Gaza 2014: un capítulo más de limpieza étnica al pueblo palestino

Desde que se inició la nueva ofensiva israelí en la Franja de Gaza, denominada “Margen protectora”, hace siete días, fueron muertos 172 palestinos. Los heridos suman 1.230. La mayoría de las víctimas son mujeres y niños.

Es el mayor ataque promovido por las fuerzas de ocupación desde 2008-2009, cuando fueron asesinados cerca de 1.400 palestinos en Gaza, en la llamada operación “Chumbo fundido” [plomo fundido], entre el 27 de diciembre y el 18 de enero. En noviembre de 2012, en apenas ocho días, se sumaron 150 víctimas fatales. Los datos muestran que la práctica israelí en relación con la estrecha Franja es recurrente. Así como los pretextos y los métodos utilizados. En ese sentido, es importante situar histórica y políticamente las razones para esta nueva ola de masacres en Gaza.

Localizada en territorio palestino ocupado militarmente desde 1967, Gaza es el área más densamente poblada del mundo: en sólo 360 km2 viven 1,5 millones de palestinos, la mayoría desplazada internamente producto de la expulsión de sus tierras y casas, sobre todo a partir del 15 de mayo de 1948, año de la creación del Estado de Israel (para los árabes, la Nakba, catástrofe). Puede ser considerada un gran campo de concentración a cielo abierto. Un bloqueo asesino es impuesto por Israel desde 2006, cuando Hamas venció democráticamente las elecciones para gobernar la región.

Un año antes, los cerca de 8.000 colonos que vivían en asentamientos ilegales fueron desalojados bajo las órdenes del entonces primer ministro israelí Ariel Sharon –no en vano apodado “carnicero”–, con una vasta foja de servicios prestados al proyecto sionista de limpieza étnica del pueblo palestino.

No compensaba financieramente mantener una fuerza de ocupación en la región para garantizar la presencia de apenas 8.000 colonos. A partir de allí, estaba abierto el camino para que Gaza se tornase un blanco preferencial para el intento sionista de dar continuidad a su política de limpieza étnica del pueblo palestino.

La elección de Hamas –y el falso argumento de que se trataba de un grupo de extremistas que querían tirar a los judíos al mar– fue la pala de cal para sedimentar esa política. No obstante las críticas que se puedan hacer contra ese partido, vale reiterar que fue electo democráticamente y que lo que hace frente a las ofensivas es resistencia a una ocupación criminal. Obviamente, sin el mismo poder de fuego.

Breve contexto histórico

Además de su geopolítica, Gaza sería un lugar estratégico para que Israel siga de forma directa con su política de limpieza étnica, que es elemento fundacional de la creación del Estado como étnicamente homogéneo, o sea, un estado exclusivamente judío.

Hoy, hay ya documentación suficiente que comprueba que hubo planes deliberados de limpieza étnica del pueblo palestino para que tal proyecto resultase exitoso. El más agresivo y extremo de estos es conocido como Plan Dalet. Allí estaban “mapeadas” las aldeas palestinas que deberían desaparecer del mapa para dar lugar al nuevo estado.

En apenas seis meses desde que se puso en práctica, en mayo de 1948, fueron destruidas cerca de 500 de esas aldeas y expulsados 800.000 palestinos de sus tierras. Era necesario, simultáneamente, promover olas de inmigración de judíos hacia allí, y expulsar a los habitantes nativos para garantizar una mayoría judaica en aquellas tierras. Hasta el 29 de noviembre de 1947, fecha en que la Asamblea General de las Naciones Unidas recomendó la división de Palestina en un estado judío y uno árabe, sin consulta a los habitantes, el porcentaje de judíos no pasaba de 30%. Y continuó igual luego de olas de inmigración.

Iniciadas todavía en los finales del siglo XX, en que surge el movimiento sionista cuyo padre fue el austríaco Theodor Herzl, buscaban asegurar la colonización de la tierra y la conquista del trabajo con la negación de empleo a palestinos. Con el apoyo decisivo de Gran Bretaña, que pasó a detentar el mandato sobre Palestina como botín de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), fue posible llevar a cabo su proyecto.

El uso del terrible Holocausto perpetrado en Europa durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) contribuyó para que se cometieran nuevas injusticias y crímenes contra la humanidad, esta vez en Palestina. A partir de ahí, Israel va a tener un nuevo aliado de preferencia, Estados Unidos, que se tornó desde entonces en una potencia.

Los gobiernos árabes, aliados del imperialismo, también son cómplices de la Nakba, como quedó demostrado a lo largo de la historia. La comunidad internacional responsable por esa tragedia precisa ser denunciada por su continuidad. Retórica excesiva pero acción no efectiva o nula frente a las arbitrariedades cometidas cotidianamente por Israel son el telón de fondo para esta nueva ola de masacres en Gaza.

El pretexto y los hechos

Esta vez, el pretexto fue la muerte de tres jóvenes colonos en Cisjordania, territorio palestino ocupado militarmente por Israel también en 1967. A despecho de Hamas haber negado ser responsable y la muerte de los adolescentes estar rodeada de incertidumbres, Israel condenó a toda la población de Gaza a un castigo colectivo, un verdadero genocidio.

Lo que los grandes medios no divulgan es que –como en las ofensivas anteriores–, los antecedentes caben a Israel. En mayo último, mató a sangre fría a dos jóvenes palestinos. Sus nombres: Nuwara Nadim y Muhammad Abu Al-Thahir. Ellos componen una extensa lista de víctimas de los crímenes cometidos por el estado sionista en los últimos meses y años.

Lo que tampoco se divulga es que los jóvenes judíos transitaban entre un asentamiento ilegal y otro, y fueron muertos en una región en que los colonos fundamentalistas no raramente atacan violentamente a los palestinos. En otras palabras, la responsabilidad por sus muertes es de Israel, que los puso allí para dar cabida a su proyecto y viene diseminando la cultura del odio en una región donde hasta 1948, según relatos de palestinos que vivieron la Nakba y que eran niños en la época, “judíos, cristianos y musulmanes” jugaban juntos, sin rótulos.

Luego de la muerte de los jóvenes judíos se inició una persecución a los palestinos en Cisjordania; uno de ellos, Mohammed Abu Khdair, de apenas 16 años, fue quemado vivo luego de ser torturado. Muchas casas fueron invadidas y demolidas y la lista de presos políticos palestinos, que hoy suma cerca de 5.000 –incluidos niños–, ha crecido sin que se haya comprobado su participación en esa acción, como es práctica habitual en Israel.

En la estrategia de continuidad de la limpieza étnica del pueblo palestino, una nueva fracasada “negociación de paz” y la búsqueda por destruir la unidad entre Fatah y Hamas, explican también los ataques a Gaza. Así como una crisis interna en el gobierno israelí.

Como en las ofensivas anteriores, la ganancia política está en los cálculos. Lamentablemente, la mayoría de los israelíes apoya estas acciones criminales, vendidas a ellos como en su defensa contra terroristas. Para garantizar ese soporte, Israel ha sido hábil en su propaganda de deshumanización de los palestinos.

No obstante, lo que se ve es un crecimiento de la indignación mundial, con centenas de manifestaciones alrededor del mundo, y una heroica resistencia por parte de los palestinos, en las diversas partes del territorio. Hay perspectivas de que una nueva ola de masacres detone una tercera intifada (levante).

En un contexto de revoluciones populares iniciadas en el mundo árabe hacia finales de 2010, y en curso –inspiradas en la larga y heroica lucha del pueblo palestino–, el nuevo levante puede ser el fermento para reanimar y expandir el movimiento contra dictadores aliados del imperialismo en toda la región, los cuales garantizan la mantención de la ocupación y el apartheid en Palestina. Manifestaciones gigantescas en solidaridad con Gaza en Yemen, Siria, Egipto, entre otros países, lo demuestran. La cuestión palestina es el epicentro.

Por otro lado, crece también el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) a Israel. En el Brasil, la solidaridad al pueblo palestino debe fortalecer ese llamado. El país se convirtió en el segundo mayor importador de tecnologías militares de Israel en los últimos años. Las mismas tecnologías utilizadas en este momento en los verdaderos laboratorios humanos en que se convirtieron los palestinos en Gaza.

Es fundamental exigir del gobierno brasileño la ruptura inmediata de esos acuerdos con Israel, así como la de relaciones diplomáticas. Es urgente aislar económica y políticamente al estado sionista y cercar de solidaridad a los palestinos.

Si hoy el sentido es de emergencia en relación con esto, así como la limpieza étnica del pueblo palestino es una continuidad, es necesario que la solidaridad no se acabe luego del fin de esa nueva masacre sino que continúe hasta que Palestina sea libre y se garantice el retorno a sus tierras y propiedades de los cinco millones de palestinos que viven en campos de refugiados. Hasta que se haga justicia, lo que sólo será posible en un estado único, laico, democrático en toda la Palestina histórica, con derechos iguales para todos los que quieran vivir en paz con los palestinos.

 

Traducción: Natalia Estrada

 

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