Hay razones del corazón…

Cualquiera que se acerque a la prosa de Sara Mesa ( Madrid, 1974) coincidirá conmigo en que su lectura origina inquietud, no se trata su escritura de dulzones caramelitos de fresa; ella se mantiene firme a las tonalidades desasosegantes que anteriormente ya había dejado ver ( La inquietante ternura de Sara Mesa – Kaos en la red).

En la presente ocasión, « Un amor», editada por Anagrama, que aparecerá en las librerías dentro de unos días, la historia que recorre las páginas provoca al menos en quien esto escribe una par de asociaciones: por una parte, aquello que cantase Georges Brassens, inspirado en Louis Aragon, de que no hay amor dichoso, que ha de completarse con la frase completa de Blaise Pascal, que incompleta, luce como título de este artículo: hay razones del corazón que la razón no alcanza. Cuestión que tiene como escenario un pueblito que responde al nombre de La Escapa, al que acude una joven con el fin de romper con su modo de vida anterior, habiéndose quedado sin trabajo por una inoportuna minucia, y pretendiendo dotar de un giro a su existencia, busca en la pequeña población la tranquilidad necesaria para entregarse a la traducción de textos literarios, aunque las cosas no van todo lo bien que a ella le apetecía y había imaginado…Así es el campo que le dirá una y otra vez el casero que le tiene alquilada la casa, un tanto destartalada. El casero es un ser que se desentiende de los problemas de la vivienda que tiene alquilada y que tiene en malas condiciones: goteras, problemas con el agua, etc. ; para colmo de desmanes hizo un regalo envenenado a Nat, un perro arisco e indomable donde los hubiese, al que bautizará como Sieso ( explicará la razón del nombre en la página 123, con las diferencias entre el diccionario y el uso coloquial incluidas: esquivo, huraño, impenetrable, arisco, desabrido..; significados que la gente del pueblo desconocen) y al que llevará al veterinario y tratara de domar, atándoles con correa…cosas que son vistas por los paisanos como marcianadas. Por más que Píter el hippie, lo dice que se muestre exigente con el casero, pues las averías eran responsabilidad suya y que debería solucionarlas en vez de dedicarse únicamente a cobrar. Píter se erige en guía y en consejero acerca de las personas y comportamientos de la gente del pueblo, amabilidad que a veces exaspera a Nat, lo que no quita para que todo parezca que su afán por ayudar vaya a hacer surgir una relación más estrecha e íntima entre ambos, mas las cosas no suceden como parece que vayan a suceder ; Nat siempre deja la decisión de reclamar para más tarde, se queda cortada delante del desagradable casero que entra en la casa sin llamar a la puerta y se planta allá, dedicándose a hacer comentarios improcedentes y de una misoginia asquerosa; la inseguridad de la joven la hace no mostrarse todo lo tajante que debería . Con la chica de la tienda y con otros miembros de la comunidad se lleva sin más y sin menos, hasta con cierta simpatía, es el caso de los del Chaletito. No falta tampoco a algunas asambleas vecinales en la que se tratan los temas de la iluminación, del alcantarillado, contenedores y demás. De todas formas ante las goteras que en cuanto llueve amenazan el interior de la vivienda, Nat vive en un continuo sin vivir por el miedo a la inundación, esto le va a llevar que un día comentando el problema con Andreas el alemán, éste se comprometa a solucionarle el problema siempre que ella se deje penetrar un poquito…la propuesta resulta francamente flipante y al principio ella se mosquea, lo que no quita que apremiada por la necesidad del tejado vaya a casa del alemán y ceda a su propuesta de sexo suave; el acto se consuma de una manera un tanto ritual, deslucido, distante y rápido ( limpio y rápido). Este contacto se compagina con una falta de afectividad pasmosa por parte del caballero ( es un decir) ; como pactado, el trabajo de su casa es iniciado por el alemán, que continua sin mostrar mayores cariños. Esto no quita para que ella comience a vigilar los movimientos del hombre, sintiendo celos de que tal vez se los esté haciendo con otras, y en cierto sentido se postre a sus pies, repitiendo el acto sexual, tras lo que cada cual a su casa; y santas pascuas. Entre tanto , ella comienza a ayudar a una pareja de ancianos, Joaquín y Roberta, ella, antigua maestra, está afectada de síntomas claros de demencia…El perro, Sieso, va a ser motivo de disgusto lo que va a hacer que la gente del pueblo se posicione en contra de ella, y hasta que se aclaren las cosas y baje la tensión, los ancianos a los que ayuda le dicen que no quieren que siga yendo a su casa. Así es el campo…
En medio de unos momentos de tensión y hostilidad, convertida como extraña en cabeza de turco por la fechoría perruna ( con perdón para los canes a los que ciertos dueños, es el caso del casero, someten a tratos infames), la inseguridad de la joven con respecto a sí misma , a su futuro en el pueblo, a lo que se une la sequía en su labor como traductora, el abandono del alemán, hace que se hunda en su propio sentimiento de fracaso, vigilada por el monte de la localidad El Glauco y que sus cavilaciones le atormentan, en la misma medida en que el malestar vaya creciendo en el lector, tanto por la incomunicación existente y palpable, como por la flojera de Nat, y que surja una especie de confrontación acerca de cómo reaccionaría uno mismo en parejas situaciones; no cabe duda de que la narración conduce a una inevitable implicación lectora, ante los gestos, silencios, malentendidos y sobrentendidos que planean a lo largo de la novela y que hace que el ambiente se vaya cargando del mismo modo que se cargue la mente de quien sigue la historia, las historias.
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