Frente a Estados Unidos una política inteligente y con responsabilidad

Riflexiones

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El ascenso de Obama al poder ha creado un guirigay dentro de la intelectualidad cubana digno de destacar, porque va desde el infantilismo de izquierda, que asumen los defensores del estatismo; hasta las posiciones más reales, asumidas por los que abogan por una democracia socialista a todo tren.

Liborio, que ha vuelto a renacer después de 50 años, escucha y espera, se ríe y nos mira a todos con recelo, muy bien alertado de lo que sucedió en el otrora campo socialista.

En ese entreacto El bobo de Abela y el Loquito brillan por su ausencia, mientras Pepito anda cansado, y está por ahí, muy callado, huyéndole a la próxima ley contra la vagancia.

Gracias a Kaos podemos acceder a toda una gama de opiniones sobre la política entre Cuba y Estados Unidos, con muy acertados artículos de Sautié, Guerra, Cobas, Campos, entre otros, basados en analizar la realidad cubana en los momentos actuales, con propuestas inteligentes que nuestra burocracia debe analizar; por la otra banda los que, como siempre, le cortan la leva al nuevo presidente norteamericano, pero como malos sastres, sin saber que hacer con la tela que van seccionando: les sugiero que pueden utilizarla para confeccionar trapitos de cocina.

¿Quién ha dicho que para que se normalicen las relaciones entre Cuba y Estados Unidos se necesita un presidente radical en Estados Unidos? ¿Por qué vincular el diferendo de Estados Unidos y Cuba con la guerra de Irak o Afganistán? ¿Por qué damos tanto valor a la cuestión cubana en la política estratégica de Estados Unidos? Si es un diferendo entre dos países, ¿por qué vincular al mundo en esto, dando a nuestro país una importancia trascendental?

Ahora, en este contexto, La organización independiente National Security Archive, en Washington, presentó hace dos días “una serie de documentos oficiales del gobierno estadunidense, hasta ahora secretos, que revelan desde una entrevista secreta entre un asesor de Kennedy con el Che Guevara, hasta los intentos de Kissinger por abrir un diálogo sobre la normalización de relaciones con representantes de Fidel Castro”.

Todo eso sucedía en estos 50 años y el pueblo cubano y el norteamericano lo desconocían, a nuestros oídos solo llegaba la estridencia del slogan, del Patria o Muerte, de yanqui go home, de crear dos, tres, muchos Viet Nam. Para nosotros el gobierno yanqui estaba parado en firme sin intenciones de dialogar. Parece que no era así.

Según la información liberada ““La historia demuestra que presidentes desde Kennedy hasta Clinton consideraron el diálogo tanto posible como preferible a una continuación de la hostilidad y agresión en la política estadunidense hacia Cuba”. Hubo solo una excepción: el Bush saliente.

Que puede agregarse a esa información, pues que al parecer el diálogo ha sido de sordos y hoy, ante nuevas oportunidades, nuestra burocracia no quiere hacerse un lavado de oídos.

En el artículo de David Brooks, en la publicación La Jornada, en el que da a conocer esta información, asevera que “Obama afirmó durante su campaña que estaba dispuesto a reunirse con Raúl Castro “sin precondiciones”. Hoy podemos agregar a ello, que después de asumir la presidencia el nuevo presidente norteamericano ha dado pasos positivos en tal sentido, uno de ellos, cerrar el centro de torturas en la Base Naval de Guantánamo.

Me pregunto ¿Hay que ser más “radical”, o es que esperamos que Obama sea miembro de nuestro Comité Central para creer en lo que está diciendo? ¿O esperar a que el pueblo norteamericano instaure el socialismo en ese país?

En reciente artículo de Cobas Avivar en este medio alternativo se cita una expresión de Carlos Alzugaray (C.A. «Diálogos para un nuevo tiempo. Entrevista» – 22.01.2009), investigador del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana, donde se hace un análisis del periodo Carter y su relación con Cuba, donde el prestigioso especialista obvia, que fue nuestra ayuda internacionalista a Angola quien desbarató los planes de Carter de reanudar las relaciones bilaterales con Cuba.

En ese diferendo hay de parte y parte, pero hay un contraste y es, que en aquellos tiempos nuestro país formaba parte de un poderoso campo socialista extinguido hoy, que no era una garantía, pero si un freno a las ambiciones del imperialismo.

Si hoy ese imperio está dispuesto a negociar, ¿por qué no hemos de estarlo nosotros también?

Pero además, en los análisis de algunos especialistas del gobierno cubano no he visto nunca que califiquen como positivo, que ese imperio nos vende alimentos por casi mil millones de dólares cada año.

¿Eso si, no hay créditos y hay que pagar en cash? ¿Estamos entonces enojados por eso? ¿Hay que esperar entonces por un Obama radical para obtener lo que deseamos?

Un diálogo es una conversación entre doso más personas, cuando una de ellas se pone a gritar y a exigir, se acaba el diálogo y comienza la gritería que no conduce a acuerdo alguno y las caracterizaciones negativas siempre son de mal gusto, cuando nos valemos de las acciones de presidentes pasados.

Y ya que cito el artículo de Cobas, respaldo plenamente en que estamos en un gran error si desechamos como nuestra única arma estratégica la democratización de nuestra sociedad e ir en búsqueda de un socialismo genuino ante los cambios en la situación internacional, porque esaes nuestra única defensa efectiva ante un mundo tan cambiante como el de hoy, en que las posiciones de un presidente norteamericano parecen tan positivas.

Y digo parecen, porque en el fondo, todos sabemos que la política del imperio no cambia porque cambie un presidente, pero si cambian las condiciones donde se aplica y la forma de ejecutarla, y Cuba debe aprovechar ese impasse que la lucha de los pueblos han provocado en las relaciones internacionales, América Latina entre ellas, y lograr fortalecer nuestra sociedad socialista, pasando del estatismo a la democratización.

Como afirma Cobas “Lo que Cuba necesita, por lo tanto, es abordar con profundidad y sin dilaciones o­nerosas el desafío de las transformaciones conceptuales y estructurales que hagan sustentable y logren la expansión de su sistema socioeconómico”, entonces si podemos decir que le ganamos otra batalla a la reacción.

La filosofía ha cambiado mucho desde los tiempos de la Grecia Antigua, cuando se creía que la existencia estaba ligada a la capacidad de pensar: “pienso luego existo”; reminiscencia que hace eco en algunos defensores a ultranza del estatismo, quienes ignoran los hechos para negar su existencia.

Esos burócratas son los que luchan a todo trance por negar la necesidad de que el único camino que tiene nuestro país para salir airoso en la dinámica socioeconómica y política actual, y a la nueva táctica, tipo “Alianza para el Progreso” de Estados Unidos, es dar pasos sólidos hacia una real y definitiva construcción del socialismo participativo y democrático. Es un reto ideológico que el pueblo cubano con su experiencia puede vencer. Así como nos merecimos la victoria, también nos merecemos un mundo mejor.

Hay factores siempre utilizados por los contrarios al cambio que deben desmitificarse de una vez y por todas, por ejemplo: La ley de Ajuste Cubano es una de ellas.

Es una modalidad de la campaña diversionista de Estados Unidos contra Cuba, nos asfixia económicamente primero, no cumple con los tratados migratorios después y promueve las salidas ilegales.

El instrumento ideológico, político y económico para desbaratar esa ley es cumplir con las expectativas de vida del pueblo cubano. Cuando el cubano encuentre en su país esos valores de los que carece hoy, la Ley de Ajuste se caerá por sí sola.

En lugar de exigir a los norteamericanos el cese de esa ley, empecemos nosotros a hacer realidad las bondades del socialismo en Cuba.

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