Hace veinte años- el 29 de abril de 1992: los motines de Los Ángeles

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El 29 de abril de 1992 en los Estados Unidos, estallaron motines en Los Ángeles tras la absolución de  cuatro policías que, un año antes, habían dado una paliza a un negro, Rodney King, en un barrio poblado principalmente por negros pobres.

Los  amotinados se enfrentaron a todo lo que, a sus ojos, representaba el racismo, la injusticia, las desigualdades. Algunos se acercaron a los barrios ricos, donde las tiendas fueron saqueadas.  Pero, la Guardia Nacional al proteger  las lujosas residencias de Beverly Hills y Bel Air, delimitó  el levantamiento al barrio de South Central, donde vivía un 70 % de población negra, y éste la tomó contra todo lo que representaba dinero  y riqueza. Los supermercados y las tiendas, regentados por hispanos y coreanos desde que los comerciantes blancos abandonaron el barrio tras los motines de 1965, fueron desvalijados, quemados, y hubo comerciantes muertos.

El levantamiento arrastró a inmigrantes originarios de diversos países de América Latina, victimas también de la violencia policial y de las injusticias sociales. Dos bandas rivales de jóvenes negros e hispanos, antes ferozmente enfrentadas, se aliaron contra la policía.

Uno de los más importantes motines desde la guerra

Esta revuelta provocó cerca de sesenta muertos, 2.300 heridos y produjo 13.000 detenciones. Hubo miles de focos de incendios y 1.100 edificios fueron destruidos por un valor total que se aproximó a mil millones de dólares. El motín duró seis días pero fue sobre todo intenso durante los tres días siguientes al veredicto.

El levantamiento de Los Ángeles fue tan masivo, en primer lugar porque la paliza a Rodney King había sido filmada por un vecino y retransmitida por televisión. Esta difusión pública obligó al jefe de la policía Daryl Gates, habitualmente poco estricto, a tomar medidas: un policía fue despedido, los otros tres suspendidos sin sueldo. Inculpados, se arriesgaban a siete años de prisión, pero fueron juzgados en Simi Valley, localidad conocida por contar solo con un 2% de negros  y por localizarse en una “zona de polis”, donde una familia de cada cinco trabajaba en la policía. Diez de los doce jurados eran blancos, de los cuales tres eran padres de policías. Todo estaba preparado para absolver a los policías racistas.

El veredicto  conmocionó mucho a los negros de Los Ángeles, pero también a una buena parte de la opinión pública. De esta manera la segunda ciudad de los Estados Unidos se encontró sumergida en una revuelta urbana  que reavivaba el recuerdo de los años sesenta, cuando el movimiento negro, en lucha desde 1954, se radicalizaba. Este motín fue uno de los más importantes de los Estados Unidos desde la guerra. Hubo más muertos, heridos y daños en South Central en 1992 que en Watts, otro barrio de Los Ángeles, en 1965. Hubo incluso más muertos que durante los motines de Detroit en 1967, a pesar de ser éstos más violentos. Hubo diversas reacciones igualmente en San Francisco, Atlanta, Las Vegas, Baton Rouge o Seattle, pero en ninguna parte los barrios negros se levantaron con tanta fuerza.

La crisis económica como telón de fondo

Una  gran diferencia con los motines de los años sesenta, fue que estos últimos se inscribían en un contexto marcado por un potente movimiento negro contra la segregación. Unas organizaciones políticas importantes estaban entonces movilizadas y la politización era alimentada también por la participación de los negros, en primera línea en la guerra del Vietnam. En cambio, como había mostrado un motín en mayo de 1980 en Miami después de un veredicto idéntico, la revuelta de Los Ángeles tenía como telón de fondo la degradación de la situación económica y social.

En los años sesenta y setenta, el movimiento negro había conseguido la abolición de la segregación oficial sobre el  papel. La beneficiaria del cambio fue en primer lugar la pequeña burguesía negra, que se erigió en  representante de toda su comunidad frente a la opresión racial, pero que buscaba  también canalizar la revuelta de los negros pobres de los guetos.

Esta pequeña burguesía pudo acceder a puestos de responsabilidad en las empresas, las profesiones liberales o la administración, incluso la presidencia.  Así  un negro, Tom Bradley, fue alcalde de Los Ángeles en 1992 o un tal Colin Powell fue jefe del Estado Mayor del ejército. Este último que condujo la primera guerra del Golfo contra Irak, controlaba también las fuerzas armadas enviadas por Bush padre para contener el motín. Volveríamos a encontrarlo como secretario de Estado de Bush hijo, justificando en 2003 una nueva intervención armada en Irak con la patraña de las armas de destrucción masiva.

A finales de los años sesenta, hubo también algunos progresos para la masa  de negros pobres. Por ejemplo, después de los motines de Detroit en 1967, se abrieron oficinas de contratación para los negros en la industria del automóvil. La población de los guetos accedió también a algunos derechos sociales. Pero, con la crisis económica de los años noventa, las grandes empresas ya no contrataron y los recortes presupuestarios de la administración Reagan destrozaron  la protección social, hasta el punto de que en 1992 el nivel de vida de una parte de la población negra había caído al de los años sesenta, o incluso peor.

Unas potencialidades explosivas

Aunque una minoría de los negros salió adelante, la mayoría no tuvo la menor posibilidad de estudiar en condiciones,  ninguna esperanza de encontrar trabajo, nada de cobertura sanitaria, ningún lugar en la sociedad. Todos los años, centenares de jóvenes de los barrios caían víctimas de la policía, de las bandas o de la droga; una situación que engendraba frustración y revuelta en tanto que parecía no tener salida.

Los habitantes de South Central reaccionaron pues como pudieron. Desgraciadamente las bandas rivales negras e hispanas recién reconciliadas fueron al final el único encuadramiento de los levantamientos, aunque no abrían ninguna perspectiva política  a las masas negras.

La explosión de Los Ángeles recordó  sin embargo que la cuestión negra seguía siendo explosiva, pudiendo incluso tener potencialidades revolucionarias. Al arrastrar a otras fracciones de la población pobre, la lucha de los barrios negros podía cambiar el clima social.

Los negros son una minoría en la sociedad norteamericana, pero son muchos los trabajadores negros en las grandes empresas.  Su movilización habría podido conseguir muchas cosas posibles, al atraer a los trabajadores blancos a su lado en la lucha.

Los comentarios de entonces sobre los acontecimientos revelaban en todo caso el recelo de los dirigentes norteamericanos frente a esta explosión. Deberían tener  razones para tener el mismo recelo ahora, en un momento en el que la situación social no hace más que deteriorarse.

Jacques FONTENOY

Lutte Ouvrière

Traducción de F.P.

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