Honduras: El niño, el perro, usted y yo

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Anoche hizo frío en Tegucigalpa, en las calles empapaba la ropa una briza helada, refrigerada; la gente buscaba rápido el calor de sus hogares. En la madrugada, por debajo de la cobija el hielo se metía en los huesos. Los expertos del clima dicen 14 grados centígrados o menos, probablemente usted que lee esto, se fue a la cama con un edredón grueso después de la cena, quizá tomó algo caliente viendo Tv. y mientras sus entrañas hacían el concierto de la digestión, descansó.

Imaginemos otra realidad, donde no tiene casa, ni comida, ni familia, ni cama, donde su compañía sólo es un huesudo amigo y usted mismo ¿A qué sabe 14 grados centígrados en la calle? ¿Se podrá dormir en la sola y fría banqueta? ¿Qué puede pensar con hambre, más allá de las ganas de comer algo, lo que sea?

Juan, José o Carlos, se llama este niño que hoy es adolescente, creció al lado nuestro –la historia es real— caminando con una rala cobija y un perro siempre al lado, por cada calle donde pasamos esta él, mientras sintonizamos la canción favorita o vamos al restaurante, cuando nos sentimos inconformes con nuestro trabajo o cuando estamos felices. Hemos crecido juntos, el niño, el perro, usted, yo y todos en esta ciudad.

¿Pero cuánto tiene que pasar y descender una sociedad para que no le importe la niñez en las calles?, ¿Cuándo perdimos el alma, mientras íbamos camino a la iglesia?, esta es una Honduras, diseñada por la bestialidad política y la indiferencia social, está hecha a la medida de quienes gobiernan y los aplauden.

Hipócrita el hombre y la mujer que habla de amor a sus hijos, cuando es incapaz de ver en los ojos de los hijos de otros a los propios, que se enternece de felicidad viendo la foto de sus infantes saliendo del veterinario con su “Husky” afelpado; pero ciegos frente aquel perro cadavérico que para este niño de la calle es el mejor perro, no es una mascota, es su amigo, compañero, es todo lo que tiene en este mundo de iglesias llenas los domingos, que tanto hablan de amor al prójimo y no lo entiende. Ignorarían al mismo Cristo si lo vieran harapiento.

¿De qué sirve un cardenal que purifica corruptos, llena las iglesias de militares y perdona ruines dictadores?, porque también la religión tiene rango social. Esas gentes son las que un molesto Jesús las arrojo a patadas de la casa de su padre. Tampoco es el fanfarrón intelectual, con su trillado “problema es estructural” que sacará ese niño de la calle, del frio, del hambre, de los 14 grados centígrados, de la soledad y la indiferencia. Tal vez ni él se liberará de la comodidad capitalista

¡Claro que la oposición política es culpable también! Que se decanta en viajes al Machu Picchu o contando las historias rosas en las redes, esos que se contentan con los confites que caen de las mesas blancas del poder, que con las barrigas llenas dicen “en el 2022 será…”. Se entiende, cuando no hay utopía, la política es pragmática. “Se acabó la guerra fría…”, canta Jaime Sabines. Aunque a Honduras ya volvió.

Nuestro pueblo muere hoy, siente ahora, la niñez no se drogará en un futuro, se droga en este instante en las aceras a la paciencia de todos. La droga de la calle, “la Tula” (Resistol en bolsa) o el bote de alcohol con agua, adormece la sensación de hambre a quien no quiere meter las manos en el basurero de Denny’s a las 2:00 de la madrugada cuando hace mucho frío, como anoche.

¡Por supuesto que el empresario corrupto es culpable también! Pero también el administrador que con el cerebro educado aprendió a sacarle mentiras a los números, ese que a cambio de “vivir mejor”, vende la patria, que habla de izquierdas y derechas, como si en este feudo nos podemos dar esos lujos intelectuales; acá donde solo hay miseria, pobreza y desolación.

Donde la esperanza se mudó con la caravana de migrantes, porque se moría de desesperanza y tristeza, ¿Cómo se puede llamar Patria, con 15 mil niños en las calles, tirados como desecho? ¿Cómo nos podemos llamar humanos, si las llantas del carro remachan los pies de los descalzos y seguimos riendo, como si no existiera, como si no fueran personas…?

Usted también es culpable, por no hacer nada, por ser indiferente, por ser incapaz de sentir esos heladísimos 14 grados centígrados, menos fríos comparados con quienes estorban el desarrollo nacional al quedarse comiendo el dinero de todos en un gobierno útil para sólo para quienes lo ocupan, porque ese niño no es un martillo en su pecho, que le grita a la sociedad que debe hacer algo, que debe moverse, más allá de andar permanentemente con sus lloriqueos personales.

Este niño de esta narración lo puede encontrar en la bonita e inútil rotonda del bulevar Juan Pablo II de Tegucigalpa, ahí frente a la franquicia estadounidense “Burger King”, a una cuadra de nuestro Centro Cívico Gubernamental, como no tenemos problemas con los hospitales, ni con las escuelas, ni con los niños, nos damos estos lujos de cristales y helipuertos aéreos para el mínimo esfuerzo del señor presidente.

Esta noche será fría también. Hace muchas noches Honduras está helada de muerte, paralizada, destruida. Para ese niño, una galleta y un jugo puede hacer más llevadera esta terrible madrugada que lleva muchas lunas ya, donde él, es el reflejo de la nueva Honduras, un espejo que debería llenarnos de vergüenza. Por si tiene alguna duda, también yo soy culpable, por no haber escrito antes.

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http://www.web.ellibertador.hn/index.php/avance/3191-reflexion-noche-de-fria-indiferencia-en-honduras-el-nino-el-perro-usted-y-yo

 

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