Gaspar García Laviana a los 30 años: Florsitas del campo y Abrazos Solidarios.

Gaspar García Laviana a los 30 años: Florsitas del campo y Abrazos Solidarios.

Quién era este paisano, que da nombre a las avenidas, calles, centros sociales de Xixón, de Uvieu, de Tuilla,&nbsp y que nos convoca a la memoria fértil en diversas actividades en Corvera, en Avilés, en Gijón, en Oviedo, en El Entrego…

Hace seis años una&nbsp Asociación de Vecinos, la Severo Ochoa de Xixón, realizaba una actividad y colocaba una placa en la avenida, también con el acompañamiento de la cantoría de Tuilla. Felicidades.

Por qué lo hacía,&nbsp Qué es lo que nos traslada al presente la memoria de Gaspar García Laviana.

¿Por qué nos importa.?

La visión que puedo trasladar y compartir, tiene que ver con haber sido minero, como la familia de Gaspar, habitar el mismo municipio donde nació, San Martín del Rey Aurelio, y…haber estado en las tierras de Gaspar.

Tres años en Nicaragua, afectada por una guerra terrible, sucia, mercenaria y extranjera.

Y también varios viajes antes y después, en tres brigadas y otros acompañamientos.

De esos años en Nicaragua puedo decir con claridad que fueron los más intensos. Había una Re-vo-lu-ción, que Gaspar contribuyó decisivamente a&nbsp provocar. Un aprendizaje apresurado. Una capacidad ilimitada de inventar, de Crear, de Construir.

Aunque sea demasiado personalizar, de esa época tengo varios “títulos”, uno de ellos el de “Cachorro de Sandino”, que era una valoración que hacían los jóvenes&nbsp a quienes alfabetizaron…No me tocó alfabetizar, pero sí otras tareas, constructivas, pedagógicas, en la creación, invento e instalación de un Instituto Agropecuario, en la fertilísima Jalapa, frontera con Honduras, de dónde venían los “contras” armados por Reagan para quemar galerones, destruir puentes, asesinar niñas y destrozar familias.

Y todavía puedo contar que la primera tanda de esos técnicos agropecuarios, formados en medio de las agresiones, las balaceras y las movilizaciones, me nombraron su padrino de promoción..

Y de esa senda seguidores de Gaspar, hubo muchos en Asturias. Miles que fueron de visita, de brigadistas, de curiosas a Nicaragua. Algunos que se quedaron. Algunos que nos dejaron, como Montse, como Xuacu, que también fue sacerdote, como Ramón el hondureño.

Unos colectivos que se crearon al impulso de la ofrenda de Vida de Gaspar. Los COSAL.

Unos curas que estos días han puesto nombre a su Foro, el nombre de Gaspar. Felicitaciones.

Buena gente y gente revolucionaria era Gaspar, y nosotras, nosotros, la ciudadanía, tenemos la obligación ética de hacer perdurar esos Valores, en Asturias, en el Mundo.

Podemos respetar en el mayor marco de pluralidad opciones que pretendan hacer una interpretación sensiblera, o de cara a proyectos asistenciales de gente como Gaspar. Pero No lo compartiríamos de ninguna manera, porque el asistencialismo hueco, la “letrinocracia” que dejó dicho el Ché, solo sirve a mantener las cosas injustas, sin cambiarlas.

Los hechos de vida de Gaspar&nbsp muestran una rebeldía profunda, elemental, sabia.

Y es desde esos valores desde los que se va a construir inexorablemente otro mundo con Justicia Social al que la mayoría aspiramos.

Por eso Gaspar Vive. Y la Lucha Sigue. Debe seguir, sin claudicaciones, con la cabeza alta, con el objetivo claro de perjudicar, en todo lugar,&nbsp cualquier tipo de injusticia y desigualdad.&nbsp Y&nbsp en beneficio del sagrado Derecho a la Rebelión, en el que Gaspar&nbsp alentó el cáliz completo, generoso,&nbsp de su Vida.

Un buen día nos llegó a tiempo completo Gaspar,

de Asturias el misionero que araba sobre el mar.

Dice la canción de

CARLOS MEJÍA GODOY

Nora Astorga, Comandante sandinista, abogada,

viceministra y representante de Nicaragua en la o­nU, que murío

a los 39 años, dejó escrito sobre Garpar:

Más que maestra yo fui allí una alumna y quienes más me enseñaron fueron los campesinos. Lo que yo sabía en teoría en ellos era vigencia. Resultaba una experiencia extraordinaria ver cómo se llegaban a fusionar las experiencias de cada uno y desaparecían las diferencias. Compartir con alguien el no comer, la lluvia, el peligro, la posibilidad de la muerte, te va dando un sentido de grupo muy fuerte, un sentido de solidaridad humana que yo no he vuelto ha sentir en ninguna otra época de mi vida.

En ese tiempo me tocó compartir la covacha con Gaspar García Laviana. Yo

no lo conocí hasta entonces, cuando ya era cura-militar, cura-guerrillero. para

mí fue un compañero, un amigo; tuve con él una relación inolvidable. Yo estaba

entonces embarazada de mi tercer hijo. Hacía todo, como todos, pero me

cuidaban. Sin paternalismos, pero me cuidaban. Me buscaban guayabas, por

ejemplo, y si aparecía una fruta siempre me la daban a mí. Gaspar me cuidaba

mucho también, por el niño que iba a nacer. Recuerdo que una vez me dijo:

“Puede que yo no llegue al triunfo. Pero si vos llegás a llorar cuando yo me

muera, me voy a poner molestísimo. Lo más que te permito es que me llevés alguna que otra vez unas florcitas, pero que sean del campo. Y nada de andar

llorando, que yo voy a estar siempre metido en esto”.

Tanto me impresionó la muerte deGaspar que no pude llorar. Cuando me

lo dijeron me quedé impasible y todo el mundo que sabía el gran cariño que

yo le tenía me preguntaban por qué no lloraba. Cuando después del triunfo vinieron sus papás aquí a Nicaragua yo no fui a verlos. No tenía fuerza. Realmente,

yo no pude digerir la muerte de “Martín”.

Fue hasta dos años después que fui con mi hijo a Tola, en donde él fue párroco.

Llegué, me senté en la iglesia y me empecé a imaginar a Gaspar allí, en su iglesia, de sacerdote… Es una iglesia tan bonita, toda encaladita. Después salí a ver su tumba, que está allí mismo. Y lloré. Lloré no sé

cuantas horas. Mi hijo me decía: “¿Por qué lloras, mamá?” Le dije que estaban llorando a un amigo que había muerto hacía dos años y que hasta entonces no había podido hacerlo. Y es que cuando tenés un sentimiento muy fuerte no encontrás la forma de expresión. El dolor lo llevás ahí y te sale sólo cuando ya sos capaz de enfrentar el dolor. Yo sé que a Gaspar no le hubiera

gustado que yo llorara, pero… ¡También fue muy injusto de parte de él el darme

esa orden!

Creo que soy la única nicaragüense que no ha hecho un poema en su vida. Lo

cual me da un enorme complejo. Yo tengo sensibilidad para el arte, para la literatura, la poesía, la pintura, para la música. Pero no tengo nada de poeta. ¿Si me pusiera a escribir un poema? Me inspiraría nuestro pueblo. El pueblo de Nicaragua es mi fuente constante de inspiración. Cuando me siento cansada o me siento impaciente, entonces me pongo a pensar en los cachorros

de Sandino que están en las montañas, en las mamás que están con sus hijos

movilizados, en tantos compañeros que han muerto, en todo lo que hace cada uno aquí, en esa fuerza vital que tiene esta revolución para ir adelante, para resistir, y termino diciéndome: no tengo derecho a

cansarme.

Yo he sido una privilegiada. Nací donde nací, en este país único. Encontré

a la gente que me ayudó a crecer. Tuve la oportunidad de participar en la lucha

contra la dictadura y ahora en la reconstrucción y en la creación de una nueva

sociedad. ¿Qué más? Creo que no existe hoy otra realidad como la nuestra, en

la que con limitaciones tan serias, cada uno de nosotros siente que tiene una

obligación hacia la sociedad y la trata de cumplir con imaginación y con sentido

del humor. ¡Que si no tenemos con qué, ya buscamos cómo! El espíritu que

existe aquí de superación, de defender lo poquito que tenemos en medio de condiciones tan duras, ese espíritu de lucha de la gente, esa generosidad, esa fraternidad, me dan el orgullo de ser nicaragüense”.

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