Gratis Total!

Febrero se nos vino encima con un día de infamia más, como si hubiera querido avisarnos de la agonía con la que venía preñado. Nos traía las risas de la CEOE escondidas  tras las barbas de Rajoy, el principio del esclavismo consentido y agradecido, la miseria y la vileza de la prensa convencional y el cierre del diario más zurdo que se publicaba para todo el estado. Nos traía la evidencia de que la crisis-estafa nos está venciendo. Y el último día el BCE, uno de los dictadores de Europa, regaló dinero a la banca para que pudiera agarrarnos más de los huevos. Febrerillo el loco, borracho de neoliberalismo.

Cerró Público apurando el tiempo, así Roures podrá aplicarle a sus periodistas la reforma laboral del Partido Patronal, pero sin querer, sólo la puntita. No era perfecto, pero era lo que teníamos. Si queríamos leer voces críticas en un diario era al único que muchos podíamos mirar. Y de mirar iba la cosa: mirábamos por internet, Público era el periódico de los que se (nos) habían acostumbrado al Gratis Total. Ahora vemos que con el gratis total sólo nos queda derecha y ultraderecha cada mañana en el kiosko. Dependiendo de un millonario, sin ser capaces de seguir el ejemplo valioso y valiente de Gara y sus accionistas populares, perdidos entre la desidia y las batallas intestinas: Presos de egoismo y de facción,/batallando por matices,/dejamos que «cretinos en acción»,/lo jodan todo en nuestras narices.

Pero eso no es lo importante, claro. Lo importante es que los franceses nos odian por ser más mejores, y no se puede consentir que tengan programas de humor donde se vilipendie a nuestros sacrosantos deportístas, émulos del Cid, que si bien no ganan muertos sí que lo intentan ciegos. Lo dice la prensa seria, la que se lee mientras se firman despidos porque no es de recibo bajar beneficios, la que lee el que defrauda a Hacienda y se lleva el dinero que nos roba a cuentas en paraísos fiscales. Prensa que cuida a sus lectores, claro. Y castiga a los perroflautas, a los cansinos que les quieren amargar el negocio y que quieren recuperar el trozo de tarta robado con el soborno de sus frentes y el silencio de sus fuentes.

Como Paca Blanco, que vende su casa harta de ser víctima del terrorismo garrulo (sin portadas en diarios ni políticos compungidos condenando a saco), y que para ello usa las armas del enemigo, como otros aceptan subvenciones para seguir haciendo cine de combate o para sobrevivir en (al) campo. Porque es imbécil no hacerlo y porque tú no tienes la culpa de que acabe existiendo aquello contra lo que has luchado. Porque vivir no es gratis total.

 

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