Hacia nuevas formas de política

Vivimos un sistema político injusto que progresa entre leyes vulnerables, o sea, es ejercido por individuos que las vulneran modificándolas en nombre de una legalidad repleta de iniquidades, alejada de lo humano.

Imaginémonos un gran círculo dentro del cual vive una sociedad que disfruta un modelo de democracia, libertad y derechos sociales propios. Irá todo sobre ruedas en tanto se acaten sus  normas de convivencia, ahora bien, desde el momento que una persona, sita en el límite de aquella circunferencia,  empiece a gritar reclamando (en conciencia) aquello que verdaderamente le hará sentirse libre, advertirá que no puede acceder a tal cometido debido al blindaje con el cual es investida su constitución. Quien se atreva a retar tal disposición correrá el riesgo de ser sancionado, ir a prisión o incluso, si es todo un pueblo,  ser intimidado con la fuerza de las armas.

El miedo de los que dan miedo radica, sorprendentemente, en la asunción de una verdadera democracia (donde la mayoría “no manda”).

Porque, ¿Qué pasa si toda decisión política ha de “consensuarse ineludiblemente” en nombre de la voluntad  (heterogénea) del pueblo? Dejarían de estar “acomodados” ciertos individuos que hace unos cuantos años ni soñaban con decir lo que hoy afirman sin ningún rubor, ni tener sueldos vitalicios, ni cobrar barbaridades provenientes de empresas transnacionales gracias al nexo de unión entre capitalismo y poder político (hoy las multinacionales ejercen un poder supranacional). Todo ello sería un peligro para los intereses económicos del actual sistema de democracia representativa donde la persona no es determinante, por esta razón nos amedrantan legislando  medidas de “seguridad ciudadana”.

Consecuencia de esta preocupante realidad, están surgiendo nuevas conciencias políticas, nuevas praxis con intención de  transformar la situación sociopolítica, económica y medioambiental. Van por el buen camino, aunque tendrán que enfrentarse con los ejércitos mediáticos y sus fábricas de emboscadas dirigidas por los prohombres del poder establecido, un poder que abraza todas las administraciones a nivel mundial, reto difícil, aunque todavía hay uno más complicado: no es posible saber las intenciones individuales de estos miles de postulantes de la nueva política, cualquier intento de provecho personal puede significar el derrumbe de estas iniciativas por parte de los ejércitos del sistema.

Aun así y a pesar de todo, esta es la ruta a seguir hacia la intersección de caminos, ese punto de encuentro con el respeto y el diálogo de la diferencia.

El eterno dilema entre el uno y el múltiplo, entre dictaduras y nociones erróneas de democracias que traen al enfrentamiento, la división y la fractura de la sociedad, ha de ser eliminado.

De la misma manera que la vida no es fácil, tampoco lo es una verdadera democracia. Todos debemos participar en todo, cualquier decisión, cualquier ley,  cualquier proyecto que afecte, no solo al territorio donde vaya a ejecutarse sino también valorando las consecuencias respecto al resto de seres del planeta,  debe consensuarse. Esto comporta continúas asambleas ciudadanas donde se exponga y se expliquen proyectos que implican opiniones opuestas, debate y consenso. Nadie manda, sólo la voz del pueblo.

Algún día los partidos políticos desaparecerán en favor de voces de sociedad que harán política en nombre del amor por la vida.

El ser humano es pasajero, nuestras huellas han de quedar como ejemplo de plenitud y realización humana para nuestros descendientes, producto de un ideal de vida basado en la relación y la dependencia mutua de todo ser vivo.  Esta cosmovisión cambia nuestra percepción, nuestra consciencia y  actitudes ante la vida: nos confirma que la naturaleza no es un objeto de explotación y negocio sino parte de nosotros mismos.

Pero el poder del capitalismo salvaje ha penetrado en las entrañas de la vida política, corrompiéndolo todo, monetizando todo, incluso los valores humanos. La brecha entre la clase política y la “res” pública ya es insalvable.

“Los asesinos de la filosofía gobiernan como apóstoles de la impostura”

No sabemos si este nuevo camino de horizonte abierto será también bombardeado y destruido por estos apóstoles o continuará hacia el logro del verdadero concepto de democracia, su cuna y  consecución, aunque, en tal caso, habrá que tener paciencia: todavía deben educarse en valores humanos, cosmovisión, pluralismo e interculturalidad aquellos que han de nacer.

Si la gente que lidera estas nuevas formas de política no es consciente de esta finalidad, todo será en vano.

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