Fuego amigo despeja los caminos al enemigo, pero…

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Para algunas personas la democracia es un buen sistema de gobierno –tal vez el mejor- pero sólo si respeta exclusivamente lo que ellas piensan y desean. Creo que me he equivocado al escribir “algunas personas”, pues en realidad debí escribir “muchas personas”, ya que el pensamiento mencionado en las primeras líneas de esta nota es mayoritario en todas las tiendas partidistas existentes hoy en el país.

Cada una de ellas teje una especie de chamanto con el que viste y protege no sólo al sistema sino también a sus propias intenciones e intereses. De ponchos, capas y rebozos se ha saturado la política chilena. Cada cual en su vitrina, cada cual en su armario, compite con los de enfrente para agenciarse la estantería del poder… y la caja de caudales, por supuesto.

Todos los partidos, referentes y grupos políticos declaran su total amor por la patria y su indomable interés por el ‘bien común’, pero más allá de la verborrea hay una realidad que desmiente tales discursos. El fuego amigo lo confirma.

Derechistas dándole duro a otros derechistas; progresistas sacándose los ojos entre sí e izquierdistas descuerando a izquierdistas. ¿Quién gana con esta realidad? Alguien tiene que salir beneficiado con tanta guerra interna desarrollada en las distintas coaliciones y tiendas partidistas. Más que en cualquiera otra actividad de carácter público, es en la política donde la estupidez siempre tiene el más alto costo.

Manuel José Ossandón y Sebastián Piñera, socios que no se soportan, activan una disputa que podría llegar a límites insospechados en la que otros referentes de ese sector también llevan velas en el entierro, como es el caso de los hermanos Kast y de Lily Pérez. .En la vereda contraria, los viejos estandartes del seudo socialismo, Ricardo Lagos y José Miguel Insulza, andan a los arañazos, a la vez que el enjundioso grupo de Boric, Jackson y Mayol, mantiene una agria discusión con los principales referentes del partido comunista.

Para echarle más duraznos a ese ponche, el senador Alejandro Navarro anunció postulación al sillón de O’Higgins, levantando polvareda en la Nueva Mayoría y un chillido inacabable en ChileVamos … mientras que en la democracia cristiana los disensos superan lo aceptable, pues hay una cofradía pro neoliberalismo salvaje que cuestiona mucho de lo que hace y dice el oficialismo interno de ese partido, amenazando veladamente con asociarse de una vez por todas con sectores derechistas.

Como ‘cogollo’ de lo ya relatado, no se puede dejar sin mención que Ricardo Lagos perdió fuerza y apoyo en el Partido Socialista luego que esa tienda realizara su elección de Comité Central, donde el ‘laguismo’ –encabezado por Camilo Escalona- quedó desperfilado al conocerse la posición del triunfador en esos comicios, Álvaro Elizalde, quien en entrevista en T13 Radio afirmó: Vamos a definir a nuestro candidato, y este puede ser un militante de nuestro partido, un independiente, o un militante de otro partido de la Nueva Mayoría”. Muchos analistas opinan que esa declaración deja abiertas las posibilidades a Alejandro Guillier, pues tal como señala una nota de www.radioudechile.cl “en las filas del PS ha sido un secreto a voces que la candidatura de Lagos no ha caído bien en la militancia de base. En especial, después de la operación política que el equipo y simpatizantes del ex mandatario realizaron para forzar a Isabel Allende a deponer su candidatura presidencial en octubre pasado”.

En el oficialismo ese fuego amigo comenzó hace varios años, específicamente con la incorporación de Marco Enríquez Ominami (ME-O) a las contiendas políticas y electorales, y ya había surgido con especial saña el día que la Concertación aceptó el ingreso del partido comunista protocolizando la presencia de sus candidatos al Parlamento representando a determinadas circunscripciones del país. A este respecto, me permito, querido lector, transcribir lo que en el año 2008 publiqué mediante un artículo (repito, año 2008, mire usted las similitudes con la actualidad). Ahí va.

En eso está ahora el intríngulis parido por los propios dirigentes comunistas quienes ven con pavor cómo sus intenciones pueden irse al tacho de la basura y, además, ellos mismos, en cuanto tienda política, ser superados por una emergente realidad de la actual izquierda criolla que ha comenzado a replantear sus estructuras mediante la idea –aún en ciernes- de alzar un amplio frente anti neoliberal que recoja sentimientos y esperanzas de una masa cercana o superior al 20% del electorado”.

¡¡Y esto lo decíamos en el año 2008!! Poco ha cambiado la realidad desde entonces. Y si el ‘fuego amigo’ no bastara, la escandalera aumentó en las dos grandes coaliciones cuando se supo de la irrupción de ciertos ‘outsiders’ portando banderas entregadas por la gente de a pie, la de las movilizaciones sociales. Es el caso de Beatriz Sánchez y Luis Mesina, quienes aún no definen si serán o no candidatos, pero en el caso de la periodista las encuestas ya marcan en su favor significativa preferencia, pese a que sólo han transcurrido escasos días desde que anunció su intención de postular a La Moneda.

Quienes tienen cierta cultura política o poseen excelente memoria para recordar momentos electorales específicos, saben a ciencia cierta que en situaciones como la descrita siempre hay un ganador, así como siempre ese ganador sustenta parte importante de su triunfo en un “cura de Catapilco”. Rememorar la Historia política chilena obliga a exteriorizar esos pensamientos poco halagüeños, y permite preguntarse si hoy día también hay algún “Antonio Zamorano Herrera, de Catapilco” (*) entre los postulantes a ocupar la “casa donde tanto se sufre”, como la catalogó Arturo Alessandri Palma.

(*) En 1958 el partido conservador y el partido liberal financiaron soterradamente la campaña del “cura de Catapilco”, el ex sacerdote Antonio Zamorano Herrera, a objeto de restarle votos a Salvador Allende. Y lo lograron. Zamorano Herrera obtuvo el 3,3% de la votación (41.244 votos), cifra cercana a la que diferenció finalmente a Jorge Alessandri Rodríguez de Salvador Allende.

Pero, ahora, la realidad señala que esos posibles “catapilco” se dan al interior de una misma coalición y sus aliados. Un ‘fuego amigo’ que nutre a los adversarios de ambos bandos, pero que obedece –seguramente- a los efectos emanados de esos “archipiélagos” en que ellos se han convertido.

Así entonces, la pregunta de fondo sigue siendo válida: ¿Quién gana con todo esto? Si hacemos caso a la Historia, el camino está siendo pavimentado para que de la nada misma surja y se imponga un caudillo, vale decir, una persona sin respaldo partidista de ningún tipo, un llanero solitario… y si ello sucede, el peligro que se cierne sobre Chile es aún mayor de lo sospechado.

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