y lo que podría dar la satisfacción definitiva a muy variadas aspiraciones; así podría haber un “Horizonte 2050” para tal o cual asunto también. Pero decantarse por este marco no impide la colaboración y unidad de acción con otros que no lo compartan pero que presenten una lucha en un determinado momento que sea merecerá de nuestro apoyo. Es decir, que no será un eslogan a imponer a cada lucha concreta, lo que sería sectario, pues impediría la unidad de acción con muchísimas gente (hoy la inmensa mayoría), sino un eslogan-marco para todos los movimientos y luchas que deseen compartirlo.

Otra vertiente muy importante, es la de impulsar la conciencia internacionalista proletaria (unidad y solidaridad de la clase trabajadora mundial). “Superando el capitalismo” intuitiva e implícitamente apunta en esa dirección, pues el capitalismo hoy no es un fenómeno nacional, estatal, sino mundial (aparte de que no creo sostenible el “socialismo en un único país”), y el Horizonte 2050 no es para un país concreto y aislado, sino mundial. También para contrarrestar las tendencias a la división y enfrentamiento entre los trabajadores/as del mundo que se irán agudizando según el capitalismo avance en su crisis como sistema, y llamando la burguesía y sus estados al “sálvese quien pueda” y “salvémonos aunque sea a costa de que otros perezcan”, que es la lógica del imperialismo y de todas las guerras imperialistas, en particular de la más genocidas, como serían las que traería el capitalismo en ruta al colapso y ya en él (recordemos la actuación genocida sobre todo de los nazis y los japoneses en la II GM, en lucha por su “espacio vital”).

La clase trabajadora (proletariado) es la única que puede acabar con el capitalismo, pues éste se basa ante todo en la conversión en beneficio privado de la parte de su trabajo nunca pagada (plusvalía). La clase trabajadora deberá aprender a subordinar intereses particulares y a corto plazo (por ejemplo, mantener su empleo por la continuación de la explotación de minas de carbón, gran emisor del dióxido de carbono excesivo que contribuye a la crisis climática), a su intereses generales y a largo plazo como clase. Pues atarse al mayor interés de determinados sectores del capital (como los que explotan las minas y a sus trabajadores), es “pan para hoy, hambre para mañana”, ya que sólo puede hundir su futuro, el de su descendencia y el de la Humanidad. Debe luchar, si hiciese falta, con otros objetivos económicos (recolocación en otro sector, recursos para una vida digna aunque no se pueda trabajar…), y el principal es el de liberarnos del capitalismo y su Estado burgués, pues eso es lo que permitirá organizar los recursos materiales y el trabajo vivo orientados a la satisfacción de las necesidades humanas, y no al logro del beneficio monetario, y sostenimiento de estados opresores y guerreros.

El protagonismo y liderazgo de la clase trabajadora, el internacionalismo proletario, como clase única (por muchas particularidades nacionales o regionales que tenga) a escala mundial, su unidad y comunidad de objetivos (el principal, acabar con el capitalismo y sus estados) por encima de las fronteras, de las diferencias religiosas, culturales y “raciales”, es imprescindible para resistir eficazmente a la burguesía y su estados, y vencerlos. Sin internacionalismo, la clase trabajadora no sólo se fracciona, aísla y debilita en tanto la burguesía y sus estados presentan un frente común contra ella (no hay más que ver hoy en día el papel de la Unión Europea), sino que los trabajadores/as se enfrentan entre sí a mayor beneficio de su enemigo, a escala nacional y mundial. Esto empieza con la competencia y las guerras comerciales, y termina con guerras militares, que en las condiciones actuales y ante el miedo a sufrir las peores consecuencias del colapso, bien podrían suponer el holocausto de la Humanidad.

El capitalismo puede llevarnos a la catástrofe medioambiental y al colapso de la civilización industrial, e incluso en general, y a la extinción de la Humanidad. La clase trabajadora (compuesta de todo los géneros, cada vez más feminizada), obligada, le da vida con su plusvalía; pero las satisfacción de sus necesidades y desarrollo humano, se oponen a la lógica del capital. La clase trabajadora es la única que puede liderar la lucha contra el capitalismo hasta la raíz y hasta el final. Por consiguiente sólo la clase trabajadora puede liberarnos de eso, liderando al resto de los movimientos sociales que cuestionen el capitalismo (NOTA 5). Y si el internacionalismo proletario es imprescindible para la unidad, fortaleza y victoria de la clase trabajadora, eso debemos potenciar frente a los intereses corporativos, localistas, nacionalistas, estatales, o de bloques político-militares burgueses. Por tanto, debemos impulsar todo aquello que contribuya al empoderamiento de la clase trabajadora y su internacionalismo, y luchar contra lo que lo dificulte.

De ahí la necesidad imprescindible de hacer un balance autocrítico por el desaprovechamiento total de las oportunidades de impulsar el internacionalismo proletario en Europa a raíz de la lucha contra las políticas de austeridad promovidas con la crisis pasada: luchas desde 2012 contra el tratado TSCG de la UE, protagonizadas sobre todo en Francia y Portugal (de las que informé al detalle en Kaosenlared), y nada en España, pese a afectarnos tanto o más gracias a las superley española LOEPSF (tampoco atacada pese a sus aspectos escandalosos y ridículos no modificados aún y mil veces denunciados por mí), ley que concreta la reforma del art. 135 de la Constitución. Lo he expuesto en multitud de textos anteriores (durante años), y espero volver sobre ello, con más profundidad, en otra ocasión.

Esto quiere decir que si el asunto del clima es urgente, no debe tratarse descuidando lo importante, o sea, contribuir al fortalecimiento de la única clase que podría llevar la solución de ese problema hasta donde nos sea humanamente posible. De lo contrario, por mucha prisa que nos demos, por mucho activismo que despleguemos con el asunto del clima, no llegaremos a tiempo para resolverlo. Como por muchas cumbres sobre el clima que se hagan al año, está ya claro que no se hará nada serio si las masas trabajadoras no les obligan a ello, recurriendo a sus métodos de lucha propios, empezando por las huelgas generales.

Una variante, “Horizonte 2050, unidos contra el capitalismo, o matándonos por él (en el trabajo o la guerra)”, sería un eslogan ligado a esas prácticas de lucha internacionalista, sean a partir de objetivos económicos, políticos, o antibelicistas…, previsora así de escenarios futuros, y de que debemos marchar en esa dirección.

Nunca se insistirá demasiado en esta cuestión crucial, vital, del internacionalismo proletario, pero creo que por esta vez es suficiente con lo dicho y con remitiros a otros textos míos, en particular “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica” (20-10-2016), con enlace al final.

En el Segundo Foro Social Mundial (FSM) de Porto Alegre (Brasil), en 2002, se adoptó el eslogan y estandarte que tanto se popularizó de Otro mundo es posible, y estimuló a pensar de otra manera diferente a la del “pensamiento único” dominante, y el neoliberalismo globalizador. Ahora necesitamos algo mucho más radical, imperativo, movilizador, rompedor de la pasividad, indicador claro del enemigo (no la globalización, ni el neoliberalismo de los FSM, sino el capitalismo), unificador de las diferentes luchas gracias a un objetivo común, previsor del futuro, y que nos permita marchar contra-reloj (el tiempo corre en nuestra contra). Pues otro mundo distinto del capitalista no sólo es posible, sino imprescindible y urgente. Y para eso serviría lo que propongo (o algo mejor que surja, pero si no surge ¡adoptar esta propuesta, no la dejéis pasar!), que implícitamente también reconoce que otro mundo es posible pues podemos librarnos del capitalismo.

Esta orientación va en un sentido totalmente opuesto a la que se deriva de la creencia en la ya inevitabilidad del colapso y que poco más podríamos hacer que intentar sobrevivir como se pueda o plantearnos proyectos utópicos o reaccionarios.

Plantear cambios estructurales fundamentales, revolucionarios, para la década de los 50, ahora parecerá tal vez demasiado ambicioso, incluso fuera del imaginario de la juventud, cuando en realidad llegarían tarde (ya debiera haber ocurrido hace muchas décadas). Pero en muy pocos años, y tal vez sorpresivamente, la cosa podría cambiar con una nueva y dura crisis capitalista y la inoperancia efectiva ante el cambio climático. Hay que recordar que un sector muy activo de la juventud mundial, europea y española, en el tramo final de la década de los 60 y en los 70s del siglo pasado, creíamos no sólo que una revolución era posible, sino que la podríamos ver y hasta protagonizar (en el peor de los casos, en no muchos años). Una mentalidad y compromiso similar, pero realista y adecuado a la situación actual, podría volver a instalarse en un sector importante de la juventud y de la clase trabajadora. Recordemos que sólo unos días antes parecía imposible la huelga general de mayo-junio de 1968 en Francia (la más importante en el mundo desde el final de la IIGM). Es mucho y novedoso el trabajo teórico y político que habría que hacer ahora, pero el eslogan-marco propuesto, nos ayudaría a crear las condiciones subjetivas favorables para ello, y se instalaría cada vez más en la conciencia de la gente. En otra escala ¿acaso no ha sido también una sorpresa la irrupción y fuerza del movimiento contra la irresponsabilidad por la crisis climática después de tantos años de indiferencia y pasividad, pese a las protestas y llamadas de atención de las organizaciones ecologistas?

Más o menos esto mismo (lo del Horizonte…) lo he planteado muchas veces desde hace muchos años, expresamente en el título desde mi largo texto “Horizonte 2050: Socialismo o Mega-Crisis. Recuperar nuestra vida y salvar la Tierra. Una propuesta de Marco” (14/05/2011) https://kaosenlared.net/horizonte-2050-socialismo-o-mega-crisis-recuperar-nuestra-vida-y-salvar-la-tierra/ (no se puede descargar ya el archivo pdf que se adjuntaba, pero lo tenéis en mi recopilación de textos de old.kaos, al final de éste, y también como anexo en http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2017/02/Colapso-libro-debatiendo-PDF.pdf ). Pero se ha preferido seguir haciendo lo de siempre, y así nos va, y peor que nos irá: dispersos, sin horizonte común, sin un rumbo claro y ambicioso, sin sentido final a lo que se hace, siempre a la defensiva sin una política que nos permita algún día ponernos a la ofensiva y ganar

Me inspiré en la teoría del Marco expuesta por George Lakoff en sus libros “No pienses en un elefante. Lenguaje y debate político” 2007, Editorial Complutense, y sobre todo en “Puntos de reflexión. Manual del progresista” 2008, ediciones Península.

Claro que un eslogan como el propuesto (Horizonte 2050…) no resolvería nada si no se va llenando de contenido: clarificación sobre lo que debemos construir en lugar del capitalismo, cómo conseguirlo, cómo llegar desde aquí hasta allí…, esto es, programa, estrategia, táctica… Pero precisamente el eslogan, al abrir otra perspectiva, puede ayudar a estimular esa reflexión y elaboración en miles de personas y no sólo en reducidos círculos de intelectuales y militantes “¿cómo vamos a liberarnos del capitalismo, qué es realmente el capitalismo para superarlo de raíz y no sólo el neoliberalismo…?”. De modo que lo correcto es plantear ya el eslogan-marco. No esperar a tenerlo todo clarito para sólo entonces hacerlo (o no), pues no lo conseguiríamos en ausencia de un importante movimiento de lucha de masas trabajadoras y populares y el compromiso militante de muchísimos más, o podríamos llegar demasiado tarde. A esas tareas he procurado contribuir en otros muchos textos en Kaos en la red y, si la salud me lo permite, espero publicar alguno más.

De ser correcta la objeción del contenido por cierta imprecisión, lo habría sido todavía más al eslogan altermundista de “¡Otro mundo es posible!”, pues ni siquiera se definía en términos expresos de superación del capitalismo ¿no podía entenderse “otro mundo” como un capitalismo “con rostro humano”, un capitalismo keynesiano, no neoliberal, etc.?. Así que no es motivo para rechazar mi propuesta por imprecisa (¿cómo y con qué lo superaríamos?), pues una definición concreta cerraría demasiado el abanico, y acabaría siendo sectario para la unidad de acción que hoy necesitamos conseguir. Ya llegará –esperemos- el momento en que centenares de millones de personas se pronuncien por una vía concreta y otras queden al margen por peores o inservibles a sus ojos, pero todavía no estamos ahí.

Creo que está de sobra explicado y argumentado. Si nos tomamos en serio lo que ocurre y ocurrirá no veo una objeción seria para rechazarlo, salvo que se sea capaz de ofrecer algo mejor, que yo sería la primera en aceptar.

Pero esto no quita que se siga investigando para tener bien clara la gravedad de nuestra situación y las posibilidades reales de superarla, pues no se trata de llegar a un compromiso complaciente con nuestros mejores deseos y autoengañarnos con el activismo, reduciendo así la desazón por nuestra desorientación. Pues pudiera ocurrir (admitámoslo siquiera hipotéticamente) que, tras un período de agitación y propaganda, y lucha, acabásemos descubriendo que ya sería insostenible hasta una civilización industrial socialista, que habríamos sobrepasado el punto de no retorno de la lucha de clases, y que sería inviable una revolución socialista-comunista. Sobre todo, MIREMOS a la REALIDAD de FRENTE, pues, de ser posible, es la única forma de transformarla.

NOTA 1.- Para no extenderme aquí más en las consideraciones teóricas y prácticas de esta cuestión, os remito a mi libro “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica” (20-10-2016) – Libro, archivo PDF de 200 páginas — http://kaosenlared.net/capitalismo-modo-de-vida-decadente-notas-sobre-estrategia-y-tactica/ —- Para descargar directamente el archivo pdf — http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2016/10/Decad-capit-estra-tact-EN-PDF1.pdf

En cuanto a los problemas del límite de los recursos, su agotamiento, la crisis medioambiental, además de otros textos que recomiendo al final, una introducción la tenéis en este informe de Ecologistas en Acción “Caminar sobre el abismo de los límites. Políticas ante la crisis ecológica, social y económica” (septiembre 2019), https://www.ecologistasenaccion.org/35291/informe-caminar-abismo-los-limites/ (1-9-2019) ; https://www.ecologistasenaccion.org/35209/ (14-11-2017) — y el pdf de 2019 en https://www.ecologistasenaccion.org/wp-content/uploads/adjuntos-spip/pdf/informe-abismo-limites.pdf —- Pero no comparto el peligroso optimismo de algunos de sus escenarios político-sociales (muy naifs), pues transmiten la ilusión de que en muchas partes relevantes del mundo, el Estado burgués y la clase capitalista pudieran disolverse como un azucarillo, en lugar de luchar a muerte con todos los medios a su alcance, aunque admitan que se puedan dar casos en ese sentido (neofascismo…), pues parece que pongan al mismo nivel las posibilidades de un escenario u otro, cuando no hay NINGUNA para el primero. La clase trabajadora no tiene ningún protagonismo con una lucha por superar el capitalismo y su Estado burgués. Y las propuestas son sólo de reformas y algunas con un aire utópico. No hay más que comparar la orientación de fondo de ese documento de Ecologistas en Acción y este texto mío.

Y una observación crítica (al menos a la versión de noviembre de 2017, con previsiones publicadas en 2014), en el texto al que más adelante remitiré de Emilio Santiago Muiño.

NOTA 2.- la robotización, por mucho que ahora exista toda una campaña sobre la Cuarta Revolución Industrial, con la que quieren entusiasmar a los capitalistas como si fuese la nueva fuente de la juventud del capitalismo senil, y prometernos extraordinarios “progresos” en nuestra vida cotidiana (el paro sería un pequeño inconveniente que ya se sabría resolver en su momento), en la práctica no convence demasiado a los empresarios pues no tienen claro que inversiones importantes vayan a rentabilizarse con mayores beneficios que hoy en día. Y razón no les falta, pues la robotización en masa, acelerará la crisis del modo de producción capitalista por dos vías. La primera, por la vía de la plusvalía, en su producción (al reducir el trabajo vivo explotado) y de su realización (necesita de consumidores potenciales con suficientes ingresos como para ser demanda solvente). La segunda vía, que la robotización, con sus necesidades de energía y materias primas “raras”, muy probablemente no ayudará en la lucha contra el cambio climático (al contrario), acelerará la crisis de recursos básicos, y con ello la marcha hacia el colapso de la civilización industrial.

NOTA 3.- Véase por ejemplo, a Antonio Turiel (Entrevista): “La transición a las energías renovables implica el fin del crecimiento y, por tanto, el fin del capitalismo” (11-12-2018): https://ultimallamadamanifiesto.wordpress.com/2018/12/11/turiel-la-trans…

Sobre las previsiones con fecha y sus fallos, leed a Emilio Santiago Muiño “Futuro pospuesto: notas sobre el problema de los plazos en la divulgación del Peak Oil” (2-3-2019) — https://www.15-15-15.org/webzine/2019/03/02/futuro-pospuesto-notas-sobre-el-problema-de-los-plazos-en-la-divulgacion-del-peak-oil/ — también los comentarios de Jorge Riechmann.

NOTA 4.- Hay una película para el público infantil-juvenil, de ciencia-ficción-fantasía, producida por la Disney. Pese a la presentación de lo que supuestamente sería un deseable mundo futuro supertecnológico construido por la élite de la Humanidad en un espacio-tiempo paralelo (no en el nuestro), puede que transmita el mensaje más progresista e inteligente contra el fatalismo del inevitable colapso de la civilización y el impulso de muerte. Me refiero a “Tomorrowland: el mundo del mañana” (2015) interpretada por George Clooney, y dos chicas que están estupendas (Britt Robertson, la heroína; Raffey Cassidy, la robot reclutadora de talentos para Tomorrowland). Atentos sobre todo a los diálogos una vez están en Tomorrowland (último tercio del film). Recojo el mensaje general, resumido: El colapso es inevitable, porque ante las repetidas advertencias de autodestrucción, en lugar de asustarnos y reaccionar racionalmente para evitarlo, las disfrutamos como una entretenida narración más (irresponsabilidad, frivolidad, fatalismo, y masoquismo), corriendo hacia el apocalipsis. La situación se va agravando, pero no queremos enterarnos de verdad del peligro real que corremos y ser consecuentes, y lo convertimos en un relato más de nuestra cultura. En todo momento existe la posibilidad de un futuro mejor, pero no nos lo creemos, y por eso no hacemos lo necesario para hacerlo realidad, y en su lugar lloramos y nos regodeamos masoquistamente ante la perspectiva de ese horrible futuro cada vez más amenazante, resignados a que llegue. Por una razón, porque ese futuro no nos pide que hagamos nada. Llegamos a un punto en el que deseamos que termine nuestra vida absurda y hundirnos como el Titanic, por eso nos rendimos. La advertencia repetida se acaba convirtiendo en una profecía autocumplida, porque se acepta resignadamente. Pues tener ideas es difícil, rendirse fácil, y no nos preguntamos con pasión ¿qué podemos hacer para arreglarlo?. Debemos alimentar la confianza en que podemos solucionar las cosas, centrarnos sobre todo en lo bueno que podemos conseguir, en el gusto por la vida, no en lo negativo que puede pasarnos, pues eso nos resta confianza, lleva al fatalismo y la resignación, la atracción por la muerte como “liberación” definitiva de nuestra desazón, o el modo de aplacar nuestro sentimiento de culpa y fracaso.

NOTA 5.- Y digo los movimientos sociales anticapitalistas, pues la clase trabajadora se opondrá a las feministas burguesas que sólo aspiran a romper el “techo de cristal” para equipararse a sus compañeros varones, no ponen objeciones a la explotación y opresión de clase o racial de otras mujeres y hombres, y encabezan los partidos del capital (de derecha o de izquierda socialdemócrata), pues para ellas lo más importante es su clase, y si se “preocupan” por las obreras es para separarlas por cuestión de género de sus compañeros y así desunir y debilitar todavía más a nuestra clase. También se opondrá a los ecologistas que confían en el capitalismo “verde” o en el ecofascismo, manteniendo la desigualdad e injusticia social y medioambiental. Igualmente a otros casos que caigan en lo mismo, esto es, ponerse del lado de la burguesía expresamente o disfrazados de interclasismo conciliador.

RECOMIENDO.- Sobre la cuestión de colapso o no, y qué hacer, además de lo que recomiendo más adelante, el debate entre ecosocialismo y “marxismo” colapsista, http://www.sinpermiso.info/textos/ecosocialismo-versus-marxismo-colapsista-i-y-ii —– en el dossier http://www.sinpermiso.info/textos/cambio-climatico-capitalismo-verde-o-ecosocialismo-dossier —- también en https://kaosenlared.net/ecosocialismo-versus-marxismo-colapsista-i-y-ii/ —-; compilación de textos del chileno Miguel Fuentes Muñoz en https://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2019/09/03-Crisis-Ecolog-y-Marxismo-Comp.pdf — acceso en el artículo de presentación https://kaosenlared.net/crisis-ecologica-colapso-civilizatorio-y-crisis-terminal-del-marxismo-clasico/ –; La crítica de la chilena Laura Monteblanco al “marxista” colapsista Fuentes, en Crítica marxista del colapsismo ecológico de Miguel Fuentes y la nueva ola global del 10-11-2019, en https://blogsocialist21.wordpress.com/2019/11/10/critica-marxista-del-colapsismo-ecologico-de-miguel-fuentes-y-la-nueva-ola-global/ —-al final, con las respuestas del criticado ; el archivo pdf que no incluye las respuestas https://blogsocialist21.files.wordpress.com/2019/11/crc38dtica-marxista-al-colapsismo-de-miguel-fuentes.pdf (No comparto el programa trotskista que defiende en la parte dedicada a la lucha en Chile, pero eso es otro tema).

Y de mis textos en Kaos en la red:

«“Ética para máquinas” de Latorre. La I.A. psicópata. Llamamiento» (19-11-2019) — https://kaosenlared.net/etica-para-maquinas-de-latorre-la-i-a-psicopata-llamamiento/

Cuenta atrás hacia el colapso, y nosotros ¡en Babia!” (23-6-2017) —- http://kaosenlared.net/cuenta-atras-hacia-colapso-babia/

Fósforo y fosfatos ¿moriremos por hambre o guerra? Investigarlo ya” (19-4-2017) — Llamamiento e informe para la investigación del asunto de los fertilizantes de fosfato de roca que puede ser crucial para la Humanidad en las próximas décadas. Documento completo con gráficos, cuadros, etc., en el archivo PDF de 30 páginas. En la web http://kaosenlared.net/fosforo-y-fosfatos-moriremos-por-hambre-o-guerra-investigarlo-ya/ —– Para la descarga directa del archivo PDF http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2017/04/Fosforo-y-fosfatos-Investigar-PDF.pdf

El número de la revista que se menciona se puede encontrar aquí https://edoc.pub/investigacion-y-ciencia-395-agosto-2009-pdf-free.html

«“La izquierda ante el colapso de la civilización industrial” de M. Casal. Debatiendo» (18-2-2017) — http://kaosenlared.net/la-izquierda-ante-el-colapso-de-la-civilizacion-industrial-de-m-casal-debatiendo/ — ERRATAS: En la página 100 del documento en pdf, o punto 13 del capítulo XIX.- ¿QUÉ SÍ HACER?”, dice:“porque el pico del petróleo ya se habría alcanzado en 2015”, y debe decir: “porque el pico del petróleo ya se habría alcanzado en 2006”. Y un poco más adelante, donde dice: “la culpa al capitalismo (a la gente por su consumismo, etc.)”, debe decir: “la culpa al capitalismo (no a la gente por su consumismo, etc.)” — Para descargar directamente el documento completo en archivo PDFhttp://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2017/02/Colapso-libro-debatiendo-PDF.pdf

Libro: “Rutas sin mapa” de Emilio Santiago Muíño. Comentarios” (10-2-2016) — http://kaosenlared.net/libro-rutas-sin-mapa-de-emilio-santiago-muino-comentarios/

¿Quiebra energética y capitalista desde 2030? Revolucionarios, su chip y pilas. Libro de Fdez. Durán y Glez. Reyes” (10/2/2015) ——- http://kaosenlared.net/quiebra-energetica-y-capitalista-desde-2030-revolucionarios-su-chip-y-pilas-libro-de-fdez-duran-y-glez-reyes/

Recopilación textos de Aurora Despierta en el viejo old.kaos” (29-5-2017) —- Recopilación selección documentos de diciembre 2007 a diciembre 2011 en el viejo Kaos en la red, en archivo PDF — http://kaosenlared.net/recopilacion-textos-aurora-despierta-viejo-old-kaos-2/ — y descarga directa del archivo PDF en http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2017/05/Recopilacion-textos-de-Aurora-Despierta-en-OLD-KAOS-PDF.pdf

El Mayo del 68 real, contado a la generación 15M y del precariado” (11-5-2016) — con versión PDF con imágenes, —- http://kaosenlared.net/el-mayo-del-68-real-contado-a-la-generacion-15m-y-del-precariado/ — Enlace directo a la versión pdf http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2016/05/Mayo-68-para-15M-en-PDF-a.pdf

Los enlaces al resto de textos publicados, posteriores al que contiene los enlaces a todo el historial anterior en Kaos, son: (6-12-2019) — https://kaosenlared.net/vigilancia-masiva-y-castigo-china-2020-nuestro-futuro/ ——- (14-3-2018) http://kaosenlared.net/pensionistas-asi-les-traicionaras-guia-para-vencer/ —- (25-10-2017)- http://kaosenlared.net/cataluna-la-autodestruccion-esta-generacion/ ——- (6-7-2017) http://kaosenlared.net/no-al-referendum-pucherazo-del-1-oct-cataluna/ —— (16-6-2017) http://kaosenlared.net/unidos-podemos-mocion-censura-castrada/ ——- (13-6-2017) http://kaosenlared.net/talon-aquiles-no-atacamos-confirmado-desde-la-derecha/ ——- (6-5-2017) —- http://kaosenlared.net/jovenes-sois-la-generacion-ps-politicamente-suicida/ —— (14-3-2017) — la crítica que ya hace un siglo necesitábamos — http://kaosenlared.net/programa-politico-mas-alla-del-electoral-de-minimos-maximos-y-de-transicion/ ——- (22-12-2016) — leed primero la nota final de corrección errata — http://kaosenlared.net/los-sindicatos-ocultan-la-raiz-de-nuestra-situacion/ ERRATA IMPORTANTE: Cerca del comienzo digo: “pues el beneficio capitalista no su origen en la explotación del trabajo” La redacción correcta es la siguiente: pues el beneficio capitalista TIENE SU ORIGEN EN LA EXPLOTACIÓN DEL TRABAJO” Que es lo único congruente además con el resto del artículo, el texto de Marx, etc. —- (2-12-2016) — http://kaosenlared.net/lo-que-nos-jugamos-en-el-referendum-constitucional-de-italia/ —- — (3-11-2016) http://kaosenlared.net/rajoy-al-gobierno-gracias-tambien-a-podemos-y-nosotros/ ——-(2-10-2016) http://kaosenlared.net/salarismo-para-combatir-el-capitalismo-el-mejor-nombre-y-enfoque/

Para ACCEDER a mis artículos, informes y libros. Los artículos a partir de 2015, los podéis encontrar poniendo esta nueva dirección https://kaosenlared.net/?s=Aurora+Despierta con varias páginas (parece que se ha fastidiado y sólo ofrece una). Si hacéis clic en mi nombre, os lleva a https://kaosenlared.net/autor/aurora-despierta/ —, pero ahí sólo sale una página, no da opción a ver más documentos. Para vuestra comodidad, tenéis la relación y enlaces correctos a los textos previos al 20-10-2016 en “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica” (20-10-2016) – Libro, archivo PDF de 200 páginas — http://kaosenlared.net/capitalismo-modo-de-vida-decadente-notas-sobre-estrategia-y-tactica/ —- Para descargar directamente el archivo pdf — http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2016/10/Decad-capit-estra-tact-EN-PDF1.pdf

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