Gobiernos de mierda

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Para que se vea por qué como anarquista toda la actividad del gobierno me parece una mierda pinchá en un palo, quisiera explicar lo que me pasa por la mente. Por supuesto que no soy tonto, y prefiero que me suban una pizca a que no me suban nada. Prefiero tener un resfriado a una gangrena. No. No soy un estúpido. Lo que pasa, es que tengo otra idea en la chola.

Pienso que esta es una sociedad absurda, en la que la gente, en lugar de hacer lo que quiere, hace la mayor parte del tiempo cosas que no quiere hacer. Por ejemplo: trabajar como mulas para que un Ser Superior amase montañas de poder y de dinero; levantarse a las seis de la mañana para coger dos, tres, cuatro autobuses; emigrar a Alemania porque aquí no hay pa ná. Son solo tres ejemplos, pero los hay por miles. Tú implanta mañana una República, y te juro que al día siguiente está sonando el jodido despertador a su hora, para que vayas a hacer el canelo donde te toque.

Los y las anarquistas creemos que hay que darle otro aire a esta sociedad. Para ello planteamos una estrategia: lograr que la gente se interese y participe en aquello que le concierne, se acostumbre a tomar decisiones colectivas, adquiera confianza, mejore su vida a través de la lucha social.

Este deseo choca frontalmente con cualquier tipo de Parlamento y de Gobierno. Tomemos la noticia de que «Yolanda Díaz (Ministra de Trabajo) planea intensificar las actuaciones en materia de contratación y economía irregular y modificar el régimen de infracciones y sanciones». En primer lugar, esta no es una decisión que parta de la ministra, sino que ya estaba contemplada en el Plan Estratégico de la Inspección 2018-2020. Pero bueno, pongamos que están decididos en el Ministerio a incrementar el número de inspectores y sus recursos, aunque no digan de dónde sacarán la pasta y a qué se la quitarán.

Teniendo en cuenta que, por redondear al alza, hay 1.000 inspectores en España, y que existen unas tres millones, trescientas mil empresas en España que estén declaradas, (la mayor parte de menos de cinco trabajadores), resulta que a cada inspector le tocan tres mil trescientas empresas para vigilar anualmente… Yo diría que es imposible llevar a cabo ningún incremento de actividad inspectora significativo, en un país en el que repuntan los llamados accidentes laborales, fruto de la avaricia empresarial.

Como el de Tarragona por ejemplo, donde pega un pedazo de carajo una Petroquímica, mata a dos personas y envenena no sabemos a cuántas… ¿Y todo por qué? Porque la empresa reduce costes a base de: eliminar plantilla; comprar materiales baratos; incrementar el estrés laboral. Todo esto muy resumido. ¿Qué hizo la Inspección de Trabajo? Nada. Los trabajadores no denuncian por miedo, sufren mucho y se aguantan. Esto no pasa solo en Tarragona. Es generalizado. Es la moda.

Supongamos, que es mucho suponer, que gracias a que ha entrado Izquierda Unida en el Ministerio de Trabajo, la Inspección es más activa y reduce los desmanes empresariales. Bien por esa utópica Inspección. Pero… ¿Qué hemos conseguido con los trabajadores? Pues convertirlos en meros espectadores. Os lo explico para que se entienda: tener un mirón es diferente de tener un jugador. No es lo mismo ver la Champion, que jugar al fútbol. Al aficionado lo más que le queda, es comentar los lances.

Ahora bien, mi augurio es el siguiente: la Inspección de Trabajo, seguirá como siempre, y la tendencia empresarial, seguirá su curso. El dinero que hay es el que hay, y no parece que vaya a haber más en los presupuestos. Esto que digo, es ser realista.

Y lo que queremos los anarquistas no es producir espectadores, sino sujetos activos. ¿Cómo revertiríamos esa tendencia que convierte a los trabajadores en personajes pasivos? Mediante la afiliación en sindicatos. Sindicatos de precarios, sindicatos de inquilinos, sindicatos de ramo, todos ellos federados, discutiendo en asambleas los problemas que les son propios, plantando cara al miedo. Eso incrementaría la seguridad, evitaría enfermedades y accidentes, y redistribuiría las rentas de forma más equitativa, sin tener que recurrir a Inspectores, a promesas incumplidas, y a toda la pamema pomposa, vacía y hueca parlamentaria y gubernamental.

¿Y qué es lo que ha hecho que los sindicatos actualmente sean poco menos que gestores de casos? Pues en mi opinión mucho peso lo tiene la profesionalización. O sea, que el gobierno tiene comprados, cooptados o controlados a los posibles disidentes a través de una paga. Les capta, les libera, y allí donde hay un jugador profesional, los demás se convierten en público. O dicho de otro modo, que lo haga el liberao. Que pa eso cobra.

Dura es la visión de los hechos del o de la anarquista: una persona dedicada a una causa, valiente, abnegada, leal. Una persona que participa en plano de igualdad con sus compañeros y compañeras, y que se bate a pie de cañón con las manos en la pringue. Alguien que no se deja engatusar, por cuatro trepas de izquierdas en un Parlamento que dicen que es fascista.

Esa es nuestra propuesta para revertir la tendencia que hace que vayamos p’atrás como los cangrejos: participación, acción, movilización, a la mierda con el Gobierno del tipo que sea, esto lo tenemos que arreglar entre todos. Es una propuesta para cambiar la sociedad, y dirigirla a otra en la que hagamos las cosas que queremos. Porque como sigan ustedes confiando en Gobiernos de Progreso, progresaremos hasta tal punto, que dentro de unos años en el ambulatorio les atenderá Médicos Sin Fronteras, y una bajada de salario del 2%, será saludada con fuegos artificiales.

 

 

A las barricadas

 

 

 

 

 

 

 

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