Hablando del estalinismo

Voy de aquí para allá hablando con unos y otros, raro es el que no me pregunta sobre la cuestión comunista, algunos además se refieren a mis querellas con el estalinismo, amigos que muchas veces tienen notables diferencias con mi credo y con los de la gente que represento…

Lo primero es inexcusable cuando se habla del presente, lo que significa hacerlo (normalmente previamente) sobre cómo acabó el siglo corto que nos decía Eric J. Hobsbawm. No hay duda, el siglo acabó con la mayor derrota del movimiento obrero y popular, con la descomposición del mal llamado “socialismo real”, que cayó con más pena que gloria, sin ninguna resistencia digna de mención. Y no hablamos ya de resistencia como la que presentó el pueblo español a la barbarie franquista, es que ni tan siquiera hubo una mala huelga. Más bien al contrario, o sea, los trabajadores creyeron que lo que venía no podía ser peor. En el orden social lo ha sido, sobre todo para los países del Tercer Mundo que se beneficiaban del freno relativo que le proporcionaban Rusia y China.

Hablar de esto, repetirlo, insistir, darle una y mil vueltas, contarlo desde todos los ángulos posibles, aceptar y responder a toda polémica por menos que se plantee con un mínimo de rigor y honestidad, es a mi parecer y al de mucha otra gente, una tarea imprescindible, inherente a toda apuesta alternativa que se precie. En ese camino, desde que trasladé mis bártulos de autor con vocación pedagógica a estas páginas de Kaosenlared ha pasado de todo.

Cualquiera que tenga voluntad de meter la nariz en una parte de mis trabajos, sobre todo en los relacionados con la historia comunista en general, y la de Trotsky y el POUM en particular, aunque muchas veces también en otra muy alejados de estos parámetros, encontraron una buena lista de reacciones pocas de las cuales se atienen a ese mínimo de rigor que señalo más arriba. En ese tiempo son mucho de los comentaristas que ni tan siquiera han contestado o tratado de polemizar (pienso en un “cazatrotskistas” como JA Egido), otros lo hicieron durante una pequeña fase para desaparecer, los hubieron que trataron de argumentar señalando historiadores a su favor que resultaba que no eran tales (eran autores que rechazaban el “canon Soljenitsin”, contra el cual han ido buena parte de&nbsp las andanadas), uno tras otros han acabado cansado, y finalmente parece que ha quedado una pequeña cedula de muchachos a los que su grupo les ha encomendado mantener una guerra contra mis escritos.

Una guerra que para los demás lectores quedan en evidencia porque ven “trotskismo” en los lugares más insólitos y cuya línea de “argumentación” van más por la descalificación personal, o una guerra sucia en la que pueden emplear desde mi pobre madre hasta mi condición de abuelote mejor conservado de lo que quisieran, todo ello como manifestación de una actitud en la que está incluida la paradoja. Paradoja porque se hay que tener mucho morbo para hacer semejante seguimiento, y porque, quiera que no, hasta con el ejercicio del desprecio, ellos mismos traslucen un interés mayor del que se quiere reconocer. A los que no aguantarían tanto improperio, les respondo que servidor se ha curtido en estas batalla con el mejor humor posible, y&nbsp además en un tú a tú duro con comunistas oficiales o con los diversos maoístas (sin olvidar los diversos trotskistas “auténticos”, esos que dedican su vida a guardar las esencias), y que por lo demás, hay que reconocer que estos muchachos, con su afán inquisitorial tan penosamente adquirido, han acabado ampliando más de lo que lo creen, la audiencia de mis trabajos…

Trabajos que gracias a esta audiencia se suelen reproducir en muchos espacios a lo largo y lo ancho de la red, por ejemplo en la Web del Partido Comunista de&nbsp Venezuela.&nbsp &nbsp &nbsp

Todo esto no se habría dado sin el aprendizaje facilitado por un autor que siempre he leído y releído desde que lo llegué a conocer allá por 1966…- Me estoy refiriendo a Isaac Deutscher, revolucionario polifacético, militante, ensayista, historiador, periodista, etc, Isaac Deutscher (1907-1967), nacido en un medio judío polaco muy próximo al de Rosa Luxemburgo, es uno de los hitos de la cultura socialista (1).

Gracias “al Deutscher” esta vocación me vino temprano, y doy fe de un folleto que ya escribí por entonces en copias de papel cebolla, y que titulé La lucha contra el estalinismo. Por lo que recuerdo, dicho papel fue coincidente con una conferencia legal que se desarrolló públicamente en el Centro Social del barrio de La Florida en L´Hospitalet, y que glosó sobre el 50 aniversario de la Revolución de Octubre, y ante una amplia audiencia.&nbsp Las notas para la charla las tomé de Isaac Deutscher.

No hay duda que este camino fue en buena medida desbrozado por mi &nbsp “papa político” libertario, Francesc Pedra, al que tanto gustaba de hablar de “la alteza de miras” y del “libre pensamiento” solamente posible por el estudio, servidor no olvidará nunca la suerte que tuvo cuando en plena infancia militante, sustentada por la búsqueda de unos criterios teóricos más sólidos de los que ofrecía la tradición comunista oficial que me producía mucha desconfianza, tropezó con la edición catalana de la biografía de Stalin, obra de un tal Isaac Deutscher, extensamente publicado en los años siguientes tanto aquí como en México. Su “alteza de miras” y su formación permitiría a Manolo Vázquez Montalbán acuñar la frase “sabe más de política que el Deutscher”. Aquella “biografía política” no era ni el retrato de un demonio –el mismo que según el Sr. Ministro de Franco, Arias Salgado, hablaba con Belcebú desde un pozo de Bakú-, ni el del “heredero de Lenin”, que evocaban ingenuamente los jóvenes comunistas como si la revolución rusa hubiera creado una nueva dinastía.

“El Deutscher” como empezamos a llamarle en mi medio afín, venía precedido de un alto prestigio, y de ello daba pistas Joan de Segarra en un artículo para Destino, y alguien como Ricard Salvat, entonces reconocido director de teatro que nos servía a Brecht en toda su plenitud, y al que recuerdo con el volumen bajo el brazo en un breve encuentro en el que también estaban presentes Maria Aurelia Capmany, José Mª Rodriguez Méndez y Ángel Carmona, y su comentario entusiasta. Poco después nos llegaba a través de Triunfo la noticia de su fallecimiento.&nbsp Esto no fue obstáculo para que pudiéramos acceder al conjunto de su obra, sobre todo a través de ERA, México, pero también en Alianza (La década de Jruschev), Ariel (Herejes y renegados), Martínez Roca (Rusia después de Stalin), etc.

El comentarista hablaba de un “trotskista heterodoxo”, una definición que a mi ya me parecía un pleonasmo ya que la de Trotsky era, primero, una escuela ampliamente compartida (en nuestro caso con el “Che” y con las tradiciones cenetistas), y segundo, un referente en el que convenía distinguir diferentes fases…Deutscher había mostrado dicha “heterodoxia” polemizando con el propio Trotsky, anteponiendo argumentos “luxemburgistas” (el partido comunista polaco fue liquidado por orden de Stalin que los acusó de beber en las fuentes de la autora de Reforma o revolución) a la idea de crear ya la Cuarta Internacional, y también lo hizo en su biografía, de la que nos acababa de llegar el primer volumen, igualmente aparecido en catalán en la casi mítica Edicions de Materials, intensamente “tercermundista” (publicó al “Che”, Ben Barka, Burchett sobre Vietnam y Corea, Annie Francos sobre Sudáfrica, etc). Deutscher admiraba profundamente a Trotsky, pero no dudaba en cuestionarlo, comme il faut.

Durante muchos años, la principal, sino la única, fuente de información sobre la Cuarta internacional fue la trilogía sobre Trotsky, de Deutscher, quien como parte de la obra, repitió sus argumentos en el debate. En 1964, en una conferencia Sobre las Internacionales y el internacionalismo (incluido en la antología El marxismo de nuestro tiempo, ERA, México, pp.126-127), dictada ante la Socialist Society del University College de Londres, sintetizó así su opinión: "En 1933, después del acceso de Hitler al poder, Trotsky consideró que la Tercera Internacional estaba tan en bancarrota como la Segunda. Los trabajadores alemanes no estaban, como pretendía el especioso argumento de la Komintern, "en vísperas de grandes batallas"; ya habían sufrido una terrible derrota. El estalinismo, dijo Trotsky, había tenido su "4 de agosto".

Esta analogía llevó a Trotsky a la obvia conclusión de que entonces como en1914, había llegado el momento de prepararse para la construcción de una nueva organización internacional, porque la antigua&nbsp yacía en ruinas. Trotsky, sin embargo, estaba lleno de vacilaciones: no era fácil para él volverle la espalda al "estado mayor de la revolución mundial", del que había sido uno de los principales arquitectos: el mismo señaló que, mientras que en 1914 la II Internacional traicionó conscientemente todos sus altos ideales, el Komintern, en 1933 había facilitado la victoria del fascismo por pura estupidez, incuria y ceguera…El plan de organizar una nueva Internacional fue madurando con lentitud en la mente de Trotsky. Hubieron de transcurrir cuatro años de propaganda y de trabajo de base antes de que se sintiera listo para convocar un congreso constituyente. (Exactamente el mismo espacio de tiempo transcurrió desde el momento en 1915 en que él y Lenin concibieron por primera vez la idea de la Tercera Internacional, hasta que la organización quedó constituida.)

Pero –a su entender- “la Cuarta Internacional nació muerta, y ello se debió en buena medida a la inexistencia de un. Movimiento revolucionario internacional que pudiera insuflarle vida. Sin que él tuviera culpa de ello, la Internacional de Trotsky se vio aislada del único lugar donde había triunfado la revolución y donde esa revolución, aunque monopolizada y deformada por una burocracia opresora y mendaz, aún existía. En cierto sentido, el mismo Trotsky había previsto la circunstancia principal que habría de condenar a su organización a la ineficacia cuando señaló que, pese a la irresponsabilidad de la política de Stalin en Alemania y en todas partes, los obreros revolucionarios de todos los países seguían mirando hacia Moscú en busca de inspiración y guía" Este punto fue criticado ásperamente desde el movimiento trotskista con el que Deutscher tuvo sus más y sus menos, pero con el que se “reconcilió” en el curso del alza de los grandes movimientos juveniles de la época.

Deutscher concluye su conferencia con la siguiente lección: "que la idea del internacionalismo es, después de todo, más importante, más vital y más pertinente que la Internacionales que se suceden las unas a las otra, florecen y luego decaen y mueren. Las Internacionales pasan; el internacionalismo sigue siendo el principio vital de un nuevo mundo; y aun entre las ruinas de las Internacionales yo continúo creyendo que la idea del internacionalismo crecerá y florecerá como una planta que crece y prospera entre las ruinas".

Decía estas cosas&nbsp mientras tomaba parte en primera línea en el Tribunal presidido por Bertrand Russell que denunciaba las atrocidades norteamericanas en el Vietnam, y en tanto daba conferencias sobre los temas más diversos, por ejemplo sobre el Estado sionista de Israel, no en vano Deutscher se confesaba judío no sionista…Título de una obra de signo autobiográfico que editó en castellano Ayuso, y que se me perdió en algunas de las mudanzas partidarias y que, desdichadamente no he vuelto a recuperar. Pues bien, tal como he venido señalando con la inapreciable ayuda de E.H. Carr, Deutscher vuelve a estar en las librerías con la editorial chilena Lom (presente en la soberbia película Calle Santa Fe), concretamente con su trilogía sobre Trotsky, el profeta armada, desarmado y errante…

Seguiremos hablando de Deutscher con nuevos pretextos.

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1)&nbsp Un notable ensayo sobre Deutscher es el se incluye en la antología de Perry Anderson que con el título de Campos de batalla, que editó Anagrama, Barcelona,&nbsp 1998; también Tariq Ali en sus obras El choque de los fundamentalismo, y Años de lucha en la calle, le dedica una gran atención, y ambos subrayan su poderosa influencia.

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