Grecia, el eslabón más débil del sistema capitalista

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Pude apreciar de cerca esta experiencia novedosa que durante semanas aterrorizo a los poderosos del mundo entero. Y me volví convencido de que en Grecia, en poco tiempo, la izquierda puede ser gobierno.

Grecia es un bello y pequeño país de once millones de habitantes, agobiado por una profunda crisis económica, política y social.
Supuestamente “salvado” varias veces con miles de millones de euros, de los cuales la población no vio ni uno solo porque fueron íntegramente destinados a salvar a los banqueros, hoy los trabajadores y el pueblo se vienen sacrificando para devolverles la “ayuda” a los usureros internacionales.
La receta para ello es dolorosísima: despidos, rebajas de salarios y jubilaciones, y recortes en los presupuestos de salud, de educación y de todo lo público.
Las consecuencias son tremendas: decenas de miles sin techo, millones de desocupados, salarios de hambre, colapso sanitario, aumento alarmante de la pobreza y la marginalidad. Expresiones de todo eso vi en Atenas.

Resistencia y giro a la izquierda

Si hay algo que caracteriza al pueblo helénico a través de la historia es su alta capacidad de lucha para sobreponerse a las calamidades que le tocó padecer.
Fue heroica su resistencia a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Y ahora ha estado a la vanguardia de toda Europa en su lucha contra los planes de austeridad impuestos por la troika Fondo Monetario Internacional, Unión Europea y Banco Central Europeo.
Al calor de ese proceso, millones de trabajadores, jóvenes y sectores medios han roto con los partidos a los que siguieron durante décadas, como el socialdemócrata PASOK y el PC. Y han girado a la izquierda, depositando sus expectativas en Syriza, una coalición de izquierda que agrupa a once organizaciones de distinto origen y tradiciones políticas.
Esta coalición antiajuste pasó de sacar poco más del 4% en las elecciones del 2009 al 16% y el segundo lugar en mayo de este año. Ahora llegó a disputar el gobierno, obteniendo el 27% de los votos y 71 diputados el domingo último.
Además ha multiplicado exponencialmente su capacidad de movilización y su presencia entre los trabajadores, los estudiantes y los movimientos sociales.
Esto también lo pude comprobar en Atenas y en las diversas actividades que compartí con dirigentes y militantes de Syriza en estos días.

Una campaña de terror

Si Syriza no terminó ganando las elecciones del domingo 17 se debió en gran parte al terrorismo mediático que desplegaron todas las potencias europeas, especialmente el gobierno demócrata-cristiano alemán de Ángela Merkel, quien le prometió “el infierno” al pueblo griego si elegían el camino de romper con el memorándum del ajuste votando por Syriza.
La injerencia de los grandes capitalistas europeos y sus voceros fue descarada. Llegó al colmo de que el diario Financial Times publicó en su edición alemana dos artículos en griego amenazando a la población para que no voten por Syriza.
No tuvieron ningún prurito, porque tenían pánico de que un triunfo de Syriza desatara un efecto cascada contra los ajustes en toda Europa, comenzando por España, Portugal, Irlanda y demás países más comprometidos.
Pero a pesar de los miles de millones de euros que invirtieron, no pudieron evitar que la izquierda creciera hasta quedar a menos de tres puntos de la derechista Nueva Democracia, que finalmente terminó saliendo primera en la votación.

Triunfo pírrico

Pirro II fue un rey de Grecia en el siglo III antes de Cristo. Quedó inmortalizado por haber ganado una batalla en donde perdió a casi todo su ejército. Cuando sus generales lo felicitaron por el triunfo, les respondió: “Con otra victoria como ésta, estoy perdido”.
Nada mejor para definir lo que le acaba de pasar a la derecha griega. Ganaron una batalla, pero tal vez hayan perdido la guerra. Tendrán que aplicar un nuevo ajuste, mucho más brutal que todos los anteriores, comenzando por intentar despedir a 150.000 empleados estatales.
Pero han salido tan débiles de las recientes elecciones, que para poder formar gobierno no les queda otra salida que aliarse al partido más odiado por el pueblo griego: el PASOK, cuyo último gobierno se hundió precisamente por haber aplicado el ajuste exigido por los banqueros y la Unión Europea.
La resistencia obrera y popular a las medidas de ajuste y austeridad será tremenda.
Es por todas estas razones que los analistas griegos e internacionales más optimistas dudan de si el flamante gobierno Nueva Democracia-PASOK podrá llegar a durar escasos seis meses en el poder.

La izquierda, ante una oportunidad histórica

Si el nuevo gobierno puede caer en cualquier momento, se debe también a que en Grecia se ha consolidado una alternativa de recambio con un programa y plan de gobierno completamente distinto al de la derecha neoliberal, empezando por el categórico rechazo a seguir ajustando al pueblo trabajador.
Syriza tendrá por delante el desafío de mantenerse firme en sus propuestas, resistiendo las enormes presiones para que se adapte al régimen capitalista que se vienen ejerciendo desde las más altas esferas del poder.
Si lo logra, y están dadas todas las condiciones para que así sea, en poco tiempo más puede llegar al poder y ser un factor de grandes transformaciones no sólo en Grecia sino en el conjunto de Europa.
De concretarse, esto significaría un espaldarazo político muy grande para la izquierda a escala internacional. En particular, para todos aquellos que venimos pregonando la necesidad de construir herramientas anticapitalistas lo más amplias posibles, como única forma de disputarle de igual a igual el poder a la burguesía y avanzar al mismo tiempo en el desarrollo del partido revolucionario.
Por nuestra parte, seguiremos muy de cerca la evolución de la situación en Grecia y profundizaremos el relaciona-miento con los compañeros de Syriza, ayudándolos en todo lo que esté a nuestro alcance para que en el próximo periodo podamos festejar su llegada al gobierno.

La ultraderecha griega

En Grecia, por primera vez en su historia, un grupo ultraderechista y filo-nazi obtiene diputados. Se trata de Amanecer Dorado, una agrupación antiobrera, antiin-migrantes y de accionar violento. Es otra expresión repudiable de la decadencia y la marginalidad que se han agudizado con la crisis capitalista que azota a ese país.

Debido al tramposo sistema electoral griego, el partido que resulta más votado recibe un adicional de 50 bancas más en el parlamento. Por eso Nueva Democracia totalizó 129 bancas, cuando en realidad le corresponderían solamente 79, apenas 8 bancas más que las que obtuvo Syriza.

El viernes 15, al día siguiente del acto central y solamente en Atenas, la coalición de izquierda Syriza realizó 70 actos de campaña en diferentes barrios de la ciudad. Nuestro compañero Alejandro Bodart compartió algunos de ellos junto al compañero Costas Isichos, responsable del Departamento de Relaciones Internacionales de Syriza.