Gaylandia, tierra de enjundioso misterio

Timothy Kurek salió del closet para llevar la vida de un gay durante un año COMPLETO con sus meses. Quería experimentar por sí mismo qué era AQUELLO de lo que tanto se habla-discute-rechaza-intentacambiar-medicamenta, y es tan odiado por Dios, los santos, los apóstoles, y un gran sector en todas las sociedades.

El temor a Dios que publicita la (¿)iglesia(?), y el amoroso clamor de informarle quién es gay (o tiene su problema), la abominación de ser atraído por el mismo sexo (junto con el contrario o sin él) y el INMEDIATO arrepentimiento curador-abridordelaspuertassagradasdelcielo, lo obligaron al cabo del tiempo y de unas cuantas denuncias a convertirse en undercover, detective o a satisfacer su curiosidad de ver desde adentro, AQUELLO tan siniestro-perverso que tantas horas de cacareo robaba a una iglesia hecha (más bien) para adorar al Altísimo.

Una amiga lesbiana llorando en sus brazos lo decidió por fin a realizar el experimento. “En vez de apoyarla e ir a hablar con la familia que la rechazaba, intenté convertirla”, confiesa arrepentido. “Dios me dio una nalgadita y me convirtió en undercover”, asegura en tono convencido.

Kurek salió del closet aparatosamente, “necesitaba entender con profundidad cómo la etiqueta de ser gay cambiaba mi vida, este experimento social demandaba todo de mí”. De manera que se buscó un trabajo en un bar gay, se mudó para un barrio gay, iba a ver películas gay y se unió a una liga deportiva gay a la vez que mantenía su identidad heterosexual cristiana ante un tío y un amigo gay a quien reclutó para que hiciera de novio suyo.

¨Necesitaba protección y balance, y una excusa cuando los tipos me dispararan su artillería”, expresa el poco atractivo detective, manifestando de paso los baches de conocimientos que han quedado en el aprendizaje-experiencia de su operación detectivesca.

95% de sus amigos lo abandonaron al enterarse de la declaración, y descubrió un día en el diario de su madre el siguiente estaimen: “preferiría que el médico me hubiera descubierto un cáncer terminal antes que tener un hijo gay”. Sin embargo, asegura ipsofácticamente, su madre acabó por aceptar su sexualidad en lo que canta un gallo, y pasó de ser una cristiana conservadora a aliada de la comunidad gay.

Como era de esperarse, Kured usó su experiencia para escribir el libro La cruz en el closet, y PARTE de sus ganancias serán donadas a centros que atienden a jóvenes sin hogar.

“Lo que yo pasé no es NADA comparado con lo que experimenta el promedio de personas gay y lesbianas”, expresa humildemente y subraya con cierto matiz aleccionador: “Lo que para mí ha sido una experiencia iluminadora, es en definitiva solo una ojeada de lo malo que puede resultar permanecer en el closet”.

Y uno, que conoce cómo se corta el bacalao americano, no puede menos que sonreírse pensando en cuánto habrá de real-maravilloso o irreal-enjundioso en esta historia de redención mediática, altruismo y solidaridad ¿¿¿cristiana????

Ernesto González, escritor cubano residente en Estados Unidos, publica artículos en revistas locales y electrónicas, ha enseñado español en la East-West University y en la academia Cultural Exchange, y fue asesor de la prueba de español creada por Riverside Publishing. Trabajó durante trece años en el periódico en español Hoy del Chicago Tribune. Sus novelas están disponibles en amazon.com (EEUU) y lulu.com (Europa y Latinoamérica), y pueden ojearse en Google Books.

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