Frente a la gran mentira

FRENTE A LA GRAN MENTIRA

 

Ese es el título de un libro escrito por Antonio García Trevijano de cuyo epílogo he extraído lo que sigue.

 

 

«Las cosas son lo que son y no lo que su nombre indica. Quien gana la batalla de las palabras gana la hegemonía en la opinión pública y la posición política dominante. Demostrar que esto no es democracia, sino oligarquía de partidos, y que la democracia es otra cosa que se puede definir con precisión, es el comienzo de la acción para la conquista de la libertad política.

El dicho popular de que la verdad en teoría no es aplicable en la práctica carece de validez cuando se trata de una teoría de acción, como es la teoría de la libertad política. En la teoría pura de la democracia está ya el comienzo la acción constructiva de la democracia.

Alcanzar la democracia puede parecer hoy una empresa quijotesca ante la voracidad de la corrupción en la clase gobernante y el imperio de la Gran Mentira en la opinión gobernada. Bastaría, sin embargo, una gran abstención en las elecciones, una actuación independiente de la justicia, un manifiesto de los directores de los medios de comunicación o una manifestación general de los estudiantes para que se derrumbara la oligarquía de partidos y se conquistara la libertad política de la democracia. A los que consideran esto imposible, Stendhal responde: ¿Qué gran acción no es extrema en el momento de emprenderse? Es cuando se cumple que parece posible a los seres del común.

Pero no es fácil dar a los pueblos las pasiones y la información que los gobiernos adormecen y secuestran. Porque la tranquilidad política y el orden público, tal como son procurados, son medios disuasorios de la voluntad de hacer de los administrados que la voluntad del poder de los administradores emplea para mantener la situación que los privilegia. Cuando quieren contar con el pueblo le dirigen el mensaje que captó Tocqueville: Actuaréis como yo quiera, en tanto que yo quiera y en el sentido que yo quiera. Os encargaréis de estos detalles sin aspirar a dirigir el conjunto, trabajaréis en las tinieblas y más tarde juzgaréis mi obra por sus resultados. Y esto, según el juicio que yo os sugiera. Porque no hay tranquilidad pública, sosiego espiritual y serenidad del alma que sean comparables al estado de placidez que procura la falta en absoluto de opinión.

En la actual época de mansedumbre, propicia a la agitación de tan pequeñas ambiciones, la sociedad no quiere moverse por miedo a verse arrastrada en una ola apasionada de verdad que sepulte a los hombres y a las instituciones de la corrupción y la mentira. Y ese temor alimenta su peligro. Pues no hay enfermedad más grave para la degeneración de un pueblo que la de su apatía política.

En el Estado de partidos no hay una sola persona informada, sea en la sociedad gobernante o en la gobernada, que no esté del todo convencida de la necesidad de mantener la mentira para sostener el sistema. La necesidad o la conveniencia de mentir es el único fundamento de la democracia de partidos. Y la mentira política, la falsedad institucional del Estado de partidos, es la madre y el motor originario de todas las corrupciones. Si queréis acabar con el crimen de Estado, con la prevaricación de las autoridades y con la corrupción general de la clase gobernante, no esperéis nada de sus beneficiarios, los partidos estatales, y para empezar acabad con la mentira en los medios de comunicación.»

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