García Calvo: sabio e insumiso

Por José Luis Merino

El uno de noviembre de 2012 murió Agustín García Calvo, poeta, dramaturgo, filólogo, ensayista. Doctor en Filología Clásica, fue apartado de su cátedra durante el franquismo por apoyar las protestas estudiantiles. Traductor de Aristófanes, Heráclito, Homero, Platón, Sófocles, Virgilio, Shakespeare, Marqués de Sade, entre otros. Participó activamente en el 15-M. Guardo un admirativo recuerdo de él, además de un par de cartas suyas, y estas cinco deslumbrantes respuestas (el 5 es el número predilecto de las flores):

¿Encontrar en estos tiempos un poeta auténtico es tan raro como encontrar un pajarito zurdo?

Todo poeta es, por desgracia, auténtico: encontrar uno que, cantando, se perdiera a sí mismo, se olvidara, no cargara la poesía con la expresión de la persona, eso sí que sería rara avis in terris, un pájaro más maravilloso que todos los pajaritos zurdos.

¿Las palabras no tienen un significado forzoso, sino simplemente caprichoso?

Los significados de las palabras son forzosos para sus usuarios, pero constituidos a capricho de ellas (capricho o ley de azar, puesto que las palabras no tienen más voluntad que la combinatoria); pero, en sentido inverso, el capricho de los usuarios (juego combinatorio de voluntades) es lo que hace que lo forzoso de los significados no sea perfecto nunca.

¿Lo que el escrito desconoce debe ser más fuerte y absorbente que su capacidad de crítica?

La supuesta capacidad de crítica (si quien es un escritor pudiera tener tal cosa) consiste precisamente en la cantidad de lo que desconoce: el tener pocas ideas que defender puede acaso dejar un poco más libre su lengua (¿su pluma incluso?) para atacar a las ideas dominantes: “el no saber le mueve”.

¿Las cosas esenciales siguen estando ahí desde siempre? ¿Las estamos estropeando continuamente al tratar de interpretarlas del modo que queremos, en vez de dejarlas en su esencialidad y/o en el estado natural que están desde siempre?

La esencia de las cosas está establecida (pero no ahí; ni aquí tampoco) desde antes de siempre: pues propio de la esencia es, por definición, ser ajena al tiempo. Que las cosas se estropeen (o mejoren –da lo mismo: cambien) en contra de su esencia no es más que la mentira (muy real, por supuesto) que nos hace creer que uno, yo mismo, por ejemplo, tengo mi esencia propia y al mismo tiempo ando por aquí viviendo.

¿La poesía puede ser una noche iluminada por muchos soles enfermos? ¿Un tapiz de agua sin esquinas ni lados? ¿Un tigre de relincho estremecedor como aquella vez en la que el amor no tiene sentido? ¿La sombra de la cantidad solitaria reflejada en nuestros ojos? ¿Luna apuñalada: vaina del sueño?

Productos poéticos pueden ser aproximadamente cosas de esas que dices; pero la poesía no puede ser nada, sino en todo caso actuar para que lo sea, que eso ella no lo sabe, y las imágenes que se hagan de ella los críticos literarios (o los poetas mismos) serán muerte de la posible actividad de la poesía.

 

[Quienes hayan leído y lean a Agustín García Calvo, o tuvieron la fortuna de escucharlo, encontrarán más enjundia literaria y riqueza de pensamiento como no es posible hallar en la suma de novelas de los consagrados escritores españoles de la actualidad. Esos a quienes se premia y jalea desde los suplementos culturales, tertulias literarias y camarillas afines, adscritos, unos y otros, al espurio negocio del autobombo mutuo.

AGC nació en Zamora, el 15 de octubre de 1926]

 

 

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