(Genocidio migratorio del capital) Las mafias que trafican con personas operan con total impunidad en Libia

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La llegada del buen tiempo ha propiciado un incremento de los intentos de inmigrantes y refugiados de llegar a Europa desde Libia en embarcaciones cada vez más precarias proporcionadas por unas mafias que operan con impunidad en territorio libio. Solo la semana pasada murieron más de 880 personas en esta peligrosa travesía y los supervivientes han relatado las pésimas condiciones de vida en Libia.

Los inmigrantes pasaron semanas alimentándose con una sola comida al día y alojados en casas cerca de la costa. Cuando subieron a bordo de las embarcaciones sólo les dieron salvavidas a quienes aceptaron dirigir los barcos, han explicado a la Policía italiana.

Las mafias de tráfico de seres humanos consolidan así un intrincado sistema caracterizado por el abuso y la corrupción ante la incapacidad de un Estado que prácticamente carece de autoridad. Los extranjeros pasan meses o años en Libia. Algunos deciden volver a sus países de origen o trabajan para ganar dinero para su viaje a Europa. Una minoría incluso acaba dedicándose al crimen organizado o se unen a las distintas milicias implicadas en el conflicto armado libio.

«Todos los traficantes tienen vínculos entre sí y se pasan los inmigrantes entre ellos», ha señalado Ibrahim Shawish, alcalde de Murzuq, una ciudad situada a unos 350 kilómetros de la frontera sur de Libia. Shwaish ha señalado que los traficantes cruzan la frontera libremente y que los convoyes, formados por unos 25 vehículos, se dirigen después hacia el norte sin obstáculos. «A veces hay un punto de control en la entrada de alguna ciudad, pero siempre pueden tomar otra ruta diferente», ha explicado.

Apenas hay vigilancia policial y la ayuda externa es muy escasa. Alemania ha destinado 4,5 millones de euros para apoyar a las comunidades en Sabha y Gatrun, dos áreas del sur claves para las rutas de inmigrantes. Sin embargo, desde Libia se quejan de que la ayuda internacional está demasiado centrada en bloquear las rutas por el mar.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ha identificado a 235.000 inmigrantes en Libia, pero han señalado que la cifra real se sitúa seguramente entre700.000 y un millón. Los inmigrantes detenidos a menudo acaban de nuevo en manos de traficantes después de ser liberados o incluso deportados, han explicado funcionarios y cooperantes libios.

«No cambia nada porque el flujo que llega es mucho mayor que el número de deportaciones, y aquellos que son enviados de vuelta a su país están regresando porqueno hay seguridad en las fronteras», ha explicado Salem Ashwin, funcionario del Ministerio de Cooperación Internacional de Trípoli.

Aprovechan los huecos

La falta de autoridad y ley en Libia proporciona a los traficantes el caldo de cultivo perfecto para instalarse allí y a menudo trabajan con milicianos que son quienes realmente ostentan el poder sobre el terreno.

Los vecinos de Zuwara, una ciudad costera a unos 50 kilómetros de la frontera de Túnez que durante mucho tiempo ha servido de bastión a las mafias demandaron acciones contra estos grupos después de aparecer varios cadáveres en las playas el año pasado. Algunos traficantes fueron detenidos y otros huyeron, de acuerdo con el alcalde de Zuwara, Hafed Bensassi.

Sin embargo se han abierto otros punto de salida, al menos seis entre Zuwara y la ciudad de Misrata, a unos 300 kilómetros al este de la frontera tunecina. La mayoría de las útlimas salidas parecen haberse producido desde la ciudad de Sabrata. «Hasta que hemos conseguido la suficiente tecnología para poder ver la costa entera, siempre han encontrado huecos», ha explicado Salem, un responsable del Ministerio.

Las mafias ofrecen diferentes precios para diferentes tipos de barcos, desde barcos pesqueros aptos para navegar con sistemas de radar hasta lanchas inflables baratas con una base improvisada de madera.

Incluso en el Mediterráneo, parecen capaces de evitar las restricciones con relativa facilidad. Los traficantes de personas están interrelacionados con traficantes de drogas y combustible, destacan los guardacostas. Los nuevos barcos son traídos en embarcaciones de contrabando que llegan desde Malta y Egipto.

«La mayoría de los barcos de contrabando de combustible transportan materiales para el contrabando de personas delante de los ojos de los europeos», ha señalado el coronel Ayub Qassem, portavoz de los guardacostas.

Una ruta más peligrosa

Desde la UE se busca la manera de suprimir el flujo de inmigrantes en la segunda mayor ruta marítima, y tiene depositadas sus esperanzas en el nuevo Gobierno de unidad libio, respaldado por Naciones Unidas y asentado en Trípoli desde el mes de marzo.

La UE acordó la semana pasada ayudar a formar a los guardacostas libios. Sin embargo, éstos consideran que no tienen recursos ni ayudas suficientes para luchar contra los poderosos mafias que se dedican al tráfico personas, que llevan a cabo su «negocio» con impunidad y han sabido adaptarse rápidamente a las nuevas condiciones.

Los guardacostas se sienten abandonados: «La única asistencia que nos han ofrecido hasta el momento han sido promesas», ha señalado el coronel de los guardacostas Abdulassmad Massud.

La ruta de Libia es «dramáticamente más peligrosa» que la que partía de Turquía hacia Grecia, según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que estima que hay 1 entre 23 posibilidades de fallecimiento.

Los datos oficiales de Italia apuntan a que las llegadas han bajado un 2 por ciento en 2016 respecto al último año, con alrededor de 40.000 desembarcos, la mayoría de nacionales de países como Nigeria, Eritrea, Gambia y Somalia.

Operación Sofía

La Operación Sofía, una misión naval de la UE que comenzó en 2015 y está autorizada para capturar y desviar aquellas embarcaciones de las que se sospeche que podrían estar siendo usadas para el tráfico de personas, ha contribuido a detener a decenas de sospechosos y a «neutralizar» más de 100 embarcaciones.

Ahora se planea ampliar la operación para incluir la formación de guardacostas libios y el cumplimiento del embargo de armas de la ONU. Además, Reino Unido ha señalado que tiene la intención de desplegar un buque de guerra en el Mediterráneo para ayudar. Pero sin una solicitud del gobierno de unidad de Libia, esas misiones no podrán entrar en aguas libias. Incluso si pudieran, no está claro dónde se podría enviar a los inmigrantes recogidos, dado el riesgo de maltrato en Libia.

Un informe del Parlamento británico publicado el pasado mes considera que hasta ahora la Operación Sofía ha fracasado «de manera significativa» en su intento por interrumpir el tráfico de inmigrantes y refugiados. «Las detenciones que se han producido hasta la fecha se han hecho con objetivos de bajo nivel y la destrucción de las embarcaciones únicamente ha provocado que los traficantes dejen de usar barcos de madera para usar lanchas de plástico, que son incluso más inseguras», asevera el informe.

Agencias

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