Hablemos un poco sobre la Geopolítica…

Parte I: Criterios y Categorías

La Naturaleza de la Geopolítica Tradicional

Muchos señalan que la Geopolítica tradicional toma el sistema internacional tal como lo essin criticarlo – para luego proceder desde ese punto a analizar una dada situación, realizar conclusiones y/o predicciones, y finalmente ofrecer recomendaciones políticas y acciones concretas. Lamentablemente, nada pudiera estar más lejos de la realidad. La geopolítica tradicional nunca toma el mundo como “es”, sino como sus autores desean o prefieren entenderlo y como ellos lo perciben en sus imaginaciones, asistidas por una llamada “teoría” de las Relaciones Internacionales, la cual en realidad es pura ideología bajo el nombre del “Realismo Político”, como ya hemos señalado repetidamente.

En la geopolítica tradicional, las narrativas suelen ser declarativas (así es el mundo), para luego pasar a ser imperativas (esto es lo que debemos hacer).1 El uso de palabras como “es” y “nosotros” refleja su nivel de “pragmatismo”, “autoconfianza” y dedicación a una comunidad geográficamente definida (un Estado-Nación) y su versión de la “verdad”, construida sociocultural y sociopolíticamente.2

La geopolítica tradicional ha engendrado mucho interés en ciertos círculos y es muy “llamativo” para ciertas instituciones (los denominados “Think Tanks” e instituciones de política exterior, entre otros) y autodenominados “estrategas” y/o “asesores geopolíticos” a raíz de sus supuestas cualidades, o, en realidad, a raíz de lo que esta le “ofrece” a la gente. Los discursos de la geopolítica tradicional ofrecen claridad y precisión en un mundo altamente complejo, vago e impreciso. La pluralidad y complejidad del mundo, con todos sus vastos elementos interconectados, son reducidos a pocas “verdades transcendentales” sobre el sistema internacional y la supuesta actuación “racional” de los Estados.

Caso en punto, la propia palabra “racional”. Lamentablemente, la actuación “racional” de un Jefe de Estado o una sociedad en general no existe como un criterio universal y ahistórico, ni mucho menos es estático, sino que depende de la cultura y del tiempo en el cual se este evaluando ese pensamiento supuestamente “racional”. La “racionalidad” de la monarquía francesa del Siglo XVIII – Luis el XVI, por ejemplo – no se puede comparar con la “racionalidad” de un Presidente francés como Charles de Gaul o Francios Mitterrand, y menos estos dos se pueden comparar con la “racionalidad” del la Dinastía Qin china (221 – 206 a.C.), como el Emperador Qin Shi Huang. No obstante, la geopolítica tradicional no permite la formación de espacios analíticos que tomen en consideración las variaciones socioculturales, por ejemplo, entre tantas otras variables deliberadamente descartadas, con la finalidad de “simplificar” el producto ofrecido.

Es por eso que la geopolítica tradicional es la instrumentalización de una fe, de una creencia en un mundo que por encima de todos los “engorrosos” e “innecesarios” detalles que posee este – como las culturas, las cosmovisiones, las maneras de construir y distribuir las riquezas y todo lo demás que le suma heterogeneidad y le resta homogeneidad al mundo – existe sin duda alguna para ellos una “realidad subyacente” que es única, monolítica, estática y constante, pero sobretodo, ahistórica. Esta “realidad subyacente” es accesible solo a quienes piensan “geopolíticamente”, empleando las recetas que suministra la geopolítica tradicional, se puede lograr obtener “profecías” que alumbran el futuro, a la vez de “guías” de acción que demuestran claramente qué se debe realizar para garantizar el futuro “A”, y evitar a todo costo el futuro “B”.

La certeza de la existencia de realidades “congeladas en el tiempo” (ahistóricas) que mágicamente crean “atajos” para la comprensión de las complejidades internacionales, la formulación de estrategias globales y desde estas primeras dos, la creación de políticas de Estado, son todas “promesas” que ofrece la geopolítica tradicional, en su función principal de elaborar “consejos para el príncipe”, como ya habíamos señalado anteriormente.

La Geopolítica Crítica

Ahora bien, como ya habíamos señalado anteriormente, todas las ciencias sociales se dividen en dos visiones, enfoques o tendencias, como sea que se desea ver: las que sostienen el status quo, la reproducción del modo de producción y las relaciones de poder existentes, y las que denuncian estas y proponen alternativas que nos alejan del status quo y hacia sociedades más justas, representativas y transparentes. En este sentido, existe la llamada “geopolítica crítica”, propuesta y desarrollada por autores como los irlandeses Gearóid Ó Tuathail y Simon Dalby,3 el británico John Agnew4 y su compatriota Mary Kaldor5, entre otros.

Gearóid Ó Tuathail propuso un enfoque dentro de la geografía política que coloca la cultura geopolítica tradicional (es decir, las narrativas que constituyen la geopolítica tradicional) y la formulación de la política exterior como los objetos principales de su análisis. Este enfoque se convirtió en lo que él y otros ahora denominan la “geopolítica crítica”, obteniendo como prioridad la necesidad de exponer la complicidad de la geopolítica (la tradicional) con la dominación y el imperialismo. A raíz de los ataques del 11 de septiembre de 2001, el empleo de la fuerza irrestricta ha sido reafirmada por una política exterior estadounidense de corte neoconservador,6 utilizando la fuerza militar como instrumento principal de la política exterior, en el contexto de la llamada “guerra global contra el terror” y las invasiones de Afganistán e Iraq. Es por esto que Tuathail señala lo siguiente, asunto que compartimos completamente, en el marco de la construcción de una geopolítica crítica:

La Geopolítica, algunos dirían, es, ante todo, algo práctico y no de meros discursos; se trata de acciones tomadas contra otras potencias, sobre invasiones, batallas y el despliegue de fuerzas militares. Esto pudiera ser el caso, pero solo a través del discurso es que se realiza la construcción de una armada o se toma la decisión de invadir un país extranjero, pues es el discurso lo que le otorga significado y justificación a estas acciones. Es a través del discurso que los líderes actúan, a través del uso simple y simplificado de ciertos “entendimientos” geográficos que las acciones de política exterior son explicadas… las guerras son explicadas y justificadas con razonamientos preestablecidos y geográficamente infundidos. La manera en la cual constituimos nuestro mundo social es a través del uso socialmente estructurado del lenguaje.7

En las primeras décadas del Siglo XXI, la cultura de la geopolítica tradicional retoma los asuntos de construcción imperial. Esta re-militarización de la política global sugiere claramente la relevancia continua de una geopolítica crítica para lidiar con la cultura de la geopolítica tradicional que sigue produciendo intentos imperiales de dominación en lugares distantes. La geopolítica crítica aborda la tendencia que se evidencia en la geopolítica tradicional de “construir” enemigos y el empleo de un lenguaje supuestamente “geográfico” para conceptualizar los distintos terrenos de conflicto en el ámbito internacional como espacios que necesariamente requieren de «intervenciones» militares.

Pero el tema del imperialismo en el Siglo XXI posee una gran diferencia cualitativa con los conflictos anteriores en el escenario internacional. Los imperios del momento se involucran en guerras contra organizaciones políticas de la periferia – por lo general militarmente débiles – en tierras lejanas. La Guerra Fría fue una lucha entre grandes Estados, tomando al continente europeo como el “campo de batalla” en esta guerra.

Alternativamente, la nueva guerra se trata de operaciones de “pacificación”, fuerzas expedicionarias, conflictos asimétricos y campañas diplomáticas y militares para doblegar a los gobernantes locales a ajustarse a las prioridades de las metrópolis, en vez de las prioridades de sus propias poblaciones. Este tipo de activismo imperial suele incluir procesos de destrucción de Estados, subyugación de sus poblaciones y la imposición de nuevos “regímenes” que adquieren su supuesta “legitimidad” desde afuera, desde la metrópoli, sin relación orgánica alguna con sus poblaciones.

En pocas palabras, el imperialismo pasó de enfrentar enemigos como la Unión Soviética y la China, a enfrentarse con “enemigos” como países previamente sancionados y destruidos como Irak, países en pobreza extrema como Afganistán, o países sin fuerzas armadas y aéreas y con poblaciones mínimas, como Libia, pero aún así, siempre estos enfrentamientos siempre se dan en “coaliciones” con socios imperiales minoritarios. Este cambio cualitativo en el aspecto imperial, produjo a su vez un cambio cualitativo en los discursos que conforman la geopolítica tradicional para el nuevo milenio.

En estos casos, la geopolítica crítica coloca su primer orden de tareas en estudiar y analizar el lenguaje y el discurso empleado en la construcción de la geopolítica tradicional, específicamente a raíz de la naturaleza de esta última como instrumento discursivo para la creación y mantenimiento de imperios.

En fin, los debates sobre la naturaleza de la geopolítica crítica se extienden a lo largo de las ultimas 4 décadas,8 y es bastante difícil hacerle justicia en este breve documento. Justo por esa razón, recomendamos la lectura del texto original de Ó Tuathail titulado “Understanding Critical Geopolitics: Geopolitics and Risk Society” (Entendiendo la Geopolítica Crítica: Geopolítica y Sociedad de Riesgo), publicado en el famoso libro “Geopolitics, Geography and Strategy” (Geopolítica, Geografía y Estrategia), editado por Colin Gray en el año 1999. El artículo de Ó Tuathail es un documento netamente introductorio, pero por lo menos ofrece mucho más que lo que este sencillo y humilde documento pudiera ofrecerle a ustedes.

Un Enfoque para el Análisis

Lo importante es que la geopolítica tradicional y crítica – ambasno son disciplinas, no son “ciencias”, ni tampoco son reales o confiables “recetas para la acción”, es decir, no son fuentes adecuadas – por si mismas – para la creación de políticas de Estado. La geopolítica (ahora sin adjetivos tradicionales o críticos) es un enfoque de análisis – un nivel entre varios en los cuales colocamos el énfasis de nuestro análisis – que nos debe ayudar a obtener conclusiones que expliquen. Aunque esto último es bastante sencillo e intuitivo, lo repetimos para no dejar dudas; el propósito de cualquier análisis es explicar, es poder hacer entender sucesos, eventos, procesos y resultados que desafían las expectativas, que son fuera de lo que consideramos lógico o racional9.

Para ser más ilustrativo sobre el tema señalado en el párrafo anterior, el analista social (en este caso, específicamente el analista internacional), tiene la tarea de explicar el porqué de asuntos tan obvios y predecibles como el reconocimiento inmediato y casi reflexivo – por parte del gobierno estadounidense – de cualquier gobierno de facto golpista que surja en América Latina, siempre y cuando logra derrocar un gobierno de izquierda o nacionalista. Pero también se tiene la difícil tarea de explicar asuntos que suelen ser bastante inexplicables, en primer instancia; ¿Por qué la Señora Nancy Pelosi – Presidenta de la Cámara de Representantes estadounidense – decidió iniciar un proceso de impeachment contra el Señor Donald Trump, con un senado recargado de gente (53 senadores republicanos) que detesta su partido político, por razones netamente personales (ya que no existen verdaderas diferencias ideológicas entre estos dos grupos).

Entonces, la geopolítica es un nivel en el cual podemos colocar nuestro análisis, como también pudiéramos colocarlo al nivel de un gobierno o un gabinete ministerial, o el propio jefe de Estado, o el nivel regional, o nacional, municipal y parroquial.10 El nivel de análisis de la geopolítica – tradicional y crítica – no es simplemente el sistema internacional, aunque desde este nivel es que se da la gran mayoría del trabajo analítico. Empero en el análisis geopolítico, siempre se puede descender del nivel del sistema internacional hacia el nivel del Jefe de Estado – el “príncipe”, en el caso de otorgarle “consejos” – como también se puede tomar en cuenta otros aspectos, si el analista así lo permite.

El análisis geopolítico observa los acontecimientos a larga escala para comprender motivaciones y necesidades, siempre sosteniendo una perspectiva amplia – geográficamente hablando. Señalamos que el nivel de análisis del enfoque geopolítico no es simplemente el sistema internacional, ya que una gran parte del análisis geopolítico (tradicional y, en algunos casos, el crítico) suele dedicarse a comprender las acciones del Jefe de Estado o el jefe de la diplomacia. Por ejemplo, no se pretende entender las motivaciones del “gobierno estadounidense” con el asesinato del Comandante de la fuerza especial iraní “Quds” – el General iraní Qasem Soleimani – durante el mes de enero de 2020, sino las motivaciones el Señor Donald Trump, aunque la decisión seguramente fue una de Estado, y no solamente del Señor “Jefe de Estado”. Aunque la respuesta al asesinato – si se da – será de una configuración de fuerzas multinacionales11 coordinadas desde Teherán y su gobierno, todos los observadores estarán esperando por la respuesta de Sayed Ali Hosseini Khamenei, y no la del Estado persa.

En fin, existen varios modos de análisis político en las relaciones internacionales que no son necesariamente “geopolíticos”. Lo que efectivamente hace que un análisis adquiera el adjetivo “geopolítico”, es el nivel en el cual se coloca este, y la (s) unidad (es) de análisis empleadas. Existen los siguientes niveles:

  • El nivel sistemático (sistema internacional, o el sistema financiero global);

  • El nivel regional (como América Latina);

  • El nivel estatal (Estado y gobierno);

  • El nivel regional nacional (la región occidental de un país, por ejemplo), etc.

Y las siguientes unidades de análisis:

  • Partidos políticos;

  • Lideres;

  • Organizaciones sociales, think tanks, ONGs, etc.;

  • clases sociales (nacionales o transnacionales);

  • Estados;

  • Bloques de Estados (OTAN, BRICS);

  • Regiones o “Civilizaciones” (este último para los fanáticos de Huntington);

  • El propio sistema internacional.

Es de notar que tanto el “sistema internacional” como el “Estado” son “niveles” de análisis, y a la vez “unidades” de análisis. La Geopolítica tradicional alterna entre el nivel del sistema y del Estado, pero colocando el énfasis en el primero, y sustituyendo el segundo por la figura del “Jefe de Estado/Gobierno” o de la diplomacia, pero sin tomar en consideración las realidades que gobiernan el país, los partidos políticos, las elites socioeconómicas, etc.

Ahora, lo que distingue la geopolítica tradicional de la crítica se encuentra en las obras de Tuathail, Dalby y Agnew, sin duda alguna, pero lamentablemente ellos la complicaron al regar sus conceptos a lo largo de varias publicaciones, y abordándolos de manera poco didáctica y pedagógica. Para estos efectos, podemos tratar de resumir el sentido “crítico” de la geopolítica crítica, el cual es el mismo sentido “crítico” de la política crítica, la economía crítica, la sociología crítica, etc. La geopolítica crítica, en primer lugar, debe ser una geopolítica contestataria: no debe tomar “el mundo como es”, ya que efectivamente nadie lo hace.

Contario a lo que siempre alegan, la geopolítica tradicional no toma el mundo como “es”, sino “construye” un mundo en el cual sus intereses y deseos dictan las normas del “mundo” que ellos desean analizar, con el uso creativo pero sobretodo consistente y persistente de narrativas antiguas, que se pueden encontrar en las obras de Mahan y Mackinder, luego pasan a las de Kjellen y Haushofer, para después ser recogidas por Spykman y Kennan, ser aplicadas y justificadas por guerreros de la Guerra Fría de segunda generación como Kissinger y Brezezinski, y finalmente reproducidas y “ajustadas” para la nueva era “Unipolar” estadounidense, con ideólogos como Fukuyama y Huntington, entre tantos, tantos otros.

La geopolítica crítica debe en primer lugar hacerse experta12 en las narrativas de la geopolítica tradicional, con la finalidad de pasarlas por un proceso de deconstrucción narrativa,13 en la cual se revierte el proceso de “naturalización” (y, por ende, hacer “eterno” y ahistórico) de las visiones del mundo contenidas en estas narrativas. Por ejemplo, “el sistema internacional siempre ha sido anárquico (es decir, carece de jerarquía), y debe mantenerse de dicha manera”, asume el geopolítico tradicional, y de tanto repetirse, muchos lo creen, sin reflexionar críticamente sobre las obvias y evidentes jerarquías entre los Estados y las regiones en el sistema internacional, sin que se nos olvide también la evidente “inmunidad” que posee Estados Unidos del derecho internacional, ya que este derecho le aplica a ciertos países, pero queda mágicamente suspendido para la potencia norteamericana. La “inmunidad” del derecho internacional que disfrutan ciertos Estados (Estados Unidos, la Entidad Sionista), ya efectivamente crea una jerarquía de facto que el derecho internacional escoge ignora, pero no puede hacer desparecer.

Fukuyama, Huntington y la Deconstrucción de Narrativas

La “deconstrucción” a la cual nos referimos no es una práctica “destructiva”, sino una búsqueda de las “suposiciones”, las declaraciones netamente ideológicas y los axiomas de origen cultural que conjuntamente forman los “bloques de construcción” de las narrativas de la geopolítica tradicional. Tomemos, como breves ejemplos, los discursos ideológicos de los estadounidenses Francis Fukuyama y Samuel P. Huntington. Fukuyama declaró en 1989 que

Lo que podemos estar presenciando en la actualidad no es solo el fin de la Guerra Fría, o el fin de un período particular de la historia de la posguerra, pero el final de la historia como tal: es decir, el punto final de la humanidad evolución ideológica y la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno humano.14

Mientras que Huntington indicó en 1993 que

Mi hipótesis señala que la fuente fundamental de los conflictos en este nuevo mundo no será ideológico o económico. Las grandes divisiones entre la humanidad y la fuente dominante de los conflictos serán culturales…El choque de las civilizaciones dominará la política global. Las líneas de falla entre las civilizaciones serán las líneas de batallas del futuro.15

Entonces, ¿Qué implica la deconstrucción narrativa de la geopolítica crítica? No se trata meramente de calificar a los autores como “imperialistas” al servicio de Washington, ya eso es evidente, en primer lugar, y en segundo, solo estaríamos practicando lo mismo que hace la derecha: “Character Assassination”, lo cual es inútil como una acción contestataria, justo lo que la geopolítica crítica debería realizar. En vez, se debe buscar el contenido de las ideas que constituyen estas conclusiones y llevarlas a sus orígenes ideológicos, políticos y discursivos. Lo contestatario en el análisis crítico siempre se enfoca en el discurso mismo, y nunca en la persona que elabora o genera el discurso. En los ejemplos arriba, a pesar de lo diferente que pudieran ser las declaraciones de Huntington y Fukuyama, ambos discursos poseen mucho en común, solo que no lo dicen explícitamente; la labor del geopolítico crítico, alternativamente, es hacer explicito lo que estos autores desean propagar de manera implícita.

Ambos estadounidenses declaran aquí lo mismo que la Baronesa Margaret Thatcher ya había señalado durante la década de 1980: “There Is No Alternative”, o TINA, como se suele señalar (No Existen Alternativas). El mundo ya no debatirá lo económico ni lo político, pues eso ya llego al “cenit de su evolución”: la economía es la que los gringos dictan, la política es la que los gringos desarrollaron e imponen. Ambas tesis, irónicamente, son tesis sobre el “fin de la historia”, solo que Huntington no lo señale explícitamente, mientras que Fukuyama lo toma como su bandera ideológica.

Mientras que Fukuyama espera pocos conflictos, y estos solamente con sociedades ignorantes que aun resistirán la hegemonía del mercado y la democracia liberal16 (en otras palabras, la gringa, pero eso es parte de lo “implícito”), Huntington lleva los futuros conflictos a la abstracción favorita de la derecha: lo cultural, lo que efectivamente se puede definir como uno quiera, cuando uno quiera, y cambiarlo para atrás o para adelante cuando uno lo desea. La cultura, para la derecha analítica, es una quimera abstracta y amorfa – repleta de “irracionalidad” heredada de poblaciones poco civilizadas, y, mientras menos se entienda, mejor para el discurso que se pretende construir, ya que la confusión sobre esta implica la “irracionalidad” del Otro, y por ende solo la fuerza puede se el medio de trato con estos bárbaros.17

Lo que ambos proponen – desde sus propias expectativas y discursos – es que los conflictos quizás existirán en el futuro, pero no tendrán origines socioeconómicos, ni tampoco políticos; no tendremos conflictos entre pobres y ricos, ni por los recursos, ni tampoco por “atrevimientos” de organizar las sociedades fuera del contexto de la “democracia liberal” estadounidense. Los conflictos serán a raíz de abstracciones irracionales y fanáticas como la religión, como efectivamente fue y sigue siendo el caso de todo el Medio Oriente, en el cual los conflictos no tienen nada que ver con tierras robadas y pobrezas endémicas, sino la locura inducida por el islam y el resto del barbarismo de la región. En el Medio Oriente no hay nada que rectificar, corregir o arreglar, y solo hay que combatir la locura y la irracionalidad de la cultura – a fuerza de portaviones, naturalmente.

Huntington le otorga continuidad a los antiguos discursos de la Guerra Fría (los mismos que nacieron entre los Siglos XIX y XX), pero ahora no se encuentran dirigidos contra el “Imperio del Mal” y sus aliados, sino que se coloca la totalidad del “Mundo Occidental” bajo la manta de la victoriosa potencia Unipolar del sistema internacional, contra el barbarismo poco definido de las “Otras” civilizaciones. El concepto de “civilizaciones” de Huntington ha sufrido de múltiples críticas por parte de todo tipo de analistas a lo largo de los años, pero todos ellos no terminan de percatar el verdadero objetivo de Huntington: no se trata de definir nada de manera adecuada, ni mucho menos precisa, sino de construir narrativas que permitan la subordinación de los aliados de Estados Unidos – bajo nuevas amenazas que siempre conviene que no sean precisamente definidas – para enfrentar lo que quedó fuera de la esfera de influencia y poder estadounidense después de la Guerra Fría y lograr, finalmente, consolidar la muy anhelada “unipolaridad”.18

Es precisamente por estos argumentos que la primera labor de la geopolítica crítica es ser contestataria, a través de la deconstrucción del discurso de la geopolítica tradicional. Desde este análisis de deconstrucción, debe surgir una visión sobre el mundo – igualmente narrativa y abstracta, ya que nunca podemos exponer la totalidad de la realidad social – pero que contextualice lo que argumenta en base a lo sociohistórico, abandonando los alegatos ahistóricos de axiomas eternos sobre la naturaleza humana y la naturaleza “eterna” e “incambiable” del sistema internacional. Igualmente se debe colocar las realidades socioeconómicas en el centro del análisis, revertiendo la práctica conservadora de alejar todo análisis político de lo económico y lo social. Pero más importante, el análisis geopolítico crítico debe siempre buscar el poder adonde existe y se ejerce, y resaltar la naturaleza de su funcionamiento y sus consecuencias.

La “Geografía” en la Geopolítica

Otro aspecto que genera mucha confusión para la población en general sobre la geopolítica – tradicional o crítica – es el componente “geo” en el término “geopolítica”. En realidad, el rol de la geografía en la geopolítica es ambiguo, y en muchos casos, suele generar más confusión que ayuda. La geografía como disciplina se puede dividir en dos ámbitos principales: la geografía humana y la geografía física. La humana se centra principalmente en el entorno construido por estos, y en cómo los humanos crean, ven, gestionan e influyen sus propios espacios. Su enfoque se encuentra en el estudio de patrones y procesos que dan forma física a las sociedades humanas, abarcando así los aspectos humanos, políticos, culturales, sociales y económicos.

La geografía física examina el entorno natural y cómo los organismos, el clima, el suelo, el agua y los accidentes geográficos (esto es una unidad geomorfológica) se reproducen e interactúan. La geografía física se ocupa del estudio de los procesos y los patrones en el entorno natural como la atmósfera, la hidrosfera, la biosfera y la geosfera. La diferencia entre estos enfoques condujo a un tercer campo, la geografía ambiental, que combina la geografía física y humana y se refiere a las interacciones entre el ambiente y los humanos.

En la geopolítica tradicional, el componente “geográfico” de este es, en realidad, más asociado a la cartografía, que a la propia geografía. Los geógrafos y estrategas imperiales que iniciaron el uso de la “geopolítica” sostienen sus conversaciones sobre “power politics”, pero sobre un mapa, con la finalidad de determinar cuales regiones son claves para lograr la supremacía y el dominio, cuales pueden ser los sitos (terrenos) de las próximas guerras entre las grande potencias del momento,19 y cuales zonas marítimas y terrestres deben ser dominadas o mantenidas para negarle ventajas cualitativas a los adversarios, quienes igualmente suelen ser potencias imperiales. La “geografía” regresa a ser relevante para los geopolíticos tradicionales al contemplar el terreno para una invasión o para operaciones militares, quizás también para determinar los sitios que poseen recursos naturales, etc., pero hasta este punto llega el rol de la “geografía” en la geopolítica tradicional.

Alternativamente, la geopolítica crítica debe seguir el ejemplo de las ciencias geográficas: ser multidisciplinaria. La geografía estudia el espacio y la distribución temporal de los fenómenos y los procesos naturales, y sus características, así como la interacción de los seres humanos con sus entornos. Debido a que el espacio y el lugar afectan una variedad de temas, como la economía, la salud, el clima, las plantas y los animales, la geografía es altamente interdisciplinaria. La naturaleza interdisciplinaria de este tipo de estudio surge de la necesidad de estudiar la relación entre los fenómenos físicos y humanos.

Esto mismo es lo que la geopolítica crítica debe aspirar a realizar: regresar a la verdadera geografía – y no meras miradas fijadas al mapa para determinar el sitio de la próxima invasión – y colocarla en el centro del estudio geopolítico, particularmente la geografía humana, con énfasis en la famosa escuela de la “geografía radical”. La geografía radical es precisamente “radical” a raíz de sus constantes posturas críticas y contestatarias de la ciencia espacial positivista y sus metodologías, porque no toman en cuenta las características del modo de acumulación capitalista y el abuso que subyacen a los arreglos socio-espaciales.

Finalmente, es menester colocar la geopolítica – tanto la tradicional (imperial) como la crítica – en sus verdaderas dimensiones. La geopolítica, a pesar de su gran reputación de ofrecer lo mejor y más definitivo en el análisis internacional, es, al fin y al cabo, solamente un enfoque de análisis, un nivel en el cual el analista puede colocarse para comprender una problemática o un proceso sociohistórico, y que tarde o temprano, tendrá que pasar a otros niveles o enfoques para poder elaborar un análisis comprensivo e integral.

Es un enfoque entre otros, tiene sus ventajas, pero al igual – y aunque nadie lo pueda creer – tiene sus desventajas. El nivel de análisis geopolítico nunca debe ser descartado – pues es un enfoque necesario, nadie lo niega – pero al igual no puede ser el enfoque que monopoliza o domina cualquier análisis serio, o constituirse en el único nivel empleado para generar análisis comprensivos que eventualmente contribuirán en la formulación de políticas de Estado y estrategias nacionales de larga escala.

Sencillamente, las geopolíticas tradicional y crítica pudieran explicar las razones por las cuales el gobierno estadounidense posee una agenda bastante agresiva en América Latina y el Caribe. Para este ejemplo en particular, la geopolítica tradicional con tendencia “liberal” argumentaría que Estados Unidos y las “verdaderas democracias” están impulsando una “cruzada” por los derechos humanos y el rescate de la democracia, los cuales están completamente destruidos en cada país con un gobierno de izquierda o nacionalista, pero que mágicamente florecen y prosperan bajo las botas de los órganos de seguridad en Chile, Colombia, Honduras, Ecuador, etc. La geopolítica tradicional de tendencia conservadora hablaría de la necesidad de recuperar el “patio trasero” y expulsar a los malignos chinos y rusos de la región, retomando sin la más mínima forma de incomodidad o pena, los mismos discursos de la Guerra Fría y de la nefasta “Operación Cóndor” para justificar todo lo que se desea hacer en la región. La geopolítica crítica deconstruye y luego descarta el argumento de los liberales – al ser demasiado hipócrita e irreal – pero les otorga un esfuerzo mucho más sistemático y contestatario a los argumentos de la tendencia conservadora, señalando por ejemplo que el discurso conservador no es análisis, sino meras recetas desestabilizadoras para consolidar imperios, y en vez se debe colocar el dominio y la transferencia de las riquezas como eje principal del análisis.

Todo esto suena bien, pero posee ciertas limitaciones importantes. El enfoque geopolítico nos puede explicar muchas cosas, pero no puede explicar cómo las calles de Caracas y las ciudades del país suramericano no “arden” en llamas de ira de los pobres, listos para hacer con los lideres del país lo que los gringos ya hicieron en Panamá, República Dominicana, Cuba, Haití, Irak, Afganistán, Libia, bueno, la lista creo que sería mas larga que el documento actual. El enfoque geopolítico tampoco puede explicar las dinámicas del proceso de “impeachment” contra el Señor Donald Trump, considerando, como ya todos sabemos, que este proceso netamente político pero interno del sistema republicano/imperial estadounidense, es de suma importancia para comprender acciones de verdaderas dimensiones geopolíticas, como por ejemplo el asesinato del General Soleimani, durante los primeros días de la segunda década del Siglo XXI.

Conclusiones

En pocas palabras, la geopolítica tradicional genera discursos que simplifican la realidad social lo suficiente como para elaborar y justificar planes sencillos pero directos que extienden y/o mantienen posesiones y relaciones imperiales. Su única utilidad en el estudio sociohistórico de las Relaciones Internacionales es alumbrar los análisis que se enfocan en el pensamiento y las cosmovisiones de quienes toman las decisiones en las capitales de las metrópolis del mundo. La geopolítica crítica, a la vez, es un enfoque de análisis internacional que debe operar junto a varios y múltiples niveles y unidades de análisis, a la vez de otras disciplinas y ciencias para contribuir o formar parte – nunca solo, sino siempre como parte de algo más amplio – de un análisis integral de relaciones internacionales. A pesar de esto, la geopolítica crítica es un enfoque entre otros, hay que saber cómo y cuándo emplearlo, y no hay que esperar de este más de lo que está diseñado para ofrecer.

No pretendemos reducir la importancia del enfoque geopolítico, pero hay que precisar qué tipo de geopolítica pretendemos emplear, de la misma manera que tenemos que indicar si para un análisis económico, estaríamos empleando el pensamiento neoclásico y liberal, o, alternativamente, estaríamos utilizando herramientas teóricas menos burguesas.20 Si se pretende hacer geopolítica tradicional, eso es producto para el consumo de los “think tank” gringos y el departamento de Estado, con copia a los gobiernos aliados de Estados Unidos, los que repiten palabra por palabra lo que dicta el país imperial. Si se pretende realizar geopolítica crítica, esa debe demostrar lo tanto que se distancia de la metodología de “consejos al príncipe”, y lo tanto que se acerca a un estudio serio y crítico, que nunca se puede construir a solas, sin la ayuda de otras herramientas teóricas, enfoques y disciplinas de las ciencias sociales.

Quizás ahora podemos empezar a entender la gravedad del problema que nos presenta la geopolítica tradicional. Las relaciones internacionales son altamente complejas, impredecibles, interconectadas, y aunque el conocimiento humano necesita aplicar abstracciones, simplificaciones y divisiones a la realidad social para poder “digerirla”, esta misma no opera a través de abstracciones, simplificaciones y divisiones, le gusten o no a los seres humanos. La geopolítica tradicional nos ofrece la “receta mágica” que explica todo de manera fácil y sencillo, pero nadie debe estar sorprendido cuando estas recetas mágicas y la realidad social internacional estén completamente divorciados. La propia disciplina de la geografía humana nos indica el camino, ya que esta cada día crece en su grado interdisciplinario, aumentando su espectro de análisis al incorporar cada vez nuevas ramas del conocimiento para poder comprender la inmensa complejidad que es la interacción de las sociedades humanas con su entorno físico.

La geopolítica no debe ser un mecanismo para crear “think tanks” y “expertos” que ofrezcan “consejos al príncipe”, ya que esta práctica genera demasiada miseria y desastres, a la vez de ofrecer poca veracidad y relevancia con la realidad social. La geopolítica debe ser incorporada al estudio serio y multidisciplinario de las Relaciones Internacionales como un enfoque entre tantos, desarrollado de manera crítica, y que se dedique a explorar la naturaleza del poder y su ejercicio en las sociedades humanas, en vez de legitimar, absolver, justificar o mistificar el poder, para su ejercicio en proyectos de construcción y mantenimiento imperial.

1 Tuathail, 1998.

2 Es decir, construida a través de la cosmovisión dominante de dicha sociedad, o, más bien, la cosmovisión de las elites dominantes de esa sociedad.

3 Ambos han producido trabajos conjuntos, como “Rethinking Geopolitics” y “A Geopolitics Reader”, los dos publicados en 1998.

4 Ver su obra “Hegemony: The New Shape of Global Power”, del año 2005

5 ver su obra “Human security: Reflections on Globalization and Intervention” del 2007.

6 Esto incluye las dos presidencias del “Ganador del Premio Nobel de la Paz”, Barack Obama.

7 Gearóid Ó Tuathail y John Agnew: “Geopolitics and Discourse: Practical Geopolitical Reasoning in American Foreign Policy” en el “Political Geography Quarterly” (1992).

8 La geopolítica crítica como estudio inició en la década de 1980.

9 Aunque también, mundanamente, los analistas sociales tenemos que explicar lo esperado, lo intuitivo y lo que es manifiestamente claro

10 Estos dos últimos ya estarían fuera del análisis internacional, aunque no del análisis político en general.

11 No referimos al Estado Iraní, las fuerzas y milicias revolucionarias, sus aliados a lo largo del Mundo Árabe (Hezb Allah, Houthis, las múltiples milicias iraquíes), incluso hasta pudiera incluir opiniones (no serían instrucciones, solamente opiniones) del propio Kremlin, pues todos tendrán un rol en la evaluación de opciones y los costos de cada opción, a la vez de evaluar el costo de la acción mas cara de todas; la inacción y la falta de represalias contra Estados Unidos.

12 Estudiar a fondo.

13 Con esto no nos referimos a una deconstrucción al estilo “derridanio” o “heideggeriano”, sino simplemente desarticular las suposiciones que existen discretamente en las narrativas de la geopolítica tradicional.

14 Francis Fukuyama: “The End of History?”, en “The National Interest” (1989).

15 Samuel P. Huntington: “The Clash of Civilizations?” en Foreign Affairs (1993).

16 Aquí Fukuyama recupera el discurso mismo de la Guerra Fría que acababa de finalizar, al colocar el “Mundo Occidental” firmemente en el centro del campo de la “civilización”, y esos que no estarán dispuestos a imitarla en el lado de la barbarie, como se encontraba anteriormente la Unión Soviética, en el discurso geopolítico estadounidense de la Guerra Fría.

17 Es de notar que, cuando ellos hablan de las “culturas” y las relacionan con lo irracional, siempre se refieren a culturas no-occidentales, como las asiáticas, islámicas, africanas, etc. En ningún momento la cultura occidental – si se puede hablar de una “cultura” de ese tamaño como lo hace Huntington – pudiera ser relacionada con lo irracional, lo instintivo, lo pasional o el extremismo.

18 Los críticos de Huntington toman el producto de este como un análisis del sistema internacional, y justo por eso encuentran una multiplicidad de problemas conceptuales, teóricos, epistemológicos, sociohistóricos, etc. En realidad, el trabajo de Huntington es un ejemplo idóneo de la geopolítica tradicional, no tanto como elemento para “aconsejar al príncipe”, sino para aglutinar el mundo Occidental y pos-OTAN bajo la bandera estadounidense y continuar la lucha para lograr la Unipolaridad. Los argumentos de Huntington son sencillos, no tanto por falta de capacidad por parte del analista estadounidense, sino a raíz de sus objetivos, los mismos que todos los geopolíticos tradicionales poseen: la creación y el mantenimiento de imperios.

19 Esto es de gran importancia para las potencias imperiales, pues así se evita la destrucción de sus propios territorios, y solamente se destruyen los de los “seres inferiores”. El llamado “Great Game” (gran juego) del Siglo XIX, fue una rivalidad imperial entre Gran Bretaña y la Rusia zarista, el cual se dio en su totalidad en otros territorios como Afganistán, lejos de las poblaciones rusas e inglesas.

20 En el propio seno del ámbito tradicional de la geopolítica, se pueden encontrar dos discursos que poseen diferencias de forma (nunca de fondo), y bastante superficiales: el discurso geopolítico “liberal” o “globalista”, por un lado, y el discurso geopolítico “conservador”, por el otro, aunque irónicamente, ambos discursos suelen arribar a las mismas conclusiones. Precisamente por esta última razón es que no se le otorgó mucha atención a desarrollar ambas categorías en el documento actual, pero sería bastante importante realizar dicha tarea analítica/investigativa, con la finalidad de profundizar las herramientas contestatarias de la geopolítica crítica.

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