Gran Bretaña: Iraq y los falsos remordimientos de Tony Blair

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Por: François Rouleau

Pero que nadie se engañe: el destino de la población no ocupa ningún lugar en este giro cuando menos tardío. Y no afecta a las otras aventuras militares de Blair, desde la ex Yugoslavia a Afganistán pasando por Sierra Leona.

Si Blair tiene remordimientos, es solo por haber contribuido a la desestabilización de la región. De hecho, admite incluso lo que la mayoría de los líderes políticos de los países afectados niegan, a saber, que sin la guerra de Iraq, Daesh no existiría probablemente hoy. Pero hasta aquí llegan sus pretendidos remordimientos.

Puede muy bien lamentar haber justificado el envío de tropas sobre la base de informaciones inexistentes, pero no su famoso falso documento, fabricado de punta a punta, sobre las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein. Puede incluso “presentar sus excusas por algunos errores que se cometieron, tanto en materia de planificación como en nuestra estimación de las consecuencias que entrañaría la caída del régimen (de Saddam Hussein)”.

Pero, en cuanto a la invasión misma, Blair persiste e insiste, afirmando que nadie le hará lamentar haber eliminado a Saddam Hussein. ¡Al diablo las consecuencias, dicho está!

De hecho, no son problemas de conciencia los que han empujado al muy católico  Blair a hacer esta tímida confesión mediática, sino la próxima publicación de un informe muy esperado de la comisión de investigación sobre la participación británica en la guerra de Iraq.

Formada en junio de 2009 por el sucesor de Blair, Gordon Brown, terminó sus audiencias públicas en 2011. Debería haber publicado su informe final hace mucho tiempo sin el bloqueo de las más altas instancias del Estado, decididas a expurgar todo lo que pudiera ser mal visto en Washington, en especial las notas referidas a los informes directos entre Blair y Bush.

Hoy, el gobierno de Cameron parece haber decidido autorizar la publicación, quizá en parte porque esto le favorece frente a un Partido laborista cuya mayor parte de diputados apoyaron la guerra de Iraq, aunque no fue el caso de su nuevo líder, Jeremy Corbyn.

No se encontrarán sin embargo revelaciones escandalosas en el enorme informe que suma un millón de palabras. Teniendo en cuenta que sus cinco redactores fueron seleccionados en el seno del Consejo privado de la Reina, institución donde la razón de Estado prima ante todo.

Con sus declaraciones, Blair ha querido sin duda anticiparse a esta publicación, asumiendo por adelantado, personalmente, la responsabilidad de los errores que todo el mundo conoce y espera leer en el informe. Al haber abandonado la política por una carrera más lucrativa, Blair se proyecta como un hombre de la burguesía para quien la razón de Estado es prioritaria.

Pero, ¿Será suficiente para lavar el aparato de Estado y a los grandes partidos de la burguesía británica de toda responsabilidad? Sin duda no, porque el solo hecho de publicar este informe no puede más que reavivar el recuerdo de una guerra que suscitó una profunda hostilidad, en especial, entre las clases populares.

Ahora bien, Cameron no oculta que busca la ocasión para lanzarse a una aventura militar en Siria, que asegure a la Gran Bretaña un lugar en un futuro arreglo político regional. Sería deseable que el recuerdo del vergonzoso pasado de la guerra de Iraq contribuyese a reforzar la oposición popular a las ambiciones militaristas de Cameron.

Lutte Ouvrière

Traducción de Francisco Ponzán