Honduras se recupera desde Honduras

Honduras se recupera desde Honduras

&nbsp Nadie debe obediencia a un gobierno usurpador ni a quienes asuman funciones o empleos públicos por la fuerza de las armas o usando medios o procedimientos que quebranten o desconozcan lo que esta Constitución y las leyes establecen. Los actos verificados por tales autoridades son nulos. El pueblo tiene derecho a recurrir a la insurrección en defensa del orden constitucional.

(Art. 3. Constitución de Honduras)

Honduras, 28 de junio del 2009; un golpe militar con apoyo de las instituciones judiciales, medios de comunicación oligárquicos y elementos políticos afines a la alta burguesía hondureña destituye al presidente democráticamente electo, “Mel” Zelaya. Una vieja y conocida historia allí se repetía, cuando nadie más creía que eso pudiese ser posible en el&nbsp cuarto país más pobre de América Latina. Recordemos: el 60% de los&nbsp hondureños es pobre y el 30% está en la extrema pobreza; así mismo el 73% de los campesinos sólo&nbsp posee el 11,6% de la tierra.

Tratemos de contextualizar históricamente al país centroamericano.&nbsp Tras las masacres indígenas llevadas a cabo por los invasores españoles, Honduras se convierte en un país tradicionalmente conservador y cristiano. Desde su independencia (1821) y tras fracasar&nbsp el pensamiento unionista de Morazán para Centroamérica – debido al interés de los capitalistas colonialistas – en el poder ha existido un bipartidismo – entre el partido liberal y el partido conservador- que ha respondido al mismo interés empresarial.

Esta partidocracia disfrazada de sufragismo electoral se ve interrumpida entre los años 1956 y 1981 en los que se sucede una&nbsp ola de dictaduras militares surgidas, principalmente, como reacción conservadora a los derechos laborales conseguidos tras las huelgas bananeras, protestas que no sólo implicarían a los campesinos recolectores sino a todos los trabajadores del país y que sería el germen de los movimientos sociales, motor del progreso del país.

Desde 1981&nbsp Honduras se convierte en punta de lanza de la política de represión norteamericana&nbsp en medio de la unidad de los movimientos sociales, lo cual permitió un ascenso de los mismos. Desde entonces y hasta el día de hoy los “escuadrones de la muerte” siguen activos. Bajo el pretexto de la amenaza “comunista” en América Latina los estadounidenses instalan en Honduras la base militar Palmerola (hoy conocida como Soto Cano). Desde entonces y como mostraremos más adelante los EE.UU. apoyados por la gran burguesía hondureña, el Ejército y respaldados por las estructuras de un Estado partitocrático han continuado su estrategia intervencionista en la región.

Para entender el porqué de este&nbsp Golpe de Estado en Honduras, debemos conocer un importante hecho sobre las luchas&nbsp del pueblo hondureño: el presidente&nbsp Zelaya y su “giro a la izquierda”. El presidente Manuel Zelaya fue elegido en el 2005 como candidato presidencial del Partido Liberal -uno de los dos partidos tradicionales del régimen-.&nbsp Durante tres años Zelaya mantuvo a su país en el CAFTA (“Tratado de Libre Comercio” con EE.UU) y no realizó cambios progresistas de consideración.

Pero, desde el año 2008 su política tomó otro rumbo. Una creciente presión popular obligó a Zelaya a cambiar algunas de sus políticas. La Coordinadora Nacional de Resistencia Popular&nbsp (CNRP) y el Bloque Popular – que&nbsp agrupan a todas las organizaciones obreras, campesinas, indígenas, estudiantiles, populares y de izquierda- presentaron un Programa de Reforma Agraria, una ley de estatización de aguas, un aumento salarial y otras demandas.&nbsp En el 2007 hubo 16 tomas de carreteras y en el 2008 tres paros generales y una gran huelga de empleados del sector público.

Ante esta correlación de fuerzas novedosamente favorable a los movimientos sociales Zelaya aprueba un aumento salarial del 57% y la incorporación a las mujeres al seguro social obligatorio. Además se adhiere al ALBA beneficiándose el pueblo hondureño de facilidades para la compra del petróleo venezolano &nbsp y de medicamentos genéricos procedentes de Cuba, a un precio más bajo. Además impulsa una Asamblea Constituyente, la Reforma Agraria y la Ley Minera (incrementando el impuesto minero, prohibiendo el método de explotación a cielo abierto, el uso del cianuro, mercurio y arsénico).

Todas estas medidas fueron cosechando poderosos enemigos en su contra y así se precipitó una ruptura definitiva con la mayoría de los diputados de su Partido Liberal. Así se dio en Honduras una situación&nbsp sui géneris, al confabularse la empresa privada y los grupos de poder, el Congreso Nacional, la Corte Suprema de Justicia, la Fiscalía General de la República, la Oficina Nacional de Derechos Humanos y los militares, unidos y apoyados por casi la totalidad de los medios de comunicación para derrocar al presidente Zelaya.

El conflicto&nbsp tiene su antecedente el&nbsp 24 de marzo, cuando el presidente Manuel Zelaya anunció su intención de llevar a cabo, el 28 de junio, una consulta a los hondureños de carácter no vinculante para saber si deseaban instalar en las elecciones generales de noviembre del 2009 una urna más, conocida como “La Cuarta Urna” para “votar por una Asamblea Constituyente” que reformaría la Carta Magna de Honduras.

El&nbsp 24 de junio&nbsp Zelaya destituyó al jefe de las Fuerzas Armadas, Romeo Orlando Vásquez Velásquez, y el ministro de Defensa, Edmundo Orellana luego que ambos se negaran a participar en la parte logística de la consulta nacional.

Los jefes de todas las ramas de las fuerzas armadas hondureñas renunciaron en solidaridad con Vásquez. Un día después, la Corte Suprema de Justicia ordenó la restitución de Vásquez, por considerar que no había una razón justificada para su destitución.

El&nbsp 28 de junio&nbsp un grupo de militares fuertemente armados penetra por la fuerza en la residencia del presidente “Mel” Zelaya, &nbsp en horas de la madrugada. Lo levantan de la cama, lo llevan hacia una base militar y de ahí lo trasladan a Costa Rica. Enseguida, el presidente del Congreso, Roberto Micheletti, asumió la presidencia de la nación e impuso un toque de queda. “¡El presidente Zelaya ha renunciado!” Noticia falsa que dio vueltas al mundo.

El golpe de Estado es condenado por la comunidad internacional, mientras que en Honduras se desatan múltiples protestas que continúan hasta el día de hoy. Bolivia, Ecuador, México, Nicaragua y Venezuela anuncian al mismo tiempo el retiro de sus embajadores en Honduras. Días después los 27 miembros de la Unión Europea seguirán el ejemplo. La Asamblea General de Naciones Unidas aprueba una resolución pidiendo a sus 192 miembros que sólo reconozcan al gobierno del derrocado presidente Zelaya. Ante la negativa del gobierno de facto de permitir el retorno de Zelaya al poder, la OEA determina suspender a Honduras. Con la suspensión se congela el otorgamiento de créditos y préstamos del Banco Mundial (BM) y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), pero no del FMI.

El&nbsp 5 de julio&nbsp Zelaya pretende regresar a Honduras desde Washington en un avión; sin embargo, el gobierno de facto impide el aterrizaje en el aeropuerto de Tegucigalpa. Alrededor de doscientos mil personas se movilizaron hacia el aeropuerto para recibir al presidente Zelaya, respaldado por Patricia Rodas y Miguel D’Escoto, pero fueron atacados por el ejército. Son en estos altercados que muere el joven Isis Obed de 17 años de un balazo en la cabeza.

El&nbsp 7 de julio&nbsp Zelaya acude a Washington para reunirse con la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, quien propone un “diálogo” para dar una salida a la crisis política, mediado por el presidente de Costa Rica, Oscar Arias, cuya política es conocida como pro- norteamericana. Extraño diálogo&nbsp que el Imperio impone.

Después de varios días, el presidente de Costa Rica, Oscar Arias -en directa coordinación con Hillary Clinton- presenta una propuesta de siete puntos para dar salida a la crisis política en Honduras, llamado:

El “Acuerdo de San José para la reconciliación nacional”

1. La vuelta de Zelaya al gobierno.

2. Formación de un gobierno de coalición de unión nacional.

(No podemos estar de acuerdo con él porque posibilita la inclusión de personas relacionadas con el golpe de Estado y, por lo tanto, que han cometido delitos de lesa humanidad.)

3. Que Zelaya renuncie expresamente a cualquier convocatoria a Consulta Popular sobre una posible Constituyente.

(No podemos estar de acuerdo con él porque niega el derecho ciudadano a una democracia participativa.)

4. Amnistía general.

(No podemos estar de acuerdo con él porque promueve la impunidad para quienes planearon, ejecutaron y avalan el Golpe de Estado.)

5. Que se adelanten las elecciones.

(No podemos estar de acuerdo con él&nbsp porque entraña la posibilidad de perpetrar un fraude electoral del cual ya se tienen claros indicios.)

6. Las Fuerzas Armadas pasan a ser comandadas por el Tribunal Supremo Electoral.

(No podemos estar de acuerdo con él porque obvia el planteamiento de los movimientos sociales de revisar el papel constitucional de las fuerzas armadas y su involucramiento en el golpe de Estado.)

7. Formación de grupo de “notables” para supervisar que se cumpla el Acuerdo.

(No tiene razón de ser, en tanto no se despejen los puntos anteriores.)

Así comprobamos, un “acuerdo” -elaborado sin la participación de los movimientos sociales- que pone al mismo nivel a los golpistas&nbsp y los “golpeados”. A pesar de ello Zelaya expresa su “conformidad” con el Acuerdo. El gobierno de facto rechaza la propuesta y anuncia que continuará con las conversaciones. Las negociaciones&nbsp fracasan.

Desde entonces y hasta el día de hoy la situación en Honduras se ha estancado. Pese a la presión mundial, los golpistas continúan en el poder; reprimiendo, encarcelando y atemorizando. Los cierres de los pocos medios de comunicación independientes continúan desde la misma noche del Golpe. Las denuncias por violación a&nbsp los derechos humanos aumentan día a día; el local donde la Misión de Observación sobre los DD.HH. se disponía a presentar el informe preliminar, en Tegucigalpa, fue rodeado por fuerzas del ejército.

Se han dilatado las negociaciones dentro del Congreso y a nivel internacional. Mientras tanto, ya van dos meses de resistencia del pueblo hondureño.

“Existe una Honduras antes del golpe y otra después del golpe”. (César Lam)

¿A quién beneficia el Golpe de Estado?

La&nbsp extracción minera&nbsp en Honduras corre a cargo principalmente de las empresas mineras canadienses –norteamericanas&nbsp Goldcorp&nbsp y Yamana Gold (MINOSA). Gozan de un verdadero paraíso fiscal y de concesiones muy favorables para la extracción de oro. De cada 100 millones de dólares de ganancia sólo pagan 6% al estado hondureño. Zelaya había aumentado el impuesto minero.

Una de las reformas que tenía previstas el presidente Zelaya era la estatización de lastelecomunicaciones. Uno de los indicios que nos revelan que la oligarquía hondureña se puso en alerta fueron las declaraciones de Robert Carmona-Rojas (implicado en el Golpe de Estado del 2002 en Venezuela) acusando a Zelaya de formar parte de una red de sobornos de la empresa estatal Hondutel. Así, los grupos mediáticos (con La Prensa y El Heraldo al frente) comenzaron hace ya varios meses a calentar el caldo de cultivo para el Golpe.

En este golpe de Estado existe también la participación de&nbsp laboratorios farmacéuticostransnacionales que han apoyado abiertamente al movimiento desestabilizador previo a la deposición ilegal del presidente, quienes quedarían severamente afectados con el ingreso de Honduras al ALBA que permite&nbsp la importación de medicamentos genéricos desde Cuba (más del 80% de los medicamentos en Honduras son provistos por empresas multinacionales, siendo la materia prima para su producción 100% importada).

La&nbsp jerarquía de la iglesia&nbsp católica y evangélica hondureña asumió una postura política a favor de los golpistas. Especialmente el Cardenal Oscar Andrés Rodríguez, &nbsp el cuál insiste permanentemente en que Zelaya se mantenga fuera del país para “evitar un baño de sangre”. Los sacerdotes favorables al pueblo, como Andrés Tamayo, y &nbsp que exigen la vuelta de Zelaya son amenazadas con la expulsión del país.

A ello se agrega la existencia ya comprobada de&nbsp petróleo explotable&nbsp en un área de 1.500 kilómetros cuadrados en la costa Atlántica de Honduras y Nicaragua. Tal plato apetitoso no podía dejarse, de ninguna manera, a favor del pueblo hondureño; &nbsp sino que conforme a la tradición capitalista mundial debía servirse en el banquete de las transnacionales petroleras, a las que por cierto Zelaya había limitado el monto de sus ganancias.

EEUU&nbsp está también implicado en el golpe a través de toda una red de agencias que canalizan los fondos y entrenan a los grupos contrarios al gobierno democrático. El NED y la USAID (agencias estatales de los EEUU) contribuyen a financiar las organizaciones de extrema derecha que apoyaron el golpe. Muchos de los oficiales que sacaron a Zelaya a San José estaban entrenados por el Instituto Hemisférico Occidental para la Cooperación de Seguridad, la antigua “Escuela para las Américas”.

Bastaba con que el gobierno de Obama hubiese congelado las cuentas bancarias en Estados Unidos y prohibido el ingreso a ese país de los jerarcas del gobierno usurpador, &nbsp si es que le parecía excesivo el retiro temporal de los 600 militares que mantiene en la base de Soto Cano (Palmerola). Nadie puede discutir que al vecino del norte no le tiembla el pulso en materia de sanciones cuando son de su interés. Los cuarenta millones de muertos de hambre al año en el mundo o los dos millones de víctimas en Afganistán e Irak pueden dar buena cuenta de ello.

Sin embargo las cuentas bancarias no sólo no han sido congeladas sino que además el FMI (organismo mundial de crédito, dependiente de la Reserva Federal estadounidense) ha otorgado 164 millones de dólares a las arcas del gobierno de facto con el pretexto de “fortalecer las reservas e inyectar liquidez a la economía de este país”. Este dinero será sumado a la ya de por sí alta deuda externa que padece la clase trabajadora hondureña añadiendo, además, unos jugosos intereses que irán a parar a la gran banca monopolista.

Todos los ingredientes ya están encima de la mesa para asestar&nbsp el golpe definitivo&nbsp a la débil democracia hondureña. El gobierno de facto ya ha puesto fecha a los próximos comicios ilegales: noviembre. El mediador pro-estadounidense y presidente de Costa Rica, Óscar Arias, ha declarado que “las elecciones pueden poner fin al conflicto político en Honduras”. Sin embargo la oposición al bipartidismo ya ha decidido que no participará de la legitimización del Golpe y de unas elecciones que antes de celebrarse ya tienen ganador: la oligarquía hondureña y las corporaciones occidentales.

Sin embargo nosotros pensamos que&nbsp la solución&nbsp no puede venir del exterior, la solución a la crisis política que sufre Honduras está en el pueblo, en la resistencia de las masas campesinas, obreras, indígenas y estudiantiles organizadas y unidas que&nbsp durante estos dos meses de resistencia,&nbsp y a pesar de las continuas amenazas y asesinatos de agentes sociales, han demostrado tener una fuerza contundente. Zelaya no estaba equivocado al pretender volver al país tras su ilegítima expulsión. Sin restar importancia a la solidaridad internacionalista:&nbsp Honduras se recupera desde Honduras, no desde mesas de negociaciones pactadas entre golpistas y usurpadores.

El pueblo hondureño nos ha demostrado que la clase obrera latinoamericana &nbsp hondea, levanta y defiende hoy más que nunca banderas de revolución y Socialismo. La clase obrera cada día madura más, quiere liberarse de la dominación capitalista y cuenta con un aliado muy importante, el campesinado pobre, que resiste desde el campo y que con toda su fuerza apoya esos procesos de cambio que se viven en América Latina.

Extraido de la revista El Insolente

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