Honduras. “La hora mayor de Jiménez”

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En la historia queda claro que la corrupción ha sido clave para que las élites fortalezcan la autoridad de sus regímenes, y acumular y retener el poder sobre el interés común de los pueblos. Así se nutrió el desarrollo de los Estados actuales de Europa, de donde a través de la corrupta Francia en Honduras se comenzó a creer en la idea de igualdad, libertad y república. Nada más falso hasta hoy.- La corrupción hizo grande a Estados Unidos, esa es siempre la fuente del poderío, la riqueza y la expansión de todo imperio ¡nada nuevo!

Las nuevas prácticas corruptas en Honduras fueron elemento de pacto entre grupos económicos y políticos del pasado que consolidaron los “modernos capitales”. Es una herencia parásita que produce mucho dinero fácil desde lo público, por eso es tan político e incapaz este sector privado. La repartición de empresas públicas creadas por CONADI en la década de 1970 son ahora flamantes marcas de familias poderosas y símbolo del capital ante luchadores que nadie apoya en el Gobierno ni conocen en la alta esfera empresarial.- El mercado exclusivo de diez años para venta de celulares a Celtel explican la pujanza de Tigo.

Esa percepción de crecimiento mágico tan habitual en esta tierra media de chocoyos, asustó a Juan Jiménez Mayor, una empresita fundada con 25,000 lempiras en seis meses administraba casi 400 millones. ¡Woow! ¡Eso es salto social! A Mayor sólo le queda el éxito si no quiere morir como el “Iván Ilich” de la OEA. Un funcionario más, pequeño burgués mediocre, vida vanidosa, sin ideales, en una agonía mortal humillante recreada por Dostoyevski.

La trama puede variar, Honduras es réplica de “Ciudad Gótica”, la corrupción asola el Gobierno, ha podrido el Estado, funcionarios ladrones y políticos malandros tranzan en la penumbra con tétricas mafias el tesoro público, asesinatos y robos son ley en todo sitio y a toda hora, nadie está seguro, sólo el crimen y, ante la falta de Batman, la Maccih se convierte en el fiscal “Harvey Dent”, sin la debilidad que lo mata.

Así “el Caballero de la Noche Asciende” del escepticismo social a la memoria remota como “un protector vigilante”, en un país donde una vez no existió la esperanza de vida.

Casi nadie cree en la Maccih. Pocos piensan que tocará la vieja raíz del corpulento sistema de corrupción. Aunque la familia Atala no perdonará que Jiménez Mayor se atrevió siquiera a vincularla –con las disculpas del caso— al crimen de la ambientalista Berta Cáceres.

Suficiente para oír la reacción del capital nacional financiero, empresarial y energético. ¿Quién hace eso contra la parentela que pone y quita presidentes después de financiarles la campaña? Aunque Mayor no lo haga, llegará el día de guillotina para la corrupción, porque ella encarna un abuso a la libertad, y es la creencia de alguien que puede burlar eternamente la justicia popular.

Dice Aristóteles que es claro que todos tendemos a la felicidad, que aparece como algo perfecto y suficiente ya que es el fin de los actos. La felicidad puede estar en obrar conforme a la propia naturaleza, quizá el camino más corto para una vida feliz y, siendo el hombre de naturaleza racional le corresponde actuar conforme a la razón, que, por la prudencia, elije la virtud para su acción.

Pero el hombre es también un ser social, y quien no puede vivir en sociedad o es un bestia o es un dios, dice el Filósofo. Tal el corrupto que creyéndose un dios es en realidad una bestia. Su pobreza consiste, como apunta Séneca, no en tener poco sino en querer tener cada vez más. Sólo hay una manera de ser bueno y muchas de ser malo. Atentos, va a comenzar Batman.

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