Gobiernos casados con la Iglesia

&nbsp No, no somos nosotros, los ciudadanos comunes, los que topa­mos con la Iglesia: son los gobiernos de izquierda presunta que van desfi­lando en este país quienes no se enfrentan a la Igle­sia vati­cana. Este es un problema capital en este país, que mueve toda la vida a la ma­yor indignación. Pues mientras la Iglesia católica no aban­done su protagonismo tanto en la escena pública como entre basti­do­res, este país seguirá siendo el lugar más atra­sado de Eu­ropa.

&nbsp La Iglesia católica lastra la legislación y el cumplimiento de las le­yes positivas. A unas las perturba directamente y a otras por la puerta de atrás. Ya pueden presumir los políticos y demás estamen­tos incluidos los mediáticos de ocupar España un puesto relevante en el mundo en ciertas cosas. España es un país semiteocrático. Mu­chos claman por la teocracia imperante en países como Irán, pero les parece de lo más normal que la teocracia se aloje en el ojo propio. Esto es vergon­zante.

&nbsp Y la desesperanza se apodera de nosotros cuando vemos que son justo los gobiernos socialistas que debieran arreglar las cosas los que se empeñan en hacernos creer que la religión católica cabe en el pro­greso y la justicia, pese a que el progreso y la justicia están viciados de una religiosidad que es mayo­rita­riamente inexistente.

&nbsp Hay muchos motivos para sentir pública indignación. Porque no es ya sólo la injusticia estructural propia de la sociedad capitalista; no es ya la injusticia social que crea abismos entre ricos y me­nesterosos; no son ya las promesas incumplidas de los políticos de izquierda; no es ya la absoluta falta de determinación de go­bier­nos dirigidos unas ve­ces por Eu­ropa y otras por los yanquis. Es que resulta exasperante vernos gober­na­dos por “creyentes” que frenan iniciativas guberna­menta­les o las malogran, juzgados por jueces y atendidos por médi­cos, ambos de mentali­dad teológica.

&nbsp Como en otros temas de carácter internacional, aquí todos los go­bier­nos o están abiertamente con la Iglesia o el imperio, o con el im­perio y la Iglesia, y de rechazo contra gobiernos extranjeros que no se amilanan frente a ambos. El temor a la Iglesia gobierna al go­bierno, y el miedo a perder el poder sobrecoge a los espíritus de los falsos so­cialistas que permiten la tiranía de la Iglesia en este país…

&nbsp Véase cómo trata el gobierno a la Iglesia pede­rasta:&nbsp

&nbsp Sube un 34% la asignación de la casilla católica del IRPF, renun­cia a la reforma de la ley de libertad religiosa y se gasta varios millo­nes de euros públicos en el reciente viaje del Papa, financia la ense­ñanza de religión católica en las escuelas públicas, asigna más de 6.000 mi­llones anuales a la Iglesia y, por si fuera poco, mantiene con el Vati­cano un Concordato preconstitucional. Y el papa viaja a España para decir de cerca que “ha nacido una laicidad, un anticlericalismo fuerte y agresivo como se vio en la década de los años treinta” confundiendo maliciosamente anticlericalismo y laicismo.

&nbsp Y luego, ni apunta a una intención remota de restablecer la repú­blica, ni emprende la reforma de la constitución, ni grava más a los ri­cos, ni propone modificar la ley electoral, ni pone en marcha la pro­metida en su programa España federal…

&nbsp Todo es una serie de despropósitos, de engañifas y de abusos co­ntra el pueblo entre la Iglesia y el gobierno, que inducen a ver en el gobierno al princi­pal proxeneta de la Iglesia.

&nbsp He dicho en otras ocasiones, y ahora lo repito, que prefiero a un go­bierno fas­cista a otro que no se sabe qué es vestido de cordero. A aquél se le ve venir, es nuestro enemigo declarado y le trata­mos como a tal. Mientras que los gobiernos de la izquierda creímos que eran nues­tros amigos e iban a dar solución a nuestras justas as­pira­ciones, y luego resulta que son de tal tibieza que las esperanzas que pusi­mos en ellos hace 30 años nos las defraudan una vez tras otra. Estas con­tem­pla­cio­nes con la Iglesia, este tanto benefi­ciarla, esta re­nuncia a la aconfesionalidad constitucional… son una burla reiterada que hace más daño mo­ral a la ciuda­danía que los modos, afren­tas y barbarida­des de los fas­cistas hoy llamados neoliberales.

&nbsp Lo cierto es que lo único que podría dar solución a muchas cosas en este país, incluido el crónico asunto vasco, es que se quiten la careta de una vez todos aquellos y aquellas que militan en la vidriosa iz­quierda política dando paso a la izquierda auténtica.

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