Ha fallecido el abogado del desaparecido Maurice Audin

Por Iñaki Urdanibia

El pasado día 26 de junio fallecía quien fuese encargado por la familia del desaparecido militante para investigar el paradero del profesor que vivía en Argelia. Roland Rappaport había nacido el 11 de setiembre de 1933, y a lo largo de su vida no dejó de militar, ejerciendo la abogacía en defensa de la justicia, la verdad y del lado de las causas perdidas. Ya en sus años de estudiante se había unido al PCF. Su lucha contra el corporativismo – la Copo de derecho- encarnado, cosas de la vida, por un tal Jean Marie Le Pen, a quien más adelante volvería a tener enfrente, pues desde aquellos primeros tiempos su lucha contra la extrema derecha fue implacable, y contra la negación de la puesta en marcha del exterminio nacionalsocialista de los judíos muy en concreto, negación ( la muerte al por mayor fue –según el gañan- un point de détail ; ¡seis millones de asesinados!) , revisión histórica de la que el dirigente, a la sazón del FN se convirtió en abanderado, como buen asesino de la memoria de la que hablase Pierre Vidal- Naquet [ no está de más indicar que Roland Rappaport fue uno de los niños que pasó la segunda guerra escondido para evitar las zarpas de Klaus Barbie y epígonos].

Participó decididamente en la defensa de los detenidos a raíz de su oposición a la guerra colonialista impuesta al otro lado del Mediterráneo o a quienes participaban en ella apoyando a los argelinos contra la potencia francesa, los porteurs de valisses. Él fue uno de quienes logró que el manuscrito de Henri Alleg, La question, tremendo alegato que denunciaba las torturas en las mazmorras instaladas en el territorio argelino, fuese conocido al sacar hoja por hoja el texto del periodista entonces detenido ( http://2014.kaosenlared.net/especiales/60669-l%C2%B4affaire-audin# ) ( 1 ). Este periodista fue el último en ver, en el centro de detención, con vida a Audin, destrozado, por cierto.

Ante la desaparición del profesor de matemáticas, Maurice Audin, a quien la última vez que se le vio fue en la sede de los paracas – en los que participaba y de ello se vanagloriaría más tarde- el nombrado Jean Marie Le Pen. Tras este periodo varias fueron las causas de las que se hizo cargo, separado del partido comunista debido a la defensa que asumió de un matemático, Anatoli Chtcharanski, que había sido condenado a trece años de trabajos forzados por sus posturas disidentes con respecto al régimen dicho soviético. Más tarde pasaría a convertirse en abogado del MRAP ( Mouvement contre la racisme et pour l´amitié des peuples) y como tal combativo luchador contra las posturas negacionistas de los Faurisson et compagnie y contra las organizaciones neo-nazis; y en defensa de varios acusados – por difamación ( El nombrado Vidal-Naquet entre ellos)- por haber acusado al reaccionario borono nombrado de haber torturado en Argelia.

( 1 ) Hace siete años la hondarribitarra Hiru Argitaletxea, editaba la obra de Henri Alleg, de la que en su momento escribí la reseña que transcribo:

En 1957, en medio de la guerra de Argelia, desaparece Maurice Audin, miembro del partido comunista y profesor de matemáticas, detenido el 11 de junio por los paracaidistas y asesinado más tarde, tras varios días de tortura; su paradero todavía es desconocido al igual que el lugar exacto de su muerte. En su ausencia se leería su tesis doctoral en una Sorbona llena de personalidades de la vida intelectual, entre ellos François Mauriac y Louis Massignon. Un comité con el nombre del, entonces desaparecido se creó en torno entre otros al siempre alerta y combativo Pierre Vidal-Naquet que publica en mayo de 1958 «L´Affaire Audin »en las ediciones de Minuit. , al mismo tiempo se pone en marcha el Centro de Landy (centro de información y coordinación) que cuenta con el decidido apoyo de Jean-Paul Sartre , Jean Pouillon y Jean-Marie Domenach. En enero del mismo año, dicho Centro publica Témoignages et Documents, una de cuyas principales tareas consiste en reimprimir a la carrera los artículos y libros prohibidos o secuestrados. Es ahí en febrero , cuando esta publicación intermitente y militante difunde «La Question », que acababa de ser editada por Minuit y prohibida de inmediato. Así después del affaire Audin, venía el affaire Alleg, cuando en marzo Martin du Gard firmó con Malraux, Sartre y Mauriac una carta dirigida al presidente de la República para protestar por la prohibición del libro, y exigiendo que se investigasen las denuncias expuestas en él.

Henri Alleg que había sido director del único periódico que mantenía una postura divergente de la voz del amo colonialista, Alger Républicain, y miembro a la vez del Partido Comunista Argelino se vio obligado a pasar a la clandestinidad al ser prohibido el periódico y disuelto el partido; los paracas, temidos por su brutalidad, le detuvieron y desde entonces padeció un infierno que duró dos meses, pasando por diversas estancias de las fábricas de torturar, que es lo que relata en este conmovedor testimonio, que enfrenta la bestialidad de unos desalmados a la entereza de un militante que no cede a la violencia ni al chantaje, manteniendo alta la frente y la dignidad . Atado desde el primer momento , se van a suceder golpes, insultos, electrodos en distintas partes del cuerpo(boca, dedos, orejas, pechos, sexo…), cerillas y antorchas con las que se queman los pezones, el vello púbico, las plantas de los pies del detenido, chorros de agua, asfixia, rondós de una colla de despiadados verdugos que competían entre sí para ver quién era el más salvaje y el más ocurrente en la crueldad, sed y hambre, picotazos de pentotal…. Por parte del torturado , el más absoluto de los silencios con respecto a sus compañeros de lucha, en medio de fuertes tembleques, dolores alternados con adormecimientos sensitivos y estados de semi-inconsciencia algodonosa y alucinada.

Cuarenta años después del final de la guerra, el autor es entrevistado por Gilles Martín; el intercambio de preguntas y respuestas no tiene desperdicio ni de cara a la memoria del pasado (la postura de Camus, la gravísima responsabilidad de François Mitterand y sus amigos socialistas, la magnitud del terror colonialista, los diferentes recuerdos de generales que dirigieron aquella salvajada, etc.), ni tampoco de cara a las enseñanzas que se pueden obtener para el presente, y…para el futuro.

Es de aplaudir la publicación de este libro que da cuenta de esa gangrena llamada tortura; por amor a la verdad, para evitar su repetición y la ignorancia de las nuevas generaciones que han de saber qué prácticas aberrantes se han cometido en nombre de grandes y bellos principios. Tampoco es el menor de los méritos de la publicación del libro, la aplicación del estremecedor caso como recordatorio-salvando las distancias y los tiempos- de la presencia de tal lacra en la actualidad. ¡Una escalofriante invitación a permanecer vigilantes!

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