Heike Freire: “El Gobierno está negando a los niños y niñas lo que recomienda la OMS: una hora diaria al aire libre”

Socióloga y pedagoga, Heike Freire señala la necesidad de que el Gobierno permita a las niñas y niños salir de casa una hora al día para su bienestar físico y emocional, una medida que ya han implementado en otros países, entre ellos Italia, y que recomienda la OMS.

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El confinamiento ha empujado hacia afuera a la socióloga y pedagoga Heike Freire. “Cada día hablo con bastante gente, periodistas, organizaciones, recientemente con el presidente del consejo escolar de Aragón…”. No en vano se ha convertido en una de las principales voces en el Estado español que piden al Gobierno que respete las necesidades básicas de los niños y niñas, y les dejen salir al aire libre en estos tiempos de reclusión. Hablamos dos días antes de que, en Italia, el lugar de Europa con más casos positivos detectados, su gobierno haya aceptado que los más pequeños salgan a la calle una vez al día por su salud. ¿Por qué aquí no?

No es fácil estar casi tres semanas entre cuatro paredes. ¿Cómo de fácil puede serlo para los niños y niñas?
Depende de muchos factores. De donde vivas, en que entorno, de que salidas al exterior tengas… No es lo mismo un niño que vive en un chalet de La Moraleja de 600 metros cuadrados y 5.000 de parcela que una niña que viva en Barakaldo, en un piso que no tiene ni balcón, o que ni le entra la luz del sol a casa.

Tampoco es lo mismo vivir con una familia que está teletrabajando y que sus padres y madres tengan que asumir la crianza y hacerse cargo de los deberes, que vivir en una familia que ha perdido su trabajo. O si tiene hermanos o no, ya que eso es un factor de mayor resiliencia.

A mí lo que más me preocupa, te lo digo sinceramente, ahora mismo es la salud. La posibilidad de que muchos niños sufran inmunodepresión, de que sus sistemas inmunes bajen. Esto tiene que ver, por ejemplo, con la vitamina D. Pueden ayudar algo los suplementos y la alimentación, pero nunca sustituirán la importancia del sol en el metabolismo del calcio y del fosforo.

En determinadas etapas, los niños pegan estirones muy grandes y necesitan muchos nutrientes y vitaminas. Obviamente no tener sol les perjudica.

También influirá el ambiente que haya en casa.
Yo trabajo sobre los recuerdos infantiles de las personas adultas. Muchas personas han vivido en familias con dificultades, han tenido muchas discusiones en casa o han estado en medio en un proceso de divorcio, etc. Algunas de esas personas cuentan que, en esos momentos difíciles, salían a un descampado, a un lugar abierto, natural, y en ese lugar encontraban la tranquilidad y la paz que no tenían en casa. Entonces, el estar en un espacio exterior, además de ayudar en el aspecto físico, también lo hace en el lado psicológico-emocional. Es evidente que muchos niños hoy están viviendo situaciones estresantes en casa, sobre todo porque las viven sus padres, su entorno directo, y ahora no tienen esa vía de escape fuera de casa.

Un ejemplo: ayer me mando una persona un comentario, porque está muy angustiada de que sus hijos se puedan contagiar. Incluso salir a el supermercado para ella es algo peligroso. Al final, sus hijos le han dicho que no quieren salir a la calle hasta que se vaya el ‘cocovirus’ ese.

El miedo también se contagia.
Este es uno de los mayores problemas. Algunas de los padres que inicialmente querían que los niños pudieran salir se han echado atrás por el miedo. Los medios de comunicación han extendido muy efectivamente el miedo.

Pero la petición no es algo desorbitado…
A los niños se les está negando lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud: media hora diaria de ejercicio al aire libre para los adultos y para los niños una hora diaria como mínimo. Todos los y las expertas y todos los gobiernos legislan sobre los niños y niñas, y lo primero que protegen es su salud y bienestar. Mira Alemania, Francia, Bélgica, Austria, Suiza, Inglaterra… Pero aquí de lo único de lo que nos hemos preocupado desde el principio es de las tareas escolares y de que no pierdan el curso.

Esto es sintomático de este país. Pensamos que la educación es puro conocimiento y obviamos todas las facetas vinculadas con el desarrollo humano. Es decir, además de tener en cuenta sus conocimientos, preocuparse por su bienestar, de su salud, del movimiento, de la luz, del juego…

En los textos alemanes se habla del juego y dicen “los niños necesitan jugar, quieren jugar y deben jugar”. ¿Como es que aquí no? Llevo casi tres semanas dándole vueltas y no acabo de entender que nos pasa.

No faltan bulos sobre este tema.
Muchos. Por ejemplo, la idea de que los niños son vectores de contagio, que son más propensos a ser afectados por el coronavirus. Esto lo hemos encontrado en algunos medios de comunicación americanos e ingleses, pero seguimos sin encontrar estudios que sostengan esa idea. Por ahora lo que hay son algunos estudios que parecen demostrar justo lo contrario, que el coronavirus no afecta a los niños de ninguna manera.

La infancia como algo incontrolable.
“Es que claro, a los perros se les lleva con una correa a la calle”. Ósea, que los padres y madres somos unos irresponsables y tenemos unos niños salvajes, bárbaros y descontrolados. Hay madres que me han dicho “pues mira, ¿dónde tengo que firmar para que pueda ponerle un arnés al niño y salir con él a la calle?”.

¿Por qué se están muriendo los abuelos y abuelas? No se mueren porque los contagien sus nietos. Se mueren porque tenemos un 230% menos de UCI que en Alemania y porque se está aplicando medicina de guerra al no haber suficientes respiradores. El miedo es algo que impide pensar y reflexionar, y ahí aparecen estas falsas ideas que te atenazan.

A falta de aire libre, siempre nos quedara la PlayStation y la televisión.
Ese es otro gran problema. Ayer hablando con una madre me comentaba que muchos padres por desconocimiento tienen a los hijos haciendo las tareas escolares unas horas y después, como premio, les dejan jugar a videojuegos y ver más tele. Con lo cual, están muchas horas enchufados a una pantalla. No hace falta recordar el carácter adictivo de las pantallas, y mucho más si además las ofrecemos como premio.

El ser humano no está pensado para estar encerrado. Es una situación que no es beneficiosa. No sé si has visto un vídeo que se hizo viral de una niña de dos años de Cádiz que le decía a su papa “a la calle, ¡a la calle!” y su padre le respondía: “¡No! Que no se puede”. Y entonces se hizo viral el hashtag #todosSomosBea. Y yo les digo: no, no todos somos Bea. Digámoslo claro, para un buen desarrollo los niños y niñas necesitan estar al aire libre, es una necesidad vital, perentoria, urgente.

No es de recibo que en un real decreto que declara el estado de alarma se mencione a los perros hasta tres veces y ni una vez a los niños

Los niños no aparecen ni nombrados en el decreto para el estado de alarma.
No es de recibo que en un real decreto que declara el estado de alarma se mencione a los perros hasta tres veces y ni una vez a los niños. Sé que en comunidades como en Madrid hay muchos más perros que niños, sé que a lo mejor da más votos, pero los perros no son el futuro de la sociedad. Esto, por supuesto, no quiere decir que no haya que legislar sobre los perros. Claro que está bien que estén incluidos.

Esto un reflejo de la sociedad en la que vivimos. Por eso está situación es una oportunidad que va más allá del hecho concreto de que los niños puedan salir de casa, que, por supuesto, es fundamental, pero también es una gran oportunidad para que se reconozcan como sujetos, como personas, en un texto de ley.

Foto: Diari Educacio

Pero no se está legislando de esa manera, precisamente…
Claro. Primero imponen prohibiciones para todos y luego, después, piensan las excepciones. En vez de regular qué sería lo propio. No. Lo primero es la prohibición general. Y luego, con el paso del tiempo, han hecho dos excepciones, hasta ahora.

La primera ha sido porque las familias monoparentales protestaron porque para ir al supermercado, ¿qué iban a hacer?, ¿dejar a los niños solos en casa o atados en la puerta del súper con una correa? Ante ello, el gobierno añadió esta excepción. A mí me han llegado a decir altos cargos de Infancia que esta excepción iba a ser un balón de oxígeno para las familias. ¡Pues vaya oxigeno!

De las cuatro paredes de casa a las cuatro del supermercado.
Exactamente. Un supermercado nunca va a ser un buen entorno para un niño, y en esta situación especial menos todavía. Esto lo dicen los textos alemanes, franceses… Es pura lógica.

La segunda excepción ha venido gracias a la presión de la Asociación Española de Autismo. Consiguieron que se permita salir a la gente con autismo o similares. Pero, fíjate, entonces empiezan a salir a la calle y los “chivatos de balcón” les recriminan, presionan y hasta insultan.

Y ahí aparece el lazo azul para identificarlos.
A mí me gusta como lo ha definido César Rendueles en El Pais: “Les ponen el lacito azul como si el problema fuera la puntería de los chivatos”. ¿Estamos convirtiendo esto en un campo de concentración? ¿De verdad? No nos damos cuenta de que prohibir para todos igual y luego añadir excepciones no es el camino. Se debería buscar el bienestar de todo el mundo. Hay que legislar para todas las infancias. Es también un asunto cultural porque seguimos sin reconocer al niño como sujeto. No es una propiedad privada de sus padres, es un ser con sus propios derechos. Legislar también es educar al pueblo.

Si legislas y educas desde la prohibición, podría entenderse casi como una consecuencia “normal” increpar desde el balcón a quien supuestamente incumpla esas prohibiciones.
Estoy de acuerdo. Hay varios estudios de psicología social sobre este tema de la relación con la autoridad. No es que la gente sea “así”. No. Depende de sus condiciones sociales. Yo estoy convencida de que las prohibiciones llevan a este tipo de conductas. Hay que educar al pueblo.

Mucha gente dice que “aquí no se puede regular porque la gente es muy irresponsable, que todo es jauja…”. ¿Somos más irresponsables que los franceses, que los belgas, los austriacos, los suizos…? Tenemos una imagen de nosotros mismos bastante negativa

También existe la idea de la irresponsabilidad. Mucha gente dice que “aquí no se puede regular porque la gente es muy irresponsable, que todo es jauja…”. ¿Somos más irresponsables que los franceses, que los belgas, los austriacos, los suizos…? Tenemos una imagen de nosotros mismos bastante negativa. Pero, ¿cómo se aprende la responsabilidad?

Practicándola.
Claro. ¿Cómo quieres que un niño aprenda a ser responsable? ¿Diciéndole “no hagas nada que lo hago yo todo por ti, tú quédate tranquilo ahí”? No. Se es responsable tomando responsabilidades progresivamente.

Mas allá del Gobierno español. ¿Se podría regular a nivel más local?
La ley del estado de alarma es del Gobierno central y hace falta que el Gobierno ofrezca un marco lo suficientemente amplio y claro para que luego, a nivel autonómico o local, se ofrezcan los apoyos necesarios, sobre todo pensando en las familias más desfavorecidas.

Nosotros hemos hablado con muchos ayuntamientos, y muchos están dispuestos a colaborar. Porque hay situaciones muy duras. Hay barrios donde las estanterías de alcohol de los supermercados están vacías. Al final, para no soportar esa angustia, te tiras al alcohol o a otra droga para intentar evadirte. Y con niños de por medio, ¿qué están viviendo en esas situaciones?

Hacen falta muchos apoyos. Los padres y madres que están enchufando a los niños a las pantallas todo el día lo hacen porque no tienen recursos para estar con ellos, para acompañarlos de otra manera. A lo mejor también habría que apoyarles.

¿Hay que socializar la crianza?
Tiene que ver con el fenómeno de la privatización de la infancia. Hace 40 o 50 años los niños vivían mucho más en la calle, en el espacio público y había todavía esa noción de que son de todos. Ese dicho que dice que para criar a un niño se necesita una tribu es totalmente cierto. El neoliberalismo lo está privatizando todo, y también a los hijos. Ahora, tras el cierre de las escuelas, los hijos ya son totalmente privados. El mensaje es: “Ahí te las entiendas con los tuyos”.

Incluir a los niños en el real decreto es volver a traerlos a lo común. Porque son de todos y todas, no son de los padres.

Entonces, en esta coyuntura ¿cuál sería una petición justa y realizable aquí y ahora?
Seguir el ejemplo de muchos países, por ejemplo. Pero lo primero sería reconocer en una ley a los niños como sujetos de derecho. Y lo segundo que se reconozcan sus necesidades. Por ejemplo, como en Francia, simplemente siguiendo lo que dice la OMS y permitiendo salir una hora al día a no más lejos de un kilómetro de casa y respetando las distancias de seguridad, y organizándose para que no salgan todos a la vez.

Entrevista original publicada en Argia.

Fuente: El Salto

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