¿Hay alguna solución para la crisis venezolana?

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En medio de la terrible situación que estamos viviendo millones de venezolanos, empobrecidos y desesperanzados cada día más, muchos se preguntan cómo puede cambiar el complicado panorama socioeconómico que caracteriza a una nación rica y pobre a la vez. Y hay quienes se atreven a plantear soluciones inocuas, absurdas, irracionales e incluso estúpidas, como aquellas que proponen invasiones de fuerzas armadas extranjeras o asesinatos masivos de chavistas-maduristas comunes (que no tienen nada que ver con la dirigencia gubernamental) a manos de mercenarios venezolanos y foráneos.

Realmente lo que estamos padeciendo en Venezuela requiere soluciones urgentes y drásticas, pero primero que nada se debe entender que las causas de la crisis de este país suramericano son tanto externas como internas, y en segundo lugar que el oscuro panorama  no responde solamente a la corrupción, a la ineficiencia, a los desaguisados y a la satisfacción de intereses individuales y grupales por parte de la mayoría política que gobierna a Venezuela (chavista-madurista). Se trata de una situación bien compleja que a grandes rasgos es consecuencia del funcionamiento perverso del nefasto capitalismo, caracterizado, entre otras cosas, por: la permanente dependencia de la élite económica mundial; el continuo sometimiento de la economía interna a la banca internacional gracias a la deuda externa;  la codicia de las transnacionales y de las grandes empresas venezolanas; las groseras garantías estatales para los inversores privados, que en poco o nada repercute positivamente en la economía microsocial; la lucha o “competencia” entre poderosos grupos económicos globales y locales; el accionar astuto, engañoso y estafador del alto sector financiero dentro y fuera de Venezuela; y la cada vez menor disposición de recursos monetarios para la inversión social, fenómeno agravado por la apropiación indebida de buena parte de dichos recursos por parte de la élite, en la que se incluye obviamente la dirigencia chavista-madurista y la “opositora” (MUD).

En pocas palabras lo que sucede en Venezuela, y que afecta duramente el bolsillo y el ánimo de millones de ciudadanos en este país rico y pobre a la vez, es consecuencia de factores externos e internos y no se resuelve simplemente con unas elecciones, con un  Golpe de Estado, con el magnicidio, y mucho menos con la agresión de ejércitos o de mercenarios extranjeros, que históricamente han actuado no para liberar a los pueblos oprimidos por tiranos, sino para proteger los intereses de las potencias, como en el caso de Estados Unidos. En Venezuela confluyen los intereses tanto del alto capital foráneo, como los del empresariado interno y los de la elite política chavista-.madurista-opositora, siendo estos los enemigos plenamente identificados de la mayoría empobrecida y sometida a la terrible desesperanza de no saber qué pasará día tras día.

En el contexto previamente reseñado no queda de otra para los millones de venezolanos que vivimos una permanente agonía, que luchar de manera frontal contra esos enemigos, y no andar pensando en soluciones mágicas o improcedentes, como la intervención del ejército venezolano para derrocar al “señor” Maduro, sabiendo en  este caso que históricamente las fuerzas armadas han sido defensoras del Estado burgués y represoras brutales de las masas, y que hoy en día los altos mandos policiales y militares son niños mimados del Gobierno “socialista”, con salarios elevados y otros beneficios laborales, y con una importante influencia en la política interna y externa de Venezuela.

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