François Maspero, un editor que alumbró la generación del 68

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Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

La Jole de Lire, una librería mítica y obligatoria para todos los militantes hispanos con ínfulas intelectuales que iban a París a “cargar las pilas”, a ver como se gestaba aquello de cambiar el mundo de base.  Se encontraba nada más comenzar el Quartier Latin, tocando los inicios del Boulevard Saint Michel, a unos metros de la Sorbonne. Se trataba de una librería “genial”, allí se condensaba buena parte de esa  renovación cultural y teórica que había abierto el “deshielo” estaliniano, la crisis de los partidos de la izquierda tradicional (socialdemócratas y comunistas) y  de la emergencia de las “nuevas izquierdas”, en las que, todo hay que decirlo, no primaba como debiera el sentido de la decencia elemental de los trabajadores ya que muchos se aprovecharon de la coherencia libertaria de la librería para saquear sus libros, un saqueo que pesó a la hora de cerrar.

No solamente estaban los clásicos, también se encontraban todas las nuevas líneas abiertas en las más amplias temáticas: tercermundismo, freudomarxismo, nuevos cinemas como el brasileño o el francés, del teatro y revolución, del feminismo claro está con un número de Partisans titulado La liberación de la mujer: año cero, en que cuyo primer artículo se ponía de vuelta y media el machismo de la Ligue francesa, la más audaz y preparada de todas las variantes “gauchistes”. Detrás de todo aquello estaba un editor que se había hecho un nombre con una historia militante que pasaba el “activismo” de la insumisión contra la ocupación de Argelia, por el brigadismo francés en la Cuba de Fidel y del Che, en las complicidades con Regis Debray en Bolivia, con el Tribunal Russell. Maspero llegó a editar hasta 1.500 títulos, la mayor parte de los cuales habrçía estado prohibidos en la España de Franco al menos antes de los años setenta.

De familia burguesa judía ligada a la gran cultura francesa (su abuelo Gastón fue un eminente egiptólogo, su padre un sinólogo reconocido), resistentes que en su mayor parte fueron destruidos por el nazismo, joven inquieto y mal estudiante, François forma parte de una nueva generación de jóvenes izquierdistas que no se reconoce en el PCF ue justifica la represión de la revolución húngara del 56 y que contemporaniza con el colonialismo. En plana resistencia contra la ocupación de Argelia, crea en 1955 una modesta librería y en 1959, una editorial. Se trata de dos empresas modestas, artesanales, que edita textos situados a la izquierda de la izquierda, que apuesta por Frantz Fanon, que reivindica al “maldito” Paul Nizan, en ambos casos de la mano del mejor Jean-Paul Sartre que con sus prólogo aparece como garante frente a unas autoridades que nunca dejaran de mostrar su cara represiva.

Pero a pesar del control policíaco,  de la cara de perro que le pone el PCF, Maspero se constituye como un referente del editorialismo marxista y libertaria trabajando o mejor dicho, sacado de la marginalidad, autores y escuelas de pensamiento. Su sello está detrás de las “(re)lecturas de Marx, en parte gracias al éxito de Leer El Capital, de Louis Althusser, al que siguen otras del mismo cariz como La teoría de la revolución en el joven Marx, de Michael Löwy y La formación del pensamiento económico de Marx, de Erenst Mandel…

De la suma de aportaciones “tercermundistas” o sea de las teorizaciones de que la revolución llegara cuando el campo (la periferia colonial o semicolonial) cerque a las ciudades, terreno en el que se incluyen Ernesto “Che” Guevara, Fidel Castro, Frantz Fanon,  incluso un cierto Sastre, sin olvidar la revista Tricontinental que anima Maspero al servicio del proyecto castrita de una propuesta internacionalista…Aquí cabría hablar de freudomarxismo, Walter Benjamín, Rosa Luxemburgo, así como de la extensa corriente francesa que se mueve en un terreno abierto entre el comunismo (Trotsky, Rosa) y las tradiciones anarquistas. De ahí la importante presencia de obras de Victor Serge, Alfred Rosmer, Daniel Guérin, de las mejores firmas que agrupaba en su día la revista La Révolution prolétarienne

Comprometido  desde estos ámbitos con la conciencia crítica, Maspero hacía suya la reflexión sartriana (extensible a todos a muchos otros grandes artistas y pensadores de su tiempo como George Orwell o Albert Camus)  inscrita en Temps modernes: «Para cualquier intelectual de mi generación, la gran cuestión es su relación con la causa histórica de la clase obrera».

Como escritor, así como en los ensayos, François será fiel a esa misma tenacidad combatiente por todas las causas aplazadas como emplazadas de la izquierda; como narrador, nos ofrece una mirada más distante, menos ética, aunque plenamente histórica. La verosimilitud novelesca es más compleja que la verosimilitud ensayística, y en La sonrisa del gato, novela que en su día publicó su traductor José Martínez en el Ruedo Ibérico, una empresa que llegó a ser una pesadilla para Fraga en la que Maspero tuvo no poco que ver. Luego fue editada por Anagrama, una de las tantas editoriales que en los años setenta tomaron Chez Maspero como su referente.

Acaba de fallecer en su casa a los 83 años, bastante olvidado. Los obituarios de la prensa han sido escuetos cuando no inexistentes, algunos nos hemos enterado a través de la Web de Viento Sur, luego hemos encontrado alguna que otra nota. Nada que nos dé la medida de una obra militante que abarcó todas las inquietudes del 68 y que contribuyó como pocos a la difusión y enriquecimiento de las ideas socialistas en el sentido más integral y amplio de la palabra.

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