George Floyd fue la gota de agua

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Desde el asesinato racista de George Floyd por la policía de Minneapolis el 25 de mayo de 2020, una nueva ola de protestas nacionales contra los asesinatos racistas y la injusticia social barrió los Estados Unidos. Por los últimos diez días, casi 600 ciudades tuvieron protestas. Esa rebelión, liderada por la juventud negra, movilizó una verdadera coalición multirracial de la juventud trabajadora, con el apoyo de otros sectores de la población que no puede luchar por causa del alto riesgo de contagio en medio de la pandemia.

En respuesta, más de 76.000 soldados de la Guardia Nacional fueron movilizados en 33 Estados, y más de 80 ciudades (incluso Washington DC) declararon toques de queda. La escala de esas movilizaciones se asemeja a los levantamientos de masas de los años ’60, que comenzaron en Watts en 1965 y alcanzaron su ápice en la ola de protestas luego del asesinato de Martin Luther King en 1968, así como el Levantamiento de Los Angeles por justicia para Rodney King en 1992, que se extendió por todo el país y más allá de las fronteras. Hasta ahora, las protestas arrancaron algunas victorias parciales y preliminares –la investigación de los cuatro policías envueltos en el asesinato de Floyd, y el quite de parte de las medidas del toque de queda– pero la lucha está lejos de terminar.

 

El asesinato racista de George Floyd fue la chispa

Este levantamiento está ocurriendo en medio de la pandemia y de una crisis social y económica histórica, comparable con la de los años ’30. Como muchos manifestantes dijeron, este asesinato fue la gota de agua de dos formas: primero, el asesinato de Floyd fue el tercer asesinato racista por parte de policías que llegó a los medios en nivel nacional desde el inicio de la pandemia; segundo, la violencia policial racista es un elemento más en los efectos devastadores de una pandemia que continúa fuera de control, con más de 100.000 víctimas y una crisis económica creciente. Además de los 40 millones de desempleados, hay una creciente inseguridad alimentaria en todo el país, y se estima que 54 millones de norteamericanos pasarán hambre si el gobierno no interviene.

El asesinato de George Floyd encendió una revuelta de negros y de sectores más amplios de la clase trabajadora que dicen ¡Basta! Muchos jóvenes manifestantes blancos, latinos y asiáticos están juntándose a las protestas, así como muchos sindicalistas.

La pandemia y la crisis mostraron que el capitalismo solo tiene un único objetivo –el aumento de las ganancias– y que las grandes corporaciones y el gobierno están dispuestos a sacrificar las vidas de los trabajadores por ellas. Pero este sistema que mata trabajadores es “racializado”: el racismo es endémico en el sistema capitalista, que atribuye un valor menor a los cuerpos de los negros y no blancos y a su trabajo.

Como muestran los datos, la pandemia tiene una tasa de víctimas mayores entre latinos y especialmente negros, que mueren a ritmo casi tres veces mayor que personas blancas:

  • 1 de cada 1.850 negros murió (o 54,6 muertes por 100.000).
  • 1 de cada 4.000 latinos murió (o 24,9 muertes por 100.000).
  • 1 de cada 4.200 asiáticos murió (o 24,3 muertes por 100.000).
  • 1 de cada 4.400 blancos murió (o 22,7 muertes por 100.000).
“Más de 20.000 afroamericanos –cerca de una cada 2.000 personas de toda la población negra en los Estados Unidos– murieron de la enfermedad”. “Colectivamente, afroamericanos representan 13% de la población en las áreas de EEUU que divulgan datos de mortalidad por Covid-19, pero sufrieron 25% de las muertes”. La policía está usando el distanciamiento social para atacar cada vez más a comunidades de personas no blancas, al mismo tiempo que disminuye la vigilancia de personas blancas: “En Nueva York, los negros son asustadoramente 93% de las prisiones relacionadas al coronavirus. Hay disparidades raciales semejantes en Chicago”. Más recientemente, gobiernos municipales han impuesto toques de queda, en evidente contraste con la protección policial y la libertad de movimiento para las gangues (pandillas) armadas de la extrema derecha blanca, que exigían reabrir la economía a inicios de mayo –que incluso llegaron a invadir el Legislativo del Estado de Michigan y a forzar el retraso de varias actividades gubernamentales–.

 

Trump y los gobernadores aumentan la represión a las protestas

La respuesta de las autoridades estaduales a estas protestas ha sido extremadamente militarizada y brutal desde el primer momento. Los gobiernos rápidamente enviaron a la Guardia Nacional y recurrieron al gas lacrimógeno, golpizas salvajes, y tiros de balas de goma contra manifestantes pacíficos, a veces arrojando autos de la policía contra las multitudes. Además, el Pentágono, por órdenes de Trump, se ofreció a enviar las Fuerzas Armadas, y algunas tropas ya fueron enviadas. En su discurso del 1 de junio, Trump amenazó usar la Ley de Insurrección para enviar a los militares a masacrar las protestas.

Mientras él hablaba, la policía y la Guardia Nacional eran escuchadas usando gas y bastones para abrir camino para que él fuese hasta una iglesia próxima a sacarse fotos publicitarias.

Minneapolis es una ciudad gobernada por los Demócratas, así como el Estado de Minnesota. Hasta ahora, no hay ninguna diferencia entre Demócratas y Republicanos en la respuesta a las protestas; existe un consenso bipartidista nítido sobre que estas manifestaciones precisan ser suprimidas. Trump quiere usar la fuerza para “dominar” y derrotar militarmente las protestas por cualquier medio necesario. Los Demócratas quieren reprimir el movimiento y al mismo tiempo procuran una alternativa para cooptar electoralmente la furia del pueblo negro. Por ejemplo, policías de varias ciudades se pusieron de rodillas para decirse solidarios a las luchas contra el asesinato de George Floyd.

Representantes de los gobiernos se esmeran en oponerse verbalmente al racismo en el aparato policial. Dicen oponerse a la brutalidad policial al mismo tiempo que reprimen a los manifestantes. El hecho de que estén sintiéndose forzados a hacer esas escenificaciones, por primera vez en la historia de los EEUU, muestra la profundidad, amplitud, fuerza e ira en este movimiento.

Pero los Demócratas no consiguen hacer ambas cosas, y al contrario de lo que consiguieron hacer con el movimiento Black Lives Matter), que ahora se tornó el “Movimiento por Vidas Negras”, con un amplio programa reformista y electoralista), estas protestas muestran el enorme abismo entre las necesidades y las aspiraciones de las personas negras y el Partido Demócrata.

Nosotros exigimos el inmediato retiro de toda la Guardia Nacional de todas las ciudades y también de las Unidades de la Policía Militar Norteamericana de Minneapolis, así como el fin de todos los toques de queda. Nosotros defendemos los derechos políticos de la clase trabajadora y la libertad de expresión, de reunión y de protestas, pues precisamos poder organizarnos contra aquellos que están intentando matarnos, directa o indirectamente, al negarnos salud, empleo, vivienda y alimentación.

 

¿Quiénes son los saqueadores?

Nos oponemos también a la criminalización de las protestas, sea bajo el pretexto de que hay saqueos y vandalismo o por causa del “antifa” y otras calificaciones. Reconocemos esos nombres como tentativas, por parte de la clase capitalista y de sus políticos, de deslegitimar el levantamiento, de demonizar y dividir a sus participantes. La mayoría de las protestas son pacíficas, pero defendemos el derecho a defendernos cuando somos atacados. Apoyamos esa rebelión de masas a pesar de los estragos que causa, y para los que están preocupados primero o solo con la destrucción de la propiedad privada, decimos: es la clase trabajadores que genera toda la riqueza. Podemos destruir todo y después construirlo nuevamente.

Como Tamika Mallory apuntó: “los Estados Unidos de América saquearon a los negros. Los EEUU de América saquearon a los pueblos nativos de la América cuando vinieron para acá. Nosotros aprendimos lo que es violencia con ustedes”. Y ella está obviamente correcta, sea esa violencia o el trabajo expropiado de los negros bajo el sistema de esclavitud, la explotación del trabajo de presidiarios, o los recursos robados por el imperialismo estadounidense en América Latina y en Medio Oriente. De hecho, la propia tierra en la que este país fue construido fue saqueada a los pueblos nativos durante dos siglos de expansión violenta. Los EEUU son un país construido usando saqueos, y continúan sobreviviendo usando saqueos. Esta realidad se está tornando cada vez más evidente para la clase trabajadora hoy.

Las actuales protestas están ocurriendo en un contexto de desempleo masivo y sin precedentes: 40 millones de norteamericanos, e incontables otros no norteamericanos, perdieron sus empleos; muchos están debiendo meses de alquiler o hipotecas. Hay una sensación de profunda desesperación social en nuestro país, y el estímulo de U$S 1.200 es un escarnio, insuficiente incluso para necesidades básicas. Ese escarnio se torna más ofensivo aún con los miles de millones de dólares lujosamente dados a los ricos en la forma de exenciones de impuestos y rescates de empresas.

 

Precisamos organizar una amplia solidaridad y movilizaciones conjuntas con sindicatos y comunidades de la clase trabajadora

Los choques de la crisis económica, del Covid-19, y ahora el escandaloso asesinato de George Floyd tienen el potencial de balancear las cosas, y el sector organizado de la clase trabajadora de los EEUU tiene la llave para avanzar en la lucha de clases. Esta vez estamos viendo la reacción de los movimientos obreros y de las organizaciones de los trabajadores que van más allá del apoyo retórico: la negación de los conductores de ómnibus municipales a transportar manifestantes presos o policías hacia la represión, llevó a varias secciones de la Unión Amalgama del Transporte (ATU, el sindicato nacional de trabajadores de transportes) a posicionarse contra trabajar con la policía. Precisamos profundizar ese movimiento para romper las cadenas entre nuestros sindicatos y las instituciones de represión y vigilancia, y quebrar cualesquiera lazos formales que existan con esas instituciones. Estamos comprometidos a organizar a la base para movilizar sus sindicatos y a sus colegas para juntarse a las protestas, y también a conectar las protestas actuales con las luchas contra la austeridad, los despidos y los cortes salariales.

Como socialistas, precisamos participar activamente en esta rebelión de las masas agitando entre todos los sectores de nuestra clase –incluso sindicatos, pero también organizaciones comunitarias, grupos de jóvenes, la enorme mayoría de trabajadores que está desorganizada, y los desempleados– para apoyar esas protestas y unirse a las luchas contra el racismo y la violencia policial. Precisamos juntarnos y ayudar a organizar las acciones de desobediencia civil de las masas de manera democrática e independiente, con seguridad organizada por nosotros mismos, y con una plataforma política clara que unifique nuestras luchas para arrancar cambios reales.
  • ¡Vidas Negras Importan!
  • ¡Abolición de la policía!
  • ¡Prisión de TODOS los policías asesinos! ¡Justicia para George Floyd, Ahmaud Arbery y Breonna Taylor!
  • ¡Retiro inmediato de la Guardia Nacional y de todos los efectivos militares!
  • ¡Fin inmediato de todos los toques de queda y detenciones en masa! ¡Retiro de todas las acusaciones!
  • ¡Empleos, renta, salud, vivienda y justicia para todos!
  • ¡Es preciso que Trump salga!

Red Socialista Revolucionaria (RSN)

Miembros de la RSN Affiliates:
Socialistas Revolucionarios de Ohio Central
Comunistas de Denver
Socialistas Revolucionarios de Seattle
Workers” Voice / La Voz de los Trabajadores
Resurgimiento Socialista

 

Traducción del portugués: Natalia Estrada.

 

LIT-CI

 

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