Grecia: Tsipras cae, desacreditado por su sumisión al capital

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Por Lutte Ouvrière

Estas son las consecuencias de cuatro años de gobierno del partido que suscitó tantas esperanzas entre las capas populares de este país y más allá, cuanto llegó al gobierno.

En su momento Alexis Tsipras pasaba por ser un hombre de izquierdas, capaz de resistir a los grandes bancos que querían obligar a la población griega a pagar una deuda colosal de la que no era responsable.

Grecia estaba asfixiada por los financieros exactamente como pueden estarlo municipios, hospitales o incluso particulares arrastrados en la espiral del sobre- endeudamiento. Y la especulación financiera sobre su deuda colocaba a Grecia al borde del abismo.

La economía del país comenzó a hundirse. El Estado griego fue puesto bajo tutela de los acreedores a través de una troika compuesta por representantes de la Unión Europea, el Banco Central Europeo y del FMI que acababa de controlar sus presupuestos. Y, bajo sus directivas, los gobiernos tomaron medidas de austeridad feroz contra una población ya muy empobrecida.

En tres años, el desempleo se cuadruplicó y alcanzó el 27%. Los salarios se redujeron a la mitad. Los servicios públicos se desintegraron, ya que los enfermos no encontraban espacio en los hospitales ni medicamentos para recibir tratamiento. El número de personas desahuciadas de sus hogares se disparó.

Mientras la derecha y el partido socialista, responsables de estos planes de austeridad, eran rechazados por las capas populares, un nuevo partido, Syriza, encabezado por Alexis Tsipras, afirmaba que una vez en el poder, se enfrentaría a los bancos y a los dirigentes de los países más poderosos de la Unión Europea, comenzando por Francia y Alemania.

En enero de 2015, Syriza ganó las elecciones legislativas con el 36% de los votos. Tsipras se convirtió en primer ministro. Su victoria fue acogida con entusiasmo en Grecia y tambien fuera de Grecia, donde muchos trabajadores se sentían solidarios con quien, decía, se opondría a los financieros.

Durante cinco meses, Tsipras se negó a tomar las medidas de austeridad que le exigía la troika. A principios de julio de 2015, celebró un referéndum en el que la población griega le reiteró su apoyo con más del 60%.

Pero la política de los Tsipras consistía en negociar los planes de ayuda financiera en las cumbres, sin intentar nunca apoyarse en la movilización activa de los trabajadores. Y dentro de esos límites, no podía sino someterse.

En primer lugar, porque los grandes bancos y los estados no estaban dispuestos a hacerle ningún regalo. Además, porque ante su resistencia quisieron precisamente hacer de Grecia un ejemplo para todos los pueblos: ¡«una deuda se paga»!

Los bancos y los estados cortaron todo crédito a Grecia. Y, apenas ocho días después del referéndum que acababa de concederle el apoyo de la población, Tsipras cedió. Aceptó imponer un nuevo plan de austeridad y privatización a pesar de las protestas de los trabajadores.

Hoy, después de haber levantado muchas ilusiones, se comprende que los años de austeridad a la Syriza hayan permanecido atravesados en la garganta de los trabajadores griegos. Y la derecha desacreditada hace unos años, aprovechó para volver a la palestra. Continuará con los planes de austeridad y la política anti-obrera, incluso la agravará. También añadirá su toque profundamente reaccionario en ese país donde la dictadura militar reinó de 1967 a 1974.

Para nosotros, los trabajadores, la lección de esta proceso es que quienes pretenden oponerse a los poderes del dinero sin querer atacar las raíces del poder de la burguesía se condenan a convertirse en nuevos servidores de ésta.

Su política es un callejón sin salida y las ilusiones que crean nos desarman. No habrá un salvador supremo. Y nuestra única perspectiva no puede ser otra que luchar nosotros mismos hasta el final, hasta la expropiación de los grandes bancos y de las grandes empresas. La utopía no es querer derrocar el orden social capitalista. Es creer que los intereses de los trabajadores son conciliables con la dominación del gran capital.

Editorial

Lutte Ouvrière

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