Hablemos de violencia, pero sin hipocresías

Violencia legítima

Sólo ellos pueden ejercer la violencia,
y a fe que lo hacen.
Lo hacen desde su sistema educativo clasista
desde su aparato judicial,
desde sus altavoces mediáticos,
desde sus calles vigiladas,
desde sus ejércitos masacrando pueblos para robarles materias primas,
desde la represión en manifestaciones
desde la destrucción del planeta
desde las leyes que ejecutan contra los trabajadores,
Lo hacen en las comisarías,
en las cárceles,
en los despidos,
en el desempleo,
en la obligación de ser esclavos de sus Bancos,
en la imposibilidad de curar enfermedades sin dinero por medio,
en los más jóvenes derivados al consumismo, la evasión y la nada,
en la condena de millones de niños al hambre y la prostitución,
en sus religiones-opio como bien nos alertó Karl.
Su sistema se basa en la violencia,
sin ella no podrían sobrevivir ni un instante,
pero necesitan decoración y parafernalia
y lo hacen siempre con el mismo argumento:
“La legitimidad que dan la urnas”.
Es sólo casualidad,
pero cuando Hitler ganó las elecciones de 1933 en Alemania,
se pasó meses diciendo lo mismo.

Violencia ilegítima
Quien sale del redil impuesto
se lleva puesto el castigo.
Son peligrosos terroristas,
malvados radicales antisistema que,
como respuesta a la violencia legítima,
usan internet para organizarse,
se manifiestan con la cara tapada,
queman llantas en las esquinas,
rompen vidrios y cajeros de oficinas bancarias,
destrozan establecimientos de comida-basura,
boicotean las reuniones de los poderosos,
tiran pintura y escupen a los hacedores del régimen,
crean medios alternativos de contrainformación,
atacan las residencias de millonarios y torturadores,
vomitan su ira social sobre ciudadanos serviles y acongojados,
pintan muros y escaparates llamando a la revuelta.
Los militantes anticapitalistas son odiados
por políticos y sindicalistas apoltronados
por empresarios y sus medios de propaganda
por la clase media idiotizada
incluso, por trabajadores creyentes en el voto
como único método para cambiar la vida.
Es sólo casualidad,
pero los mismos que se indignan con esta violencia chica&nbsp
no son capaces de ver la violencia grande.
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