Hans Mayer / Jean Améry , “el filósofo suicida”

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Por Iñaki Urdanibia


«El suicidio es algo más que una acto puro de auto-supresión. Es un largo proceso de inclinación, de acercamiento a la tierra, es la suma de todas las incontables humillaciones»

 

«Soy yo quien alza la mano sobre sí mismo, que estoy a punto de morir tras haber ingerido barbitúricos»

 

Estaba cantado, solamente había que ponerle fecha; en diferentes libros, artículos o cartas había mostrado una y otra vez su honda y permanente preocupación por el suicidio. Esta obsesión le valió la calificación de Primo Levi como el filósofo suicida, y él mismo contaba a un amigo como un estudiante le había preguntado « ¿ por qué ha escrito usted un libro sobre el suicidio y no se ha suicidado? Le he respondido: Paciencia» [Se refiere al libro: «Levantar la mano sobre uno mismo. Discurso sobre la muerte voluntaria», publicado dos años antes de su muerte (hay traducción en Pre-Textos, 1999)]. El hombre propone, y la multicausalidad dispone, decía, y así, se acabó la paciencia y la confluencia de causas empujaron al escritor a abandonar la gira de conferencias que estaba impartiendo, trasladarse a un hotel de Salzburgo y tomar los barbitúricos de la muerte. La disonancia austríaca, la resolvió en el país natal del que había huido y con el que no había hecho desde entonces buenas migas (más bien, malas). Ese mismo año, 1978, había publicado su ensayo sobre Charles Bovary, que no obtuvo ni una sola recensión, como había sucedido con sus anteriores pinitos como escritor: cuatro años antes había publicado Lefeu o la demolición…su sueño de ser celebrado como escritor se desvaneció definitivamente. Este ser de izquierda que no hallaba su patria, al haberse visto obligado a huir de Viena, al no sentirse bien acogido en París, y mostrando sus dudas con respecto al estado de Israel – del que defendía el sionismo, mas le enfurecía sus tendencias extremistas que empujaban al odio-, disonancias que se traducían también en el plano político al no hallarse, ni identificarse, en el seno de la nueva izquierda, ni de la vieja tampoco. Un mal amor – que supuso un singular menage à trois-, un infarto en 1976, al que sumar el cúmulo de factores nombrados le condujeron a poner fin a su vida; lo dejó todo milimétricamente atado: excusas al hotel Österreichisfer Hot por las molestias, añadiendo un sobre con el dinero suficiente para pagar la habitación y los gastos que se produjesen por su acto, una nota para la policía en la que aclaraba que el único culpable era él y en la que se les pedía que avisasen de inmediato a su esposa, sintiendo su decadencia intelectual, física y psíquica, la vida se le hizo insoportable… en su tumba vienesa constaba su número de deportado en Auschwitz : 172 364. Precisamente es habitual buscar la causa, única, de su suicidio en su estancia en el lager y la huella de la tortura, que marcaron de por vida a este intelectual, nombre, el suyo, a sumar a los de Stefan Zweig, Walter Benjamin, Paul Celan , Peter Szondi, al que vino a sumarse más tarde, en 1987, el de quien calificase a Amery como el filósofo suicida, Primo Levi…todos ellos víctimas del que pudiera denominarse, por hablar en genérico, mal de los campos ( si bien algunos de los nombrados no los padeció mas sí los temió).

El fallecido fue autor de obras reseñables, tanto en el terreno autobiográfico, como en el narrativo, sin obviar obviamente su género más practicado y que se colaba en todo su quehacer: el ensayo. En este orden de cosas, resulta imprescindible la lectura de , quizá, su obra estrella: « Más allá de la culpa y la expiación. Tentativas de superación de una víctima de la violencia» ( Publicado en 1966. Pre-Textos, 2001); ensayo en el que se reúnen diversos textos cuyo denominador común es la situación desbrujulada de los intelectuales en los campos nacionalsocialistas, para ello repasa algunos aspectos distintos….alejado de las tonalidades de Primo Levi que entrega su testimonio a modo de diario de la nefasta experiencia personal padecida y otros testimonios como los de Imre Kérstez, Jorge Semprún, Charlotte Delbos, Tadeusz Borowski, etc.; distinto tono igualmente con el adoptado por los Robert Antelme o David Rousset, más cercanos igualmente al género ensayístico, si bien el último de los nombrados en sus dos tomos de Les jours de notre mort – que increíblemente no está traducidos de Pirineos abajo- recurre al género narrativo… Su terreno es el ensayo lo que no quita, para nada, que su subjetividad empape sus rumias. [Me voy a centrar en esta ocasión en la obra señalada de Améry, Más allá de …; quien quiera tener idea de algunas otras obras suyas, al tiempo que acercarse a sus movidos avatares existenciales puede recurrir a los enlaces y artículo que he añadido al final de este artículo ].

En un entreveramiento de sus experiencias y sus reflexiones al hilo, el pensador trataba de mantener una cierta distancia, evitando recurrir a descripciones sensibleras, y al final entregó una confesión personal y sincera acerca de la presencia de su yo en el mundo, y más en concreto en el inmundo mundo de Auschwitz. Su posición de entrada, y de salida, no solamente en esta obra sino en todo su quehacer en general es la de un humanismo ilustrado, mas alejado de cualquier forma de conformidad con los cánones que pudieran suponer tales corrientes; en ese sentido en la obra que comento, hay varios puntos esenciales que en la visión del autor dan cuenta de la ruptura que supuso la experiencia nacionalsocialista con respecto a los presupuestos consagrados como propio de Occidente, así, el espíritu, la tortura que pone fin a la confianza en el mundo, la patria que huye se ser poseída debido al exilio forzado, la dificultad de ser judío ( él que fue empujado como otros- Hannah Arendt, Primo Levi…- a ser judío por obligación forzado por la clasificación establecida por los nazis siempre planteado con un resentimiento de base contra los crímenes del nacionalsocialismo y sus cómplices, por activa o por pasiva, con el propósito de dar testimonio con el fin de que no pudiera repetirse una infame experiencia como la de Auschwitz. « La experiencia del terror provoca también la dislocación del tiempo, el hogar más abstracto del ser humano» decía W.G.Sebald refiriéndose a nuestro hombre…hogar, tiempo, muerte y vida la materia prima de la que está formada la obra que presento.

Cinco ensayos componen la obra: En los límites del espíritu, en el que plantea la desventaja que tenían los intelectuales para soportar la maldades del encierro con respecto a otros internos que estaban más acostumbrados a trabajar con las manos y menos tendentes a ocuparse de elucubraciones teóricas. Ha de añadirse que – en su opinión- el lager no era lugar para el arte, ni la literatura, que por otra parte habían sido raptados por los SS, que hablaban la misma lengua que Schiller, Goethe…lo que, por cierto, le condujo a dejar de utilizar dicha lengua para su actividad creativa.

La tortura era para él la característica esencial den nazismo, al suponer una parte sustancial de la ruptura que se había producido con respecto a los valores de antaño; quien haya padecido esta lacra habrá perdido la confianza en el mundo, al verse visto abandonado en manos de otros hombres, sin ningún tipo de ayuda. La huella de tales padecimientos y de ese estado de abandono y soledad, según su manera de pensar es de por vida. Más le mosqueaba la falta de reparación con respecto a las víctimas que se dio en Alemania más preocupada de reconstruir, materialmente, el país que en otro tipo de aspectos , como por ejemplo la brutal separación que se había establecido por parte de los alemanes con respecto a los judíos.

¿ Cuánta patria necesita un ser humano? La pérdida de la patria que él , junto a muchos individuos de su condición judía, en Austria y Alemania, conllevo un hondo dolor que se traducía, además, como queda dicho, en el el despojo de su lengua y cultura que fue secuestrada por los verdugos. Sin identidad, sin tierra – que nunca habían tenido- y de un lado para otro, lo que provocaba un alejamiento radical con los culpables de tal desaguisado y con sus descendientes.

El artículo siguiente de significativo título, Resentimiento, declara su abierto recncor con respecto a los alemanes; no solo eso sino que Améry reivindica este sentimiento como la única manera para enfrentarse al olvido, considerando que es dicha la ajustada óptica moral que han de adoptar las víctimas [ tanto este aspecto, como el estatus especial, de los intelectuales, con respecto al sufrimiento son los aspectos que con más enojo fueron criticados por Primo Levi]. Auschwitz como pasado, como presente y como futuro de los alemanes y como toque de atención sobre los caminos de Occidente.

Por último , Sobre la obligación e imposibilidad de ser judío, explora la dificultad insalvable de la asimilación, que una vez que se considera como algo logrado se tambaleaba, y de hecho se tambaleó, ante la embestida del nacionalsocialismo que obligaba a personas ateas a convertirse en judíos como forma de rebeldía ante la humillación padecida ( viene al recuerdo aquello que dijese Hannah Arendt de que me comporto como judía cuando soy atacada como tal), además para dejar claro que los estereotipos fabricados por los ideólogos nazis era pura patraña, sanguinaria eso sí.

La obra obtuvo amplio reconocimiento en el momento de su publicación, si bien posteriormente fue perdiendo presencia entre el público lector; parece ser que tras su fallecimiento se volvieron a relanzar las ediciones de esta obra, y de las demás suyas, en las que la experiencia del yo empírico que respondía al nombre de Jean Améry, se convertían en unas sagaces lecciones sobre la cesura civilizatoria que Auschwitz supuso para la sociedad germana y occidental, al comprobar cómo el alabado pensamiento , dirigido por la idea de progreso, y traducido en pura razón instrumental, fue empleado para organizar la sistemática fabricación de cadáveres, relojes tayloristas y fordistas en marcha… haciendo que aquella totalizadora aseveración hegeliana de que lo real es racional y lo racional es real quedase negada por los hechos, como señalase Jean-François Lyotard, marcando un antes y un después de aquel asesinato al por mayor , y a nivel industrial, conocido bajo el nombre de Auschwitz, como representación más significativa de la empresa nazi; y tal vez la aproximación de Améry sería admitida por Adorno como la manera de escribir ensayos después de Auschwitz sobre Auschwitz , del mismo modo que le convenció la poesía de Paul Celan, en onda con aquella afirmación suya tan citada como mal interpretada de que escribir poesía después de Auschwitz era un acto de barbarie ( « luego de lo que pasó en el campo deAuschwitz es cosa barbárica escribir un poema, y este hecho corroe incluso el conocimiento que dice por qué se ha hecho hoy imposible escribir poesía». La crítica de la cultura y la sociedad in T.W. Adorno, «Crítica cultural y sociedad». Ariel, 1969; p. 230). Ante el derrumbe de los modos de la racionalidad consagrada por el uso, y el optimismo que la consideraba como la vía idónea para avanzar hacia mejor, era el tiempo de buscar nuevos lenguajes, hallar nuevos recursos expresivos… Jean Améry avanzaba por esa senda.

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Tres artículos y tres enlaces

Jean Améry: resentir, resistir

+ Lefeu o la demolición

Pre-Textos, 2006.

+ Años de andanzas poco magistrales

Pre-Textos, 2006.

Tres célebres judíos suicidados ( sin incluir a otros como Walter Benjamin o Paul Celan ya que no es cosa de pasar lista) , marcados por la presencia bárbara de los nacionalsocialistas, y los dos últimos más concretamente por las huellas que estos bestias dejaron en sus cuerpos y sus almas, defendían – en líneas generales – un cierto humanismo ilustrado ; Stefan Zweig no resistió mucho tiempo poniendo fin a sus días en Brasil que es donde l cogió la noticia de que su país había sido anexionado por los nazis. Primo Levi se arrojó, desde el quinto piso, por el hueco de la escalera del portal de su casa turinesa, en 1987. Hans Mayer puso fin a sus atormentados días en un hotel de Salzburgo en 1978. Si el primero fue tachado de traidor por algunos por algunos de sus colegas comprometidos en la lucha resistente, los otros dos aun manteniendo serias diferencias en lo que hace a la valoración de lo sucedido en Auschwitz: Mayer llamaba a Levi el que perdona, el italiano disgustado por el calificativo se situaba en las antípodas a la hora de enjuiciar la experiencia concentracionaria y cómo afrontar la huella dejada en los supervivientes, dejando clara su postura acerca de la respuesta de los intelectuales ante tal nefasta experiencia en sus Hundidos y los salvados, y juzgando que las posturas del austríaco-belga le resultaban resentidas y desesperanzadas, conduciendo inexorablemente , a un callejón sin salida; por el contrario al criticado las posturas del italiano le parecían de una blandenguería indefendible. No cabe duda de que los posicionamientos de Améry eran nítidos y claros , tanto en su Más allá de la culpa y la expiación – escrito veinte años después de los hechos- en que se mostraba radicalmente combativo contra los asesinos y torturadores, además de incidir en lo incurable de las heridas sufridas, llagas en las que hurgó más todavía en sus gélidas y lúcidas reflexiones sobre el suicidio y la vejez. No era la alegría del huerto, no, Hans Mayer.

Nacido en 1912 en Austria, tras haber cursado estudios de letras, vio como su pais era anexionado por los alemanes, lo que le empujó a refugiarse en Bélgica en donde cambió de nombre ( aprovechando las letras de su nombre original) por el Jean Améry adecuándolo a la lengua del país de acogida, e intentando no dejar ni rastro de sus orígenes lingüísticos germanos. A partir de entonces siempre escribió en la lengua de Bélgica. Detenido por los alemanes fue llevado al campo bearnés de Gurs de donde logró escapar, regresando a Bélgica con el fin de unirse a la resistencia. En 1943, es detenido otra vez por la Gestapo que le tortura brutalmente para posteriormente ser conducido a Auschwitz. Luego, tras la liberación del lager, todo sería escritura, en las además de publicar brillantes ensayos críticos de literatura ( recuerdo un libro publicado hace una treintena de años por Taurus, y firmado como Hans Mayer, en donde detenía su afilada mirada en las mujeres, los judíos y los homosexuales en distintas obras literarias), todas las obras restantes son ensayos ( no se ha de olvidar que el inventor del género, Michel de Montagne, tomó la palabra essais del latín esse que significa ser ; otra interpretación se refiere a la expresión que-sais-je, como origen del término) en los que se cruzan la autobiografía, y en algún caso lo literario, y las hondas reflexiones sobre temas vividos en su ajetreada existencia, pretendiendo con ello dar cuenta del verdadero ser de los asuntos tratados.

Resistir

Un par de novelas dejó escritas. En la que ahora se publica, el protagonista Lefeu coincide en algunos aspectos esenciales con la vida, y manera de ser, del propio escritor: ser que ha sufrido por su condición de judío, y ha padecido también en propia carne la experiencia de los Lager. Tal personaje, que es pintor, vive en un inmueble del centro de la capital del Sena, ubicado en un barrio que va a ser demolido, ante la aparente conformidad de los inquilinos de aquellas casas, el artista se mantiene firme en su propósito de seguir viviendo en donde había habitado y en donde había pintado, manteniéndose en sus habituales formas de vida y firme en sus cánones artísticos, aun manteniendo que « no hay bienes que sean sagrados ni valores artísticos que sean eternos», tampoco está dispuesto a ser pasto de la decadencia, de la demolición y de la anulación de todo tipo de normas en aras de un negocio creciente y de una nihilización de la existencia. La metáfora es obvia, y la novela exige la atención lectora, pues es, en cierto sentido, un híbrido de géneros, eso sí perfectamente ligados.

Examen de una vida

Inquietante hasta los topes es la obra que puede considerarse como su autobiografía, con todas las puntualizaciones que se quiera por la peculiaridad del modo de escritura y de estilo, en la que repasa su existencia, en especial en lo referido a lo años que van de los treinta hasta los años finales de los sesenta; el autor no tiene piedad ni para consigo mismo, si bien el yo que ha vivido pasa a ser secundario con respecto a los tiempos, a los contemporáneos de la época y a sus ideas que toman la página. Verdadero capítulo de culpas en el que Améry repasa sus juveniles compromisos con posturas protofascistas ( sangre, tierra y raza), sueño dogmático del que fue despertado por el ascenso de la bestia parda, quien con sus garras le dejó grabado la dirección por la debía orientar su quehacer – juzgando que era por otra parte la única salida para la dañada humanidad – en pro de un humanismo ilustrado, haciendo que todo lo que supusiese obstáculo a tal añorada meta fuese siendo dejado de lado por él, y vilipendiado sin pelos en la lengua. Así ahí quedan los dardos contra el tecnicismo del neopositivismo, la aceptación y admiración del existencialismo sartreano hasta que el autor de La náusea, se uniese a los luchadores de mayo del 68 y más concretamente a una organización maoísta lo cual supuso la ruidosa ruptura de Améry con el maestro francés y también con cualquier forma de izquierdismo; qué decir de la entrada en escena del estructuralismo que con su anti-humanismo teórico ponía en solfa el sacrosanto sujeto,…sin duda le supo a cuerno quemado.

Desde luego Jean Améry no se casaba con nadie, ni consigo mismo, dicho lo cual, hay algunas referencias laudatorias con respecto al sionismo y al Estado, defensor de tal ideología, o algunos zarpazos recién nombrados que hace que en algunos momentos- al menos para el que esto escribe- la lectura resulte incómoda…si bien la comodidad no es la materia prima de la que está hecha la prosa toda de este luchador, prosa que es como una feroz y desasosgenate voz de la conciencia.

 


 

Geografías de la huida

+ Jean Améry

Lugares en el tiempo

Pre-Textos, 2011.

No era ningún espíritu nómada , ni que fuera un culo inquieto lo que hizo que la vida de Hans Mayer(1912-1978)-rebautizado por él mismo con el nombre de Jean Améry- fuese movimiento permanente, sino las circunstancias de su existencia que le llevó a correr de un lado para otro tratando de evitar caer en manos del enemigo, huyendo hasta de su propio idioma pues éste, aun siendo el de Goethe, había sido pervertido por los ideólogos del III Reich. El escritor vienés despertó a su condición de judío debido a la anexión de su país por las hordas pardas. De allá se fue a Bélgica en donde cambió de nombre y en donde fue detenido y sometido a torturas por la temible Gestapo. De Gurs se escapó y más tarde fue encerrado en Auschwitz de donde fue liberado coincidiendo con la liberación del campo; allá coincidió con Primo Levi al que llegó a calificar como el que perdona. Desde entonces toda la vida de este superviviente del naufragio fue un combate, guiado por el deber de memoria, contra los culpables del desastre vivido…hasta que levantó su mano contra él mismo en un hotel de Salzburgo.

El libro que ahora se presenta recoge las intervenciones radiofónicas que el escritor mantuvo dando cuenta de varias estaciones, de distintos escenarios de su vida: Viena, Colonia, Amberes, Gurs, Bruselas, Zurich, Londres, París, son los lugares retratados desde la óptica del testigo que rememora el lujoso modo de vida en un floreciente y exquisito balneario en donde disfrutaban los miembros de la corte del emperador del imperio austro-húngaro y lo asocia con el hundimiento de dicho imperio, o la visión de quien busca refugio atravesando clandestinamente fronteras , o del escapado del campo bearnés lo que le da ocasión para hablarnos de su periplo por tierras galas; en el caso belga nos es presentada una ciudad en tiempos de ocupación, mientras que de las tres últimas se da cuenta en los momentos posteriores a la finalización de la guerra. Viene a ser así el libro una afilada y crítica mirada que traduce una toma del pulso de los tiempos vividos. Paisajes habitados por humanos de quienes quedan, aunque la primera persona sea la dominante, reflejados los sentimientos y las duras vivencias en aquellos tiempos oscuros. Es el yo de un perseguido, de un exiliado, de un testigo, que en vez de quedarse en sus cuitas personales extiende su mirada en abanico hasta un sujeto plural que era el que pasaba hambre, frío y miserias sin cuento; lo subraya la introductora del libro: «la biografía del autor desaparece tras la realidad de los lugares y los acontecimientos de la época» y así, al desaparecer el héroe toman la escena las cosas. El escritor se convierte en el cedazo a través del que se filtran todos unos años que él malvivió en absoluta sintonía con la mala vida a la que se vieron sometidos los europeos en general, aunque algunos menos que otros ( los suizos, por ejemplo).

Un expresionista cuadro de lo observado, pintado con unas certeras pinceladas por un ser convertido en judío errante y sumido en una enorme soledad en su pertinaz lucha contra tirios y troyanos .


Viena 1933, tiempos de zozobra

Jean Améry

Los náufragos

Pre-Textos, 2014.

Hans Mayer ( Viena, 1912- Salzburgo, 1978), que transformó su nombre afrancesándolo, al moverse en el seno de las redes de la resistencia belga al nazismo, vivió una existencia francamente intensa: huyendo de las peste parda con motivo de la anexión de su país ( Anschluss), se refugia en Belgica, allá es detenido por los alemanes en 1940, se escapa del campo de Gurs y , de nuevo, entra en la fracción germanoparlante de la resistencia belga, siendo detenido y torturado otra vez por la Gestapo antes de ser trasladado a Auschwitz en 1944. Tras la guerra se instaló en Bruselas y dedicó su vida a escribir sobre su experiencia -torturas y encierro, y cavilaciones sobre el suicidio- además de dedicarse a la elaboración de obras de crítica literaria de primera importancia. Además de los ensayos , también escribió algunas obras narrativas, que reflejan en gran medida su entrega autobiográfica Años de andanzas poco magistrales , esto puede observarse en su novela Lefeu o la demolición en la que el protagonista es un judío que ha sufrido por su condición y que ha padecido las “bondades” de los lager, manteniendo luego una postura resistente ante los atropellos del llamado progreso urbanístico ; igualmente en la novela que ahora se publica vemos, es el año de 1933, a un sujeto que es judío, Eugen Althager, que no tiene trabajo y que mantiene unas relaciones con una joven, Ághata, que le paga el alquiler de la casa además de dedicarse a amarle perdidamente siempre que el aburrido intelectual estuviese de humor para corresponder a la chica, y quien, de la noche a la mañana en medio de su confusión mental observa cómo en la calle, junto a la universidad, se maltrata sin piedad a unos seres indefensos, mientras él mira sin chistar a pesar de que es consciente de que pertenece al mismo grupo religioso de los atacados; por singulares circunstancias de la vida la mujer abandona a nuestro hombre que se ve sumido en una creciente soledad y en una maraña de ideas dispares y variopintas relaciones( recuperando y luego alejándose de un amigo de juventud), confusión que va a hacer masa con los acontecimientos que se desarrollan con una velocidad de vértigo: llamadas a la huelga general y a la revolución que son respondidas a sangre y fuego por la brutal represión policial, en un escenario en el que los desmanes racistas aumentan en un fatal torbellino en el reino de la imbecilidad que va imponiendo los valores guerreros y arrinconando los grandes principios de libertad, humanidad…

El hombre se ve sumergido en aquel panorama en el que la crisis de valores, espirituales, sociales y políticos parece haberse adueñado del país, y en consecuencia de algunos seres con los que se codea. El desbrujule le puede, y la conciencia, cual incesante pepitogrillo, le corroe por los infames comportamientos que observa y le conduce a interrogarse de continuo sobre el sentido- o la falta de sentido- de la existencia y por el camino para poder sobrevivir ante tanta ignominia y poder salir de aquel intrincado laberinto. Eugen se balancea entre la duda, la culpabilidad y un cierto espíritu auto-crítico que del mismo modo que lo hacía el propio Améry, como lo relata en el libro autobiográfico antes mentado y como puede verse en la biografía del autor escrita por Irène Heildeberger-Leonard: Jean Améry, revuelta en la resignación (Universitat de Valéncia, 2010). Si alguien habló de los judíos por obligación ( ejemplar en este orden de cosas aquello que dijese Hannah Arendt de que ella respondía como judía cuando era atacada como tal; o la teorización de Jean-Paul Sartre que afirmaba que los judíos eran creación de los anti-semitas en la medida que al atacar delimitaban y fortalecían al grupo) aquí asistimos a un caso explícito…

La escritura del autor es una hibridación entre la narrativa, propia de una novela, junto a las rumias y reflexiones cercanas al ensayismo, lo que exige una atención lectora ante las hondas cavilaciones del protagonista de la historia.

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http://gara.naiz.eus/paperezkoa/20121102/370320/es/El-filosofo-Auschwitz

http://m.kaosenlared.net/kaos-tv/35312-jean-am%C3%A9ry-la-ilustraci%C3%B3n-apasionada#

https://kaosenlared.net/jean-amery-lector-critico-y-comprometido/

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