Guarda la rabia para el poder

Trick or treat. Estamos en una sociedad en que muchos tal vez teman más la pérdida del empleo que la enfermedad, y que obliga a elegir entre educación y trabajo

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Vigilar al vecino en vez de empatizar con él. Cuidado con el fascismo cotidiano

Cuando el sistema, tras décadas de demonizar al “enemigo” en conflictos como Colombia o Euskadi, quiso, por intereses de realpolitik o cambio temporal de prioridades, “desescalar” sus planteamientos maximalistas y plantearse marcos diferentes, se encontró con que gran parte de sus seguidores más acérrimos habían interiorizado sus consignas hasta tal punto que no aceptaban los nuevos procesos de diálogo y obstaculizaban, de forma muy agresiva ya que se sentían “traicionados”, el alcanzar los nuevos objetivos de moderación. Así, se han frustrado acuerdos de paz y treguas con las FARC o ETA o de distensión con la URSS o Irán.

Ahora, tras los “justicieros de balcón”, los aplausos a bofetones policiales o el abucheo de autistas o a sanitarios acudiendo al trabajo, se ha instalado en la opinión, difundido por algunos medios e incentivado en redes sociales, una actitud de enojoso desprecio, de superioridad moral, de parte de la población hacia los que hacen deporte, sacan los niños a que les dé el aire o simplemente van a pasear. Hacia cualquiera que haga uso de la calle, aunque paradójicamente muchos critican a “los demás”[1] desde la sinecura asegurada de un plató al que han acudido a verter su dosis de bilis diaria mientras los demás estaban confinados sin poder desempeñar actividades mucho más “esenciales” para la sociedad o para ellos mismos, o esparcen su odio desde la misma vía pública de la que “los otros” “abusan”.

El tema adquiere tintes estructurales cuando se trata de la reapertura de la actividad económica. Se ha fanatizado a la gente para que adquiera un comportamiento antinatural, sin trabajar con ella o desde ella, por  mera imposición, sin interiorizar que las acciones de uno tienen consecuencias,  en plan «la letra con sangre entra», y si algo se ha demostrado a lo largo de la Historia es que esa aproximación autoritaria[2], excepto en sistemas totalitarios “a la china”, es básicamente divisiva y contraproducente, sólo consigue que la población se divida entre un grupo de guardianes del orden, acomodados, y otro de gente a la que le importan bien poco nada que no sean sus propios impulsos. Nos encontramos, a una escala diferente, una especie de escisión entre fundis y realos[3], pero a nivel popular[4].

Mucho más grave que lo de IFEMA[5], de los padres con sus hijos o de la repentina popularidad de la práctica del deporte, me parecen las colas de habitantes de la decimotercera economía mundial durante horas por falta de alimentos, el desplome del empleo -forma de llamar al mecanismo por el que la mayoría nos vemos obligados a obtener nuestros medios de subsistencia-  o los ancianos muriendo solos. Si alguien articulado como Inés Ballester[6], que ha sufrido ambos males, explicaba esta semana cómo la soledad ha le ha supuesto que «el coronavirus ha sido peor que el cáncer», no quiero pensar en la angustia atroz de los miles con capacidades cognitivas reducidas que se preguntaban por qué estaban muriendo en silencio y soledad[7]

Yendo más allá de la miopía asesina a corto[8] y medio[9] plazo, encuentro fundamental el que en todo momento se nos ha forzado, desde la contención hasta la desescalada, a situarnos en una  perspectiva individual sobre el problema, de individuos ni siquiera de ciudadanos, ojo.  Sobre todo, no colectiva, ni se os ocurra la colectiva. Se nos ha mandado a casa como a los niños a la cama y ahora se pretende que actuemos como adultos. Y mucha gente les ha seguido (imagino que involuntariamente) el juego preocupándose más en escaldar al vecino que en empatizar con él y a unirse de verdad (no con esos eslogans que como todo lo políticamente correcto sustituyen sus propios contenidos por mentiras), a nivel comunitario, local, participativo.

Por escueta que sea su formación y seguramente porque los partidos de eterno “centralismo democrático” en los que ha depositado sin garantías ni control su poco juicio estén coyunturalmente en el gobierno (que no en el poder), la izquierda emocional[10], que podría haberse ahorrado dignamente por una vez su participación en esta orquestra, no ha perdido ocasión, ni su gusto por las consignas sencillas, en criticar a los críticos a la voz del manido aforismo “los extremos se juntan”[11]. De esta manera, a los contestatarios se nos adjunta a la extrema de la extrema derecha por nuestra oposición al Estado de Sitio, pese a que los motivos, y por tanto el significado ¿no?, sean otros. El fenómeno del  falso libertarismo facha, importado de las milicias de EEUU y por ello  tampoco demasiado entendido por sus propios promotores de Abascal y los muchachos de la mesa cuadrada, y el “primar la producción frente  a la salud” de la patronal, ambas posturas complementarias que inherentemente asumen como propio y defienden con denuedo el presente modelo de desigualdad, no tiene nada que ver, es más van directamente en contra, de la denuncia del control social yi la degradación de los derechos civiles, la erosión del tejido asociativo y de la conciencia colectiva de las luchas, la destrucción de la “igualdad de oportunidades” y la enseñanza pública[12], el retroceso en el impulso de participación política horizontal y el engorde sin cortapisas del ejército de reserva[13], que la adopción sin matices del modelo autoritario ha supuesto.

Si buscamos parangones en el aznarato, podríamos remontarnos a la Guerra del Golfo (III, la de Bush hijo).Tras un duro viaje por la Turquía fascista y el Kurdistán “liberado” por motivos profesionales, algunos ya previmos –con el mismo éxito que ahora desgraciadamente- lo que pasaría con la «Guerra contra el Terrorismo», con el hundimiento de la (poca) calidad de vida que tenían los ciudadanos de allí, de Oriente Medio, la descomposición de sus países y sociedades, y las gravísimas consecuencias que tendrían demográficas, económicas y sociales para los ciudadanos de aquí, de Occidente (José Iglesias Etxezarreta, Cuatro Semanas-Le Monde Diplomatique en español, enero de 2004). Sin embargo, la mayor parte de la gente ¿qué hace? Tirez sur le pianiste, disparar contra el (previsible) resultado final de lo provocado por ellos mismos: el inmigrante, el islamista… y además aprovechar para utilizarlo contra las libertades que nos queden. Así sí es como funciona Vox.

Ahora sucede lo mismo, pocos analizan quiénes son los auténticos responsables, personas y estructuras, a medio y largo plazo, y canalizan su confusión contra el vecino, que se ve que está más a mano[14]. Eso no es meramente costumbrismo latino como algunos quieren hacer ver. Gramsci o Arendt lo llamarían «fascismo cotidiano»[15] o “la banalización del mal” y ya podemos empezar a preocuparnos cuando vemos los síntomas porque esa sí que es una enfermedad moral, la red nerviosa del sistema, que está ya royendo todos aquellos principios por los que luchamos and everything which we stand for[16].

En una sociedad socialista que se preocupara por todos y cada uno de sus miembros, mejor dicho, en que todos nos preocupáramos por todos y cada uno de sus miembros, no digo yo que no compartiera vuestra altiva indignación (aunque pensándolo bien estaría fuera de lugar), pero vivimos bajo un capitalismo despiadado, en que muchos tal vez teman más la pérdida del empleo que la enfermedad, que obliga a elegir entre educación y trabajo, entre sanidad y trabajo, entre visa y trabajo. Trick or treat. La «irresponsabilidad» fueron los recortes y las privatizaciones, el «incivismo» el auge de la sanidad privada, la poca sesera votar o jalear a todos los que tomaron y tomarán dichas medidas, y la absoluta falta de compasión y empatía el no darse cuenta de lo que suponía para la mayor parte de la humanidad  paralizar la economía. Eso sí, si os desfoga aplaudirle al sanitario[17] en vez de apoyar sus “condiciones objetivas de existencia”[18] y gritarle al vecino en vez de tratar de entenderle eso ya es otra cosa, porque a eso se reduce tanto postureo. A ver cuándo guardan y muestran esa rabia cunado haga falta. Guarda esa rabia para el poder, compañero.

José Iglesias Etxezarreta
Barcelona, a 8 de mayo de 2020

PD: Cartel de la película Rabia (1977), el clarividente y feroz David Cronenberg, “No  puedes fiarte de tu madre, tu mejor amigo, del vecino de al lado. En un momento, son perfectamente normales. En el siguiente… Reza porque no te pase a ti”

[1] “El infierno son los demás”, Jean Paul Sartre, A puerta cerrada

[2] Y extremista y pueblerina. Parece que nada sirve más que la solución adoptada en la patria chica, la contención total, como una verdad absoluta, universal e indiscutible, taponando y sin informar sobre otros muchos lugares y experiencias que han adoptado medidas más flexibles por voluntad o necesidad

[3] Veinte años de fundis vs realos https://www.theguardian.com/politics/2005/sep/21/uk.libdems20051 y Green Parties in Transition. The End of Grass-roots Democracy https://www.routledge.com/Green-Parties-in-Transition-The-End-of-Grass-roots-Democracy-1st-Edition/Lucardie-Frankland/p/book/9780754674290

[4] Aunque en una sociedad de clases “el pueblo” no existe, es una categoría burguesa idealista, buena para alentar sacrificios y causas nacionales, pero que se quiebra al primer análisis

[5] De payasadas criminales de Ayuso o de Torra, como de gazapos de Rajoy, se pueden hacer antologías muy divertidas, pero se quedan en lo superficial, sólo sirven para pasar un buen rato de humor o, para el que aún esté interesado en el circo televisivo, un efímero combate partidario.

[6] Inés Ballester https://elpais.com/gente/2020-05-02/ines-ballester-el-coronavirus-ha-sido-peor-que-el-cancer.html

[7] Ya no sólo la civilización como tal, sino el propio concepto de humanidad puede retrotraerse a la aparición de lo que los cristianos llamarán “piedad”, hoy en día, el concepto más igualitario, pero manoseado hasta el extremo, de “solidaridad”. Se han hallado restos en yacimientos paleolíticos de ancianos –para la época- o discapacitados que por su estado –falta de dientes, lesiones graves- habrían muerto décadas antes si no hubieran sido cuidados –hasta mascar sus alimentos- por la comunidad. https://elpais.com/elpais/2018/11/05/ciencia/1541413916_600660.html https://elpais.com/sociedad/2010/10/11/actualidad/1286748015_850215.html o https://arqueologiaenred.paleorama.es/2017/10/nueva-evidencia-de-cuidados-entre.htmla En lo que han convertido este concepto tras veinte siglos de caridad profesional de la Iglesia y el siglo XX de las ONGs es ya otro cantar: Véase José Iglesias Fernández, Caridad y ética, dos pilares fundamentales de la ética capitalista en https://kaosenlared.net/caridad-e-hipocres-a-dos-pilares-indispensables-de-la-tica-capitalista/

[8] Pese al desastre que ha generado, persiste la precariedad provocada en el sector sanitario https://gacetinmadrid.com/2020/04/17/madrid-no-renovara-a-los-mas-de-10-000-sanitarios-que-han-reforzado-la-lucha-contra-el-coronavirus/?fbclid=IwAR22PYkeLb1IPq6ogumDvDAZpnOuhL3u3UuYghHf3gcV2W1VWnUvqBWjBI0

[9] Que las residencias basadas en el aparcamiento y esquilmado de los mayores eran una trama mafiosa permitida por los grupos de presión de la sanidad y la asistencia privadas era algo sabido, que ha destapado algo esta crisis, pero que, como siempre, se quiere achacar a razones “aisladas” y no a causas estructurales. Además, han supuesto dos terceras partes de la mortandad general, con lo que si, en  primer lugar, la tercera edad no hubiera estado desatendida, no habrían podido condimentar cifras tan alarmistas en su batalla de la descontextualización https://kaosenlared.net/residencias-de-ancianos-trampa-mortal-del-covid-19-por-las-privatizaciones-los-recortes-y-la-desidia-capitalista/?fbclid=IwAR1MqiyrEu1bu5XwxLG_DSy4uDvqnTabprRVgD90dJzzy_T_W86HXy4AzpI

[10] Para mi propia definición de “izquierda emocional” https://kaosenlared.net/por-que-temo-a-la-izquierda-emocional/

[11] Como recurrieron al “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” a la hora de posicionarse (que no analizar) sobre el fin de Sadam o Gadafi y las primaveras árabes.

[12] Ahora parece que los socialdemócratas de boquilla también se caen del guindo y se dan cuenta de la brecha digital que hay en este país. Incluso, en aquellas casas que tienen más de un niño y un teletrabajador y «solo» tienen uno o dos ordenadores, ¿las clases de cuál de los chavales potencias? Qué eliges ¿educación de los peques o trabajo para pagarla? Capitalismo es sinónimo de brecha en todo, y hay que ser ignorante para tomar medidas sin preverlo https://kaosenlared.net/de-verdad-que-no-os-lo-esperabais/

[13] El capitalismo no es monolítico. Tiene sus “contradicciones”, ¿les suena? Como en la crisis de las subprime y en muchas otras, varios grupos se enfrentan por la hegemonía, los intereses del capital financiero y los del productivo por ejemplo sólo coinciden en la supervivencia, la reproducción misma, del sistema. ,¿Por qué puede convenirles entonces, en vez de buscar “prosperidad”, esta propuesta de crisis y pobreza?. ¿Tan poco juzgan posible una insurrección?» De entrada, se llama «ejército de reserva y lockout empresarial», sólo que ahora con todos sumisos. Sin arriesgarse a molestas insurrecciones. El anuario de El País semanal de 2019 lo bautizaba como «el año de las protestas» https://elpais.com/especiales/2019/12-meses-de-protestas/. Francia, Hong Kong, América Latina, parte de África, Asia y Oriente Medio, estaban en ascuas, ahora sólo cenizas.

[14] En 1994, para cubrir las primeras elecciones en Sudáfrica, viví en distintos townships de Johannesburgo, de Hillbrow a Soweto. Cuando volví en 2001, ya pernoctando en el lujoso Sandton, y junto a esperanzadoras escenas multicolores, vi también como el crudo racismo del apartheid había calado entre sus propias víctimas, muchas de las cuáles despreciaban a aquellos a quien les iba aún  peor que a ellos. Impactado, escribí unas notas, El último niño del mundo, en que describía cómo una metafórica bofetada lanzada por Bill Gates contra su esposa Melinda recorría todo el mundo llegando al cono sur africano, donde el blanco le golpeaba al mestizo, éste al negro, el urbano al rural, el rural al inmigrante nigeriano, el centroafricano al ilegal togolés recién llegado, éste a su mujer y aquella a su hijo. Buscando desesperado alguien a quien trasladar su frustración, el niño acaba pateando a su perro. Cuál no sería mi sorpresa al asistir a la proyección de un relato similar, pero con obreros alienígenas deportados, la película, también sudafricana, District 9 https://en.wikipedia.org/wiki/District_9 Vivimos por debajo de nuestras capacidades en esta sociedad estamental, en que la culpa se va echando hacia abajo (y hacia fuera como hemos hablado cuando hemos abordado la xenofobia que responsabiliza de todo lo mal a “los mozos de fuera del pueblo”, sean indigentes, prostitutas, manteros, turistas o anarquistas italianos) hasta llegar al fondo donde se encuentran precisamente los que menos culpa tienen de todo.

[15] Sobre Mikhail Romm  y El fascismo ordinario (1965) https://www.cinemaldito.com/el-fascismo-cotidiano-mikhail-romm/

[16] Billy Bragg, The Internationale, https://www.youtube.com/watch?v=xTVOz-RnUAw

“Let no one build walls to divide us
Walls of hatred nor walls of stone
Come greet the dawn and stand beside us
We’ll live together or we’ll die alone”

[17] Aunque eso no pagará sus facturas, ni el gas, ni el agua, ni la luz o el súper…

[18] Diego Bruno, Las condiciones objetivas y subjetivas. El derrumbe capitalista y la acción revolucionaria en el joven Lukács https://revistaedm.com/verNotaRevistaTeorica/23/las-condiciones-objetivas-y-subjetivas-el-derrumbe-capitalista-y-la-accion-revolucionaria-en-el-joven-lukacs

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