Guatemala: noticias apocalípticas para el 2012, un asesino tomando el gobierno

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Qué fue lo que pasó en Guatemala en el año 2011 para que el Presidente entrante, no lo llamamos electo, porque una elección no se la creemos, sea el «Ex» General Otto Pérez Molina?  Ahora, la prensa hace todo lo posible, ya que no se puede negar la biografía de este hombre, para hacer al pueblo guatemalteco creer que es cosa pasada, ya que se encuentra retirado de sus funciones como General. Sigue siendo militar, sigue siendo asesino impune, sigue teniendo los mismos socios, colegas, amigos y amiguitos militares para hacer valer – bajo su concepto militar – el cumplimiento de su única y exclusiva promesa electoral: aumentar la seguridad. Y eso lo hace muy bien, hasta incluso anteriormente de las elecciones.

Empezamos con que el Partido Patriota, bajo el cual se presentó, robó en las primeras cuatro semanas el presupuesto previsto para todo el año electoral. Sigue. La toma de fachadas, postes, árboles, y otros espacios públicos, hasta pueblitos y comunidades enteras, de color naranja fuerte y el logo: una mano alzada hecha puño fueron solo la parte suave una campaña «electoral» que realmente fue una campaña de intimidación («Acuérdense que pasó en los años ochenta. ¡Voten por el General!» fue uno de los lemas que se escucharon en la provincia Quiché, donde él estuvo estacionado durante el conflicto armado), de asesinato (solo en un fin de semana cuatro candidatos del partido de oposición para elecciones municipales fueron asesinados, hubo otros casos de asesinatos y secuestros durante todo el año), de mentiras y más mentiras sobre todo. Y mientras se asesina para justificar el aumento del presupuesto militar, el pueblo sufre el miedo.

Después de la firma de los Acuerdos de Paz en el 1996 hubo muchos informes, muchos reportes, muchas delegaciones internacionales «buscando la verdad». Pero una cosa no se hizo: desarmar un país que sufrió casi 40 años de guerra. Estas armas siguen estando acá, solo que se fueron clandestinizando. Muchos reclaman que los números de muertos siguen siendo los mismos, solo que cambiaron los asesinos. Y esto es una parte de una verdad: es la seguridad misma que mata, la seguridad privada y pública, la seguridad militar, pero sobre todo la seguridad privada.

La política de seguridad en Guatemala es negocio, y que importa que a quienes asesinan es a un pueblo desarmado, desangrado, porque en Guate la justicia se negocia con dinero y apellidos; y la guerra se prende y se apaga con los intereses ajenos como la política exterior de Estados Unidos, siendo gobernados por la elite de las corporaciones de armamento estadounidenses (solo en el último año, Hillary Clinton vino tres veces a Centroamérica, promoviendo un sistema regional de supervisión y de seguridad, base a la cual en un barrio en las afueras e la ciudad de Guatemala se instalaron 300 cámaras de seguridad y ganó con amplia mayoría el Partido Patriota); de empresarios de corporaciones con oficinas a 10.000 kilómetros de distancia, donde la explotación de seres humanos y de la naturaleza tiene cara limpia y el discurso de lo que llaman «inversión para el desarrollo»; por interesas ajenos como de la elite guatemalteca que pasa la mayor parte de su tiempo en Miami, Los Ángeles, Washington o Nueva York, o cualquier lugar menos con la tierra y la cultura de sus raíces; por intereses ajenos como los narco-oficiales, narco-criminales, narco-militares, narco-paramilitares, narco-empresarios, y cualquier grupo real o inventado por los gobiernos de la región, para justificar aquellas narcoguerras inventadas a cambio de mejores condiciones comerciales y crediticias con el gobierno del Norte para sus negocios y empresas, grupos que se apropian de territorios y espacios, espacios públicos y políticos y de la sociedad como tal, a través del terror y el miedo, y de los crímenes más indignantes y horrorosos contra las personas en las comunidades rurales, las comunidades de interés estratégico, contra las personas que viven ahí o que pasan por estos territorios, como es el caso de los miles y miles de migrantes centroamericanos que cada año pasan por estas fronteras invisibles clandestinamente y son las principales víctimas de estos grupos.

Los medios de comunicación son cómplices de estos crímenes, ocultando y desinformando estratégicamente sobre la situación de persecución empresarial y militar en las comunidades, sobre la historia y el pasado y sobre los intereses y manubrios políticos del gobierno entrante, sobre el trasfondo y la naturaleza de la violencia en este país.

Frente a esta perspectiva y abrazando la incansable resistencia hondureña en la misma causa, pedimos solidaridad de nuestras hermanas y nuestros hermanos, miren a la Guatemala olvidada, porque está agotada y necesita sus brazos, sus ojos y sus palabras, para hacer frente a un año que empieza con la reinauguración del régimen militar y la reinstauración de la cúpula militar de los años ochenta, de los años más sangrientos de la guerra civil.

Cuenten la historia de Guatemala, para que la hermandad de los pueblos esté con el nuestro.

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