Granada: Un huerto solidario pero ‘sin papeles’

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La idea, como se apuntaba, es casi perfecta, casi, porque a la asociación de parados le faltó un paso fundamental: solicitar el permiso de ocupación de dominio público hidráulico. Un detalle que le ha costado la denuncia por parte de sus propios vecinos de la Asociación Casería de Montijo, tal y como confirman fuentes municipales. 

Los técnicos del área de Urbanismo fueron los encargados de visitar ayer los terrenos ocupados por los parados y advertirles de que para realizar la actividad -por muy social que sea- deben pedir los permisos oportunos. El Ayuntamiento realizaba la visita a demanda de la asociación de vecinos del barrio que había alertado de esta ocupación ilegal. La cuestión es que los terrenos que están cultivando los parados no son municipales sino de la Confederación Hidrográfica por lo que ayer, a última hora de la mañana, el municipio remitió la denuncia vecinal al organismo competente. 

Por el momento, Confederación Hidrográfica no ha recibido denuncia alguna y desde la entidad afirman que desconocen la actividad que se está realizando en los márgenes del río. «A piori, entendemos que deberían haber pedido permiso pero hasta que no nos llegue la documentación y acudamos a la zona para ver el terreno utilizado no podemos adelantar nada». 

Lo curioso de toda la historia es que los agricultores de Casería son conscientes de que están ocupando unos terrenos que no son suyos. Santiago Cortes, portavoz de la asociación, reconoce que las tierras no son de ellos «pero les estamos dando un uso en beneficio de los demás». Explica que las parcelas estaban abandonadas, llenas de matojos, sucias y que ellos las han limpiado y adecuado para el cultivo. Con las plantaciones que llevan hechas están ayudando a más de 40 familias y, además, están dando a conocer a los más pequeños la importancia de la agricultura. 

«¿Qué malo hacemos?», se pregunta Cortés. Es más, ante la posibilidad de que la administración les sancione económicamente, responde: «La multa o lo que sea quedará en su conciencia». 

Mientras llegan (o no) las consecuencias de la denuncia, ellos siguen su tarea. Ayer Cortés y sus compañeros ayudaron a tres grupos de niños de un centro granadino a plantar patatas, «hemos plantado 100 patatas y se lo han pasado muy bien», contaban orgullosos. Para ellos, la labor solidaria que hacen con estos cultivos también es una llamada a la reivindicación social. «En lugar de quejarnos lo único que hacemos es buscar alternativas a nuestra solución, así que las administraciones lo que deben hacer es ayudarnos», exponía Santiago.

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