Handala, un niño palestino

La expulsión de los palestinos y la usurpación de sus tierras, fue realizada en una brutal política de tierra quemada, que no dejaba ni resto de la presencia palestina.

« Handala nació con diez años y siempre tendrá diez años. Esta es la edad que yo tenía cuando dejé mi país. Handala solo crecerá cuando retorne a Palestina»

El libro al que dedico este artículo puede considerarse como tres en uno y me explico. En « Palestina. Arte y resistencia en Nayi Al-Ali», editado por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo en su colección Azulejos, se da a conocer al personaje con el que titulo este comentario, se presenta a su creador y de paso se dan unas certeras pinceladas acerca de la situación de Palestina y de la génesis y desarrollo del conflicto.

El niño nació de la pluma de Nayi Al-Ali en 1969 en el periódico As-Siyasa de Kuwait, adoptando el nombre de una planta amarga del desierto con profundas raíces ; allá hubo de refugiarse Al-Ali, tras haber sido expulsado de Palestina a Líbano a la edad de once años. El niño, con el pelo de un erizo, que usa las púas como defensa, es un niño refugiado, pobre, vestido con petachos y descalzo, típico retrato de los niños de los campos de refugiados, y con los brazos cruzados atrás observa lo que sucede frente a él; los hechos le harán cambiar de postura lo que no quita para que el muchacho no nos mire, pero nos interpele sin remedio. A pesar de su falta de guapura -que dice su creador su presencia ha sido adoptada como símbolo de denuncia y resistencia no solamente en Palestina, sino también en otros países árabes y de fuera de ellos, ya que Handalas hay allá en donde existe la opresión, y sabido es que ésta provoca resistencia; su figura adorna las paredes de Gaza y Cisjordania, luce en llaveros , camisetas y otros objetos. Tal es la potencia simbólica del personaje que el movimiento BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) lo ha hecho suyo. La mano de Nay Al-Ali (as-Saraya, Galilea, 1936-Londres, 1987)ha dado presencia a otras figuras simbólicas que pueblan sus dibujos: Fátima como símbolo de la memoria colectiva, Zalama, un refugiado de mediana edad, además de otros personajes (Jesús, los fedayin, oligarcas locales y de fuera, soldados luciendo la cruz de David, etc. …) y otros objetos con poder simbólico, como las margaritas, figura de la lucha y de resiliencia , el trigo, como signo de la privación y el hambre a que son sometidos los palestinos, los árboles, y más en concreto los olivos, como signos de apego de la población con la tierra, a los que han de sumar los barrotes, las alambradas y los muros que dan cuenta de la bota ocupante israelí , del la leopardización a que somete a la tierra palestina, ninguneada, y convertida en una gran cárcel a cielo abierto, en la que malviven quienes han sido sometidos al apartheid del Estado de Israel.

Fue en 1948 cuando la familia de Nayi Al-Ali, junto a otras muchas familias, fueron expulsadas, sus casas destruidas, los enclaves y sus toponimias borradas de los mapas que se elaboraban al gusto del colonizador; fueron a parar a un campo de refugiados en el Líbano que fue en donde a su temprana edad, Nayi Al-Ali, comenzó a plasmar su vena artística con sus dibujos en los muros del campo. Más tarde lo haría en Kuwait en diferentes revistas que fue en donde nacieron sus personajes; expulsado del país, volvió a Líbano y más tarde acabó en su refugio londinense, en donde fue tiroteado a bocajarro, en 1987, falleciendo tras permanecer casi un mes en coma. No cabe duda de que su producción le llevó a ser considerado como el dibujante palestino más destacado , ampliando su fama y sus obras más allá de las fronteras, en especial al resto de países árabes; el éxito vino refrendado por varios premios como el Golden Pen of Freedom de la Federación Internacional de Editores, otorgado a título póstumo.

La expulsión de los palestinos y la usurpación de sus tierras, fue realizada en una brutal política de tierra quemada, que no dejaba ni resto de la presencia palestina. La ampliación del territorio desde 1948, ya antes habían ejercido su violencia los nuevos inquilinos del lugar convertidos en dominadores despiadados, y las posteriores conquistas, como la de la guerra de los Seis Días en 1967(más de 300.000 personas desplazadas), e incursiones posteriores, supusieron la expulsión de numerosos palestinos (el 85% de la población cifrada en casi un millón de personas) , la destrucción de sus viviendas (más de 400 pueblos y ciudades fueron arrasados por el ejército sionista, y el destructor trabajo de los bulldozer arrancando los olivos y otros árboles, para dar la impresión de que allá antes que ellos nada había habido. La brutal expulsión, vendida como si de una compra a los antiguos habitantes se hubiese tratado, convirtió la llave como símbolo de la vuelta y la recuperación de sus destruidas viviendas…Las repetidas decisiones de la ONU (resolución 242), reclamando la vuelta de los refugiados se han chocado, y siguen chocando, con el muro de la sordera(como una tapia). Tal negativa a aceptar las decisiones nombradas, tienen descarados apoyos tanto por parte de los USA, como la mirada para otro lado de los países europeos, y la colaboración de los poderosos árabes, gobernantes y propietarios del petróleo, cuya única patria es el parné.

No me atendré de manera rotunda a la validez de que una imagen vale más que mil palabras, ya que éstas últimas también cobran necesaria importancia (tanto las del propio dibujante que explica la trayectoria de su quehacer, como las de Antonio Altarriba y Teresa Aranguren que completan el acercamiento, y contextualización de las imágenes parlantes). Los dibujos, unos doscientos, van presentando de manera realmente explícita, hasta el grito y la lágrima, y por medio de ellos vamos viendo , compartiendo los ojos de Handala / Nayi, el trascurso en movimiento de la infamia y los cambios que ello va suponiendo en el propio Handala que no se ciñe al simple observador , en especial a partir de la guerra árabe-israelí de 1973, sino que se implica posicionándose con claridad a favor de los diferentes modos de lucha como la Intifada, como respuesta a las tropelías sufridas, y Handala se suma a quienes arrojan piedras. Las mujeres , la Palestina de Nayi Al-Ali se escribe en femenino, acogedoras de sus chiquillos y clamando ante las muertes al por mayor, y las armas alzadas, las banderas yankis unidas a las botas y los toneles de crudo y los oligarcas productores, y los gobernantes árabes, se alternan con las kufiyas o pañuelos palestinos , con el crucificado arrojando piedras contra el invasor y los abrazos que expresan la convivencia de diferentes credos religiosos , y las rejas y alambradas, sin obviar las imágenes que revelan las componendas de otros países y banderas que permanecen expectantes para repartirse el pastel y desentenderse de las debidas condenas a la política colonialista y de apartheid del Estado sionista, más allá de las palabras del supuesto organismo internacional par excellence. Y…Handala reflexionado, protestando, soñando, repartiendo margaritas, mostrando su alegría ante la bandera que brota de la tierra… y mostrando las cremalleras, a modo de bozales, que cierran las bocas de quienes osan protestar …

Y Handala, y su creador Nayi Al-Ali, héroes del mundo árabe y en especial, de los palestinos.

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Aprovechando que el río Jordán pasa por Palestina y que el tema está absolutamente relacionado con el asunto tratado en el artículo, me permito incluir

Manifiesto

El antisemitismo es racismo y el antisionismo es anticolonialismo

Las personas abajo firmantes, pertenecientes al ámbito académico, artístico y periodístico de diversos países de habla hispana, exponemos en este escrito nuestro desacuerdo con la predisposición creciente de diversos gobiernos y organismos a adoptar la definición de antisemitismo lanzada en 2016 por la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA), con las consecuencias legales que de ello se derivan. Entendemos que dicha definición tiene un sesgo que busca criminalizar la solidaridad con el pueblo palestino —como acertadamente ha explicado el manifiesto de intelectuales árabes publicado en diciembre de 2020— y contribuye además a reforzar el antisemitismo que dice querer combatir, así como otras formas de racismo y exclusión.

Si bien la IHRA afirma que «las críticas contra Israel, similares a las dirigidas contra cualquier otro país no pueden considerarse antisemitismo», en la práctica incluye entre lo que considera «ejemplos contemporáneos de antisemitismo» algunos que señalan, de forma evidente, las posturas críticas con el sionismo y el Estado de Israel. Así, considera que es antisemita «denegar a los judíos su derecho a la autodeterminación, por ejemplo, alegando que la existencia de un Estado de Israel es un empeño racista», «establecer comparaciones entre la política actual de Israel y la de los nazis» o «aplicar un doble rasero al pedir a Israel un comportamiento no esperado ni exigido a ningún otro país democrático».

De entrada, hay que cuestionar la identificación que realiza la IHRA entre Israel y el conjunto de los judíos. En primer lugar, porque la mayoría de los judíos del mundo no son israelíes, sino ciudadanos de sus respectivos países. Y en segundo lugar porque el sionismo (la ideología nacionalista que llevó a la creación del Estado de Israel como estado étnico judío) no es más que una opción política entre otras, que ha tenido entre sus mayores críticos a personas que también se reconocen como judías. Identificar a Israel con el conjunto de los judíos implica hacer corresponsables a estos últimos de las políticas israelíes, es decir, de su discriminación estructural hacia los palestinos, su constante violación de los derechos humanos y su vulneración sistemática del derecho internacional. Parece, cuando menos, una extraña manera de combatir el antisemitismo.

La idea de «derecho de autodeterminación de los judíos» es una formulación ideológica propia del movimiento sionista, y por tanto legítimamente criticable como cualquier otra opción política. Sobre todo cuando su implicación práctica no es sino el «derecho» a colonizar el territorio de Palestina, privando a su población nativa, a su vez, del derecho a existir y tener derechos en su propia tierra. El proyecto sionista, como todos los demás «derechos» coloniales, se sustenta en un relato que legitima la superioridad moral y civilizacional de los colonizadores sobre los colonizados. Lo que no puede ser calificado sino de racista, si entendemos el racismo como la naturalización de una relación de opresión y desigualdad en función de características étnicas, nacionales, religiosas y/o culturales.

No es irrazonable establecer analogías y comparaciones entre el nazismo y otras experiencias históricas de jerarquización, exclusión y aniquilación (simbólica y/o física) de poblaciones por motivos raciales. Al contrario, tratar el antisemitismo y sus terribles consecuencias como una excepción histórica, desligada de otras lógicas racistas, implica renunciar a extraer las lecciones que de él se derivan y contribuye a reproducir dichas lógicas. Lo acertado o no de las comparaciones en todo caso puede ser objeto de discusión, pero no de criminalización y censura.

Por último, afirmar que las críticas a Israel tienen «un doble rasero» porque se pide a este Estado un comportamiento «no exigido a ningún otro país democrático» es un argumento habitual para criminalizar la solidaridad con Palestina, y especialmente, desde hace unos años, la campaña internacional de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS). En este punto, precisamente resulta problemática la consideración de Israel como «Estado democrático» cuando una gran parte delas personas que se encuentran de facto bajo su jurisdicción tienen derechos de ciudadanía limitados o carecen de ellos. Las iniciativas de solidaridad con Palestina responden a una situación de injusticia específica en un lugar concreto, pero los principios de defensa de los derechos humanos que sostienen son válidos para cualquier lugar del mundo.

En consecuencia con todo lo anterior, instamos a las instituciones y a la sociedad civil a posicionarse inequívoca y contundentemente contra el antisemitismo, teniendo en cuenta su vecindad estructural con otras formas de racismo y supremacismo etnocultural como el colonialismo, la islamofobia o la xenofobia. Y en consonancia, pedimos a las instituciones y a la sociedad civil que se desmarquen de la instrumentalización política del antisemitismo en favor de los intereses de Israel y trabajen activamente por una solución al conflicto palestino-israelí basado en el cumplimiento de la legalidad internacional, el respeto a los derechos humanos, la denuncia del racismo y la igualdad entre todos los actuales habitantes de la Palestina histórica.

Buenos Aires, Madrid, México, Santiago de Chile Diciembre de 2020

Para suscribir el manifiesto enviar un correo electrónico a manifiestoAA2020@gmail.com Con nombre, ocupación o adscripción, ciudad

Primeras suscripciones:

Martínez Montávez, Pedro. Arabista y catedrático, UAM, España

Inmaculada Jiménez Morell, Inmaculada. Editora, España

Alba Rico, Santiago. Escritor, ensayista y filósofo, España

Boron, Atilio. Analista internacional, escritor y periodista, UBA, Argentina

De Lucas Martin, Javier. Catedrático de filosofía del derecho y fil política, UV, España Aranguren Amézola, Teresa. Periodista, España

Gómez García, Luz. Profesora de Estudios Árabes e Islámicos, UAM, España Bondía García, David. Profesor de Derecho Internacional Público, UB, España Ilan Pappe. Profesor de historia, Exeter University, Reino Unido

Karmy Bolton, Rodrigo. Filósofo y profesor, Univ de Chile, Chile

Martín Muñoz, Gema, Profesora, UAM, España

Rabinovich, Silvana. Investigadora, IIFL-UNAM, México

Ruiz Bravo, Carmen. Arabista y catedrática, UAM, España

Tamayo, Juan José. Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones «Ignacio Ellacuría», UC3M, España

García Burillo, Fernando. Editor, España.

Bechara ElKhoury, Edgardo. Director de Cine Fértil, Argentina

Gil-Benumeya Flores, Daniel. Profesor de Estudios Árabes e Islámicos, UCM, España Vommaro, Pablo A. Docente e investigador, Univ Buenos Aires, Argentina

Barreñada Bajo, Isaías. Profesor de Relaciones Internacionales, UCM, España Garduño García, Moisés. Profesor de Relaciones Internacionales, UNAM, México Ruiz Cortina, Cristina. Geógrafa, España

Cumsille Marzouka, Kamal. Profesor de filosofía y ciencia política, Univ de Chile, Chile Gejo, Omar Horacio. Docente e investigador, UNMDP. Argentina.

Martinelli, Martin A. Profesor e investigador, UNLu, Argentina.

Checa Hidalgo, Diego. Profesor de Historia, Univ Granada, España

Katz, Claudio. Profesor UBA, investigador Conicet, Argentina

Pozzi, Pablo A. Profesor titular, UBA, Argentina

Western, Wilda. Docente e investigadora, UACM, México

López, Gabriel F. Docente e investigador, UBA, Argentina

Mastrángelo, Mariana. Historiadora, Universidad Nacional de Chilecito, Argentina

Traverso, Enzo. Historiador, Cornell University, Estados Unidos de NA.

Molina, Ángel H. Docente, CEIAP- Al Mustafa International University, Argentina

Calveiro Garrido, Pilar. Profesora de Ciencia Política, UACM, México

Martínez Andrade, Javier. Presidente del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe, España

Durán, Alicia. Profesora de investigación, CSIC. España

Marzuca, Ricardo. Académico, Univ de Chile, Chile

Baeza, Cecilia. Docente Sciences Po, Chile/Francia

Calvo, Guadi. Periodista y escritor, Argentina

Cuadro, Mariela. Académica, Conicet- Universidad N. de San Martín, Argentina

Robles-Gil, Paulino R., Qatar University, México

Mohammadi, Shekoufeh. Investigadora, IIFL-UNAM, México

Yarza, Claudia. Filósofa y docente, Universidad Nac. de Cuyo, Argentina

Bracco, Carolina. Académica, UBA, Argentina

Viramontes, Erick. Académico, Qatar University, México.

García Fonseca, Manuel. Profesor de Filosofía, ex diputado y ex viceconsejero del Gobierno de Asturias. España

Pérez Pérez, Isabel. Periodista, Zaragoza-Gaza. España

Conde Zambada, Gilberto. Profesor e investigador, CEAA COLMEX, México

Velloso Santisteban, Agustín. Profesor de educación comparada, UNED, España

Roitman, Marcos. Profesor de iencia política, UCM, España

Abu Tarbush Quevedo, José. Profesor de sociología, ULL, España

Meihy, Murilo Sebe Bon. Profesor de historia contemporánea, UFRJ, Brasil

Caro Bernal, María Victoria. Presidenta de la Sección de Literatura, Ateneo de Madrid, España

Hernández Martínez, Laura Adriana. Filóloga, México.

Grad Fuchsel, Héctor. Profesor de Antropología Social, UAM, España

Mac Liman, Adrián. Escritor y periodista, España

Medina Gutiérrez, Felipe. Docente, Universidad Externado de Colombia, Colombia Martínez Valiente, Ana I. Catedrática E.S., España

Tounsi, Abdo. Editor digital, España

Chamberlain Regev, Zohar. Activista de la Flotilla de la Libertad, Belén, Palestina

Cordova Kaczerginski, Liliana. Pedagoga, co-fundadora de La Red Internacional Judía

Antisionista IJAN, España

Gutiérrez, Encarna. Secretaria General de FUNCI, España

Agustín, Teresa. Poeta, España

Lems, Johanna. Investigadora GRAIS-UCM, España

Ramos Tolosa, Jorge. Profesor de Historia, UV, España

(6.12.2020, 19:00)

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