González y Cebrián: democracia corrompida

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Por Editorial La Jornada

El ex presidente del gobierno español Felipe González y el presidente del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián, eludieron ayer todo cuestionamiento sobre la participación del primero en los turbios negocios del empresario Farshad Zandi, ejecutivo de Star Petroleum, con el gobierno del genocida Omar Bashir, presidente de Sudán del Norte. Como se dio a conocer el martes pasado, González intercedió ante Bashir –quien es señalado también en revelaciones deWikileaks por haber robado miles de millones de dólares al erario– para que el gobierno de ese país africano otorgara un contrato de explotación petrolera a Zandi, quien es amigo y socio de Cebrián.

En una mesa redonda dedicada a la situación de Venezuela, que contó con la participación del canciller español, José Manuel García Margallo, y del empresario venezolano opositor Luis Vicente León, Cebrián, quien fungió como moderador, censuró todas las preguntas relacionadas con las gestiones de González ante el gobernante sudanés, el cual fue recientemente condenado por genocidio por la Corte Penal Internacional.

La revelación del negocio en Sudán del Norte viene a dar la puntilla a la credibilidad de ambos, Cebrián y González, quienes desempeñaron papeles clave en la transición de la dictadura a la monarquía parlamentaria en España y se han ostentado durante décadas como representantes de los valores democráticos, los derechos humanos y la libertad. Con esa fachada, ambos, estrechamente ligados entre sí, han realizado jugosos negocios por todo el orbe y han desarrollado acciones intervencionistas en diversos países, especialmente de América Latina, en donde se han desempeñado como aliados de regímenes derechistas y neoliberales, y como factores de desestabilización política, mediática y corporativa contra gobiernos progresistas.

Ciertamente, la imagen de González, quien fue presidente del gobierno de Madrid desde 1982 hasta 1996, además de secretario general de su partido, el Socialista Obrero Español, y presidente de turno del Consejo Europeo, se vio minada en forma temprana por los graves escándalos de corrupción ocu-rridos en el seno de la administración que presidió y por los grupos paramilitares que operaron durante su gobierno y que asesinaron a varias personas en el contexto de la violencia política en el País Vasco.

Cebrián, por su parte, hizo carrera en el periodismo afín a la dictadura franquista y a partir de 1976, desde la dirección del periódico El País –propiedad de Grupo Prisa– se convirtió en una figura clave de la transición. En abril de este año, en el marco del escándalo denominado Los papeles de Panamá, se conoció su vinculación con la Star Petroleum y sus actividades de lavado de dinero.

A la postre, ha terminado por evidenciarse que el activismo político de González y las actividades periodísticas y corporativas de Cebrián tienen como correlato la promoción de intereses empresariales no siempre lícitos o, cuando menos, no necesariamente presentables en el ámbito nacional español y en el internacional.

http://www.jornada.unam.mx/2016/06/03/opinion/002a1edi

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