Ha muerto uno de los nuestros: El poeta comunista Marcos Ana. ¿El congreso le dará su minuto como a Rita?

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Murió poeta y líder comunista Marcos Ana, quien fuera preso político más antiguo del Estado español con 23 años en las cárceles de Franco. Maltratado, torturado, pero jamás acallado. 

Era junto a Fernando Carballo, excarcelado en 1976 -el preso cenetista que estuvo 26 años en prisión en régimen de aislamiento total- uno de los que pasó más años en las cárceles franquistas .

Marcos Ana continuó su lucha hasta hace unas horas. Compañero antifascista, luchador infatigable… Has librado un duro combate hasta el final…que la tierra te sea leve…

Sin tu presencia, comienza otra etapa.

Redacción Web –


Muere el poeta comunista Marcos Ana. Preso político que pasó más años en cárceles franquistas.

Marcos Ana, poeta y comunista convencido, ha fallecido a los 96 años en Madrid. Fue el preso que pasó más tiempo en una cárcel franquista. Sufrió torturas en prisión, donde estuvo recluido durante 23 años, desde que tenía solo 18 hasta que, gracias a la entonces recién fundada Amnistía Internacional, fue liberado a los 41. Pero todavía tuvo tiempo para seguir luchando por sus ideas.

Su nombre real era Fernando Macarro. Nacido en Salamanca en 1921, se alistó en el bando republicano cuando estalló la Guerra Civil, después de tener que recoger el cadáver de su padre de entre los escombros de una casa destruida por la contienda. Durante la batalla se afilió al Partido Comunista. En 1939 fue detenido en Alicante por el bando franquista y condenado a muerte acusado del asesinato de tres personas.

Pasó por varias cárceles y compartió cautiverio con escritores como Antonio Buero Vallejo. Comenzó a aficionarse a la lectura con algunos libros que circulaban por el penal, clásicos españoles autorizados como Quevedo o Lope de Vega. Pero también logró hacerse con los versos prohibidos de Miguel Hernández, poeta encarcelado por el franquismo y que acabaría muriendo en prisión, o Federico García Lorca, fusilado por el bando golpista.

Tras años de cautiverio, comienza a escribir. A los 33 años redactó su primer poema y adoptó como seudónimo los nombres de sus padres, Marcos y Ana. Sus versos logran traspasar, escondidos, los barrotes de la cárcel y se convierten en un símbolo de la lucha contra la dictadura.

Uno de ellos, titulado Decidme cómo es un árbol, dio nombre a sus memorias, cuyos derechos adquirió Pedro Almodóvar. El poema habla de la soledad, de la vida en prisión, del aislamiento, de la represión. De cómo, tras tanto tiempo entre rejas, había olvidado la vida.

Decidme cómo es un árbol,
contadme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros,
habladme del mar,
habladme del olor ancho del campo
de las estrellas, del aire.

Recitadme un horizonte sin cerradura
y sin llave como la choza de un pobre,
decidme cómo es el beso de una mujer,
dadme el nombre del amor
no lo recuerdo.

¿Aún las noches se perfuman de enamorados
tiemblos de pasión bajo la luna
o solo queda esta fosa,
la luz de una cerradura
y la canción de mi rosa?

22 años, ya olvidé
la dimensión de las cosas,
su olor, su aroma,
escribo a tientas el mar,
el campo, el bosque, digo bosque
y he perdido la geometría del árbol.

Hablo por hablar asuntos
que los años me olvidaron.

No puedo seguir:
escucho los pasos del funcionario.

Una campaña de Amnistía por su liberación consiguió que el régimen firmara un decreto para excarcelar a aquellos presos que llevaran más de 20 años ininterrumpidos en prisión: solo él cumplía estos requisitos. Abandonó su celda en el penal de Burgos en 1962. «Nacer a los 41 es algo muy serio», contaba. Y desde entonces no dejó de luchar por la libertad.

En octubre de 2015, eldiario.es entrevistó al poeta y militante comunista, en una conversación en la que analizaba la situación de la izquierda y reflexionaba sobre la vida, la poesía, el amor y el activismo: «Nunca he querido venganza. La única venganza que quiero es que triunfen nuestras ideas».

El DIARIO


Este es el poema con el cual nuestra compañera Silvia Delgado Fuentes ha homenajeado al entrañable luchador Marcos Ana

Cuando muere un poeta

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Por Silvia Delgado Fuentes

Cuando muere un poeta no pasa nada, apenas ni nos damos cuenta,

ni la lluvia queda quieta,

ni las estrellas se descuelgan,

ni los niños dejan de jugar a la rayuela.

Nada. No pasa nada.

Todos los días nos morimos.

Limosneros de pan y de ternura,

dejamos la vida como si tal cosa.

Como dejamos los poemas sobre mesas,

o en paredes o en plazas donde se amontonan

las huellas de los besos y de las quejas.

No pasa nada cuando nos morimos,

porque somos muchos muriéndonos clandestinos,

en lugares sombríos de humanidad,

porque somos tantos,

tantos los poetas que vamos muriéndonos

huérfanos, errantes, solitarios.

Amados desde distancias remotas,

odiados por tener voz y estrofas,

aislados en un mundo hostil que

nos lleva de cabeza.

Nada pasa, nada.

O sí pasa.

Ocurre que si muere un poeta

cerca del fuego y de las lágrimas,

cerca de la sequía y de las guerras,

cerca de la memoria y de las picanas,

la muerte secuestra una garganta insomne.

Cuando muere un poeta y muere gritando a la barbarie

calla la voz vigilante de quien quiso vivir en pie,

en paz,

eternamente.

Silvia Delgado Fuentes

 

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