Honduras. Margarita Murillo, “pues nada nuevo”

Por Thelma Mejía

  Murió hace un año, de una forma inesperada y brutal. Ella es una de las muchas mujeres hondureñas cuyas muertes, aunque emblemáticas y de un significado tremendo para la historia agraria, pasan a ser parte de los delitos ignorados en Honduras. Todos investigan, todos lamentan, pero nadie hace ni dice nada. Es la impunidad […]

 

Murió hace un año, de una forma inesperada y brutal. Ella es una de las muchas mujeres hondureñas cuyas muertes, aunque emblemáticas y de un significado tremendo para la historia agraria, pasan a ser parte de los delitos ignorados en Honduras. Todos investigan, todos lamentan, pero nadie hace ni dice nada. Es la impunidad abierta y descarnada.

La conocí a mediados de 2000, en esas luchas por acceso a la justicia y la transparencia. Ella era la presidenta del Foro Social del Valle de Sula, un movimiento que en esa época impulsaba con fuerza la auditoria social y la ley de transparencia y acceso a la información pública.

En las capacitaciones que se daban en el marco de la socialización de lo que hoy es la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública, la situación de la libertad de expresión y el derecho a la información en Honduras, me topé con Margarita Murillo, de una sonrisa fresca pero muy directa y sincera para decir las cosas.

No era una mujer de rodeos, iba al grano. Y así la conocí, preguntando y dudando. Fue una aliada estratégica en el tema de la auditoria social y la ley de transparencia, con ella llegábamos a la base de los movimientos para enseñar a la gente el ABC de la importancia del derecho a la palabra, la búsqueda de información pública y la necesidad de sepultar la cultura del secreto por la de la transparencia y la rendición de cuentas.

El Foro Social del Valle de Sula dio mucha lata en ese entonces a las autoridades a quienes ponía el ojo para que rindieran cuentas, detrás de sus integrantes estaba Margarita Murillo, una mujer recia a quien la vida y sus golpes contribuyó a forjarle un carácter y unas convicciones de acero. Esa fue la impresión que tuve al conocerla y la que me dejó al término de un par de talleres.

Murió hace un año, de una forma inesperada y brutal. Ella es una de las muchas mujeres en Honduras cuyas muertes, aunque emblemáticas y de un significado tremendo para la historia agraria de Honduras, pasan a ser parte de los delitos ignorados en Honduras. Todos investigan, todos lamentan, pero nadie hace ni dice nada. Es la impunidad abierta y descarnada.

Una memoria sobre su historia preparada por la coalición que impulsa La Tribuna de Mujeres, llegó a mis manos por casualidad. De fácil lectura y bien contada, la vida de Margarita Murillo me sacudió para hablar de esa categoría de delitos ignorados en que han caído la muerte violenta de mujeres y otros casos emblemáticos en el país.

También el anuncio del gobierno y Estado de Honduras ante la última sesión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte-IDH) en Tegucigalpa, al aceptar su responsabilidad en el asesinato del dirigente ecologista Carlos Escaleras en los años noventa en la región de Tocoa.

El Estado se comprometió a adoptar una serie de compromisos que serán revisados en un año, caso contrario, no podrá escaparse de asistir al banquillo de los acusados ante la Corte-IDH, donde ya el país ha sido condenados por crímenes de lesa humanidad.

En el caso de Margarita Murillo, ella fue asesinada mientras sembraba su parcela de tierra, cuando había optado por hacer un alto en su agitada vida de incidencia y lucha política para volver los ojos a la tierra que la vio nacer e impulsar un proyecto de soberanía alimentaria.

En la memoria que ha sido distribuida, hay un relato que lo dice todo: “Pues nada nuevo…” Es la expresión de la fiscal especial de la Fiscalía de Delitos contra la Vida del Ministerio Público cuando llega la familia a preguntar por el caso de Margarita Murillo y sus avances, a un año de su asesinato.

“Pues nada nuevo Kenia, sólo esperando el informe de los muchachos de la ATIC,  que han hecho unas intervenciones telefónicas y entrevistas con ustedes, los familiares, porque la abogada Marlene (Banegas) se llevó todo lo que sabía, cuando la asesinaron”, explica la fiscal a la hija de Margarita Murillo.

Esa respuesta es la misma que encuentran las madres de algunos de los periodistas asesinados en el Ministerio Público y qué decir de los parientes a quienes la muerte les arrebató violentamente a sus hijos, hombres, jóvenes, mujeres o adolescentes que son parte de los delitos ignorados.

Los avances en el Ministerio Público no son tan diligentes como se nos vendió cuando dieron vida a “la nueva” Fiscalía. La impunidad parece un círculo sin fin, una desesperanza que a veces agobia, pero también da fuerzas para seguir preguntando: ¿Hasta cuándo?

Los datos del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos en Honduras reportan que cada 13 horas, una mujer es asesinada en forma violenta en el país. A junio de este año se reportaban más de 150 asesinatos contra las féminas, pero la cifra se pudo haber incrementado en los últimos dos meses ante una virulencia sin precedentes en ciudades como San Pedro Sula y Tegucigalpa.

Esas mujeres asesinadas, indistintamente de las causas, tienen el derecho como lo tiene Margarita Murillo,  a que se sepa por qué dispararon el gatillo; tienen el derecho a que la investigación criminal sea más diligente para que el “nada nuevo” de paso al “ya sabemos” quiénes fueron los responsables. Tienen derecho a que su familia tenga paz, tienen derecho a que las lloren como se debe, a llevar el duelo como debe ser…tienen derecho, como luchó toda su vida Margarita Murillo, a saber la verdad.

 

*Thelma Mejía. Periodista hondureña.

Especial EL LIBERTADOR

 

http://www.web.ellibertador.hn/index.php/avance/545-honduras-opinion-margarita-murillo-pues-nada-nuevo

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