Historias de la Cuarta: 19. Ortodoxias y revisionismo

En buena medida, estas entregas se confunden con El gran negador, un extenso repaso de la biografía de Trotsky, apartado que ha sido especialmente objeto de las descargar estalinianas, con exaltaciones al piolet incluidas, y hasta el momento las polémicas digamos “constructivas”, han sido muy llevaderas. Este repaso a la vez, puede remitirse a otros tantos dedicados a Lenin, a la URSS, incluyendo diversos historiadores y escritores, una larga lista en la que entran John Reed, E.H. Carr, Pierre Broué (con el listado de sus biografías de bolcheviques), etc. Podríamos seguir con anotaciones sobre las concepciones anarquistas, socialdemócratas, y también al debate sobre el comunismo en relación a escritores como Sartre, Gide, Malraux, Marin Amis, hasta nuestro César Antonio Molina, etcétera.

No deja de ser curioso –o al menos, a mí me lo parece-, que ninguno de estos casos se hayan dado reacciones destempladas (por decirlo de una forma suave) salvo cuando entraba de pleno en los crímenes y tropelías de Stalin. Entonces se acumulaban las reacciones viscerales que se cuestionaban mi rigor como divulgador, las fuentes, se me acusaba de falsedades, y en no pocos casos llegaban al insulto personal, un límite que nunca he permitido, sobre todo cuando lo hacía gente emboscada que suplía la furia por los argumentos. Evidentemente, cualquier error de fecha o nombre resultaba ampliamente utilizado, y tengo que decir que estos no faltaron, a veces también por las correcciones del propio “computer” que, por ejemplo, no deja poner poumistas, de tal manera que sí me confío lo cambia por “plumistas”, y cosas por el estilo. Los amigos que me insisten en que tengo que ser más cuidadoso en estas cosas tienen toda la razón.

Uno de los argumentos más frecuentados es el que cuestiona mi prolijidad, olvidando y desconociendo que a sus años (61), uno tiene más tiempo, y además toda una actividad detrás que data desde finales de los años sesenta escribiendo en toda clase de revistas y diarios.

· En estas Historias tampoco ha habido hasta el momento ninguna reacción visceral, al menos hasta llegar al último apartado. Gracias a un amigo lector las he podido finalmente enumerar, y con su lista en la mano distingo un trabajo (1) sobre la “doble naturaleza” de la burocracia y del estalinismo; un pequeño estudio (2) sobre la relación la meta final y el programa mínimo, un programa de transición (1938), al que trataba de situar en la historia. Un tercero presentaba las concepciones internacionalistas de Deutscher y su controversia con Trotsky. El siguiente (4), contaba la historia del Frente Popular en Francia, tema sobre el que, por cierto, apenas sí se ha dicho nada, como sí no hubiera tenido ninguna relación con la guerra española. El quinto y el 17 “entraban” en el casi desconocido episodio del trotskismo en este país. El sexto era una respuesta a “la furia antitrotskista”, tema que conectaban con otros trabajos dedicados, respectivamente, a Ludo Martens, y al estalinista más impresentable del condado, J. A. Egido. Notas informativas sobre James (autor de esa maravilla llamada Los jacobinos negros, subrayando algo que no aparecía en las reseñas: su afiliación cuartista); dos entregas sobre Ernest Mandel, reseñas de Tariq Ali y Daniel Bensaïd, y claro está, una evocación de la LCR que alcanzó mil lecturas en unos días…Finalmente había entrado en algunas variaciones trotskianas…

· Tanto una como otros han sido ampliamente reproducidas por toda clase de páginas…

· Para estos casos, he tratado previamente de situar el trotskismo en su historia, o sea en un contexto de “contra corriente”, sobre todo en la Segunda Guerra Mundial, y en las dos décadas siguientes. He tratado de explicar el porqué la desorbitada suma de fracciones y subfracciones, Marie (El trotskismo y los trotskistas) citaba hasta 38 en Argentina, lo cual no es una mera anécdota. Considerando la crisis de las demás corrientes que se reclaman de la izquierda, se podía hablar de un potencial de desarrollo y crecimiento excepcional, sobre todo sí tenemos en cuenta la radicalización asamblearia de sectores muy amplios de los trabajadores y de la juventud, y sin embargo…Ya no se trata pues de escalar montañas bajo los aludes, sino de otra cosa. Y como diría Jean Renoir, lo peor de todo esto es que todos tienen sus razones, y además, dada la composición eminentemente cultural y de formación teórica, sucede que estas razones están explicadas y requeteexplicadas en folletos, libros, pero…

· Lo decía en un principio, si lamentable (y trágica) resulta la división del movimiento obrero (en internacionales que tuvieron su momento en tiempos cada vez más lejanos, no solo por el tiempo transcurrido sino sobre todo por el vértigo del desarrollo histórico), que no decir de los fraccionamientos internos (CNT, CGT), de lo que fue el PCE en una dinámica cainista exacerbada, y no digamos de los vericuetos del trotskismo. Claro está, que al hablar de viejas historias y de las diversas tribus uno se encuentra con una triple dificultad. La primera es la ignorancia generalizada, ya no estamos ni en los setenta, cuando se publicaba y se discutía de todo, ha habido otro socavón histórico, no tan sangriento como el anterior, claro está, pero seguramente peor ya que se ha fundamentado en el descrédito del socialismo real (estalinista) o verbal (socialiberal). La segunda es el poco conocimiento que tenemos sobre estos conflictos, sobre todo considerando todas sus épocas, variantes nacionales; de ahí que en la reseña del libro de Bensaïd resaltara que el desconocimiento que él detectaba en Francia, aquí se multiplicaba por diez o veinte…

· La tercera es la implicación personal, nunca ocultada, con sus filias y fobias, por supuesto. No obstante, sobre esto creo que es justo añadir que he podido escribir y tocar teclas sensibles de anarquistas, comunistas y otras concepciones, sin atribuirles nunca nada que no sea cierto, o por lo menos, parte de una interpretación aceptada. Lo mismo he hecho en mis artículos sobre Posadas y Lambert, en ningún momento he descalificado a nadie, y sobre no hay ni una sola línea en la que las atribuya connivencias con estalinismos o imperialismos, ni he tocado el pelo a la dignidad personal de ninguno de sus representantes. En algunos casos, he cometido errores en fechas y nombres, sobre los cuales algunos amigos han tenido a bien rectificarme, lo cual agradezco. Creo que el tono virulento no ayuda a debatir, lo cual no quiere decir que a veces mis reacciones lo sean más de lo que me gustaría.

· Rebobinando, lo más oscuro y descorazonador de lo que hemos convenido en llamar trotskismo es, indudablemente, su extremo fraccionamiento. Sin embargo, llegados aquí no me resigno a establecer paralelismos “todos son sectarios”. Creo que en otras épocas, sobre todo en las más infantiles, todos lo hemos sido en mayor o menos grado, puntualización en absoluto baladí. No era lo mismo hacer la guerra por posiciones clasistas en Comisiones Obreras en los setenta, que no participar en ellas. Presumo de haber tenido una formación diversificada, de haber pasado de un cristianismo progre a ser fuertemente educado por el anarquismo, y pasar por el comunismo de signo trotskiano sin abandonar algunos criterios aprendidos. Por ejemplo el apego por las asambleas abiertas y por el respeto a todas las izquierdas. Aprendí que para poder defender tus derechos tenía que respetar a los demás que veías como equivocado. En este sentido siempre me sentí muy a gusto en la LCR, y recuerdo –y algunos me lo habrían oído repetir- que un día, cuando un líder de la LC, más tarde destacado lambertista, me echó en cara que no estuviese a favor de la “unificación” de los trotskistas, mi respuesta era que entendíamos la misma palabra de manera diferente. Y puesto a estar, me encontraba más cerca de los curas de Pubilla Casas (todos acabaron participando en la revolución sandinista), que de lo que él defendía como tal…

Creo que la prueba del algodón de ese asunto radica en, primero, donde está la mayoría, segundo, sí en sus posibles errores esa mayoría ha cambiado de barricada, tercero, sí permite la libertad de tendencia y fracción en su interior…Para ello, se requiere un criterio primordial, distinguir entre la crítica a lo que se consideran errores, y la calificación de traición. Después de haber escrito libros como El trotskismo (Península, Barcelona, 197), Trotsky, le trotskysme et la IV Internationale (que sais-je?, PUF, París, 1980), el principal divulgador de esta corriente (que según informaciones que no he verificado, se habría distanciado de “Le Père Lambert”), Jean-Jacques Marie ha publicado El trotskismo y los trotskistas (2005), obra que he leído con atención en la preparación del epílogo que escribí para el libro de Bensaïd, epílogo que, por cierto ha molestado a las demás corrientes políticas. Lo siento, pero hago mis críticas tal como las creo justa, y pueden ser erróneos parcial o totalmente, pero en ningún momento se cuestiona el “honor” y la “integridad” de las formaciones criticadas…

Por cierto, he repasado varias veces el libro de libro de J-J. Marie, y no he encontrado ninguna referencia al mayo del 68, ni a las prohibiciones, por cierto la LC surgió a finales del 68, la prohibida fue la JCR. El lector que desconfíe de mi información puede consultar cualquier libro sobre tal evento. El autor de esta nota me trata de “majadero”, en tanto que Luís González no parece haberse preocupado en repasar lo que he escrito. Como ya ha ocurrido en otros casos –con los estalinistas-, pareces que dejas de ser lo que haces cuando les molestas.

· Hablando de imprecisiones, Marie habla de la Alianza Obrera “sostenida” por la Izquierda Comunista, obviando que fue, ante todo, obra de Maurín y del Bloc a los que tacha de “bujarinista”; eso sí con el apoyo incondicional de la ICE…Dice que el POUM llamó a los obreros a desertar de las barricadas en mayo del 37, eso lo hicieron los líderes de la CNT, el POUM solamente lo hizo a continuación por motivos obvio, se quedó solo. Limita la trayectoria de Pablo a lo que dice el camarada Luís en su amable artículo, aunque 35 años más tarde deja hablar, resumiendo, pero aún y así. En realidad, en estos momento poco me importa hasta qué punto tenía o no razón. Me importa el hecho de que en la polémica se codifica un concepto, el pablismo, para anteponerlo al trotskismo…No hay error, hay traición. Un cambio de barricadas, se le culpa de seguidismo o entreguismo al estalinismo, cuando en el curso de la revolución argelina Pablo se la juega para crear una fábrica de armas para ayudar a los insurrectos, ¡y vive en Francia¡. No era eso lo que hacía el PCF, pero, ¿Qué más da?.

· Tal como se plantea parece que Pablo es un equivalente de Eduard Bernstein, lo cual no cuadra ya que siempre siguió reclamándose de lo mismo defendiendo criterios con los cuales se podía polemizar, pero…¿cruzó el Rubicón?. Recordemos que los fundadores de la II Internacional no rompieron con la II hasta la “prueba” de los créditos de guerra, no parece que Pablo votara nada parecido. Y la ruptura de los creadores de la IV con la Tercera llega después del desastre alemán, no antes. Tampoco hay huella. Pero, el lector ajeno a la cuestión preguntará, ¿donde radicaba el revisionismo?. En considerar que el bloqueo de la “guerra fría” interfería de manera decisiva en la capacidad autónoma de la clase obrera…Pero, ¿dijo solo eso?, ¿lo dijo siempre?, ¿se negaba a debatir?. Sin embargo, la capacidad negativa del pablismo fue tal que hasta se engloba todo lo que viene después. Así, Ernest Mandel, al que muchos expertos consideran que sus estudios sobre el capitalismo tardío es el mayor esfuerzo conocido por desarrollar la teoría marxista a la realidad del siglo XX, queda empequeñecido como un mero émulo de Pablo.

· Esta no fue la única revisión, hay otra que resulta complementaria. Es la vigencia del Programa de Transición de 1938, y sobre todo su apartado que dice que las fuerzas productivas habían dejado de crecer. Sería la primera vez en la historia que un programa mantuviera su total vigencia fuera del tiempo y del espacio. El marxismo tuvo que adecuar su línea programática en todas las épocas, no hay más que ver todos los esfuerzos que se hicieron durante y después de la Iª Guerra Mundial. Stalin dejó libre a Trotsky porque lo creía un caballo muerto, pero éste “creció” teóricamente con sus nuevas aportaciones, esta evolución fue tan intensa que los trotskistas de los años treinta se quedaron rezagados. En el drama de Andreu Nin subsiste un atraso en la comprensión de lo que se estaba convirtiendo el estalinismo…Sí se lee con detalle, el propio Trotsky duda, cambia, polemiza. No hay precedente de una condena por una controversia en el terreno de la apreciación de la evolución económica. Y sin embargo…Marie señala el revisionismo evidente en la apreciación de Pierre Frank según la cual el programa de 1938 requería (1970; 107), convendría reajustarlo, amén de complementarlo en relación a fenómenos nuevos. Alguien en el “blog” asegura que no tengo ni idea lo que son las fuerzas productivas, es posible, pero si miro mi nivel de vida y de “bienestar” comparado con el de mis padres y abuelos, no puedo entender más que una cosa. Que se han desarrollado, y ¡de qué manera¡.

· Esto no es ningún secreto, en ausencia de una alternativa, el capitalismo tiene márgenes para nuevos desarrollos, y los tuvo después de la II Guerra Mundial. Esto es algo totalmente aceptado…menos por los antipablistas, o sea los verdaderos trotskistas. Con todo, al final de tantas traiciones, en su último libro, Marie se muestra muchísimo más ponderado, defiende el trotskismo en su conjunto, reconstruye con la misma imparcialidad que yo sus valoraciones, pero al final hay algo que queda ahí: el pablismo no ha cruzado ningún Rubicón…Y el problema comienza cuando se trata de afirmar que ha sido así porque de otra manera, la historia preguntaría; ¿y después de todas estas guerras?, ¿qué ha quedado?. De momento muchas secciones destrozadas, anuladas por las guerras contra el revisionismo, o neutralizada en buena medida por un mar de siglas como en Argentina.

· No creo que valga la pena discutir quien hizo y quien no, cosas que por otra parte yo al menos he tratado y trato de explicar. Se trata de evidenciar dos posiciones, la que aquí representa un servidor que puede estar equivocada, incluso muy equivocada, pero resulta respetuosa, insisto, en ningún momento se habla de traidores y cosas por el estilo, y aunque sea al título de ejemplo, de todo un mundo y de toda una manera de argumentar, me permito hacer una breve –aunque sea repitiéndome- composición de los obsequios en este debate:

-no celebramos la revolución de Octubre;

-apoyamos al gobierno de Lula y de Prodi;

-EA se caracteriza por dar apoyo a Llamazares;

-los Foros Sociales están financiados por Intermon-Oxfam y la Fundación Ford;

-Olivier Besancenot es una criatura de los medias;

-la Cuarta Internacional defiende “la colaboración de clases”, y actúa “como auxiliares de la política del imperialismo”.

-“Desde Pablo solo hay un tufillo filoestalinista en todas y cada una de las actuaciones del llamado SU parasitando en cada país de los residuos del estalinismo hasta parasitar del estado ya actuar de defensores de este como en Brasil y en Italia”

En cuanto al POSI, aparte del cachondeo de Antonio Burgos, o el de Mike Ibáñez que dice conocer al bueno de Salva Montserrat, cierto, librero de pata negra, no sabía lo de donjuán empedernido y habitual de sus listas, que es uno de los partidos extraparlamentarios que más voto tiene. Desde luego, no es lo que a mí me dice o me cuenta, entre otras cosas porque más que afiliado es un amiguete, y sí es tal tantas veces, es que no debe haber muchos. En cuanto a la base electoral, esto me recuerda los buenos tiempos del PST, tan henchidos con su electorado. Si hubieran conocido a parte de mi familia sabría que la mayoría de ellos los habría votado sin pestañear convencidos de que votan al PSOE, pero aún y así, y lo siento.

En todos los años que vengo dando tumbo en tropecientas movidas, estas es la primera vez que me he tropezado con el Posi, y lamento que no hay sido un poco más agradable. Hace días el único que conozco, un muchacho de Cornellá que pasó por Revolta, me contó que habían estado debatiendo sobre la insurrección armada. El día en la que hagan, no serán los pablistas los que se la estropeemos.&nbsp

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