Publicado en: 12 mayo, 2019

Frank Gehry

Por Jose Luis Merino

Frank Gehry habla en una entrevista del museo Guggenheim, uno de sus más logrados diseños, y pone de manifiesto, en una carta previa, una humildad personal difícil de encontrar en el mundo creativo

Por Jose Luis Merino

El arquitecto Frank Gehry me decía en una carta, fechada en Los Angeles el 9 de agosto de 1993: “Descuide, que yo no voy a herir a Bilbao con mi proyecto”.

Aceptaba la entrevista que le proponía. Nos veríamos en Bilbao. Así sucedió. Tres días después de la colocación de la primera piedra del edificio museístico, mantuvimos una larga conversación frente al magnetófono. He aquí una sucinta muestra de sus palabras:

            “El Guggenheim es algo para esta ciudad y este lugar. Confío que cuando se lleve a cabo sea respetado y no algo que pasa desapercibido” / “Mi forma de entender la belleza es cuando veo que (el museo) está conectado con la realidad, con el tejido de la ciudad, de la cultura, de la gente, y que no se trata de una belleza falseada” / “Lo he diseñado pensando que va a tener una presencia icónica en su envoltura escultural a través de las formas exteriores” / “Para mí es importante establecer una especie de relación entre la artesanía del edificio y el mundo exterior” / “Poseo un sentimiento de máximo respeto hacia los valores tradicionales de las gentes de aquí” / “Confío en que este sentimiento quede reflejado en mi diseño y que, cuando me vaya, prevalezca esto por encima de todo, y que nadie lo tome como que he impuesto algo americano”.

Le pedí, para terminar, una definición sobre su diseño, a la manera de Frank Lloyd Wright cuando definía su proyecto para el Guggenheim neoyorquino, como “la ola tranquila antes de romper”. Gehry dijo no ser tan poético. Lo suyo era, siguiendo el tono metafórico de Wright, “un barco de arte”.

[El Guggenheim de Gehry no fue una herida, sino una curación de efecto permanente para muchos habituales de Bilbao y su comarca]

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