Hombres, mujeres, urbanismo y capitalismo

El 16 de febrero en la web de Tele Orihuela se publicaba un artículo de Ana Mas, titulado “mujer, ciudad y participación ciudadana”. En él, Ana Mas hacía un alegato sobre la necesidad de incluir la mirada femenina en la planificación de las ciudades, y es que “los planes de urbanismo de los municipios fueron proyectados por hombres y desde una concepción de la ciudad que no comparten muchas mujeres”.

Parece, de este modo, que el urbanismo dependiendo de si recae sobre hombres o sobre mujeres será de una forma u otra. ¡Este argumento es el pilar básico de su artículo! Dejemos que las mujeres organicen las ciudades, ¡así estas serán mejor! ¡Como si por obra de arte las mujeres estuviesen determinadas para planificar las ciudades de mejor forma que los hombres!

Olvida Ana Mas, o deja en segundo plano, pues llega a reconocer que hay “un modelo de desarrollo territorial basado únicamente en el beneficio económico y la generación de plusvalías” (aunque en beneficio del 30% de la población, mayoritariamente hombres, que perpetúan ese desarrollo), que las ciudades no son entes abstractos que se crean de una forma u otra porque las mire un hombre o una mujer. No es una cuestión de género: cada individuo mira la ciudad de una forma, independientemente de si es hombre o es mujer, en función de su pertenencia a una clase social u otra: las ciudades dependen de la estructura económica de los alrededores y de su propia base económica.

Con el desarrollo del capitalismo las ciudades han sido planificadas de una determinada forma, no es casual el urbanismo actual. Ni es cuestión de hombres ni mujeres: no depende el urbanismo de una mirada de género, sino de la mirada de la clase hegemónica y las necesidades del capital.

La planificación actual de las ciudades no la han hecho los hombres en abstracto, sino los hombres (y mujeres, cabría decir) que están en el poder: los hombres (y mujeres) de la clase dominante, que responden a unos intereses económicos, políticos, sociales, culturales… concretos.

La segunda parte de su artículo la utiliza Ana Mas para señalar la necesidad de crear una “Oficina de Atención y Defensa de la Ciudadanía”, porque así entre otras muchas cosas “podríamos comprobar cómo muchas mujeres que conocen palmo a palmo su ciudad, no sólo saben de las deficiencias sino también de las soluciones a esos problemas”, porque, no olvidemos, ¡la solución a los problemas sólo la tienen las mujeres!

La solución a la actual planificación urbana, que evidentemente no se basa en las necesidades sociales, depende del elemento que valoremos como determinante: podría bastar con que se ocupasen las mujeres, con su mágica mirada. Sin embargo, si el problema son las necesidades del capitalismo y su organización social en busca del máximo beneficio económico, lo que hay que cuestionar es el sistema económico, pues la lógica del capitalismo no es la lógica de las personas y sus necesidades sociales.

Y si es necesaria esa Oficina de Atención y Defensa de la Ciudadanía, no es menos cierto que de por sí sola nada solucionaría: lo necesario es que la Administración Pública trabaje en beneficio de la población, y no de las constructoras e inmobiliarias; es necesario que ordenamiento jurídico y normativa urbanística defiendan el interés público. Y para ello no basta con reclamar una Oficina de Atención y Defensa de la Ciudadanía: para enfrentar la urbanización actual hay que denunciar el capitalismo, cuestionar el sistema económico y, consecuentemente, señalar que la alternativa vendrá de quienes luchan por otro modelo económico, social, político y cultural que, inevitablemente, tendrá que comportar otro modelo urbanístico. Quizás, reclamar el socialismo, en estos tiempos que corren, y hacerlo desde un partido que se dice socialista aunque aplica las mismas políticas económicas que critica, no de tantos votos como disfrazarse de feminista.

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