Guerra en Colombia ¿cómo salir?

Colombia: Conflicto y Derecho Internacional Humanitario.

Bajó ese título se está desarrollando otro más de los seminarios, que buscan salida a la guerra en Colombia.

La Plataforma Justicia por Colombia, que lo propicia junto a la Universidad Carlos III en Getafe, indicó en la presentación que se buscan objetivos elementales: la aplicación del Derecho, y el Diálogo.

Que hay kilómetros de anaqueles llenos de libros y papeles sobre el conflicto y propuestas para solucionarlo, pero que la cosa se&nbsp torna más grave cada día, más inmenso es el sufrimiento de las víctimas, mientras que los gobiernos del llamado primer mundo sólo ofrecen medidas más restrictivas a esas víctimas, en el refugio, en el desplazamiento forzado.

Que hay responsables penales de esa crisis humanitaria, y que hay mecanismos clásicos en Ginebra, como el estatuto de beligerancia, que podría favorecer soluciones, como también podría hacerlo la nueva situación, la nueva administración en Estados Unidos.

Dos destacadas personalidades fueron escogidas para efectuar la relatoria del evento, el profesor Moncayo, que fuera Rector de la Universidad Nacional de Colombia, y el jurista Joan Garcés, Premio Nobel Alternativo.

Un “tropiezo” de última hora entorpecía el seminario: la prohibición de viajar y asistir al periodista Carlos Lozano, reconocido defensor del dialogo, que ya tenía listo el pasaje y el visado español para intervenir en Getafe: parece que la administración colombiana, representada en la Universidad Carlos III por el Embajador en España, no consideró pertinente ninguna otra contribución a los contenidos y objetivos del diálogo internacional.

La primera ponencia propiamente dicha, fue una breve pero contundente intervención por audiovisual del premio Nóbel de la Paz Pérez Esquivel, en los días en que se estaba cumpliendo otro aniversario, el 33, del golpe militar en Argentina.

Esquivel , que había presidido el Tribunal Permanente de los Pueblos, en la Universidad Nacional en Bogotá, donde se enjuició y condenó a las multinacionales que hacen parte directa del conflicto colombiano, llamó la atención de cómo en aquel país lo que se practica cada día es lo contrario de lo que se pregona.

Y se preguntó porqué la Unión Europea no pone aplicación a la cláusula de&nbsp condicionalidad, en relación con las abundantes violaciones a los ddhh en Colombia.

Insistió en la necesidad de acabar con el intervencionismo norteamericano e Israelita en toda la región, como se había puesto de manera dramática en el bombardeo de Ecuador desde Colombia con apoyo sionista y norteamericano,

Y señaló que las esperanzas existentes respecto a Obama, pueden quedar a la espera mientras se visualiza qué es lo que “le dejan” hacer.

Francios Houtart , también en la pantalla, expresó de forma rigurosa los pasos que en su opinión deben darse para propiciar la paz en Colombia, país desde el que emitió la grabación, antes de viajar como representante personal de Naciones Unidas, en los temas y propuestas de superación de la crisis.

Y diseccionó en dos ámbitos: lo que corresponde al poder imperial en el vínculo colombiano, y lo que concierne a la Unión Europea.

Relató algunos aspectos de la dimensión histórica del conflicto,

Y actualizó algunos criterios como la locura de los monocultivos que suponen la expulsión de campesinos, y origina una nueva fase del capitalismo agrícola, con uso intensivo de la violencia.

Puso como condición primera para llegar a cualquier construcción democrática nueva, el superar el primer problema, que es el de llegar a la paz.

Que la vía militar, única que propugna al actual ejecutivo colombiano, sí puede conseguir una “paz”, igual a la de Gaza.

Pero eso no solventa ni uno sólo de los problemas sociales básicos de la gente.

Y que por tanto debe iniciarse otra lógica: la de acuerdos, la de diálogos.

Mecanismos como sacar a las guerrillas de las listas de grupos terroristas, y poner voluntad política por ambas partes, para propiciar y permitir también la lucha política, en la que las clases populares y también clases medias logren tener su propia representación, y no estar a merced de representaciones de las élites, como ocurre hasta ahora.

Frente al absurdo de gobiernos “de izquierda” europeos que defienden los intereses de sus multinacionales, lo que repercute en una “deriva” de la cooperación, que es ambigua y que reproduce las mismas situaciones de exclusión y de guerra, defendió la necesidad y pertinencia de revisar a fondo toda la cooperación con Colombia, y en particular la española, para poner dicha Cooperación Internacional&nbsp no en función de los intereses europeos, sino de los intereses de la democracia y la paz.

Javier Giraldo empezó señalando que el tema es apasionado, y que es difícil la neutralidad o tener cabeza fría.

Que todo el Derecho Internacional Humanitario se había construido para guerras como las Primera y Segunda Guerras Mundiales, y no para contextos como el de Colombia, por lo que merece la pena revisar esas propuestas para actualizarlas, a un contexto de 45 años seguidos de guerra irregular por ambas partes.

Recordó que cuando nacieron las guerrillas en Colombia, los indicadores sociales eran tres veces mejores de lo que son ahora: o sea que el empeoramiento es evidente, como lo son las razones esgrimidas para la rebelión.

Señaló cómo hasta las Altas Cortes de su país acaban de ratificar que las últimas elecciones han sido fraudulentas, para desarrollar algunos datos de la falsedad de que en Colombia exista democracia.

O cómo la información se ha convertido en mercancía, y además muy costosa.

O que la separación de poderes es una farsa total, pues en las zonas de conflicto, que es casi todo el territorio colombiano, son las brigadas militares las que realizan todas las funciones del estado.

En cuanto al origen del conflicto, citó documentos contundentes que demuestran que en febrero de 1962 una misión norteamericana ordenó entrenar para una estrategia paramilitar:

La CEA, Conferencia de Ejércitos Americanos, en una época que No existían guerrillas, diseñó esa estrategia paramilitar. Y si no había guerrillas ¿contra quien se dirigía esa guerra?… pues se habló y escribió entonces con absoluto desparpajo de efectuar acciones terroristas contra simpatizantes del comunismo..

Y así ha seguido siendo desde entonces: los blancos escogidos han sido, sindicalistas, indígenas, campesinos, incluso se habló allí de elementos de la teología de la liberación.

Es decir se creó un brazo secreto del ejército, y eso lo han probado exhaustivamente las Altas Cortes en Colombia: el estado entrenó, armó, pasó las listas de a quién exterminar..

Quienes desde el gobierno dicen que esas estructuras paramilitares ya se desmovilizaron, mienten, según afirmó el padre Javier Giraldo, que

Repasó las distintas fases de esa estrategia:

Una primara fase de terror, grandes masacres, para generar grandes desplazamientos forzados.

Una segunda fase de represión selectiva, para exterminar los focos de resistencia, a los sobrevivientes .

Una tercera fase de infiltración y control en los espacios comunitarios, para dar paso a una cuarta fase, donde el paramilitarismo adquiere un descomunal poderío económico.

Eso ya está ampliamente demostrado por la Corte, los paramilitares propietarios de amplios territorios, e incluso hasta se compraron y vendieron Bloques enteros de paramilitares, para acogerse a la Ley de Impunidad.

La Ley de Impunidad (de justicia y paz según el gobierno) da paso a una Quinta fase, donde el paramilitarismo se institucionaliza y legaliza.

Para ello se usaron dos leyes, una para las bases paramilitares, que entraron de forma masiva a conformar redes de informantes, soldados campesinos, empresas de seguridad, y miles de crímenes horrendos les fueron conmutados.

Otra ley favorece directamente a los mandos del paramilitarismo.

Todo ello le sirve a Giraldo para reflexionar sobre si en Colombia se dan condiciones para una guerra justa, en términos éticos, y de cuales son los obstáculos o bloqueos para llegar a la Paz.

Y parece claro en su exposición: el primer y gran obstáculo de la paz es el monstruo creado del paramilitarismo.

El segundo obstáculo principal es la economía transnacional, y las denuncia horrendas de complicidad de las empresas en el genocidio.

Por una razón instrumental, admitiendo una diferencia técnica considerable, en la guerra irregular entre las partes, entonces, ¿qué pueden y deben hacer los combatientes?

¿someterse al status quo? ¿luchar sin esperanzas en cambios transformadores? ¿conformar un boicot permanente a la desigualdad imperante?

El padre insistió en que si el DIH se había diseñado para otro modelo de guerra, seguir satanizando la lucha armada con la intención primordial de deslegitimar las aspiraciones populares, no es un camino acertado.

Rediseñar el DIH puede ser oportuno, pero en una guerra sumamente degradada se podría defender la “economía del sufrimiento”, buscar disminuir dicho sufrimiento en la población civil, y por eso puede ser que centrarse solamente en el DIH puede no ser ético.

Confrontar la respuesta militar a las aspiraciones populares, deviene en un criminal intento de exterminar los anhelos populares.

La solución no puede ser militar. Los formalismos de la democracia ya no operan en Colombia.

El conflicto social no acepta un tratamiento militar: se impone la necesidad del dialogo, como por ejemplo ofrece el movimiento de Colombianos por la Paz.

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