Hacia la fortaleza-Europa (I)

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Por Iñaki Urdanibia

No es cosa de hoy el intento de escapar del infierno, si bien hoy la cosa ha tomado una amplitud inusitada. Ya hace años – y hablo únicamente de finales del siglo pasado y lo que va de este- que tales viajes que conducen de la muerte a la muerte pasando por la muerte, o al menos rozándola si el forzado viajero tiene suerte, por denominarla de algún modo, han sido objeto de vergüenza y de escritos que han intentado reflejar las infames condiciones y circunstancias que han de atravesar quienes emprenden, desesperados, dicha huida, que nada tiene que ver con la esperanzadora y mitificada partida , a la felicidad, desde un prometedor Tombuctú. Baste con nombrar a Hans Magnus Enzensberger ( a él me referiré en el siguiente artículo), Andrés Sorel ( Voces del Estrecho), Gabrielle del Grande ( Mamadú va a morir ), José Naranjo ( Los invitados de Kolda), Kalilu Jammeh ( El viaje de Kalilu), Lorenzo Silva( De Rif a Rabat), Tahar Ben Jelloun ( Partir), u otros que han retratado los contratiempos y las promesas frustradas que han padecido muchos de quienes han pisado la soñada tierra europea, como Günther Wallrraf ( Cabeza de turco), J-M- G. Le Clézio ( Pescado de oro), Michel Tournier ( La Gota de oro), Juan Goytisolo ( De la Ceca a la Meca), o- por no alargarme- Faïza Guène ( Mañana será otro día). Sin ninguna pretensión de exhaustividad, pueden bastar estas referencias –que van desde el testimonio a la ficción narrativa- para constatar el interés del sangrante , y candente, tema.

Desde las primeras noticias de cayucos y otras embarcaciones endebles que osaban aventurarse a cruzar el mare nostrum, la cosa no se ha quedado así sino que –como se suele decir- se ha hinchado. Las guerras y los crecientes enfrentamientos tribales han empujado a cantidad de habitantes de tales geografías a emprender la desesperada huida. El sueño consiste en alcanzar la rica Europa, la tierra de la abundancia, de los derechos humanos, de la hospitalidad, de la libertad, tierra de los ideales humanistas e ilustrados…Mas ese idílico viejo continente ha olvidado la ejemplar hospitalidad de los griegos ( « éste es un infeliz que viene perdido y es necesario socorrerle, pues todos los extranjeros y pobres son de Zeus » se lee en la Odisea de Homero ), ha dejado de lado el tan campaneado Sermón de la montaña y sus lindas bienaventuranzas. ¿Dónde ha quedado arrinconado todo esto si es que alguna vez ha regido? ¿ Qué decir de la Declaración Universal de los DDHH, que en su artículo 13.1, habla del derecho a circular libremente, y que lo completa con el 13.2, afirmando el derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, para buscar asilo en otro lugar)? De todo ello, y de las disposiciones y normas propias de la UE, solo quedan vallas, muros, concertinas, controles, campos de internamiento…para rechazar a quienes tras pasar los mortales filtros del desierto y el mar, y de diferentes desalmados, pretenden entrar en tierra de los países de la Unión…Europa se ha erigido en potente fortaleza que rechaza como si de la peste se tratara, a los amenazadores bárbaros del sur.

La larga marcha

Un día sí y otro también desde hace tiempo vemos escenas de endebles embarcaciones, barcazas repletas de gente que tratan de llegar a las costas europeas; la repetición puede producir insensibilidad ya que al final parece ser que la escenas son la normalidad sin más; es la denominada crisis de los refugiados, aunque como aclara Patrick Kingsley, con absoluta razón, no hay crisis de refugiados sino crisis de Europa y de sus tan campaneados valores de derechos humanos, hospitalidad, derecho de asilo, etc., etc., etc. Europa hace tiempo que ha arrinconado muchas de sus propias disposiciones , como la libertad promulgada por el decreto Schengel, e intenta alejar a quienes intentan arribar a sus tierras.

El nombrado Patrick Kingsley, en su « La nueva odisea. La historia de la crisis europea de refugiados » ( Deusto, 2016) sacude las conciencias a cualquiera que, obviamente, se acerque a la obra, siempre que el que lo haga no sea un insensible pedrusco. Durante el año 2015, el periodista no cesó de viajar, yendo a cerca de una veintena de países, de tres continentes, con el fin de entrevistarse con algunos de los protagonistas de la odisea: refugiados, traficantes, policías, miembros de diferentes organizaciones humanitarias, lo cual hace que el libro se introduzca en los entresijos de los mecanismos que funcionan en toda esta red de tráfico de personas.

Con mapas al canto, se nos detallan los diferentes trayectos que se siguen por estas caravanas , ya sea desde el este como del oeste, del continente africano; paso de diferentes fronteras en cada una de las cuales se ha de pagar un reglamentario impuesto de tránsito a los guardias fronterizos con el fin de que estos hagan la vista gorda . Somos situados en las localidades que sirven de base de partida y conoceremos de primera mano, el funcionamiento de los negocios, la vista gorda de las diferentes policías y autoridades, que reciben sus jugosas comisiones, y asistiremos a los inmundos viajes por el desierto, como primer filtro mortal, de quienes emprenden el viaje. Camionetas en las que viajan hacinados los cuerpos, entre vómitos, arrojados al azar de no toparse con diferentes bandas de bandoleros – delincuentes comunes, o bandas armadas defensoras del islam- ya que ello puede suponer ráfagas, o detenciones que se saldan cobrando a los familiares de los detenidos suculentas cifras; mientras estas no son abonadas los rehenes son mantenidos en inhóspitos lugares en los que se les tortura, al tiempo que se les mantiene en unas condiciones, de salubridad y alimentación, que no son propias ni para los más maltratados animales. Se habla de los precios, que como digo pueden aumentar considerablemente dependiendo de la suerte que corran las caravanas, del mismo modo que se nos relata la duración, que en algunos casos aumenta debido a las marchas atrás y la vuelta a los comienzos, o las retenciones en infames almacenes ( mazraa) ya en la costa libia , en los que algunos llega a pasar más de cuatro meses, si pòder salir para nada, a la espera de su turno, de la embarcación debida. Viajes acompañados por la muerte, y con el nefasto espectáculo de ir dejando cadáveres de compañeros de fatigas por el camino; se ha de añadir que cuando ya se llega a la costa libia-se detallan los diferentes cambios que se han dado en los caminos utilizados dependiendo del grado de vigilancia establecido por los diferentes países- y pudiera parecer que la salida hacia la segunda prueba, el mar Mediterráneo, está a punto de caramelo, la situación del país hace que la supervivencia no sea cosas de coser y cantar, ya que hay enfrentamientos armados entre las fuerzas gubernamentales y los diferentes grupos opositores, algunos de los cuales se enfrentan entre sí, para más INRI…en medio de todos ellos los que llegan han de sortear la muerte, en su perseverante lucha por una vida mejor.

Diferentes precios dan diferente trato, y en este orden de cosas, el viaje puede resultar más rápido y más cómodo (?), y hasta algunos pueden conseguir viajar en embarcaciones solo con los miembros de su familia; generalmente son los sirios quienes poseen de más medios y en consecuencia, sufren menos padecimientos que el resto: nigerianos, eritreos, sudaneses, etc. que viajan amontonados y en algunos casos en la bodega de barquitos lo cual , en no pocas ocasiones, provoca muertes por asfixia.

Como queda dicho las conversaciones con diferentes personajes dan un panorama amplio de las duras vivencias de algunos, del negocio de otros, y de los diferentes retratos que se empeñan en desacreditar el carácter de los que huyen, afirmando que no son refugiados sino gente que huye por razones de orden económico. Las cifras cantan, las tomadas de organizaciones como el ACNUR son significativas y poco sospechosas de exagerar el estado de la cuestión, al igual que la realidad canta, con verdadera estridencia, ya que los lugares de los que generalmente huye la gente son zonas en las que la guerra está en pleno apogeo ( Siria, Iraq, Sudán, Nigeria, Eritrea,…).

Por si lo dicho fuera poco, el autor se encarga de poner los puntos sobre las íes ante la constante manipulación que los gobiernos europeos, en colaboración con otros países implicados, llevan a cabo al hacer recaer toda la responsabilidad de lo que sucede , única y exclusivamente, en las redes de traficantes( desde luego queda claro que estos no son angelitos de dios, imbuidos de espíritu filantrópico), olvidándose de -o tratando de ocultar- que si las personas son capaces de lanzarse a la aventura pagando enormes cantidades y jugándose su vida y las de sus familias, es debido a las situaciones que se viven en sus países de origen ( de miseria, de guerra, de enfrentamientos tribales…); la responsabilidad ha de hacerse recaer igualmente, o con mayor fuerza, en los países europeos que hacen la vista gorda de la situación que atraviesan dichos países, o hasta son cómplices de muchos caudillos y gobernantes, con el fin de evitar la llegada de los que escapan a su maravillosa tierra…oleadas de inmigrantes que parecen la especular resaca de quienes en tiempos pasados iban desde el Viejo Continente,, también sin papeles, a estrujar las materias primas africanas y a sus habitantes, tratados como meros esclavos. Del viaje guiado por el latrocinio puro y duro al viaje guiado por la mera subsistencia.

La geografía de la huida y la muerte se extiende por todo el norte africano, por el cementerio marino del Mediterráneo, y la llegada a las posteriores campos , vallas, palizas, …y las puertas que se cierran con estrépito. Y recorremos tales dantescos lares acompañando a Hashem al Souki que viajó de Siria a Suecia, trataremos con el libio Hajj, que se dedica al tráfico de personas, conoceremos las penalidades de una profesora siria embarazada, Fattemah Abu al-Rouse, que teme perder a su hijo en la dura peregrinación por tierras balcánicas, y tendremos la ocasión de admirar los gestos de un pastor austriaco que se entrega al rescate de los desesperados condenados de la tierra, que diría Franz Fanon. ¡ Impresionante!

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