Publicado en: 6 octubre, 2015

Henning Mankell, agur!

Por Iñaki Urdanibia

Ayer falleció el novelista sueco-africano, hombre comprometido y uno de los más grandes escritores del género policíaco

Por Iñaki Urdanibia

No cabe duda de que la salud preocupaba al escritor sueco que falleció ayer, día 5 de octubre, a la edad de 67 años, y lo digo ya que el último libro que ha visto la luz al menos por acá, «Arenas movedizas» ( Tusquets Editores) trataba precisamente de la manera en que él se había enfrentado al cáncer, que precisamente ha acabado ahora con su vida.

Fue en su niñez oyó por primera vez la palabra cáncer al convivir en un hospital con un señor que padecía cáncer terminal, palabra y enfermedad con la que luego se familiarizó y que a los 57 años de haberla oído por primera vez ha acabado con su existencia. En tal libro explica cómo a resultas de un accidente de automóvil comenzó a sentir ciertas molestias que él achacaba al golpe, pero que tras análisis varios resultó ser un tumor cancerígeno maligno. La noticia le llevó a los bordes del hundimiento, mas tras darle vueltas y revueltas a la cosa optó por enfrentarse a la enfermedad y a la muerte con dignidad y entereza .Tal situación le condujo a revisar su vida, sus luces y sombras, lo que posteriormente respondiendo a la invitación de su editor puso por escrito.

El resabio que dejan sus reflexiones son una continuación del modo de ver la vida, comprometido, que siempre ha lucido el sueco; su preocupación mayor el malestar que le producía la herencia vacía, por no decir llena de mierda, que íbamos a dejar a nuestros sucesores: en vez de las mil y una maravillas de la cultura, de « momentos estelares de la humanidad» hablaba Stefan Zweig, la estela que iba a quedar era el silencio cuando no el horror y la vergüenza.

Arenas movedizas, inseguras, rebosantes de barro e inseguridad en que se convirtió su último año de vida- la enfermedad se le diagnóstico en 2014- que puede tomarse como metáfora de cómo atisbaba él el horizonte .

Quien se convirtiese en uno de los más destacados escritores de novela policíaca contemporánea, creador del inspector Kurt Wallander, ese depresivo de tomo y lomo ante el caótico espectáculo del mundo, era un bulímico escritor cuyas obras-más de una cuarentena publicadas- dejaban ver sus preocupaciones políticas y sociales, centrando la mirada en su país, por extensión en Europa y más adelante, tras una estancia en África , también pasó este continente a ser escenario de sus historias; resultando imágenes que entroncan con el pasado y con la penetración de otras culturas y sus poseedores por aquellas tierras del Este africano…últimamente de manera acaparadora, los chinos. Si todo lo que digo puede ser constatado en su serie de Wallander, y en general en todo su quehacer, no se han de olvidar sus libros para niños y jóvenes en los que el nivel puede ser, como es obvio, más asequible, más en los que la inocencia se ausenta, al ser presentados casos e historias que se entrelazan en contextos de penuria y dificultad: así en su « Trilogía del fuego», editada por Siruela, nos las habemos con una niña mozambiqueña de doce años, Sofía, y al que el escritor conoció, tras haber salido con vida de la explosión de una mina antipersona, y de la que nos cuenta su historia: «El secreto del fuego»,« Juego con fuego» y « La ira del fuego » nos presentan a la chiquilla que se siente perseguida por diferentes sombras, las restantes de la guerra, la enfermedad, el engaño y la miseria que cercan a la joven en un país azotado y arruinado por las huellas de la guerra, y la consiguiente pobreza…mas Sofía da muestras de dignidad y entereza alzándose contra la injusticia

La contención con la que caracterizaba su prosa a la hora de narrar hacía que el lector se sintiese atrapado en los diferentes pasos que se iban sucediendo en el esclarecimiento de los casos; entrelazados siempre varios estamentos que rodean a este tipo de casos: policía, periodistas, médicos, jueces y que se movilizan en la escena del crimen, el narrador va tejiendo una red de pistas despistantes que hacen que la atención lectora no se pierda sino que al contrario se incrementase con el paso de las hojas. La prosa del sueco surte el efecto de una pegajosa tela de araña que se te agarra y de la que cuesta desprenderse.

La lectura del ahora desaparecido es recomendable a todas luces, por sus sutiles y explícitas referencias a las sombras que se acumulan en el tejido social, y por la ubicación de sus historias en el corazón de la sociedad, allá en donde las cosas no caen del cielo sino que responden a unas relaciones de diferencias sociales, de enfrentamientos sordos y solapados, que a veces afloran en la superficie dejando ver la realidad que los zaranguteos ideológicos tratan de ocultar…en este el leibniziano mejor de los mundos posibles, y Henning Mankell hurgando en la herida y situándose como el Cándido volteriano frente a los satisfechos Pangloss de turno. Se ha apagado la vida de este ser comprometido con la literatura, no como mero adorno o pasatiempo, cuya vida balanceaba entre Estocolmo y Mozambique, siempre apoyando la causa de los oprimidos, lo mismo en Gaza que en su propio país.

Henning Mankell adjö och att marken vara mild ( pues eso: adiós y que la tierra te sea leve).

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