Hacia el Estado policiaco

&nbsp No es ya el permanente estado de excepción que vive Euskadi desde que se inauguró esta democracia nominal. No es ya la du­dosa existencia de ETA (me sospecho que nohay sólo uan, sino va­rias etas y con diferentes objetivos) lo que justifica un climax psicoli­gicus horri­bilis en el País Vasco. No sólo es eso. Es que en las en­tretelas de la cotidianidad, en los transportes públicos, en el metro, en ciertas calles y zonas de las ciudades… no siento tanto miedo al delincuente común como a la represión uniformada y armada.

&nbsp Ahora es ya también en la respuesta de la Administración española al tema migratorio donde se siente el golpeo del totalitarismo. Y si se niega esto, dígase cómo es posible que la política migratoria se deje al arbitrio de funcionarios policiales de los aeropuertos españoles…

&nbsp Todo este revuelo en el trato a ciudadanos de aquellos países en Barajas y en el Prat (conocido apenas hace unas fechas por la res­puesta en reciprocidad de las autoridades argentinas, chilenas y brasileñas), es al parecer debido a una especie de huelga de celo en cuya virtud la policía aparca en el aeropuerto a los viajeros de los países latinoamericanos aplicando criterios ordenancistas que son impropios de una razonable interpretación de la Ley de Extranje­ría.

&nbsp El criterio político de control migratorio es fácil. Basta exigir visado. Esta es la manera, la única en un sistema que se ufana de vivir en libertad y en especial la de libre circulación, de compatibilizar el des­envolvimiento democrático y el mínimo control de entrada de forá­neos, que todos los países del sistema practican.

&nbsp Sin embargo en España, los funcionarios de fronteras nos hacen sentir un retroceso grave en cuestión de libertad y mostrarnos como un país de dureza neo­cons ahora sin neocons..

&nbsp Y es que la doctrina anticipatoria del Bush que está a punto de marcharse a los infiernos, sigue haciendo estragos. Y todo apunta a que seguirá haciéndolos hasta después de muerto. De otro modo no se explica semejante comportamiento de los funcionarios aeropor­tuarios. Ahora que el partido socialista se dispone a reanudar la go­bernación tras volver a ganar las elecciones, da la impresión, con conductas como la reseñada y otras, de que volvemos al Estado po­liciaco que ya se dejó sentir con los gobiernos de los “populares”.

&nbsp Y esto sucede, por si fueran pocas las sospechas de que la con­ducta represiva es un hecho no sólo en Euskadi por el consabido pretexto de las etas, sino también en los cuartelillos y dependencias de policías locales donde son pillados in fraganti gracias a cámaras de vigilancia.

&nbsp No hay verdadera libertad ni democracia sólo por desplegar mu­chas banderas constitucionales, sólo por entonar cantos democráti­cos en los Parlamentos, en las sedes de los dos partidos mayorita­rios y en las redacciones, sólo porque lo afirmen mil veces los inte­resados en inocularnos esa idea. Es en la vida cotidiana y especial­mente en el trato que el ciudadano de dentro y de fuera recibe de los funcionarios y empleados del Estado, por lo que se toma el pulso al corazón de la libertad y de la democracia. Y desde luego, en estas condiciones no es posible que a aquellos países latinoamericanos puedan llegar la impresión de que esto, después de haber mandado despóticamente callar el rey a Chávez, sea una verdadera democra­cia.

&nbsp En resumen. Lo de siempre. No pasa siquiera un lustro sin que la España de los conquistadores, sean cuales fueren los que gobier­nen; sea un dictador, sean los falsos conservadores o losblanden­gues progresistas,&nbsp no dé la nota internacional bordeando siempre el estrambote y lo siniestro.

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